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Posadas, las Cataratas del Iguazú y San Ignacio del Miní

Como comenté en anteriores post, en 2014 comencé lo que me dio por llamar “Mi propio viaje por Latinoamérica“. Posadas, capital de la provincia argentina de Misiones, se convirtió de la noche a la mañana en uno de los destinos de este peculiar viaje.

Dejamos Corrientes por la tarde y llegamos a Posadas bien entrada la noche. La ruta nos había dado pistas de lo que allí veríamos: tierra colorada, palmeras, casitas bajas, algunas de adobe, y gente cálida y tranquila. Fuimos a casa de un amigo y cenamos unas empanadas. Todavía tendríamos dos días de vacaciones antes de ponernos a trabajar.

Ruta bañada de tierra colorada de Posadas, Misiones, Argentina.

Al día siguiente, emprendimos viaje hacia Puerto Iguazú. Ambos habíamos estado ya en la zona pero queríamos volver a ver las Cataratas del Iguazú. Estábamos a casi cuatro horas de camino en coche así que llegamos al Parque Iguazú sobre el mediodía. Tuvimos algún inconveniente para acceder porque no aceptaban el pago de la entrada con tarjeta y llevábamos escaso dinero en efectivo pero dentro del Parque hay curiosamente servicio de cajero automático.

Al entrar al Parque, optamos por ir hacia nuestro objetivo principal de ese día que era “La Garganta del Diablo“, un conjunto de cascadas que tiene 80 mts. de altura. Años anteriores ambos habíamos hecho el circuito chico y el circuito largo y también la aventura de la lancha que te lleva debajo de las aguas de las cataratas. Las nubes nos perseguían y temíamos que lloviera porque no íbamos preparados para mojarnos y porque en una ocasión anterior la lluvia había bloqueado algún que otro puente. Pero pudimos disfrutar de una hora del sol antes de que la tormenta nos sorprendiera de camino al puente que llega a la Garganta del Diablo.

Vista desde el puente a Garganta del Diablo, Parque Iguazú, Misiones, Argentina.

Nos empapamos. El agua nos nublaba la vista. Era casi imposible seguir avanzando por el puente pero habíamos hecho muchos kilómetros para ver La Garganta del Diablo y no nos íbamos a echar atrás. Después de varios puentes, llegamos por fin a nuestro destino, mojados pero felices, y la blancura de las aguas de la catarata más grande del parque nos invadió. Es realmente hermosa y la sensación de estar rodeado de tanta agua cayendo con semejante fuerza que te ensordece es increíble.

Garganta del Diablo, Cataratas del Iguazú, Misiones, Argentina, 2014

Al regresar a la estación de Garganta del Diablo decidimos hacer la cola para tomar el tren ya que volver caminando se complicaba sin calzado adecuado para el barro. El paisaje selvático es hermoso pero la lluvia complica la excursión por los distintos caminos del Parque Natural de Iguazú. Así que ese día no pudimos recorrer mucho más. Volvimos a la estación principal y emprendimos el regreso a Posadas en coche. Teníamos por delante más de cuatro horas de lluvias y barro en la ruta.

Al día siguiente, volvimos a la carretera. Esta vez para conocer las ruinas de San Ignacio, a 60 km de Posadas. No están muy promocionadas así que nuestras expectativas no eran muy altas pero nos llevamos una linda sorpresa al descubrir que tenemos en la Argentina una de las reducciones jesuíticas mejor conservadas de Latinoamérica.

Ruinas de San Ignacio del Miní, Misiones, Argentina, 2014

Las ruinas de San Ignacio Miní fueron fundadas en el siglo XVII para evangelizar a los nativos de la zona, los guaraníes. Tiene una distribución típica de un pueblo: la Iglesia, la casa principal, el cementerio, el cabildo. Sin embargo, impresiona su altura, sus detalles bien conservados y su color rojizo como la tierra que la rodea. Nos llamó la atención que el cementerio siguió utilizándose hasta los años 70′ del siglo pasado por lo que es una mezcla de tumbas antiguas de diferentes épocas y estilos.

El fin de semana largo había terminado y tuvimos que volver al trabajo, a la pantalla, a las teclas, los números, los informes y demás. Y así continuamos el resto de la semana pero al terminar nuestra jornada laboral aprovechábamos a pasear. Posadas tiene una costanera muy pintoresca y una playa extensa donde pudimos tomar sol, caminar, tomar unos mates y disfrutar de las fresquitas aguas del río Paraná sin alejarte de la orilla. ¿Alguna vez se bañaron en un río? Este estaba muy limpio y fresquito.

Costanera y Playa de Posadas, Misiones, Argentina, 2014

La costanera de Posadas fue todo un descubrimiento para mi y fue protagonista de nuestro broche de oro a un viaje inolvidable a la provincia de Misiones.

Atardecer en el Río Paraná, Costanera Posadas, Misiones (Argentina)

Quiero ser escritora y viajera

Estaba hoy leyendo “Mis cuatro años de viajera…” en el blog “Viajando por ahí” cuando caí en la cuenta de algo: al igual que su autora, llevo años dando la vuelta al mundo. Y si bien a veces me ansío y creo que viajo menos de lo que me gustaría, la realidad es que viajo tanto como me propongo. En definitiva, poco a poco y a mi manera, con espacios de estabilidad y trabajo estresante, estoy viajando alrededor del mundo. Y así me lo hizo notar una amiga argentina hace un tiempo: “amiga, vos estás dando tu propia vuelta al mundo”.

Me emocionó mucho leer este post de Aniko porque me identifico totalmente con ella. Siempre soñe con ser: “viajera y escritora” o escritora viajera. Al principio me daba un poco igual por dónde iba a empezar. Tuve épocas en las que me expresé con poesía, otras con cuentos o relatos cortos, y hasta empecé alguna novela. Pero siempre quería contar historias, cosas que le ocurría a la gente, acá o allá, en una ciudad cercana o lejana, en un país conocido como era para mí Argentina, o en un país desconocido como era Afganistán. Sí, me inventé una vez una historia sobre una mujer cuyo marido iba a la guerra y sufría su ausencia. Y mientras escribía sobre lugares lejanos soñaba con conocerlos, aprender sus costumbres, sus idiomas, sus tradiciones y hacer amigos por el camino.

Todavía recuerdo cuando con nueve o diez años le dije a mi mamá que quería estudiar quechua y entonces me preguntó extrañada que para qué. Y le respondí “quiero un día ir a conocer a los pueblos quechua y poder escuchar sus historias y conocerlos de verdad, convivir con ellos, por eso necesito aprender quechua”. Y mi abuela me regaló un libro viejo sobre Cuzco y me puse a leer las últimas páginas donde había palabras traducidas al quechua. Creo que pensaron que eran locuras de niña pequeña. No lo recuerdo pero yo era feliz soñando con conocer la cultura quechua algún día. Asignatura pendiente que ojalá satisfaga en parte este año. Después a los diez años le dije a mis padres que quería estudiar inglés porque era el idioma del futuro y la única forma de viajar por el mundo. Menos mal que me hicieron caso y me enviaron a clases particulares. Sin saber inglés creo que me hubiera inhibido mucho al cruzar más de una frontera.

Me fui por las ramas. Lo hago siempre. De hecho, cuando empiezo un artículo no tengo muy claro adonde quiero llegar. Y cuando lo tengo claro, llego a algo totalmente distinto. En fin, el tema es que me siento muy identificada con esta viajera escritora del blog “Viajando por ahí”. Al igual que ella pensé en estudiar Filosofía y Letras pero luego desistí y estudié Periodismo. Y no lo hice en mi ciudad de origen, en Mar del Plata, ni en Palma, la ciudad donde mis papás se mudaron cuando yo terminé la escuela secundaria, sino en Madrid, ciudad cosmopolita y viajera donde las haya. Madrid también fue la primera ciudad de España que conocí después de Palma. Luego vino Barcelona y las mil y un ciudades de este hermoso país que pude conocer en los diez años que viví en él hasta diciembre del año pasado.

Durante la carrera y al terminarla también, escribí artículos de viajes en algunas revistas digitales y en blogs de viajes como aquel sobre mi estancia en el pequeño país de Malta en el año 2010 que los directores titularon Malta por goleada. Para mí que no me gusta el fútbol fue poco acertado pero ahí estaba mi primer artículo de viajes publicado. Fue un viaje de tres semanas pero tuve que reducir el artículo a una semana porque así me lo pidieron desde la redacción. Por aquel entonces ni había oído hablar de SEO ni de posicionamiento en buscadores, pero no tardaría ni un año en aparecer esa palabreja en mi vocabulario, palabra que menciona Aniko en su artículo y que solía marcar mi día a día en mi trabajo en 2011 y 2012. Y que sigue y seguirá jugando un papel importante en mi día a día, pero eso es otro tema que creo hoy no voy a contar.

La cuestión es que mi amiga tiene razón cuando dice que estoy dando mi propia vuelta al mundo. Si hoy me preguntaran desde cuándo estoy viajando por el mundo no sabría por donde empezar. Podría incluir en mis peripecias los viajes a Villa Gesell, Miramar, Tandil, Ostende, San Miguel del Monte y otras ciudades de la provincia de Buenos Aires a las que fui de chica por una causa o por otra. Seguro me marcaron pero no sé si fueron el inicio de mi vuelta al mundo. Quizás fue el primer viaje en avión: a los diecisiete años cuando volamos de Argentina a España y al atravesar el océano sentí que el mundo entero estaba ahí esperándome, que podía recorrerlo sin límites. O tal vez fue mi primer viaje fuera de España en 2008 cuando fui a Roma con un grupo de amigas. A lo mejor la oportunidad de recorrer Estrasburgo, Bruselas, Lovaina y Brujas grabando con mi cámara la visita de un grupo de chicas a las instituciones europeas más importantes y turisteando a su manera, fue lo que marcó el inicio de mi vuelta al mundo. No sabría decirlo. Podría también ser el viaje que hice en 2010 recorriendo en coche y de camping en camping Francia, Bélgica, Holanda, Suiza y Luxemburgo. O quizás esos diez días en Nueva Delhi, en India, que me acercaron a una cultura totalmente diferente y me contagiaron de una felicidad inmensa que a día de hoy casi no ha sido superada por ningún otro viaje. También pudo ser el viaje de voluntariado a Kenia en 2012 o el viaje a Salta y Jujuy en mi regreso a Argentina en 2013.

Sinceramente creo que es difícil establecer un comienzo pero definitivamente estoy dando la vuelta al mundo. A veces me gustaría ir más lento, disfrutar más de un paisaje o de una charla con un desconocido, aprender el idioma local más a fondo, quedarme más de quince días en la misma ciudad y vivirla más a fondo, pero creo que poco a poco voy aprendiendo de cada viaje y afinando más mi propio estilo viajero. Y como dice la autora del blog “Viajando por ahí”, ese sueño de viajar por el mundo y ser escritora se va haciendo cada vez más fuerte. Y no es solo un sueño soñado sino un sueño cumplido. La clave está en apostar por una misma. Creer en una mismo y seguir trabajando para cumplir los sueños. En este caso, el sueño de viajar.

Viajar me hace feliz por todo lo que “viajar” significa para mí.

Villa Gesell (Argentina) Verano 2014 – By Romy