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Cu Lan y el viaje en moto desde Dalat

Cerca de Dalat hay paisajes preciosos que merece la pena ver. Uno de ellos es la zona de Lang Cu Lan, al norte de la ciudad. Preguntamos cómo llegar a Cu Lang village y nos recomendaron alquilar una motito. Habíamos querido hacerlo antes pero no habíamos encontrado un lugar tranquilo. Ahora era nuestra oportunidad.

Lavinia en la moto alquilada, Dalat, Vietnam, 2015
Lavinia en la moto alquilada, Dalat, Vietnam, 2015

Como yo no tengo experiencia en conducir una moto y mi amiga conduce moto desde pequeña, ella fue la conductora y yo la copiloto. Salir de Dalat costó un poco porque es la ciudad es un laberinto y las rotondas a veces tienen cinco o seis salidas. La ruta estaba casi vacía así que fuimos tranquilas, disfrutando del aire en la cara y de los paisajes que nos encontramos de camino.

Paisaje camino a Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015
Paisaje camino a Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015

La verdad es que no teníamos idea qué nos íbamos a encontrar cuando llegasemos a Cu Lan Village porque en realidad nosotros habíamos preguntado por «Chicken village». Según nuestra recepcionista hay más de un pueblo al que llaman así. Ella nos recomendó visitar Cu Lan. Y bien acertada estaba.

Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015
Cu Lan, 25 km de Dalat, Vietnam, 2015

Cu Lan es un poblado precioso.Durante siglos han vivido aquí generaciones de la etnia K’ho. Y el nombre «cu lan» se debe a un animal que habitaba la zona. Los aldeanos se dedican a la caza y la granja y desde 2011 también realizan diversas actividades relacionadas con el turismo como artesanías, paseos en caballo y en jeep. Además, desde que el poblado se abrió como una atracción turística debido a la inversión de una empresa, se cobra entrada.

Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015
Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015

Nos quedamos enamoradas de este lugar por sus hermosos prados verdes, sus cabras, sus cabañas, los puentes colgantes y la paz que se respira en el ambiente.

Puente colgante, Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015
Puente colgante, Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015

Cuando nos dimos cuenta que el cielo empezaba a ponerse gris, decidimos emprender el regreso. Según la gente local, es muy raro que llueva por la mañana pero no queríamos arriesgarnos a que nos de la lluvia en la ruta con la moto así que levantamos campamento.

Faltaban unos diez minutos para llegar a Dalat, cuando empezaron a caer las primeras gotas. La única condición que habíamos puesto para lanzarnos a esta aventura era: si empieza a llover, paramos, con lluvia no conducimos. Así que hicimos una parada en un café de carretera donde no había absolutamente nadie. De repente la señora que parecía atender el lugar, nos invita a entrar y a tomar algo. No tenía nada de comer. Solo te. Cada vez llovía más. ¿Nos tendríamos que quedar ahí todo el día? La lluvia cesó al cabo de media hora así que retomamos la marcha.

Conducíamos muy despacio porque la ruta estaba mojada. Mi amiga quería ir al lago pero yo veía que la lluvia iba a volver así que cuando entramos en Dalat y noté las primeras gotas, le dije «yo me quedo en la ciudad». Volvimos a parar por precaución sin saber que iba a caer una lluvia torrencial tras dejar nuestra moto a buen recaudo.

Comiendo en un local vietnamita, Dalat, Vietnam, 2015
Comiendo en un local vietnamita, Dalat, Vietnam, 2015

Lo bueno de esta parada inesperada es que no elegimos el sitio donde comeríamos sino que él nos eligió a nosotras. Era un lugar de esos montados en el garage de la casa, con una olla sobre el fuego para el arroz y unos cuantas verduras y carnes para mezclar con él. No había menú ni mucho menos. El carrito donde exponen la carne y las verduras estaba casi vacío así que nos puso lo que quedaba. Nos sirvieron té. Y listo. A comer. Más auténtico imposible. Y todo por menos de 1 euro.

Pagoda, Dalat, Vietnam, 2015
Pagoda, Dalat, Vietnam, 2015

Cuando por fin paró la lluvia, fuimos al hotel, a devolver la moto, pero primero había que atravesar la ciudad, bajar de la zona alta a la zona baja y atravesar callecitas que parecen de cuento. ¿De verdad vamos abajar por ahí? Yo me bajo. Y me bajé de la moto. Mientras mi amiga maniobraba me encontré una pagoda. Y contemplé la ciudad. ¡Qué bonita es Dalat!

Centro de la ciudad, Dalat, Vietnam 2015
Centro de la ciudad, Dalat, Vietnam 2015

Al final, al cabo de otra media hora por fin devolvimos la moto en el hotel, riendo de la aventura que habíamos vivido por las rutas vietnamitas y maravilladas de la belleza de Cu Lan. Merece la pena el viaje para visitar esa preciosa aldea.

Dalat, el lago, la casa loca, el mercado y la vida diaria

Llegamos a Dalat escapando del calor, buscando un refugio de montaña y noches frescas y lo conseguimos. Dalat nos sorprendió por su belleza, sus barrios altos y bajos, su mercado, sus villas francesas con casas hermosas y la amabilidad infinita de sus habitantes.

Camino a Dalat, ruta desde Mui Ne, Vietnam, 2015
Camino a Dalat, ruta desde Mui Ne, Vietnam, 2015

Siempre me gustó la montaña y los paisajes verdes pero Dalat es más que eso. Cuando llegamos a la agencia de buses que nos trajo, nos ofrecieron té y un mapa y nos guiaron cómo llegar al hotel que teníamos reservado. En el hotel Ken’s house backpackers, la chica de recepción, Lin, me llamó por mi nombre desde el primer momento y nos ofreció rollitos de primavera.

Centro de la ciudad, Dalat, Vietnam, 2015
Centro de la ciudad, Dalat, Vietnam, 2015

Después de ponernos cómodas, fuimos a practicar mi pasatiempo favorito: caminar por la ciudad. Visitamos el mercado local y compramos frutas disecadas para ir comiendo en el paseo. De camino al lago, nos encontramos con dos viajeros que ya conocíamos de anteriores destinos y de los que nos había hablado un chico argentino en Ko Rong: dos brasileros hippies que deben rondar los 60 años y que en un mes vuelven a casa. También estaban haciendo sus compras en puestos de venta cerca del mercado.

Frutos secos del mercado local, Dalat, Vietnam, 2015
Frutos secos del mercado local, Dalat, Vietnam, 2015

El paseo por el lago fue mágico. Ver los cisnes a pedales en el lago me hizo acordar a Camet, en Mar del Plata, y me entró nostalgia otra vez como con el mar de Mui Ne. Más allá del lago, una especie de mini torre Eiffel asomaba entre las casitas de un barrio pintoresco. Queríamos verla y también la iglesia, pero de repente empezó a llover. Nos refugiamos en una caseta del lago y cuando paró de llover continuamos nuestro camino. Queríamos bordear el lago.

Cisnes a pedales en el lago, Dalat, Vietnam, 2015
Cisnes a pedales en el lago, Dalat, Vietnam, 2015
Caseta del lago, Dalat, Vietnam 2015
Caseta del lago, Dalat, Vietnam 2015

La lluvía volvió y con más intensidad. Corrimos hasta alcanzar una estación de servicio donde nos refugiamos por más de media hora hasta que creímos había parado de llover. Pero cuando a penas nos habíamos alejado unos 100 metros, volvió la lluvia a cargar con fuerza y en la desesperación, Lavinia paró un camión o quizás solo quería hacer señas a las motos que sirven de taxi pero lo cierto es que el camionero se paró y nos hizo señas de que subamos.

Muy amable el señor, como parecen ser todos en esta ciudad llamada Dalat, nos preguntó con señas adonde nos llevaba y le indicamos en el mapa la iglesia. Allí esperaríamos a que pare de llover mientras la veíamos. Nos condujo hasta la iglesia que estaba más lejos de lo que pensábamos. En el camino nos había dado su tarjeta, totalmente en vietnamita pero la guardaré de recuerdo del señor que nos salvo de la lluvia. Al querer dejarle propina por tanta amabilidad nos la rechazó rotundamente. Casi quise abrazarlo.

Entrada a la Crazy House, Dalat, Vietnam, 2015
Entrada a la Crazy House, Dalat, Vietnam, 2015

Cuando paró de llover, nos fuimos caminando hasta la Casa loca, la «crazy house» diseñada por el arquitecto vietnamita Đặng Việt Nga inspirada en los edificios de Gaudí. La casa al principio era un proyecto personal pero luego fue ampliándose y hoy en día es un «guesthouse», un hotel diferente que además pertenece a los 10 edificios más locos del mundo. Perderse dentro de ella es una maravilla y todavía siguen construyendo más edificios así que en el futuro a saber qué formas nos esperan en esta casa loca.

Edificio loco, Crazy House, Dalat, Vietnam, 2015
Edificio loco, Crazy House, Dalat, Vietnam, 2015

Al ver desde arriba la ciudad de Dalat daban muchas ganas de ir a recorrerla. Callejeando, descubrimos la vida social vietnamita de esta ciudad de montaña y tratando de imitarlos nos fuimos a sentar a un café frente al lago.

Ciudad de Dalat, Vietnam, 2015
Ciudad de Dalat, Vietnam, 2015
Vietnamitas jugando al billar, Dalat, Vietnam, 2015
Vietnamitas jugando al billar, Dalat, Vietnam, 2015
Te en una Cafetería del centro, Dalat, Vietnam, 2015
Te en una Cafetería del centro, Dalat, Vietnam, 2015

Esa noche, después de cenar regresamos al hotel supuestamente a dormir pero en recepción me detuvo Lin para invitarme a probar trozos de gambas fritas y un poco de «te» vietnamita que en realidad era vino blanco de arroz. Muy fuerte para mi paladar pero por no hacer desprecio, brindé y bebí con ella y su familia entre los que se encontraba el dueño del hotel que resultó ser un artista y después de tocar canciones vietnamitas con su guitarra, me pidió si podía hacerme un retrato. Los que me conocen saben que estar quieta más de diez minutos es una tarea casi imposible para mi. Como no logré, el pobre Hang tuvo que empezar el dibujo otra vez.

Con la familia de Lin en el hotel, Dalat, Vietnam, 2015
Con la familia de Lin en el hotel, Dalat, Vietnam, 2015

¡Y lo que nos reímos! No tiene precio. ¡Esta gente me encanta!

Posando con mi retrato y el artista, Dalat, Vietnam, 2015
Posando con mi retrato y el artista, Dalat, Vietnam, 2015