Un alto en el camino

A veces uno hace un alto en el camino para pensar y descansar. Ese descanso lo tuve entre Dalat y Nha Trang. En Dalat porque llovió toda una tarde y la noche. En Nha Trang porque no encontré mucho más que hacer que estar en la playa y darme unos masajes.

Llevo 20 días viajando y mi cuerpo y mi mente empiezan a sentir el cansancio. Me sorprendo de ver gente que viaja hace meses y les pregunto sobre el cansancio. No es que solo yo sienta cansancio sino que cada uno lo va gestionando de forma diferente y la mayoría hace ese parón en el camino que yo necesitaba.

Desde hace años sueño con dedicarme al periodismo de viajes, sueño con vivir para viajar o viajar para vivir y contarlo. Escribí algunos artículos de viaje para revistas online independientes, escribo relatos sobre viajes en mis blogs desde hace tres años, pero no había tenido la oportunidad de viajar por un lugar tan distinto al habitual como es el Sudeste Asiático durante más de dos semanas salvo cuando estuve en Malta tres pero como estudiaba tenía una rutina y no me movía de casa ni ciudad.

El día a día del viaje es lo contrario a la rutina. Salvo el hecho de que me estoy despertando sobre las 5.30 o 6 am cada día, lo demás es siempre nuevo. A veces desayuno en el hotel, otras veces en la calle. Casi todos los días desayuno omelette pero algún día como fruta o pan con mermelada. Siempre tomo té. Por lo demás, ningún día se parece al día anterior. Decidimos sobre la marcha donde vamos a comer o cenar, adonde vamos a ir de excursión o qué pagoda vamos a visitar. A veces simplemente, callejeamos.

En un viaje largo, hay que hacer un alto en el camino y obligarse a descansar, a tener una tarde de no hacer nada o de mirar una película de domingo, porque es necesario. Al menos, esa es mi sensación. Y muchos viajerons coincidieron conmigo en esta sensación o necesidad de descansar para recuperar energías y continuar. También, es una forma de reflexionar sobre el viaje antes de seguir.

Mujeres viajeras

Pensando sobre los viajes y mi vida viajera a la que no me he dedicado 100% y ahora tengo claro que tampoco quiero hacerlo, me vino a la cabeza la idea que yo tenía de los viajes largos y quiénes lo hacían. Creí que habría muchas parejas o chicos solos dando la vuelta al mundo, visitando unos cuantos países del Sudeste asiático después de un trabajo en Australia o Nueva Zelanda, y algunas pocas chicas viajando con amigas. Pero la realidad es distinta.

Cuando me subí al bus de Nha Trang a Hoi An (desde donde escribo esto) me di cuenta que solo había un chico. El resto eramos todas mujeres. ¿Cómo podía ser? ¡Tantas mujeres viajando! ¿Solas? No todas. Había dos amigas por allá, tres amigas por acá, una chica sola, otras que se habían conocido viajando y la que estaba con el chico, su novio. ¿Chicos solos? Ninguno. No pude evitar sonreír al recordar los miles de foros que me tuve que leer para animarme a viajar sola como mujer, aunque luego tuve la suerte de estar acompañada por mi amiga Lavinia y en breve por David.

Las mujeres se han animado a viajar solas, a salir de su zona de confort y conocer el mundo. Nos hemos animado. Ya no tenemos miedos o si los tenemos, los sabemos afrontar. Y vamos demostrando al mundo y a la gente de estos países que visitamos, que las mujeres podemos viajar solas por nuestra cuenta sin ser consideradas locas o raras, porque muchas mujeres viajan solas, incluso aún teniendo novios o maridos que las esperan en sus países a la vuelta. Me encanta ver tantas mujeres que se atreven a viajes como éste solas o con amigas. Y también mujeres de Vietnam, de otras ciudades, viajan solas.

Extrañar casa

A veces uno tiene que hacer determinados sacrificios para cumplir sus sueños. Dejar la comodidad de mi casa, a al amor de mi vida en ella, y a mi vida tranquila en Madrid para venir a viajar por el Sudeste asiático con el fin de comprenderme a mi misma y comprender estas culturas, también es duro. Y acá no quiero hacerme la víctima, sé que hay miles de cosas peores y que muchos estarán pensando “ojalá todos tuvieran la suerte de hacer un viaje así”. Solo digo que dejar tu comodidad no es fácil y se extraña.

Se extraña el beso de buenas noches de la persona amada, se extrañan las charlas de la tarde, se extraña esa peli el domingo por la tarde o ese paseo del sábado por la mañana por el parque. Se extrañan esas rutinas que uno va armando con el compañero de su vida. Y se extrañan detalles como tener la ropa colgada en el armario, poder poner la lavadora cuando la cantidad de ropa sucia llega a su límite, comer algo hecho en casa, dormir cada día en la misma cama, no tener que reservar un hotel, ducharse en una buena ducha todos los días, etc.

Cada viajero o viajera lo vive diferente pero lo cierto es que muchos extrañan su casa aunque les fascine viajar. Algunos pueden viajar por meses y recién al año empezar a extrañar, otros más débiles como yo al cabo de una semana ya están extrañando a su amor, y a otros les da por extrañar a ratos. El asunto es saber reconocer cómo es uno y saber hasta donde está dispuesto a llegar para seguir viajando y conociendo culturas y paisajes nuevos, para seguir viviendo experiencias increíbles que sigan haciendo su vida más interesante aún. ¿Hasta donde? Conocer el límite personal es importante.

Y hasta acá llegaron mis reflexiones viajeras de hoy. En los próximos días, espero poder escribir sobre Hoi An, ciudad maravillosa donde ahora mismo me encuentro después de haber pasado un día y medio en Nha Trang.

Un alto en el camino de Dalat a Nha Trang, Vietnam, 2015
Un alto en el camino de Dalat a Nha Trang, Vietnam, 2015
Contacta con la autora

2 comentarios

  1. Este viaje como cualquier viaje te ayudará a crecer y a conocerte a ti misma. Me alegro que hayas llegado a estas conclusiones y que hayas tenido oportunidad de reflexionar sobre esto.

    También creo que los que te leen agradecerán este artículo tan honesto. Mucha gente que escribe sobre viajes solo cuentan la parte bonita y para aquellos que los leen les parece que todo es un cuento de hadas, pero los que hemos viajado mucho y aún lo seguimos haciendo sabemos que no es así, que tienen sus momentos buenos y sus momentos malos.

    Como todo en esta vida hay que usar una balanza y ponderar si vale la pena, si pesan más las buenas experiencias o las malas, las buenas sensaciones o aquellas amargas.

    Mucha suerte con resto de tu viaje! Recupera fuerzas y disfruta!

    Un beso grande,
    Fer

    1. Coincido Fer. Todo tiene su lado positivo y negativo. Estoy aprendiendo a encontrar la balanza y creo que es una búsqueda infinita y en el camino voy alcanzando el equilibro.

      Gracias por leerme.

Deja un comentario