Pan de Azúcar, Rio de Janeiro, Brasil 2014

Viaje a Brasil Parte II: Rio de Janeiro e Ilha Grande

El viaje a Brasil empezó con una noche en Sao Paulo, un par de días en Salvador de Bahía y otros dos en Morro de Sao Paulo, historia que cuento en el anterior post. Esta es una continuación de ese artículo: de Salvador de Bahía volamos a Rio, la «ciudad maravillosa».

@rominitaviajera en Playa Vermelha, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

@rominitaviajera en Playa Vermelha, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

En Rio de Janeiro fuimos ocho: el grupo de Salvador y Morro más mi primo del alma que llegó el mismo día que nosotros a la ciudad, directo desde Buenos Aires. Siguiendo las recomendaciones de nuestra amiga brasilera, habíamos reservado un apartamento en el barrio de Ipanema. Estábamos a dos cuadras de la playa, tanto de Ipanema como de Copacabana. No teníamos vistas maravillosas porque no estábamos en la parte alta de la ciudad pero la verdad es que no nos hicieron falta porque no pasamos mucho tiempo en nuestro alojamiento. Nos dedicamos a recorrer la zona, a visitar el Pan de Azúcar, el Cristo, los barrios del centro y las playas emblemáticas de la ciudad.

Playa de Ipanema, Rio de Janeiro

Playa de Ipanema, Rio de Janeiro | rominitaviajera.com

Tras acomodarnos en el apartamento de Marcelo, un brasilero muy simpático que nos recomendó lugares donde comer y tomar algo, nos fuimos a inspeccionar el barrio y a descubrir por qué las playas de Ipanema son tan famosas. Paseamos un rato por la orilla mojando los pies en el mar carioca, admirando el paisaje a un lado y al otro. Y así fue como llegamos a la «Pedra do Arpoador», que si bien no permite el acceso a las playas de Copacabana, está justo entre éstas y el fin de las playas de Ipanema, y es uno de los lugares más pintorescos de Rio. Fue en la piedra de la playa del Aropador donde disfrutamos del mejor atardecer del viaje a Brasil.

Atardecer en la Piedra del Arpoador, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Atardecer en la Piedra del Arpoador, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Después nos fuimos a cenar al barrio de Lapa, el barrio «bohemio» de Rio, el de los bares de tapeo, el de los restaurantes de pizzas, terrazas de mojitos y de música carioca, el barrio de los jóvenes. Algunos dicen que es el «Montmartre carioca», comparándolo con el barrio bohemio de París. Aquí se puede apreciar también el Arco de Lapa. Nosotros tomamos unos tragos en un bar frente a este acueducto y después por la calle principal de los bares. Tras observar la variedad en la oferta gastronómica, optamos por pizza casera.

Al día siguiente temprano en la mañana, subimos en dos taxis al cerro del Corcovado atravesando el verde Parque Nacional de Tijuca. Habíamos pensado ir en tren pero creo que esos días había un inconveniente porque a último momento cambiamos de opción y subimos en coche. Una vez arriba del cerro, nos encontramos con el Cristo Redentor, el famoso Cristo de Corcovado de Rio de Janeiro, una estatua de Jesús, de casi 40 metros de alto, declarada una de las siete maravillas del mundo moderno.
Vistas de Rio de Janeiro desde el Cristo de Corcovado, Brasil, 2014

Vistas de Rio de Janeiro desde el Cristo de Corcovado, Brasil, 2014

La verdad es que la estatua en sí no me impresionó mucho pero las vistas desde el Cristo son geniales. El sol encandila un poco pero se puede apreciar la inmensidad de la ciudad de Río y la belleza de sus paisajes.

Cristo de Corcovado, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Cristo de Corcovado, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Por la tarde fuimos al Barrio de Santa Teresa, en busca de la «Escadaria de Santa Teresa» o escalera de Selaron, adornada con cerámicos de colores por el artista chileno Jorge Selarón. Es una obra de arte en la calle y merece la pena visitarla y pasar un rato escuchando la música de guitarreos y tambores que se arma de manera espontánea. Sin embargo, es difícil de encontrar si el taxista no conoce el lugar o si no se tienen mapas con detalles de las calles. Está un poco escondida y si bien la cima de la escalera está en el barrio de Santa Teresa, junto al Convento del mismo nombre, la realidad es que la base de la escalera está en el Barrio de Lapa donde habíamos estado la noche anterior.

Escalera de Selarón, Rio de Janeiro, Brasil 2014

Escalera de Selarón, Rio de Janeiro, Brasil 2014

Teníamos planes de ir a ver un partido en el Maracaná esa noche así que nos fuimos caminando hasta el Arco de Lapa y nos tomamos un bus hacia la zona del estadio de fútbol más grande de Brasil. Al principio no me hacía ilusión ir a ver un partido de fútbol pero cuando la hinchada del Botafogo llenó la tribuna y los jugadores entraron a la cancha me di cuenta de lo que estaba viviendo. En menos de tres meses empezaría el Mundial de Fútbol 2014 y el Maracaná sería uno de los estadios más importantes del evento. Pero no fue eso lo que más me atrajo sino la pasión con la que la hinchada cantaba mientras disfrutaba del fútbol carioca. Fue una noche inolvidable, incluso para mí que no soy futbolera. De alguna manera sentí que estaba viviendo de cerca la cultura brasilera.

Estadio Maracaná, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Estadio Maracaná, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Al tercer día en Rio, subimos en teleférico al Pan de Azúcar, un morro de piedra situado a casi 400 metros sobre el mar. El teleférico de cristal artesonado, llamado «bondinho del Pan de Azúcar» tiene capacidad para 75 pasajeros y sale cada cinco minutos para hacer la ruta entre los morros de Babilonia y Urca, que tiene unos 1400 metros de largo.

Pan de Azúcar, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Pan de Azúcar, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Las vistas desde el Pan de Azúcar son hermosas y la recompensa al viaje es aún más bonita. Desde un cerro intermedio entre la Bahía y el morro más alto se puede apreciar el Pan de azúcar antes de hacer el siguiente tramo. El entorno húmedo y la vegetación selvática te hacen sentir que estás en otro lugar muy diferente a la ciudad que dejas abajo en la ciudad de Rio. Pero esto también es Rio.

Vistas desde el Pan de Azúcar, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Vistas desde el Pan de Azúcar, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Al bajar nos quedamos en la playa roja de la bahía a pasar la tarde y disfrutamos a las mejores vistas del Pan de Azúcar que por momentos desaparecía entre nubes. Aunque el agua estaba algo fría aprovechamos para darnos un baño y jugar con las olas como si fuéramos unos adolescentes. Pasamos una linda tarde.

Playa Vermelha, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Playa Vermelha, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Al cuarto día en Rio fuimos de excursión a Ilha Grande, embarcando en Angra dos Reis en un barco tipo pirata, con muchos turistas con ganas de fiesta. Pasamos por islas preciosas, algunas pequeñas sin habitar, otras medianas con un par de alojamientos o una casa familiar y otras algo más grandes. Todas islas paradisíacas, con playas de arenas blancas y aguas cristalinas. Recorrimos una de esas pequeñas islas, nos bañamos en sus aguas cristalinas y disfrutamos del sol hasta que nos llamaron para subir al barco. Era una isla en la que me hubiera quedado a vivir un tiempo con un cuaderno y una lapicera para escribir y quizás algún libro para leer.
Islas de camino a Ilha Grande, Brasil, 2014

Islas de camino a Ilha Grande, Brasil, 2014

La siguiente parada de nuestro particular barco fue la Laguna azul donde pudimos bucear, y ver hermosos corales y peces de colores. Por un momento deseé que todas las personas desaparecieran y disfrutar de ese paraíso en silencio contemplando la naturaleza en su máximo esplendor. Pero era un tour y ya estábamos en el baile así que bailamos. Volvimos al barco y zarpamos rumbo a nuestra última parada en Ilha Grande: Praia do Japariz.
La playa de Japariz es otro paraíso en la tierra. Desembarcamos para almorzar. Comimos frijoles, ensalada y pescado, con los pies en la arena, muy relajados. Y después nos fuimos a explorar los alrededores de esa playa paradisíaca. Nos encontramos con barcos encallados en la arena, árboles caídos, mosquitos, telarañas gigantes, una casa con aspecto de abandonada, habitantes locales, más mosquitos, y mucha humedad.
Praia do Japariz, Ilha Grande, Brasil, 2014

Praia do Japariz, Ilha Grande, Brasil, 2014

Al regreso hacia Angra dos Reis pasamos por unas islas cercadas, alambradas, y una de ellas tenía un cartel que anunciaba que estaba en venta. Curiosa propiedad a la venta: una pequeña isla paradisíaca. Me pregunto quién será su futuro dueño.
Nuestro último día de vacaciones lo pasamos descansando en la playa de Ipanema, disfrutando de las comodidades del Balneario de Jota, bebiendo mojitos y tés fríos con golosinas típicas de la venta ambulante. Y así dimos por concluido nuestro viaje a Brasil.
Playa de Ipanema, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Playa de Ipanema, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Moulin Rouge, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org

París en dos días

Conocer París en dos días puede parecer a muchos una locura pero siendo una ciudad con fama de ser cara nos pareció la mejor opción para no dejar de verla sin dejarnos el presupuesto anual de viajes. ¿Qué se puede ver en dos días? el Mouline Rouge, el Sacre Coeur,  Notre Damme, el río Senna, sus puentes, las Tulleries, el Louvre, los Jardínes de Luxemburgo, la Torre Eiffel, los campos de Marte, los Campos Elíseos, el Puente Alexandre III, el Arco del Triunfo y algún detallecito más que hacen de París una ciudad con encanto.
La Torre Eiffel, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org

La Torre Eiffel, París, Francia, Junio 2013 – «París en dos días» viajarcaminando.org

Conocer París de la mano de la persona que uno ama siempre ha sido una idea que mucha gente tiene en mente cuando está enamorada. También es lo típico que descartamos cuando estamos solos aunque algunos en el fondo de su corazón siguen soñando con enamorarse en París y vivir una historia de amor de película.
En la literatura y el cine París es la ciudad del amor por excelencia pero ¿qué hay de cierto en eso? Sinceramente, después de haberme paseado por la ciudad de la mano de la persona que amo, pienso que no es más o menos romántica que Roma. Al final el toque romántico a las ciudades se lo ponemos nosotros.
Caminar por las calles de París es pasearse por siglos de literatura, pintura y arquitectura. Por momentos, sentíamos que habíamos hecho un viaje hacia atrás en el tiempo y que íbamos a ver aparecer mujeres con vestidos acampanados y peineta a la vuelta de la esquina.

Nuestra experiencia en París
Llegamos a la ciudad sobre las cinco de la tarde. Dejamos la maleta y la mochila en la habitación del hostel que reservamos por Internet y nos fuimos a recorrer París (un hotel en París puede ser mucho más costoso que en Madrid, es importante reservar con tiempo y elegir bien la zona).
Siguiendo las recomendaciones de una buena amiga enamorada de la ciudad, comenzamos nuestro recorrido por el barrio rojo de Pigalle, a los pies de otro de los barrios más hermosos de París, el Montmartre. La idea es ir por el Boulevard de Clichy a conocer el Mouline Rouge pero decidimos subir primero al Sacre Coure en funicular para apreciar las vistas antes de que se haga de noche. El ambiente alrrededor de La basílica del Sagrado Corazón (Sacre Coeur) de Montmartre nos pareció increíble: parisinos y extranjeros bebiendo vino o champagne en copa en las escalinatas al pie.
Vistas de Paris desde La Basílica del Sagrado Corazón, París, Francia, junio 2013 - París en dos días - viajarcaminando.org

Vistas de Paris desde La Basílica del Sagrado Corazón, París, Francia, junio 2013 – viajarcaminando.org

Después de apreciar las vistas de París desde el barrio más alto, el Montmartre, nos unimos a ellos con unas latitas de cerveza que nos ofrecieron unos paquistaníes por el módico precio de 1€ (como en Madrid). Ahí, mimetizados con el ambiente, nos miramos enamorados y disfrutamos de un maravilloso atardecer que nos traslada a un mundo mágico donde no existe el tiempo.
Para aprovechar la noche de Montmartre nos dimos una vuelta por la Plaza de los pintores, cuyo verdadero nombre es la Place du Tertre. Rincón de encuentro de artistas por excelencia, la plaza nos recibe cargada de vida; las luces de los cafés alumbran los cuadros más curiosos y alguna que otra estatua viviente. Todo es color y belleza. Se escucha música a lo lejos. Y las tiendas de souvenirs aún abiertas desprenden también su propia vida y color a una plaza rodeada de edificios del siglo XVIII.
Plaza de los pintores, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org

Plaza de los pintores, París, Francia, Junio 2013 – viajarcaminando.org

Callejeando llegamos nuevamente al barrio de Pigalle y buscamos el famoso Mouline Rouge, pero antes hacemos una parada técnica en una crepería del Boulevard para alimentarnos de forma económica y sin dejar de probar un plato típico de la ciudad. Cuando llegamos al famoso Molino rojo empieza a llover fuerte así que tomamos unas fotos y nos sumergimos el los suburbios del Metropolitano de París.
Crepe en París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org

Comiendo un crepe en París, Francia, Junio 2013 – viajarcaminando.org

Moulin Rouge, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org

Moulin Rouge, París, Francia, Junio 2013 – viajarcaminando.org

Sábado en París (día 2)
Nuestra primera parada después de desayunar dos croissants en una cafetería junto al Senna, es Notre Damme, una de las catedrales francesas más antiguas de estilo gótico. Preciosa desde todos sus ángulos. Pero a nosotros nos interesaba uno en particular, aquel que da acceso al callejón de las librerías. Ahí buscamos la librería Shakespeare and Company, que aparece en la película «Antes del atardecer». Y la encontramos.
Librería Shakespeare and Company, París, julio 2013

Librería Shakespeare and Company, París, julio 2013 – viajarcaminando.org

Catedral de Notre Dame, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org

Catedral de Notre Dame, París, Francia, Junio 2013 – viajarcaminando.org

Puestos de ventas cercanos a Notre Dame, París, Francia, Junio 2013

Puestos de ventas cercanos a Notre Dame, París, Francia, Junio 2013

Ansiosos por ver uno de los museos más famosos del mundo, bordeamos la Catedral de Notre Dame, atravesamos los Jardines de las Tullerías y nos fuimos hacia el Louvre. Cuesta explicar la emoción que nos dio al ver la Plaza del Louvre. Volvimos a trasladarnos en el tiempo ante semejante arquitectura del siglo XII. Incluso nos gustó la pirámide, y eso que siempre he creído que no encajaba bien en la plaza. La cola no era imposible y pudimos disfrutar del arte del Museo del Louvre durante aproximadamente tres horas. Así que terminamos comiendo en una cafetería dentro.
Plaza del Louvre y Museo del Louvre, París, Francia, Junio 2013

Plaza del Louvre y Museo del Louvre, París, Francia, Junio 2013

En la tarde nos fuimos caminando hasta los Jardines de Luxemburgo donde disfrutamos de un bonito paseo y unos ricos crepes de postre. Tanto la fuente como la zona de césped estaba llena de vida, de parisinos disfrutando de la soleada tarde de verano en un improvisado picnic o merienda. Descansamos un rato con ellos y luego nos fuimos al hostel a prepararnos para la noche.
Llegamos a la Torre Eiffel antes del anochecer. Y entre fotos y risas se nos hizo de noche y pudimos admirar semejante estructura de hierro iluminada y radiante. Teníamos dudas sobre subir o no subir y al final decidimos irnos a cenar paninis con cerveza recostados en los Campos de Marte rodeados de parisinos y turistas admirando la torre en todo su esplendor. Hipnotizados por tan famosa obra arquitectónica, nos quedamos observándola hasta que la noche se volvió fresca y oscura.
La Torre Eiffel, París, Francia, Junio 2013

La Torre Eiffel, París, Francia, Junio 2013

Al día siguiente, el domingo, arrancamos temprano con maleta y mochila para recorrer algunas zonas de la ciudad antes de tomar el avión a las cinco de la tarde y cerrar así nuestro viaje a París en 48 horas. Cruzamos el Puente Alexandre III, uno de los puentes más famosos de París, que fue construido en el año 1900 para la Exposición Universal. De ahí, fuimos caminando hasta la Torre Eiffel para verla nuevamente de día y hacer nuevas fotos. De camino probamos las famosas baggetes francesas con un queso típico que compramos en un mercado local.
Detalle del Puente Alejandro III, París, Francia, junio 2013

Detalle del Puente Alejandro III, París, Francia, junio 2013

Sin perder la alegría a pesar del cansancio, conseguimos llegar a los Campos Elíseos, avenida amplia con mucho tránsito y una vida comercial bulliciosa. Lo anduvimos hasta el final para llegar a nuestro último punto del recorrido: el Arco del Triunfo. Ahí mismo tomamos el metro que nos llevó a la zona donde salen los buses que hacen el traslado al aeropuerto de París Beauvais.
Y así concluye nuestro viaje de París en dos días, 48 horas de paseos, momentos de romanticismo, de risa, de descanso, de cultura, ricos crepes y mucho amor.
Los Campos Elíseos, París, Francia, junio 2013

Los Campos Elíseos, París, Francia, junio 2013

Callecitas de Malindi, Kenia, África, 2012

Mis días en Kenia: Parte III

Había leído en un libro de Kapuscinski (creo que en Ébano) que el ritmo africano es diferente al nuestro, más lento y más incierto. Y pude comprobarlo cuando al llegar a la estación de autobuses de Malindi nadie me esperaba.

Ahí estaba yo, con mi mochila de 50k recién estrenada, con la ilusión de quien va a comenzar algo nuevo pero con el cansancio de haber pasado 9 horas en la carretera, ansiosa por reconocer en las caras de desconocidos a la persona que tenía que recogerme.

Calles de Pueblos de Kenia, África, 2012

Calles de Pueblos de Kenia, África, 2012

Miro a mi alrededor. Todos son negros. Empiezo a oír la palabra «muzungu» y se refieren a mí. No hay ni una persona de rasgos similares a los míos. Todos parecen ser locales salvo el asiático que venía conmigo en el autobús y al que al cabo de 10 minutos viene a buscar otro asiático. Rostros negros yendo y viniendo por la estación. Alguien me ofrece un asiento. Otros un taxi, una moto. La amabilidad abunda y eso me reconforta un poco. Mientras, yo sigo esperando a que alguien me vea y diga mi nombre.

Tengo que confesar que una empieza a imaginarse que la han abandonado. Conservo la calma y sonrío a todo el que me mira. ¿Qué puede pasarme? Ni lo pienso. Sólo empiezo a pensar alternativas en caso de que nadie me recoja en horas. Puedo intentar hospedarme en un hotel. Vi en Internet que hay unos en la costa. Puedo pedir asilo en la casa de algún local que me resulte confiable. Y mil ideas más.

Al cabo de media hora llega una chica jovencita y sonriendo me pregunta «¿Romina?» y ahí suelto la respiración contenida y siento cómo se deshace el nudo en la garganta que llevaba armando desde hace un buen rato. Sí, soy yo. Ese es mi nombre. ¡Qué alivio! Hi! Hi! Nice to meet you.

Judith, la hija de Mama Agnes, la niña que me vino a buscar a la estación de buses de Malindi, Kenia, África, 2012

Judith, la hija de Mama Agnes, la chica que me vino a buscar a la estación de buses de Malindi, Kenia, África, 2012

Quien me viene a buscar es Judith, una adolescente de 18 años que a lo largo de mis días en Malindi se convertirá en mi amiga. Me pide disculpas. Escucho por primera vez la expresión «african time» y recuerdo al gran Kapuscinski. Nos vamos en un tuc-tuc hacia la casa de la familia donde me hospedaré. Todo es nuevo para mí. Me siento como una niña. Y me vuelve la ansiedad y la ilusión. En seguida veo que la calle de la estación es una de las pocas asfaltadas de la ciudad. El resto son de tierra, de barro cuando llueve, y con piedritas que saltan a los costados y hacen saltar también al tuc-tuc, ese taxi-moto preparado para llevar 3 personas en la parte de atrás.

Callecitas de Malindi, Kenia, África, 2012

Callecitas de Malindi, Kenia, África, 2012

Voy pensando en la situación: me encuentro en África, adonde siempre había soñado viajar, a la que tanto había imaginado e intento pensar cómo será el resto del continente, su gente, sus distintas culturas y me apetece conocerlo todo. Todo. El vaivén del tuc-tuc me trae de regreso a la realidad.

Empiezo a ver casitas de barro y palos al costado del camino y la gente me saluda «chao, chao» imaginando que soy italiana. También hay edificios grandes, pintados de colores con anuncios publicitarios como el de «safaricom» que es el más frecuente. Puestos de venta de comida, salones de peluquería… ¡Un cibercafé! Una escuela, un potrero donde los niños están jugando al fútbol, una mezquita… y muchos árboles y arbustos. Giramos en una esquina y ahí está la casa de mi familia durante las próximas semanas. Sí, llegamos a casa de Mama Agnes.

Viaje en tuc tuc por Malindi para llegar a casa de Mama Agnes, Kenia, África 2012

Continuará…

Niñas volviendo del colegio, ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012

Mis días en Kenia, África – Parte II

Escribía en mi bitácora antes de dormir en casa de Anne, la chica de la ONG que me alojó la primera noche que pisé Kenia: «mi primera impresión de la ciudad de Nairobi es confusa: el aeropuerto es pequeño, me recuerda al de Malta, donde estuve en 2008. Las carreteras están bien, normales. Hay coches buenos y furgonetas viejas. Es un poco como Buenos Aires. Hay edificios grandes de empresas tal como en Nueva Delhi y otras capitales».
Estación de buses y combis, Nairobi, Kenia, África, 2012

Estación de buses y combis, Nairobi, Kenia, África, 2012

Qué curiosas son las primeras impresiones. Ahora que releo lo que escribí esa primera noche no creo que diga nada en absoluto de Nairobi pero la verdad es que poco puedo decir de una ciudad donde estuve sólo unas horas y muy pocas las pasé caminando. Lo que sé es que no me gustó mucho, me pareció muy ruidosa, caótica, «crowded» como le dije a mi familia de acogida en Malindi, sí, congestionada o superpoblada, esa es la sensación que me dio la capital de Kenia.

Esquina de Nairobi, Kenia, África, 2012

Esquina de Nairobi, Kenia, África, 2012

El lunes 1 me levanté a las 6 AM para ir al centro de la ciudad a tomar mi bus hacia la costa. Lo que no había entendido bien (tal vez porque estaba aturdida al llegar) es que llegaría a eso de las 6 PM a Malindi y que ese día no iría aún al orfanato a comenzar mis tareas allí. El viaje se me hizo eterno y descubrí que lo de las carreteras «están bien» no se extiende a toda Kenia y que las rutas asfaltadas no abundan en este país pero que el polvo cobrizo de los caminos hacen más bello el paisaje.

Ruta desde Nairobi a Mombasa, Kenia, África, 2012

Ruta desde Nairobi a Mombasa, Kenia, África, 2012

También pasé por barrios o aldeas en los que había muchas vacas y bueyes, como en los alrededores de Delhi en India. Y al costado de la ruta, vi puestos de venta de comida, de gafas, de medias, de frutas y verduras. Parecen haberse creado hace un rato con un par de maderas y algunas ramas recolectadas de árboles cercanos. La mayoría no tienen techo y algunos simplemente son una tela en el suelo al estilo de los «top manta» de Madrid.
Puestos de comida en la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África 2012

Puestos de comida en la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África 2012

Al pasar por algunos poblados, veo que en las esquinas de las calles de tierra hay grupos de chicos jóvenes con motos enormes. No están haciendo nada. Algunos parecen conversar. Otros ríen. Más tarde me enteraría que son los «motoboy» que te llevan tipo taxi adonde quieras dentro de la ciudad.
Hombres en las esquinas, pueblos de Kenia, África, 2012

Hombres en las esquinas, pueblos de Kenia, África, 2012

A decir verdad, veo hombres quietos, parados, sin hacer nada, por todas partes. Pero las mujeres no paran. Las mujeres son el motor de este país. Se mueven hacia un lado y hacia otro, transportando múltiples cosas, desde trozos de madera o cemento hasta bidones de agua, en sus espaldas o en la cabeza. También veo mujeres arando el campo, cultivando, custodiando su puesto de frutas mientras los niños corretean a su alrededor. Definitivamente, las mujeres dan vida al paisaje que veo.

Escribí esa noche: «Fue curioso ver a las mujeres llevar sus cosas en la cabeza como en los documentales sobre África; y esos vestidos de telas de colores y sus pañuelos en la cabeza.» Eran parte del paisaje de mi ruta hacia la costa.
Niñas volviendo del colegio, ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012

Niñas volviendo del colegio y mujeres yendo a por agua, ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012

Continuará…

Paisaje de la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012

Mi primera experiencia en suelo africano: Malindi, Kenia

Más de 20 días sin escribir tienen una explicación: estaba en Malindi, Kenia (África), con muy poco acceso a Internet. Justamente es mi estadía en Kenia y mi experiencia en ese trocito de África lo que quiero empezar a contarles hoy.

Como escribía la primera noche en Kenia, en casa de Anne en Nairobi, «al iniciar el viaje en Madrid no era consciente» de lo diferente que es este viaje en mi vida personal. Me encanta viajar y lo hago siempre que puedo. Pero siempre lo hago acompañada y si viajo sola voy al encuentro de amigos, me hospedo en casa de amigos y disfruto paseando y haciendo actividades turísticas con amigos. A la India fui de voluntariado pero fui con 10 personas más entre las cuales ya conocía a algunas. Este viaje es diferente.

Paisaje de la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012

Paisaje de la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012

«Voy sola por primera vez a un país donde no conozco a nadie y donde me espera una persona de una ONG para llevarme a la costa (Malindi) mañana» escribí en mi bitácoras el primer día. Y debí haber agregado: a un país donde no hablan mi lengua materna, donde aunque el inglés está extendido la lengua más hablada es el swahili y utilizan más de 40 lenguas para comunicarse, donde es probable que no haya muchos «blanquitos» («muzungus» como nos llaman a los blancos de piel en Kenia), donde jamás he estado y del que he leído que no se parece en nada a países de Europa, por donde acostumbro a moverme. Y si no era suficiente cambio en mi tipo de viaje: voy de voluntariado a vivir dos semanas con una familia que no conozco.

Mamá Agnes y @rominitaviajera en Malindi, Kenia, África, 2012

Mamá Agnes y @rominitaviajera en Malindi, Kenia, África, 2012

Lo que no sabía cuando me embarqué en este viaje es que haría amigos locales, que vería los peces más hermosos que he visto en mi vida, que conocería a personas tan interesantes y agradables a pesar de  no tener nada para comer al día siguiente, que pasearía por playas paradisíacas recordando mi Mallorca querida, que andaría por calles de tierra con casas bajas que me recordarían mi Mardel feliz, que saldría a bailar un club donde se corta la luz en mitad de la noche, que recorrería un barrio sola por entre casitas de adobe sin un sólo extranjero a kilómetros a la redonda, que volvería a España con una propuesta de matrimonio y otra de amor eterno, libre y sincero…pero no me quiero adelantar ni extender en este post. Así que les dejo con la intriga hasta la próxima entrega.

@rominitaviajera en el hogar de niños Lea Mwana, Malindi, Kenia, África, 2012

@rominitaviajera en el hogar de niños Lea Mwana, Malindi, Kenia, África, 2012

Más artículos sobre mi viaje a Kenia aquí

@rominitaviajera en las Termas, Budapest, Hungría, 2012

Budapest en dos días III parte

NOTA: Este es el último artículo de Budapest en dos días y es su III parte. Si quieres leer los anteriores artículos de este viaje los puedes encontrar aquí y aquí.
Después de ver la Ópera, regresamos caminando por la Avenida Andrassy hasta llegar al Boulevar Karoly donde se encuentra el departamento en el que nos hospedamos.
Una siesta de casi dos horas resultó reparadora. La mayoría de las chicas están listas para volver a salir y seguir disfrutando de esta ciudad húngara. Yo no me encuentro bien y noto media pila respecto al resto. Empiezo a plantearme la pequeña diferencia de edad que nos separa, pero en seguida lo descarto. Uno es tan joven como se sienta por dentro, más allá de la edad del documento.
En fin, es sábado por la noche y nos vamos al Morrisson 2, otro boliche (discoteca) que nos recomendaron. Vamos en dos taxis y nos cobran más de lo que nos costaría en España. Nos sentimos timadas porque en esta ciudad todo es muy barato. Yo me conformo con decirle al taxista que nos está timando y que no es buena persona pero no me hace ni caso. Así que le damos el dinero y nos cruzamos al Morrison.
Se paga la entrada pero no te dan consumición así que protestamos pero nos dicen burlándose: “pagan por estar dentro, ¿qué más quieren?”. La forma de hablar de los húngaros lleva todo el día pareciéndonos áspera y poco amable pero estamos de fiesta así que sonreímos y entramos.
Budapest nocturno

De fiesta en el Morrison 2, Budapest nocturno, Hungría, 2012 | rominitaviajera.com

La verdad es que el edificio del Morrison me gusta. Es interesante ver cómo convierten un lugar medio ruinoso en un lugar bailable. Por momentos tengo la sensación de estar en una fiesta improvisada en el patio de un conventillo (esos edificios del estilo del Chavo del Ocho). Y eso me gusta. Pero no me gusta mucho la gente que hay. Hay un grupo de 3 o 4 chicos que llevan un “mostacho” que les queda ridículo pero parece que presumen de él.
La noche avanza. Bailamos. Nos reímos. Dos nos subimos a la tarima para bailar y las demás se ríen. Yo bailo con vergüenza pero me hace gracia estar ahí arriba como si fuera una adolescente. De repente, me doy cuenta que el sitio está lleno de adolescentes o chicos que a penas han cumplido los 18 o 19. Me da incomodidad. Y los de mi edad tienen cara de babosos. Bajamos. La gente se empieza a pegar demasiado, te miran con ojos de babosos y se meten a bailar en nuestra ronda de chicas apartando a alguna fuera. No nos gusta nada. Vamos un rato al patio, bailamos algo más pero nos terminamos por pirar pronto a casa.
Domingo de relax
Nos levantamos temprano para ir a la Sinagoga, la más grande de Europa. Es preciosa pero en unos minutos terminamos de verla y nos vamos en frente a desayunar.
La Sinagoga mas grande de Europa, Budapest, Hungría, 2012

La Sinagoga mas grande de Europa, Budapest, Hungría, 2012 | rominitaviajera.com

Como veníamos notando, la gente de Budapest no parece muy receptiva al turismo, de hecho, resultan un poco ariscos. Esta mañana comprobamos que la mayoría es así. En la primera cafetería que nos sentamos, al intentar hacerle una pregunta a la camarera nos grita “un momento” al tiempo que nos mira con desprecio. Así que inmediatamente nos levantamos enfadadas y nos vamos a la cafetería de al lado donde por suerte recibimos mejor trato.
Para relajarnos del ajetreo del sábado nos vamos a las termas, visita obligada en Budapest. No vamos a las públicas (por consenso casi general) sino a unas privadas de un hotel de lujo. Por unos 16€ accedemos a tres piletas (piscinas) en un complejo de baño bastante amplio.
@rominitaviajera en las Termas, Budapest, Hungría, 2012

@rominitaviajera en las Termas, Budapest, Hungría, 2012 | rominitaviajera.com

Lo que más me gusta es el chorro en los hombros de la piscina de agua caliente y las burbujas de la escalera. El agua a 35º empieza a adormecernos. Algunas salimos y nos metemos al barril de agua fría que se supone estabiliza la temperatura de nuestro cuerpo.
De ahí vamos a las duchas que te masajean la espalda de tan fuerte que sale el agua. A ratos nos relajamos tomando el sol en las reposeras, a ratos volvemos al agua. El Sol acompaña nuestro estupendo día de relax y así terminamos nuestro tour por Budapest en menos de 48 horas. Una maravillosa experiencia que resulta inolvidable.
Complejo termal, Budapest, Hungría, 2012

Complejo termal, Budapest, Hungría, 2012 | rominitaviajera.com