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Viajar por el mundo: dudas y miedos

Hace tiempo vengo dándole vueltas a una idea: me gustaría ayudar a todos aquellos que quieren viajar por el mundo y no saben cómo o por donde empezar. Quisiera crear una nueva serie de artículos más prácticos que no solo hablen de mi propia experiencia viajera sino también que ayude a otros a viajar o al menos les de pistas de por donde empezar.

Viajar por el mundo

En realidad es una expresión muy utilizada pero no está claro a qué se refiere cada uno cuando la utiliza ya que cuando viajamos obviamente que lo hacemos por el mundo, ya sea por una parte pequeña de él o por una extensión más amplia. Al fin y al cabo, siempre que estamos desplazándonos para conocer nuevos rincones del Planeta estamos viajando por el mundo.

No todo el que deambula está perdido, frase en una pared del hostel, Luang Prabang, Laos, 2015
No todo el que deambula está perdido, frase en una pared del hostel, Luang Prabang, Laos, 2015

¿Por dónde empiezo?

Acá no vale lo de “por el principio” porque no hay principio ni final. El mundo es muy grande y siempre habrá nuevos sitios que descubrir. Yo empezaría por algo cerca, salvo que ya hayas viajado con anterioridad a sitios cerca y estés con ganas de experimentar más allá de las fronteras.

Podemos empezar conociendo el pueblo vecino, hablar con su gente, aprender un poco de su historia, comer alguna comida típica si la tiene, y pasar unos días allí. O podemos viajar a la capital de la provincia vecina si aún no lo hemos hecho. El asunto es abandonar el sitio cómodo dentro de casa y dar el primer paso para ir a un sitio al que nunca hayamos ido.

Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015
Camino natural en el Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015

¿Cuánto tiempo me voy?

Eso depende de tus prioridades, de tus intereses, de tu estado físico y mental, de tus aficiones, de tu situación social, amorosa, afectiva, económica, etc. No hace falta renunciar al trabajo o al estudio o a la familia para irse de viaje durante cinco años (aunque sé de alguno que lo ha hecho y está muy feliz) ni tampoco hace falta viajar como lo digo yo o como lo dice el viajero que siempre leemos y nos encanta.

Al final cada uno de nosotros tenemos una forma de viajar y el tiempo que empleemos en conocer lugares nuevos depende solo de nosotros y de nuestra situación. Hay quien se podrá ir solo quince días de vacaciones y hay quien se podrá ir un año. Hay quien le gustaría tomarse un año sabático pero no se anima y prefiere viajar durante un mes y ver qué pasa. Hay quienes se van con sus parejas dos años enteros a recorrer el mundo. Todo depende.

¿En qué tipo de transporte viajo?

A mí me gusta caminar, me gusta patear las ciudades, los montes, las lagunas, los bosques, las playas, etc. Pero no camino tanto como me gustaría. Suelo viajar en avión a un punto y de ahí a caminar, tomar buses, alquilar coches, etc.

Viajar caminando te dará un placer increíble pero hay quienes prefieren la bicicleta o la moto y experimentan otro tipo de viaje que no tiene nada que envidiarle a los viajes a pie. Viajar en una mini van o en una autocaravana atravesando innumerables fronteras y países desconocidos, conociendo gente de todas las culturas habidas y por haber es uno de mis sueños pero no espero a tener una mini van para viajar, voy viajando de la forma en que va surgiendo.

Montando en bicicleta, Phoenix Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Montando en bicicleta, Phoenix Island, Mekong River, Vietnam, 2015

¿Por qué viajar por el mundo?

Viajar te muestra cuán grande es el mundo, te obliga a dejar de mirarte el ombligo, te ayuda a entender el porqué de una situación en un país determinado, a comprender más al otro, a juzgar menos y tolerar más, a observar y admirar. Viajar te abre la cabeza.

Te hace comprender cuántas formas de vida posible hay y que ni la tuya ni la de tu vecino son las correctas, sino una más. Ves que no todo es blanco o negro, que hay muchos matices y que la vida es distinta para otros pueblos, otras culturas, otras personas. Viajar por el mundo te ayudará a comprender al otro, al que vive más allá de tu casa, al que sueña otros sueños, vive otra vida, y también te hará comprenderte más a ti mismo.

Podría seguir este artículo con un “¿Cuándo viajar?”, “¿Ciudades o Naturaleza?” o temas de edad, dinero y demás, pero la realidad es que no tengo la clave ni yo ni nadie. Yo diría que viajes cuando te apetezca, cuando puedas, sin excusas, que viajes por el motivo que sea, a la edad que sea, con quien sea y como sea pero que viajes. Ese es mi consejo.

De todas formas, si tienes dudas, preguntas o eres de los que siempre están diciendo “Quiero viajar pero…” deja por escrito en los comentarios o por Facebook, Twitter, Instagram o por e-mail tus consultas, tus inquietudes y trataré de resolverlas como mejor pueda o contándote mi experiencia como viajera.

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@rominitaviajera en Parque Nacional Tierra del Fuego, Argentina, 2014

Lista de dudas y miedos que me han planteado potenciales viajeros

¿Cuánto dinero necesito para viajar?

¿De qué puedo trabajar mientras estoy viajando?

¿Tengo que reservar alojamiento con tiempo?

¿Cómo encuentro alojamiento barato?

¿Es peligroso quedarse en casa de desconocidos?

¿Es peligroso viajar solo/sola?

¿Es peligroso viajar por tu cuenta?

¿Es necesario contratar un seguro de viajes?

¿Cómo haces con las cosas de mujeres?

¿Te llevas un botiquín de primeros auxilios?

¿Y si me pasa algo grave o tengo un accidente?

¿Cómo te comunicas en los países que no hablan castellano?

¿Cómo te conectas a Internet?

Viajar caminando

Viajar caminando es la forma más antigua de viajar. Viajar caminando es mirar de frente al sol y llenarse de energía; o mirar las estrellas y guiarse con ellas en la noche.

Viajar caminando es vivir el paisaje, es sentir el viento, el frío y el calor, es tocar la lluvia y empaparse de ella y de la vida. Es crecer. Es encontrarse con uno mismo y con los demás. Es viajar. Es caminar.

Viajar caminando es el mayor de los placeres de esta vida.

Viajar es mi mayor pasión en la vida. Caminar es la otra. Caminando se descubre el paisaje de una manera especial, se siente con todos los sentidos y es de las experiencias más lindas que existen al viajar. Se puede conocer mejor a la gente de un lugar, a los que pasean, a los que están trabajando, a los que te saludan o te ofrecen de comer, a los que viven ahí o a los que están de paso. Viajando caminando se conoce mejor un lugar. Caminando se avanza al ritmo que cada uno puede y así aprendemos a hacer pausas, a escuchar nuestro cuerpo y a dejarnos llevar por él.

Caminando se viaja mejor. Vamos caminando.

¡Bienvenidos a mi nuevo Blog Viajar caminando!
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Viaje a Brasil: Salvador de Bahía, Morro de Sao Paulo y más

Cuando decidí dejar mi vida en España para venir a la Argentina, uno de los principales objetivos era el de viajar por Latinoamérica, especialmente por Bolivia y Perú. Sin embargo, no sabía bien cómo se irían dando las cosas, tampoco estaba segura cuánto tiempo seguiría trabajando para la empresa de España y si sería viable vivir viajando y trabajando al mismo tiempo. Un viaje a Brasil era algo que pensábamos hacer pero no teníamos claro. Todos eran sueños en el aire. Y ahora que el año va llegando a su fin, puedo decir que fueron sueños cumplidos.

El verano argentino llegaba a su fin y por alguna razón climática que no recuerdo, mi cómplice en esta vida y yo decidimos dejar el viaje a Perú para más adelante. Entonces planeamos un viaje en coche a Santiago de Chile, pasando por Pehuajó (sí, por mi manía de conocer el pueblo que da origen a la canción), paseando por Mendoza y cruzando Los Andes. Durante el fin de semana viajaríamos, llegaríamos a Mendoza donde trabajaríamos una semana y luego viajaríamos a Santiago de Chile donde también trabajaríamos otra semana, conociendo el lugar por las tardes, para finalmente tomar una semana de vacaciones en el trabajo y conocer los alrededores de Santiago. Pero nunca llegamos a hacer este viaje. Otro viaje nos tentaría…

Cuando a una le gusta viajar, suele terminar rodeándose de amigos viajeros sin querer y eso es lo que me ha pasado a mí toda la vida. Quizás por eso tengo amigos desparramados por el mundo, viviendo “de paso” en distintos países y empapándose de su mundo y de sus gentes como pueden. El caso es que unos de nuestros amigos viajeros nos escribieron un mes antes de que empezara nuestro viaje a Chile diciéndonos que estaban planeando un viaje a Brasil y tentándonos a ir. Yo nunca había estado en Brasil a pesar de que soñaba despierta con pasearme por sus playas paradisíacas y bailar una samba en la playa bebiendo agua de coco o un daikiri de durazno. Pero David, mi novio entonces y actualmente mi marido, sí había estado (concretamente en Camboriú) y se había enamorado de Brasil hasta los huesos. Así que éramos presa fácil de pescar. Nos convencimos de ir en cuanto googleamos uno de los nombres que mencionaban en el grupo de whatsapp Brasil 2014: Morro de Sao Paulo, una isla del Archipiélago de Cairu.

Así fue como de repente Brasil estaba en nuestros planes a corto plazo. En menos de una semana compramos los pasajes de avión a Sao Paulo donde nos reuniríamos con la mayoría del equipo de Brasil 2014 formado casi de manera espontánea. De ahí viajaríamos a Salvador de Bahía para tener cerca Morro de Sao Paulo. Y luego de tres días, nos iríamos a Rio de Janeiro por cinco o seis días. Desde allí, algunos partían de regreso a Buenos Aires, otros a Sao Paulo donde estaban trabajando, una a Inglaterra, otra a Holanda y nosotros dos nos íbamos a España a trabajar un mes, que resultó en tres pero esa es otra historia.

@rominitaviajera y David en Pelouriño, Salvador de Bahía, Brasil, 2014 | rominitaviajera.com
@rominitaviajera y David en Pelouriño, Salvador de Bahía, Brasil, 2014 | rominitaviajera.com

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Posadas, las Cataratas del Iguazú y San Ignacio del Miní

Como comenté en anteriores post, en 2014 comencé lo que me dio por llamar “Mi propio viaje por Latinoamérica“. Posadas, capital de la provincia argentina de Misiones, se convirtió de la noche a la mañana en uno de los destinos de este peculiar viaje.

Dejamos Corrientes por la tarde y llegamos a Posadas bien entrada la noche. La ruta nos había dado pistas de lo que allí veríamos: tierra colorada, palmeras, casitas bajas, algunas de adobe, y gente cálida y tranquila. Fuimos a casa de un amigo y cenamos unas empanadas. Todavía tendríamos dos días de vacaciones antes de ponernos a trabajar.

Ruta bañada de tierra colorada de Posadas, Misiones, Argentina.

Al día siguiente, emprendimos viaje hacia Puerto Iguazú. Ambos habíamos estado ya en la zona pero queríamos volver a ver las Cataratas del Iguazú. Estábamos a casi cuatro horas de camino en coche así que llegamos al Parque Iguazú sobre el mediodía. Tuvimos algún inconveniente para acceder porque no aceptaban el pago de la entrada con tarjeta y llevábamos escaso dinero en efectivo pero dentro del Parque hay curiosamente servicio de cajero automático.

Al entrar al Parque, optamos por ir hacia nuestro objetivo principal de ese día que era “La Garganta del Diablo“, un conjunto de cascadas que tiene 80 mts. de altura. Años anteriores ambos habíamos hecho el circuito chico y el circuito largo y también la aventura de la lancha que te lleva debajo de las aguas de las cataratas. Las nubes nos perseguían y temíamos que lloviera porque no íbamos preparados para mojarnos y porque en una ocasión anterior la lluvia había bloqueado algún que otro puente. Pero pudimos disfrutar de una hora del sol antes de que la tormenta nos sorprendiera de camino al puente que llega a la Garganta del Diablo.

Vista desde el puente a Garganta del Diablo, Parque Iguazú, Misiones, Argentina.

Nos empapamos. El agua nos nublaba la vista. Era casi imposible seguir avanzando por el puente pero habíamos hecho muchos kilómetros para ver La Garganta del Diablo y no nos íbamos a echar atrás. Después de varios puentes, llegamos por fin a nuestro destino, mojados pero felices, y la blancura de las aguas de la catarata más grande del parque nos invadió. Es realmente hermosa y la sensación de estar rodeado de tanta agua cayendo con semejante fuerza que te ensordece es increíble.

Garganta del Diablo, Cataratas del Iguazú, Misiones, Argentina, 2014

Al regresar a la estación de Garganta del Diablo decidimos hacer la cola para tomar el tren ya que volver caminando se complicaba sin calzado adecuado para el barro. El paisaje selvático es hermoso pero la lluvia complica la excursión por los distintos caminos del Parque Natural de Iguazú. Así que ese día no pudimos recorrer mucho más. Volvimos a la estación principal y emprendimos el regreso a Posadas en coche. Teníamos por delante más de cuatro horas de lluvias y barro en la ruta.

Al día siguiente, volvimos a la carretera. Esta vez para conocer las ruinas de San Ignacio, a 60 km de Posadas. No están muy promocionadas así que nuestras expectativas no eran muy altas pero nos llevamos una linda sorpresa al descubrir que tenemos en la Argentina una de las reducciones jesuíticas mejor conservadas de Latinoamérica.

Ruinas de San Ignacio del Miní, Misiones, Argentina, 2014

Las ruinas de San Ignacio Miní fueron fundadas en el siglo XVII para evangelizar a los nativos de la zona, los guaraníes. Tiene una distribución típica de un pueblo: la Iglesia, la casa principal, el cementerio, el cabildo. Sin embargo, impresiona su altura, sus detalles bien conservados y su color rojizo como la tierra que la rodea. Nos llamó la atención que el cementerio siguió utilizándose hasta los años 70′ del siglo pasado por lo que es una mezcla de tumbas antiguas de diferentes épocas y estilos.

El fin de semana largo había terminado y tuvimos que volver al trabajo, a la pantalla, a las teclas, los números, los informes y demás. Y así continuamos el resto de la semana pero al terminar nuestra jornada laboral aprovechábamos a pasear. Posadas tiene una costanera muy pintoresca y una playa extensa donde pudimos tomar sol, caminar, tomar unos mates y disfrutar de las fresquitas aguas del río Paraná sin alejarte de la orilla. ¿Alguna vez se bañaron en un río? Este estaba muy limpio y fresquito.

Costanera y Playa de Posadas, Misiones, Argentina, 2014

La costanera de Posadas fue todo un descubrimiento para mi y fue protagonista de nuestro broche de oro a un viaje inolvidable a la provincia de Misiones.

Atardecer en el Río Paraná, Costanera Posadas, Misiones (Argentina)

Escapada a Miramar

Cuando una regresa a su ciudad natal después de tantos años de vivir en el extranjero, todo le da nostalgia y dan muchas ganas de recorrer lugares que en el recuerdo son mágicos. Entre esos lugares en mi mente estaba Miramar, una ciudad de la costa atlántica argentina que tiene su encanto no solo para mí sino para muchos turistas que la eligen cada año para pasar sus vacaciones.

Como es una ciudad que tenemos cerca, a menos de una hora de Mar del Plata en micro o en auto, podemos ir y venir en el día. La ruta de la costa es hermosa porque vas pasando por las famosas playas del sur de Mar del Plata, por los Acantilados, los barrios más tranquilos, el Complejo Chapadmalal y sus hoteles, campo y otra vez playa. Ahora ya se trata de las playas de Miramar con sus balnearios y sus campings. Y ya se va observando otro ambiente, más relajado quizá.

Arco Gral. San Martín, Miramar, enero 2014

A pesar de que las playas de Miramar son tranquilas, las de la entrada estaban llenas de gente, así que tras atravesar el Arco San Martín y entrar a la ciudad oficialmente, buscamos una playa tranquila, una sin balneario. ¡Y la encontramos! Tras bajar unas escaleras llegamos a una playa de arena gruesa con caracoles rotos y piedras chiquitas. ¡Un entretenimiento para mi sobrina!

Y así fue como terminamos con los bolsillos llenos de piedritas en forma de corazón o caracoles pegados el uno al otro. Todo muy romántico y muy tierno, sobre todo visto desde los ojos de una niña dulce como es mi sobrina. El agua estaba muy fría y había muchas rocas pero para chapotear en la orilla y jugar entre las rocas estaba genial. ¡Qué lindo es sentirse una niña otra vez! ¡Qué felicidad!
Pero Miramar no es solo playas, así que después de tomarnos unos mates nos fuimos a caminar por el centro, a pasear por la peatonal comercial, tomarnos un helado en una esquina, y visitar la plaza principal para seguir jugando. Hacía años que no me hamacaba o no montaba en el sube y baja en Miramar y fue muy lindo rememorarlo y poder compartirlo con mi sobrina. 
La verdad es que la ciudad tiene muchos encantos, como el Bosque energético que conocí de pequeña, en el que descubrí cómo dejar un palito de pie, donde sentí por primera vez la energía especial de Miramar al tocar con los dedos del pie los palitos del suelo mientras cerraba los ojos, y donde sentí algo especial que vuelve a mí cada vez que lo rememoro. Es una sensación que pocas veces volví a sentir en un lugar así. Lamentablemente, en esta escapada no llegamos a ir así que me lo debo para la próxima visita a la ciudad.
Lo que sí descubrimos es una nueva pieza de arte que no estaba ahí la última vez que había visitado la ciudad: el Árbol tallado Madre Naturaleza. Se trata de una hermosa escultura tallada en madera sobre la base de un árbol ancestral de la Plaza Islas Malvinas.
Árbol tallado Madre Naturaleza, Miramar, enero 2014

Detalles como el Árbol tallado hacen de Miramar una ciudad hermosa, que respeta la cultura y la naturaleza al mismo tiempo, una ciudad en armonía. Tal vez esa armonía es lo que me encanta de Miramar.

Ojalá en este pequeño artículo les haya podido transmitir parte de lo que me transmite esta bella ciudad. En las próximas publicaciones seguiré contando las pequeñas y grandes escapadas que fueron formando parte de Mi Propio Viaje por Latinoamérica. ¡Que las disfruten!

Mi propio viaje por Latinoamérica

Desde hacía años soñaba con recorrer Latinoamérica, viajando de mochilera, sin guías de viaje, sin reservar hoteles, trabajando acá y allá, haciendo actividades de voluntariado y conociendo sus pueblos, su cultura, su gente. Sin embargo, no es tan fácil como cuentan muchos y hace falta algo de dinero para moverse y estar mas o menos cómodo. Eso lo descubrí mientras hacía mi propio viaje por Latinoamérica.

Se podría decir que es un viaje distinto porque estoy trabajando y solo tengo tiempo para viajar los fines de semana, feriados puente y vacaciones. Pero así y todo, en lo que va de año he recorrido bastantes kilómetros con una mochila al hombro. Y todavía nos quedan algunos kilómetros más por recorrer antes de irnos hacia el antiguo continente.

Cuando 2014 comenzó sabía que viajaría mucho pero no sabía cómo sería. Todavía quedan tres meses y algo para que termine el año y además de Mar del Plata donde estamos residiendo la mayor parte del tiempo, ya hemos podido recorrer Buenos Aires, Corrientes, Posadas, Iguazú, Salvador de Bahía, Morro de Sao Paulo, Rio de Janeiro, Jujuy, Humahuaca, Purmamarca, Uyuni, La Paz, Cuzco, Machupichu, Mendoza y algunos lugares más.

En algunos lugares pasamos una semana, en otros cuatro días y en otros tan solo un día. Pero poco a poco fuimos conociendo este hermoso continente que es Latinoamérica.

Me gustaría seguir contando los detalles de los lugares por los que viajamos para que aquellos que todavía no saben donde ir de vacaciones y se están plateando la idea de visitar las maravillas de América Latina, puedan tener una especie de guía de viaje. Así que en próximas publicaciones, me dedicaré a relatar cada viaje.

Isla del Sol, Bolivia, viaje por Latinoamérica, Agosto 2014

París en dos días

Conocer París en dos días puede parecer a muchos una locura pero siendo una ciudad con fama de ser cara nos pareció la mejor opción para no dejar de verla sin dejarnos el presupuesto anual de viajes. ¿Qué se puede ver en dos días? el Mouline Rouge, el Sacre Coeur,  Notre Damme, el río Senna, sus puentes, las Tulleries, el Louvre, los Jardínes de Luxemburgo, la Torre Eiffel, los campos de Marte, los Campos Elíseos, el Puente Alexandre III, el Arco del Triunfo y algún detallecito más que hacen de París una ciudad con encanto.
La Torre Eiffel, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org
La Torre Eiffel, París, Francia, Junio 2013 – “París en dos días” viajarcaminando.org
Conocer París de la mano de la persona que uno ama siempre ha sido una idea que mucha gente tiene en mente cuando está enamorada. También es lo típico que descartamos cuando estamos solos aunque algunos en el fondo de su corazón siguen soñando con enamorarse en París y vivir una historia de amor de película.
En la literatura y el cine París es la ciudad del amor por excelencia pero ¿qué hay de cierto en eso? Sinceramente, después de haberme paseado por la ciudad de la mano de la persona que amo, pienso que no es más o menos romántica que Roma. Al final el toque romántico a las ciudades se lo ponemos nosotros.
Caminar por las calles de París es pasearse por siglos de literatura, pintura y arquitectura. Por momentos, sentíamos que habíamos hecho un viaje hacia atrás en el tiempo y que íbamos a ver aparecer mujeres con vestidos acampanados y peineta a la vuelta de la esquina.

Nuestra experiencia en París
Llegamos a la ciudad sobre las cinco de la tarde. Dejamos la maleta y la mochila en la habitación del hostel que reservamos por Internet y nos fuimos a recorrer París (un hotel en París puede ser mucho más costoso que en Madrid, es importante reservar con tiempo y elegir bien la zona).
Siguiendo las recomendaciones de una buena amiga enamorada de la ciudad, comenzamos nuestro recorrido por el barrio rojo de Pigalle, a los pies de otro de los barrios más hermosos de París, el Montmartre. La idea es ir por el Boulevard de Clichy a conocer el Mouline Rouge pero decidimos subir primero al Sacre Coure en funicular para apreciar las vistas antes de que se haga de noche. El ambiente alrrededor de La basílica del Sagrado Corazón (Sacre Coeur) de Montmartre nos pareció increíble: parisinos y extranjeros bebiendo vino o champagne en copa en las escalinatas al pie.
Vistas de Paris desde La Basílica del Sagrado Corazón, París, Francia, junio 2013 - París en dos días - viajarcaminando.org
Vistas de Paris desde La Basílica del Sagrado Corazón, París, Francia, junio 2013 – viajarcaminando.org
Después de apreciar las vistas de París desde el barrio más alto, el Montmartre, nos unimos a ellos con unas latitas de cerveza que nos ofrecieron unos paquistaníes por el módico precio de 1€ (como en Madrid). Ahí, mimetizados con el ambiente, nos miramos enamorados y disfrutamos de un maravilloso atardecer que nos traslada a un mundo mágico donde no existe el tiempo.
Para aprovechar la noche de Montmartre nos dimos una vuelta por la Plaza de los pintores, cuyo verdadero nombre es la Place du Tertre. Rincón de encuentro de artistas por excelencia, la plaza nos recibe cargada de vida; las luces de los cafés alumbran los cuadros más curiosos y alguna que otra estatua viviente. Todo es color y belleza. Se escucha música a lo lejos. Y las tiendas de souvenirs aún abiertas desprenden también su propia vida y color a una plaza rodeada de edificios del siglo XVIII.
Plaza de los pintores, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org
Plaza de los pintores, París, Francia, Junio 2013 – viajarcaminando.org
Callejeando llegamos nuevamente al barrio de Pigalle y buscamos el famoso Mouline Rouge, pero antes hacemos una parada técnica en una crepería del Boulevard para alimentarnos de forma económica y sin dejar de probar un plato típico de la ciudad. Cuando llegamos al famoso Molino rojo empieza a llover fuerte así que tomamos unas fotos y nos sumergimos el los suburbios del Metropolitano de París.
Crepe en París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org
Comiendo un crepe en París, Francia, Junio 2013 – viajarcaminando.org
Moulin Rouge, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org
Moulin Rouge, París, Francia, Junio 2013 – viajarcaminando.org
Sábado en París (día 2)
Nuestra primera parada después de desayunar dos croissants en una cafetería junto al Senna, es Notre Damme, una de las catedrales francesas más antiguas de estilo gótico. Preciosa desde todos sus ángulos. Pero a nosotros nos interesaba uno en particular, aquel que da acceso al callejón de las librerías. Ahí buscamos la librería Shakespeare and Company, que aparece en la película “Antes del atardecer”. Y la encontramos.
Librería Shakespeare and Company, París, julio 2013
Librería Shakespeare and Company, París, julio 2013 – viajarcaminando.org
Catedral de Notre Dame, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org
Catedral de Notre Dame, París, Francia, Junio 2013 – viajarcaminando.org
Puestos de ventas cercanos a Notre Dame, París, Francia, Junio 2013
Puestos de ventas cercanos a Notre Dame, París, Francia, Junio 2013
Ansiosos por ver uno de los museos más famosos del mundo, bordeamos la Catedral de Notre Dame, atravesamos los Jardines de las Tullerías y nos fuimos hacia el Louvre. Cuesta explicar la emoción que nos dio al ver la Plaza del Louvre. Volvimos a trasladarnos en el tiempo ante semejante arquitectura del siglo XII. Incluso nos gustó la pirámide, y eso que siempre he creído que no encajaba bien en la plaza. La cola no era imposible y pudimos disfrutar del arte del Museo del Louvre durante aproximadamente tres horas. Así que terminamos comiendo en una cafetería dentro.
Plaza del Louvre y Museo del Louvre, París, Francia, Junio 2013
Plaza del Louvre y Museo del Louvre, París, Francia, Junio 2013
En la tarde nos fuimos caminando hasta los Jardines de Luxemburgo donde disfrutamos de un bonito paseo y unos ricos crepes de postre. Tanto la fuente como la zona de césped estaba llena de vida, de parisinos disfrutando de la soleada tarde de verano en un improvisado picnic o merienda. Descansamos un rato con ellos y luego nos fuimos al hostel a prepararnos para la noche.
Llegamos a la Torre Eiffel antes del anochecer. Y entre fotos y risas se nos hizo de noche y pudimos admirar semejante estructura de hierro iluminada y radiante. Teníamos dudas sobre subir o no subir y al final decidimos irnos a cenar paninis con cerveza recostados en los Campos de Marte rodeados de parisinos y turistas admirando la torre en todo su esplendor. Hipnotizados por tan famosa obra arquitectónica, nos quedamos observándola hasta que la noche se volvió fresca y oscura.
La Torre Eiffel, París, Francia, Junio 2013
La Torre Eiffel, París, Francia, Junio 2013
Al día siguiente, el domingo, arrancamos temprano con maleta y mochila para recorrer algunas zonas de la ciudad antes de tomar el avión a las cinco de la tarde y cerrar así nuestro viaje a París en 48 horas. Cruzamos el Puente Alexandre III, uno de los puentes más famosos de París, que fue construido en el año 1900 para la Exposición Universal. De ahí, fuimos caminando hasta la Torre Eiffel para verla nuevamente de día y hacer nuevas fotos. De camino probamos las famosas baggetes francesas con un queso típico que compramos en un mercado local.
Detalle del Puente Alejandro III, París, Francia, junio 2013
Detalle del Puente Alejandro III, París, Francia, junio 2013
Sin perder la alegría a pesar del cansancio, conseguimos llegar a los Campos Elíseos, avenida amplia con mucho tránsito y una vida comercial bulliciosa. Lo anduvimos hasta el final para llegar a nuestro último punto del recorrido: el Arco del Triunfo. Ahí mismo tomamos el metro que nos llevó a la zona donde salen los buses que hacen el traslado al aeropuerto de París Beauvais.
Y así concluye nuestro viaje de París en dos días, 48 horas de paseos, momentos de romanticismo, de risa, de descanso, de cultura, ricos crepes y mucho amor.
Los Campos Elíseos, París, Francia, junio 2013
Los Campos Elíseos, París, Francia, junio 2013

Mis días en Kenia: Parte III

Había leído en un libro de Kapuscinski (creo que en Ébano) que el ritmo africano es diferente al nuestro, más lento y más incierto. Y pude comprobarlo cuando al llegar a la estación de autobuses de Malindi nadie me esperaba.

Ahí estaba yo, con mi mochila de 50k recién estrenada, con la ilusión de quien va a comenzar algo nuevo pero con el cansancio de haber pasado 9 horas en la carretera, ansiosa por reconocer en las caras de desconocidos a la persona que tenía que recogerme.

Calles de Pueblos de Kenia, África, 2012
Calles de Pueblos de Kenia, África, 2012

Miro a mi alrededor. Todos son negros. Empiezo a oír la palabra “muzungu” y se refieren a mí. No hay ni una persona de rasgos similares a los míos. Todos parecen ser locales salvo el asiático que venía conmigo en el autobús y al que al cabo de 10 minutos viene a buscar otro asiático. Rostros negros yendo y viniendo por la estación. Alguien me ofrece un asiento. Otros un taxi, una moto. La amabilidad abunda y eso me reconforta un poco. Mientras, yo sigo esperando a que alguien me vea y diga mi nombre.

Tengo que confesar que una empieza a imaginarse que la han abandonado. Conservo la calma y sonrío a todo el que me mira. ¿Qué puede pasarme? Ni lo pienso. Sólo empiezo a pensar alternativas en caso de que nadie me recoja en horas. Puedo intentar hospedarme en un hotel. Vi en Internet que hay unos en la costa. Puedo pedir asilo en la casa de algún local que me resulte confiable. Y mil ideas más.

Al cabo de media hora llega una chica jovencita y sonriendo me pregunta “¿Romina?” y ahí suelto la respiración contenida y siento cómo se deshace el nudo en la garganta que llevaba armando desde hace un buen rato. Sí, soy yo. Ese es mi nombre. ¡Qué alivio! Hi! Hi! Nice to meet you.

Judith, la hija de Mama Agnes, la niña que me vino a buscar a la estación de buses de Malindi, Kenia, África, 2012
Judith, la hija de Mama Agnes, la chica que me vino a buscar a la estación de buses de Malindi, Kenia, África, 2012

Quien me viene a buscar es Judith, una adolescente de 18 años que a lo largo de mis días en Malindi se convertirá en mi amiga. Me pide disculpas. Escucho por primera vez la expresión “african time” y recuerdo al gran Kapuscinski. Nos vamos en un tuc-tuc hacia la casa de la familia donde me hospedaré. Todo es nuevo para mí. Me siento como una niña. Y me vuelve la ansiedad y la ilusión. En seguida veo que la calle de la estación es una de las pocas asfaltadas de la ciudad. El resto son de tierra, de barro cuando llueve, y con piedritas que saltan a los costados y hacen saltar también al tuc-tuc, ese taxi-moto preparado para llevar 3 personas en la parte de atrás.

Callecitas de Malindi, Kenia, África, 2012
Callecitas de Malindi, Kenia, África, 2012

Voy pensando en la situación: me encuentro en África, adonde siempre había soñado viajar, a la que tanto había imaginado e intento pensar cómo será el resto del continente, su gente, sus distintas culturas y me apetece conocerlo todo. Todo. El vaivén del tuc-tuc me trae de regreso a la realidad.

Empiezo a ver casitas de barro y palos al costado del camino y la gente me saluda “chao, chao” imaginando que soy italiana. También hay edificios grandes, pintados de colores con anuncios publicitarios como el de “safaricom” que es el más frecuente. Puestos de venta de comida, salones de peluquería… ¡Un cibercafé! Una escuela, un potrero donde los niños están jugando al fútbol, una mezquita… y muchos árboles y arbustos. Giramos en una esquina y ahí está la casa de mi familia durante las próximas semanas. Sí, llegamos a casa de Mama Agnes.

Viaje en tuc tuc por Malindi para llegar a casa de Mama Agnes, Kenia, África 2012

Continuará…

Mis días en Kenia, África – Parte II

Escribía en mi bitácora antes de dormir en casa de Anne, la chica de la ONG que me alojó la primera noche que pisé Kenia: “mi primera impresión de la ciudad de Nairobi es confusa: el aeropuerto es pequeño, me recuerda al de Malta, donde estuve en 2008. Las carreteras están bien, normales. Hay coches buenos y furgonetas viejas. Es un poco como Buenos Aires. Hay edificios grandes de empresas tal como en Nueva Delhi y otras capitales”.
Estación de buses y combis, Nairobi, Kenia, África, 2012
Estación de buses y combis, Nairobi, Kenia, África, 2012

Qué curiosas son las primeras impresiones. Ahora que releo lo que escribí esa primera noche no creo que diga nada en absoluto de Nairobi pero la verdad es que poco puedo decir de una ciudad donde estuve sólo unas horas y muy pocas las pasé caminando. Lo que sé es que no me gustó mucho, me pareció muy ruidosa, caótica, “crowded” como le dije a mi familia de acogida en Malindi, sí, congestionada o superpoblada, esa es la sensación que me dio la capital de Kenia.

Esquina de Nairobi, Kenia, África, 2012
Esquina de Nairobi, Kenia, África, 2012

El lunes 1 me levanté a las 6 AM para ir al centro de la ciudad a tomar mi bus hacia la costa. Lo que no había entendido bien (tal vez porque estaba aturdida al llegar) es que llegaría a eso de las 6 PM a Malindi y que ese día no iría aún al orfanato a comenzar mis tareas allí. El viaje se me hizo eterno y descubrí que lo de las carreteras “están bien” no se extiende a toda Kenia y que las rutas asfaltadas no abundan en este país pero que el polvo cobrizo de los caminos hacen más bello el paisaje.

Ruta desde Nairobi a Mombasa, Kenia, África, 2012
Ruta desde Nairobi a Mombasa, Kenia, África, 2012
También pasé por barrios o aldeas en los que había muchas vacas y bueyes, como en los alrededores de Delhi en India. Y al costado de la ruta, vi puestos de venta de comida, de gafas, de medias, de frutas y verduras. Parecen haberse creado hace un rato con un par de maderas y algunas ramas recolectadas de árboles cercanos. La mayoría no tienen techo y algunos simplemente son una tela en el suelo al estilo de los “top manta” de Madrid.
Puestos de comida en la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África 2012
Puestos de comida en la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África 2012
Al pasar por algunos poblados, veo que en las esquinas de las calles de tierra hay grupos de chicos jóvenes con motos enormes. No están haciendo nada. Algunos parecen conversar. Otros ríen. Más tarde me enteraría que son los “motoboy” que te llevan tipo taxi adonde quieras dentro de la ciudad.
Hombres en las esquinas, pueblos de Kenia, África, 2012
Hombres en las esquinas, pueblos de Kenia, África, 2012

A decir verdad, veo hombres quietos, parados, sin hacer nada, por todas partes. Pero las mujeres no paran. Las mujeres son el motor de este país. Se mueven hacia un lado y hacia otro, transportando múltiples cosas, desde trozos de madera o cemento hasta bidones de agua, en sus espaldas o en la cabeza. También veo mujeres arando el campo, cultivando, custodiando su puesto de frutas mientras los niños corretean a su alrededor. Definitivamente, las mujeres dan vida al paisaje que veo.

Escribí esa noche: “Fue curioso ver a las mujeres llevar sus cosas en la cabeza como en los documentales sobre África; y esos vestidos de telas de colores y sus pañuelos en la cabeza.” Eran parte del paisaje de mi ruta hacia la costa.
Niñas volviendo del colegio, ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012
Niñas volviendo del colegio y mujeres yendo a por agua, ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012

Continuará…

Mi primera experiencia en suelo africano: Malindi, Kenia

Más de 20 días sin escribir tienen una explicación: estaba en Malindi, Kenia (África), con muy poco acceso a Internet. Justamente es mi estadía en Kenia y mi experiencia en ese trocito de África lo que quiero empezar a contarles hoy.

Como escribía la primera noche en Kenia, en casa de Anne en Nairobi, “al iniciar el viaje en Madrid no era consciente” de lo diferente que es este viaje en mi vida personal. Me encanta viajar y lo hago siempre que puedo. Pero siempre lo hago acompañada y si viajo sola voy al encuentro de amigos, me hospedo en casa de amigos y disfruto paseando y haciendo actividades turísticas con amigos. A la India fui de voluntariado pero fui con 10 personas más entre las cuales ya conocía a algunas. Este viaje es diferente.

Paisaje de la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012
Paisaje de la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012

“Voy sola por primera vez a un país donde no conozco a nadie y donde me espera una persona de una ONG para llevarme a la costa (Malindi) mañana” escribí en mi bitácoras el primer día. Y debí haber agregado: a un país donde no hablan mi lengua materna, donde aunque el inglés está extendido la lengua más hablada es el swahili y utilizan más de 40 lenguas para comunicarse, donde es probable que no haya muchos “blanquitos” (“muzungus” como nos llaman a los blancos de piel en Kenia), donde jamás he estado y del que he leído que no se parece en nada a países de Europa, por donde acostumbro a moverme. Y si no era suficiente cambio en mi tipo de viaje: voy de voluntariado a vivir dos semanas con una familia que no conozco.

Mamá Agnes y @rominitaviajera en Malindi, Kenia, África, 2012
Mamá Agnes y @rominitaviajera en Malindi, Kenia, África, 2012

Lo que no sabía cuando me embarqué en este viaje es que haría amigos locales, que vería los peces más hermosos que he visto en mi vida, que conocería a personas tan interesantes y agradables a pesar de  no tener nada para comer al día siguiente, que pasearía por playas paradisíacas recordando mi Mallorca querida, que andaría por calles de tierra con casas bajas que me recordarían mi Mardel feliz, que saldría a bailar un club donde se corta la luz en mitad de la noche, que recorrería un barrio sola por entre casitas de adobe sin un sólo extranjero a kilómetros a la redonda, que volvería a España con una propuesta de matrimonio y otra de amor eterno, libre y sincero…pero no me quiero adelantar ni extender en este post. Así que les dejo con la intriga hasta la próxima entrega.

@rominitaviajera en el hogar de niños Lea Mwana, Malindi, Kenia, África, 2012
@rominitaviajera en el hogar de niños Lea Mwana, Malindi, Kenia, África, 2012

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