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Mi viaje por el mundo

Desde que empecé este blog tengo pendiente escribir sobre todos aquellos viajes que hice por España cuando aún no había empezado a estudiar Periodismo pero tenía claro que viajar era mi mayor pasión. También me gustaría escribir sobre el primer lugar que conocí de España al convertirse en mi nuevo hogar desde que emigramos de Argentina: Mallorca. Y sobre el segundo: Madrid, que luego sería mi hogar por diez años con interrupciones temporales. Y sobre el tercero, Barcelona, ciudad que repito una y otra vez. ¿Y por qué no escribir sobre la primera vez que viajé fuera de España?

Seguramente termine el año 2015 y no haya escrito sobre todos los viajes cortos y largos que hice en estos años. Sin embargo, hoy me gustaría hacer un resumen sobre mi ruta viajera desde que llegué a España en el año 2004, a modo biográfico, casi por poner en orden mi cabeza y reflexionar sobre los sitios donde estuve. Advertencia: este post puede ser muy largo pero me apetecía escribirlo y ahí va.

Ciudades visitadas por rominitaviajera a Septiembre de 2015 - viajarcaminando.org
Mapa que marca en naranja los puntos donde estuve y en verde a los que me gustaría – viajarcaminando.org

A principios de 2004, en Mar del Plata (Argentina) empacaba mis cosas y metía mi vida en una maleta, para venirme junto a mi familia a vivir a España. Ese fue mi primer viaje en avión y la primera vez que salí de Argentina, el país donde nací. Ese año no hubo muchos viajes, cumplí los 18 años y quería empezar la Universidad. Solo fui a un lugar distinto al que vivía: Madrid. Fui a visitar a mi hermano y terminé enamorada de la ciudad.

En 2005, estuve en Barcelona y me mudé finalmente a Madrid. Conocí por aquella época Salamanca, Toledo y Segovia a las que volvería una y mil veces en los siguientes diez años. Y en enero de 2006 me fui de visita a Argentina después de dos años de haberme despedido de ella. Conocí un poco más de Buenos Aires y me volví a enamorar de otra ciudad (¿acaso Madrid y Buenos Aires no son almas gemelas?).

No recuerdo si fue en 2006 o 2007 que viajé a Lisboa, la primera ciudad europea que visité fuera de España. Fue un viaje corto de cuatro días que no hizo más que avivar mi instinto viajero. Y así fue como en 2008, volví a salir de España para ir a Italia, en concreto a Roma y Florencia. Dos ciudades con historia, dos ciudades que me cautivaron y que me hicieron sentir que estaba dentro de una película de otra época, de la Europa de los libros.

Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano, Italia, Marzo 2008
Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano, Italia, Marzo 2008 – viajarcaminando.org

Catedral de Florencia, Italia, Marzo 2008 - viajarcaminando.orgCatedral de Florencia, Italia, Marzo 2008 – viajarcaminando.org

Había vendido rifas y quesos en la puerta de la Iglesia para poder cumplir de a poco el sueño de viajar por Europa y al ver Roma me di cuenta que ese sueño era posible aunque tuviera poco dinero. Así que a los pocos meses, volví a unirme al mismo grupo de amigas, a juntar dinero con las rifas, quesos y magdalenas. También me dieron la oportunidad de una media beca para grabar el viaje que hicimos por instituciones europeas y así fue como conocí ese mismo año, 2008, Estrasburgo en Francia, y Lovaina, Brujas y Bruselas en Bélgica.

@rominitaviajera en Estrasburgo, Francia, Julio 2008 - viajarcaminando.org
@rominitaviajera en Estrasburgo, Francia, Julio 2008 – viajarcaminando.org
@rominitaviajera en Lovaina, Bélgica, Julio 2008 - viajarcaminando.org
@rominitaviajera en Lovaina, Bélgica, Julio 2008 – viajarcaminando.org
@rominitaviajera en Brujas, Bélgica, Julo 2008
@rominitaviajera en Brujas, Bélgica, Julio 2008

En aquella época viajaba en bus así que me pasaba horas mirando la ruta, admirando el paisaje y los pueblos por los que pasábamos. Me di cuenta de la magnitud de las distancias. Me di cuenta que mi ruta viajera no había hecho más que comenzar y que el sueño de viajar por todo el mundo era posible. Solo era cuestión de buscarse la vida, de ir encontrando financiación. Y solicité más becas y participé en concursos. No tuve grandes éxitos pero sí me otorgaron una beca más en 2008 que me permitió viajar a Malta y escribir a raíz de ese viaje mi primer artículo en viajerosanonimos.com/Malta

Mi sueño viajero no hacía más que crecer pero a la vez que viajaba también estaba estudiando la carrera de Periodismo, así que en 2009 las cosas se complicaron un poco a nivel de dinero. No salí al exterior pero viajé por España: Sevilla, Cádiz, Zaragoza y más. Visité paisajes de ensueño en el Valle de Ordesa y Monte Perdido en Huesca y también allí descubrí que en España hay muchos pueblos abandonados.

Mi ruta viajera se había quedado en España por un año pero en 2010 volvió a salir: un viaje a Londres de cuatro días me hizo pisar Inglaterra por primera vez. Pero el plato fuerte vino unos meses después cuando recorrí en coche, durmiendo en tienda de campaña, la costa oeste de Francia, Vannes, Nantes, la Isla de Rochelle, Calais, y volví a Bélgica y a una de mis ciudades favoritas, Brujas, y conocí Gante para darme cuenta que me gustaba igual o más que Brujas. Y llegó Amsterdam y me volví a enamorar de una ciudad, distinta a Madrid, diferente a Buenos Aires, pero con una magia especial que me envolvió desde el primer encuentro y que me hace desearla por momentos después de años. Ese fue un largo viaje en el que conocí también Suiza: Berna, Ginebra y Zurich, donde me topé con un festival inmenso que invadía la ciudad. Estuve un par de días en la capital de Luxemburgo y volví a Francia para re-encontrarme con Estrasburgo y para conocer por fin el puente de Avignon de las canciones que cantaba de pequeña.

Isla de Vannes, Francia, Agosto 2010 - viajarcaminando.org
Isla de Vannes, Francia, Agosto 2010 – viajarcaminando.org
@rominitaviajera en Amsterdam, Países Bajos, Agosto 2010
@rominitaviajera en Amsterdam, Países Bajos, Agosto 2010
@rominitaviajera en Zurich, Suiza, Agosto 2010 - viajarcaminando.org
@rominitaviajera en Zurich, Suiza, Agosto 2010 – viajarcaminando.org

Parecía que en 2010 ya no había cabida a otro gran viaje después de haber recorrido media Europa. Sin embargo, pocos meses después, me seleccionaron de un proyecto de la ONG Oxfam en el que yo participaba aportando ideas. Se llamaba Dale la vuelta al mundo. Cuando me llamaron no podía creerlo: había sido seleccionada para ir a la India como voluntaria de un evento internacional donde 300 jóvenes de todo el mundo pondrían en común sus ideas sobre proyectos para hacer de este mundo un lugar mejor. Fue sin duda una de las experiencias más fascinantes de mi vida. Solo conocí Nueva Delhi y algunos puntos de alrededor pero la felicidad que me dio ese viaje quedó para siempre grabada en mi memoria.

@rominitaviajera en Nueva Delhi, India, noviembre 2010 - viajarcaminando.org
@rominitaviajera en Nueva Delhi, India, noviembre 2010 – viajarcaminando.org

En 2011 conocí Santander y Burgos en España, Berlín en Alemania y Dublín en Irlanda. Berlín me impresionó por su historia, los pedazos del viejo muro en rincones de la ciudad, por los lugares destruidos, los edificios soviéticos y el ambiente alternativo. Dublín, por sus parques, sus callecitas, sus casas bajas y sus bares entrañables. Este año terminé de estudiar el Master que hice después de la carrera y mi vida dio un vuelvo en lo personal.

Palacio Real de Berlín, Alemania, Noviembre 2011
Palacio Real de Berlín, Alemania, Noviembre 2011 – viajarcaminando.org
Parques de Dublín, Irlanda, Diciembre 2010
@rominitaviajera en un parque de Dublín, Irlanda, Diciembre 2010 – viajarcaminando.org

En 2012 decidí que quería dejarlo todo para viajar y que empezaría por mi ciudad natal: Mar del Plata, en Argentina. Vendí los muebles, regalé ropa y armé dos maletas. Al principio me iba a ir por tiempo indefinido pero no tenía más dinero que para el pasaje de avión así que acepté un ofrecimiento de mi empresa de trabajar desde Buenos Aires durante dos meses. Así podría ahorrar más dinero para mi viaje por el mundo y de paso vivir en Buenos Aires, ciudad que me había enamorado seis años atrás y a la que no veía desde entonces. Fueron dos meses maravillosos en los que no solo me encontré con mi yo argentina sino que también pude visitar familiares, volver a mi Mar del Plata querida, conocer la provincia de Córdoba y cumplir uno de mis grandes sueños: conocer las Cataratas del Iguazú en la provincia de Misiones. Y la sensación que tuve al estar frente a ellas fue algo similar a lo que me ocurrió cuando a los dos años llegué a las ruinas de Machupichu y la vi, hermosa frente a mi. Distinto paisaje, la misma emoción: la de un sueño cumplido.

Bosques de Palermo, Buenos Aires, Argentina, marzo 2012
Bosques de Palermo, Buenos Aires, Argentina, marzo 2012 – viajarcaminando.org
Cataratas del Iguazú, Misiones, Argentina, Marzo 2012 - viajarcaminando.org
Cataratas del Iguazú, Misiones, Argentina, Marzo 2012 – viajarcaminando.org

Al volver a Madrid, me di cuenta que si quería recorrer Sudamérica y continuar mi viaje por el mundo, necesitaba más dinero así que seguí trabajando y ahorrando pero interrumpí mi ahorro para irme de voluntariado a Kenia en noviembre de 2012. Era una deuda pendiente con África, después de haberla estudiado como continente durante un año; y era una deuda con mi yo interior que quería hacer algo especial por este mundo.

Los niños del orfanato en la playa, Malindi, Kenia, Octubre 2012 - viajarcaminando.org
Los niños del orfanato esperando para comer en la playa, Malindi, Kenia, Octubre 2012 – viajarcaminando.org

Así fue como en 2013 volví a tomar la decisión de irme a Sudamérica, de empezar por ahí mi viaje por el mundo. Empecé a ahorrar y lo comuniqué en mi empresa (a final de año, en diciembre, dejaría de trabajar para irme a la Argentina y de ahí empezar mi viaje por el norte para pasar a Bolivia) pero en el interín hubo otro otro viaje: Miami, Estados Unidos, adonde fui por diez días de trabajo y me amigué con la idea que tenía últimamente de USA. Y luego otro viaje, también pagado por la empresa: Buenos Aires. Aproveché mi estadía en Buenos Aires de un mes para irme al norte de Argentina, a Salta y Jujuy, de mochilera con una amiga y así iría tanteando cómo sería mi viaje por el mundo…Y sin querer, ya lo había comenzado: estaba recorriendo el mundo, pasito a pasito, viaje tras viaje. Y cuando empezaba a tomar consciencia de esta idea, en un viaje de cinco días a mi ciudad natal, conocí a David, y esta vez me enamoré de una persona y no de una ciudad. Tras compartir una semana con él sabía que en este viaje por el mundo que ya había comenzado, ahora tenía un compañero, de viaje y de vida. Y qué bonito es el viaje compartido.

@rominitaviajera en Tres Cruces, Salta, Argentina, Abril 2013 - viajarcaminando.org
@rominitaviajera en Tres Cruces, Salta, Argentina, Abril 2013 – viajarcaminando.org
@rominitaviajera en Cerro Siete Colores, Purmamarca, Jujuy, Argentina, Abril 2013 - viajarcaminando.org
@rominitaviajera en Cerro Siete Colores, Purmamarca, Jujuy, Argentina, Abril 2013 – viajarcaminando.org

En 2013, David y yo recorrimos parte de Francia, Italia y España. Y en 2014 hicimos juntos mil viajes por Argentina, Brasil, Bolivia, Perú, España y Portugal. Y en 2015 conocimos Marruecos y seguimos recorriendo España y Portugal. Viajes que relato en mi blog viajarcaminando.org y que van armando las piezas de este rompecabezas que es la ruta de mi viaje por el mundo y que no ha hecho más que comenzar.

David y Rominita en Machupichu, Perú, Agosto 2014 - viajarcaminando.org
David y Rominita en Machupichu, Perú, Agosto 2014 – viajarcaminando.org
Juntos en Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, Noviembre 2014 - viajarcaminando.org
Juntos en Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, Noviembre 2014 – viajarcaminando.org

Próximo destino: Sudeste asiático.

Viaje a Bolivia: Lago Titicaca, Copacabana y La Isla del Sol

Para ir a la Isla del Sol teníamos que ir antes a Copacabana y estábamos en La Paz, ya de regreso de nuestro viaje a Cuzco y Machupichu. Un bus nos pasó a buscar por una de las calles céntricas de La Paz. Subimos a la parte alta de la ciudad, vimos la zona del inicio del Teleférico, hicimos unas paradas en los barrios de la montaña para recoger gente y seguimos camino.
La Isla del Sol, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Lago Titicaca, Copacabana, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Bordeamos el famoso Lago Titicaca, hermoso en su inmensidad, y seguimos camino hacia el Estrecho de Tiquina, donde tendríamos que bajar del bus para cruzar al otro lado. Fue curioso ver cómo el bus se iba en una embarcación y nosotros en otra. Nunca había visto un barco o lo que fuere llevar un bus encima para cruzar un estrecho. Nosotros cruzamos en lancha. Al llegar al otro extremo, nos pidieron los pasaportes. Seguíamos en Bolivia pero por alguna razón temen que vengas en lancha desde Perú sin papeles.
Después de cruzar el estrecho aún nos quedaba un rato largo subiendo por rutas que hacían zigzag. Llegamos a Copacabana después de tres horas y media. Ahí nos esperaba un guía local para mostrarnos la ciudad y acompañarnos hasta el lugar donde comeríamos y darnos los tickets de la embarcación que cruzaría el Lago Titicaca hasta la Isla del Sol.
Calle comercial, Copacabana, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Calle comercial, Copacabana, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

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Buscando donde dormir en Cuzco

Siguiendo con los relatos de mi propio viaje por Latinoamérica en 2014, hoy voy a contarles cómo fue la llegada a Cuzco y la búsqueda de un lugar barato donde dormir

Después de haber atravesado la frontera entre Bolivia y Perú a pie y haber rellenado un papel tras otro, continuamos la marcha hacia la ciudad de Cuzco en el bus con el que partimos desde La Paz.

Llegamos a Cuzco por la noche. Teníamos que buscar donde dormir. La estación de buses estaba tan llena de gente que nos bloqueamos por un momento. No sabíamos hacia dónde ir, cómo esquivar a la gente y los miles de bultos alrededor de ellos. Se oían muchas conversaciones a la vez y algún que otro grito. Entre esos gritos oímos a una mujer bajita anunciando su alojamiento.

Estábamos cansados y con muchas ganas de darnos una ducha caliente y a la vez queríamos tratar de reservar un tour o un pasaje de bus hacia Aguas Calientes para subir a Machupichu. Así que confiamos en aquella pequeña mujer peruana, de nombre Felicita, que nos habló de una habitación en el centro de Cuzco, muy cerca de la Plaza de Armas, y de la posibilidad de hacer la excursión a Machupichu con una agencia que ella conocía. Confiamos y no nos defraudó.

Nos tomamos un taxi hacia La Plaza de Armas y de ahí subimos al hostel de Felicitas que no era más que un par de habitaciones con baño en un primer piso de un edificio similar a las corralas de Madrid, con escaleras de hierro en forma de caracol. Contentos con haber encontrado fácilmente alojamiento hablamos con la mujer para reservar la excursión a Aguas Calientes y Machupichu. Llamó por teléfono a la agencia ya cerrada y nos apuntaron. Al día siguiente, un minibús nos pasaría a buscar a las 7 am.

El problema vino a los pocos minutos, cuando al intentar ducharnos, no salía agua. Felicitas se preocupó y probó en el otro baño a ver si había agua. Nada. Preguntó a los vecinos y al parecer habían cortado el agua en los alrededores de la plaza por obras públicas. Nos ofreció irnos a duchar a su casa o acompañarnos a buscar otro alojamiento. Y optamos por lo segundo.

La verdad es que fue muy amable al intentar buscarnos un hostel económico. Hablaba ella, intercedía por nosotros explicándoles la situación a los recepcionistas o dueños. Subimos y bajamos varias veces las escaleras de la zona del centro que estaba llena de locales y turistas paseando, entrando y saliendo de bares y discotecas. Notamos lo movida que era la ciudad y que si queríamos fiesta, la tendríamos. El tema es que no la queríamos y fue por eso que rechazamos hospedarnos en un hotel que nos ofrecía una habitación sobre un pub. Cruzamos la Plaza de Armas varias veces, fuimos y vinimos y ningún alojamiento en los que preguntábamos tenía habitaciones y los que tenían eran hoteles caros (de 50 o 60€ la noche), muy lejanos a nuestro plan mochilero. 

Escaleras de la calle Huaynapato, Cuzco, Perú, 2014 
Cuando ya casi habíamos perdido las esperanzas (Felicitas incluida), conseguimos dar con La Posada del viajero, a 3 manzanas de la Plaza de Armas. Felicitas intentó que nos hicieran precio pero no fue posible. Nos costó cerca de 40€ la noche, como si de un hotel español se tratara, pero conseguimos lo que queríamos: darnos una ducha de agua caliente y descansar bien para emprender al día siguiente nuestra tan anhelada excursión a Aguas Calientes y Machupichu. 
Plaza de Armas por la mañana, Cuzco, Perú, 2014

De paso por La Paz, Bolivia

El viaje a Bolivia estaba resultando una aventura y solo llevábamos cinco días en el país. Queríamos ir a La Paz y la Isla del Sol pero no teníamos muy claro cuántos días dedicaríamos a uno y otro sitio, ya que la meta del viaje estaba en Machupichu.

Nos despedimos de nuestros compañeros de excursiones y salimos desde Uyuni a La Paz en un bus nocturno para ir durmiendo. Llegamos a las 7.30 am a la capital de Bolivia y nos tomamos un té con pan en la estación de autobuses que parecía estar despertando a esa hora. 

En la cola del baño de la estación me sentí extranjera. A esa hora, solo había mujeres locales, con sus trenzas de pelo oscuro, sus faldas coloridas, su carga al hombro, bajitas y encorvadas por el peso de la carga, esperando su turno pacientemente. Pero lo que más me llamó la atención es que la fila para entrar al baño de hombres era más larga y todos entraban con un bidón de agua en sus manos. Todos menos los extranjeros que parecían desconocer la costumbre del lugar.

Queríamos ver La Paz. Queríamos, de verdad. Sin embargo, una idea venía rondando nuestras cabezas: ¿Y si seguimos viaje hacia Perú y ya vemos La Paz en el camino de regreso a casa? Y cuando una idea surge en los dos viajeros se instala de manera que es difícil ignorarla. Así que en cuanto desayunamos y las oficinas de transporte abrieron, nos informamos sobre los horarios de salida de los buses a Cuzco directos y nos compramos dos pasajes para las once o doce del mediodía.

Ya que nos quedaban unas horas para embarcarnos otra vez en un bus durante ocho horas, aprovechamos nuestro paso por La Paz para intentar conocer los alrededores de la estación de buses. Dentro, la gente no había sido muy amable así que esperábamos encontrarnos gente más amable fuera. Asomamos nuestros ojos inquietos y nos topamos con varios taxistas ofreciéndose a llevarnos al centro de la ciudad. Agradecimos y cruzamos la calle en dirección hacia un edificio que anunciaba “Hostel” con un cartel luminoso. Tomamos nota de la dirección y los precios y nos fuimos.

Zona céntrica de La Paz, Bolivia, invierno 2014
A simple vista, la ciudad no invitaba a recorrerla. No sé exactamente bien porqué. Quizás la cantidad de coches yendo y viniendo, los bocinazos, los edificios de ladrillo a la vista a un lado y a otro del camino, el griterío y el ruido, la falta de tranquilidad, de paz. Ironía del destino que la ciudad de La Paz nos ofreciera de todo menos paz.

Dicen que la experiencia en un sitio depende mucho de nuestro estado de ánimo y a veces pienso que fue la ansiedad por llegar a Machupichu y el agotamiento del viaje en bus desde Uyuni lo que me hizo ver de aquel modo La Paz. Pero no fue el único día que estuvimos de paso por la ciudad. Al volver de Cuzco, cuatro días después, tuve la misma sensación o peor. La Paz, definitivamente, no nos gustó.

Segundo paso por La Paz

Al llegar por segunda vez a La Paz creí que todo sería más fácil porque ya estábamos menos ansiosos y teníamos tiempo de sobra para recorrer la ciudad, ir a Isla del Sol y regresar a nuestro punto de partida a través de la Quiaca en Argentina. Sin embargo, la experiencia fue bastante fea. En la estación de buses la gente seguía siendo poco amable, tal vez cansados de los extranjeros con sus mochilas que llegan todos los años a la ciudad o tal vez por sus motivos personales. La cuestión es que todos nos huían o nos miraban con desconfianza, nos atendían con desgano y prisa. Empecé a extrañar las sonrisas y me di cuenta que eso me ponía triste.

En el hostel donde pensábamos pasar la noche no tuvimos mejor suerte. El recepcionista no nos atendió bien y nos hizo sentir incómodos así que decidimos irnos a buscar otro sitio donde dormir. En la oficina de turismo nos habían hablado de la Iglesia de San Francisco así que nos dirigimos hacia allí para ver si teníamos mejor suerte con los hoteles de la zona. Por el camino, seguimos encontrándonos muchos coches y mucha gente. Miramos hacia la montaña y vemos que está totalmente urbanizada: un edificio tras otro, encima del otro, amontonados de forma desorganizada afeando el paisaje.

Detrás de la Iglesia San Francisco, las calles estaban en obras así que los turistas y locales se amontonaban entre las aceras y las calles cuesta arriba. Los coches que se atrevían a subir la cuesta no tenían casi por donde pasar de la cantidad de gente que sobresalía de las aceras. Paramos en una agencia y preguntamos por la excursión a Isla del Sol. Ya salía al día siguiente así que teníamos tiempo de ubicarnos primero.

Plaza San Francisco, La Paz, Bolivia, Invierno 2014
Encontramos un hotel en la zona cercana a la peatonal Linares que también estaba en obras. El hotel se llamaba Lion Palace Hostel y era muy bonito y bastante cómodo así que pudimos por fin descansar. Y recobrar fuerzas para irnos a recorrer la ciudad.

Dimos unas vueltas, nos perdimos en un barrio desolado, que olía a pescado y a fruta podrida, nos topamos con un callejón sin salida y las pocas personas que había en la zona nos miraban con desconfianza. No había ni un turista por allí. Entramos en un kiosko que tenía un teléfono antiguo que podía utilizarse por unas monedas. Lo hicimos para llamar al teléfono que nos habían dado en el hotel de una persona que organizaba excursiones a Isla del Sol. No pudimos escuchar bien a la persona que nos atendió así que abandonamos la tarea y decidimos volver a la zona de la peatonal Linares para ver si alguna de las agencias seguía abierta y podíamos contratar la excursión.

Calles de La Paz, Bolivia, invierno 2014
Por suerte, unas horas más tarde dimos con una mujer muy amable en una agencia en una de las calles cercanas a nuestro hotel y por algo más de 400 bolivianos contratamos la excursión para dos, saliendo desde La Paz a Copacabana, cruzando el Lago Titicaca y llegando a la Isla del sol después de comer. Pero este día lo cuento en un próximo artículo.

La verdad es que me hubiera gustado que nuestro paso por la Paz fuera más agradable, que la gente nos hubiera encantado, que el paisaje nos hubiera enamorado pero no fue así. La Paz no nos gustó. La gente con la que tratamos, salvo una excepción, no fue amable. No respiramos ni alegría ni tranquilidad. Nos pareció una ciudad algo caótica, sucia, dejada, maltratada, ruidosa y superpoblada. Y a día de hoy aún sigo preguntándome si solo fue una sensación nuestra o si de verdad La Paz no es una ciudad linda y amable al viajero.

La peor noche de mi vida, en Bolivia

Tres días por el suroeste de Bolivia dan para mucho que contar y es que todo fue una aventura. Si pinchar dos veces la rueda de la camioneta fue parte del viaje, también lo fue pasar la peor noche de mi vida en un pueblo del que no recuerdo el nombre y en el que soñé (o aluciné) que estaba en casa de mi tía en Mar del Plata.
Llegamos a nuestro “hostel” cuando aún era de día y merendamos. Dimos un paseo para conocer el lugar: un pueblo casi sin habitantes, con unos diez o doce refugios que funcionan como alojamiento para los turistas que deciden atravesar el Salar del Uyuni. Y jugamos un rato con las llamas, antes de que cayera la noche y con ella el frío y todo lo demás.
Llamas en la Reserva Natural de Fauna Andina Eduardo Avaroa
Alojamientos en la Reserva Natural de Fauna Andina, Bolivia
Al caer la noche, nos damos cuenta que nuestro hogar de esa noche es bastante inhóspito: la salamandra encendida en el pasillo con mesas que hace de comedor y merendero, da algo de calor pero se escapa por las ventanas y huye hacia la puerta cada vez que alguien la abre. En este momento, con dos o tres grados bajo cero, empiezo a extrañar la doble ventana, la calefacción central y otras tantas cosas de la “ciudad”. Estoy abrigada con todo lo que puedo abrigarme y aún así tengo frío. Y para colmo de males, había prometido a Marion, mi compañera de viaje mujer, que saldríamos a ver las estrellas del desierto, aunque fuera tan solo cinco minutos. Lo hicimos y fue hermoso mientras duró. Pero volví adentro, después de cinco minutos contados por reloj, literalmente congelada. 
¿Hace más frío del que dicen? ¿Los dos o tres grados bajo cero del desierto son más fríos que los de la ciudad? ¿Tengo mal de altura como dice nuestro guía? Acepto el té de coca que me ofrece y me acuesto. Es temprano pero mañana a las 4 am tenemos que levantarnos. A lo mejor el té alivia un poco mi sensación de malestar, mi dolor de cabeza, pero no el frío, que ni las mil mantas ni la bolsa de dormir ni el calor de David alivian. ¿Tengo fiebre? A lo mejor sí, quién sabe. ¿Dónde estoy? ¿Tía, me das agua con limón para el estómago? Mi tía no está ahí pero por alguna razón yo estoy alucinando que estoy en casa de mi tía en Mar del Plata, descompuesta y pidiéndole ayuda. La noche se hace eterna y al levantarnos a las 4 am. yo siento que he pasado la peor noche de mi vida.

Y por si no fuera suficiente lo mal que he pasado la noche, me encuentro desayunando a las 5 am en un pasillo ancho que hace de comedor, con mucho frío y con muy pocas ganas de salir de excursión. Esa mañana visitamos los Géiseres y yo apenas pude bajar de la camioneta 4×4 para sacarme una foto en una salida de vapor que hacía un ruido muy fuerte.

Por suerte, cuando llegamos a las Aguas termales ya me sentía algo mejor y si no me sentía mejor, los 30 grados de las aguas de la poza donde me animé a meterme a pesar del frío exterior, me hicieron sentir mejor. Y poco a poco fui olvidando la mala noche que pasé por el mal de altura en Bolivia.

A 30 grados en las Aguas Termales del sur de Bolivia, 2014
Géiseres en el sur de Bolivia, 2014

Aventuras en el Salar del Uyuni, Bolivia

El viaje a Bolivia empezó en Villazón, siguió por Uyuni y toda su extensión de Salar y lagunas, y terminó en La Paz unos días más tarde. Fue corto (4 días) pero intenso. Intenso en muchos sentidos.

Camino al Cementerio de trenes, Desierto de Uyuni, Bolivia, Agosto 2014 | rominitaviajera.com
Camino al Cementerio de trenes, Desierto de Uyuni, Bolivia, Agosto 2014 | rominitaviajera.com
En el anterior artículo “La odisea de llegar a Uyuni” contaba que estábamos por iniciar la excursión de tres días que nos llevaría a visitar el Cementerio de Trenes, recorrer el Salar del Uyuni, dormir en un Hotel de Sal, caminar por la Isla Incahuasi, ver el Volcán Ollagüe, ver la Laguna Colorada, visitar la Laguna Hedionda, sacarnos fotos en el Árbol de piedra, dormir en medio del desierto, ver y “tocar” el vapor de los Géiseres y bañarnos en las Aguas termales del Volcán Licancabur. Y hoy voy a contarles cómo fue parte de esa aventura.
Alrededores de Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Alrededores de Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

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Viaje a Bolivia: la odisea de llegar a Uyuni

Cuando entramos en Bolivia, por Villazón desde La Quiaca, caminando con nuestras mochilas a cuestas, lo hicimos con ilusión y con incertidumbre a la vez: ¿qué nos esperaría en el país vecino a nuestra tierra natal? ¿Cómo sería la gente? ¿La comida? ¿El transporte? ¿Los alojamientos? No teníamos nada reservado, solo llevábamos con nosotros unos cuántos papeles con itinerarios sugeridos por algunas empresas turísticas y unas ganas terribles de conocer el Salar del Uyuni.

En un artículo anterior comentaba cómo fue la sensación de atravesar la frontera de Argentina a Bolivia y cómo esa sensación se mantuvo varios días a lo largo del viaje. Al poco de cruzar, buscamos la estación de buses pero antes teníamos que cambiar los pesos argentinos por pesos bolivianos, tarea poco fácil a esas horas tan tempranas y con una situación económica en Argentina poco favorable a comprar divisas extranjeras. Esperamos un buen rato a que abriera una agencia que nunca abrió, caminamos siguiendo la intuición de un profesor porteño que tenía su familia trabajando en La Paz y hacia allá se dirigía, y así llegamos a una agencia donde nos hicieron un pésimo cambio que nos permitió empezar a movernos por Bolivia.

El profesor nos acompañó en nuestra caminata de diez minutos hacia la estación de buses de Villazón mientras nos contaba que iba a visitar a su hijo que vivía desde hace algunos años en La Paz, después de haber vivido en Inglaterra. Curioso cambio, pensamos David y yo. Nosotros le contamos nuestra historia y nuestro deseo de llegar a Cuzco y subir al Machupichu después de ver el Salar del Uyuni en Bolivia. Entre tanto, compramos los pasajes de bus hacia Uyuni a una de las chicas que los ofrecía a gritos en la puerta de la estación. Estábamos cansados y con frío así que buscamos un remanso al sol y ahí nos volvimos a encontrar con el profesor de Universidad que nos recomendó distintas comidas a probar en La Paz como el Chairo, con chuño que es papa deshidratada.

Casi una hora más tarde, apareció nuestro bus, aquel que nos llevaría hasta Uyuni por tierras desconocidas hasta el momento. Algunos de los pasajeros eran locales pero había un grupo de extranjeros viajeros como nosotros: un vasco, una francesa, un chino y un coreano, que terminarían convirtiéndose en nuestros compañeros de viaje durante los próximos cuatro días.

El viaje en bus desde Villazón a Uyuni fue una tortura para nuestros ojos por el polvo que entraba por todos los agujeros posibles, para la cabeza por el vaivén ocasionado por los pozos y piedras de la ruta desértica y para los oídos por todos los ruidos que hacía ese bus que estoy segura que tenía los amortiguadores un poco viejos. Si se sufre de dolores de espalda tampoco es recomendable esta ruta en bus porque los golpes que recibe la cintura y las cervicales se sienten mucho. A lo mejor yendo por la ruta nacional 14 hasta Potosí se evitan esta situación pero a lo mejor en Potosí hay que cambiar de buses y puede que todo lleve más de 12 horas. Es un tema que tengo que investigar…

Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

Al día siguiente, debíamos estar en la agencia con nuestras mochilas, dispuestos a pasar horas en nuestras camionetas 4×4 para visitar el Cementerio de Trenes, recorrer el Salar del Uyuni con sus más de 10 mil Km cuadrados, dormir en un Hotel de Sal, caminar por la Isla del Pescado, ver el Volcán Ollague, visitar la Laguna Hedionda, el Valle de la Luna, el Árbol de piedra, la Laguna Colorada y sus flamencos, dormir en medio del desierto muertos de frío, recibir el calor de los Géiseres y bañarnos en las Aguas termales del Volcán Licancabur, ver la Laguna verde congelada y regresar a Uyuni. Una excursión de cuatro días que contaré en los próximos artículos de “Mi propio viaje por Latinoamérica“.

David y @rominitaviajera en Uyuni centro, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
David y @rominitaviajera en Uyuni centro, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

Finalmente, después de casi diez horas llegamos a Uyuni, el pueblo que sería nuestro punto de partida para el viaje de cuatro días que estábamos por hacer. Con nuestros nuevos amigos de distintas partes del mundo, buscamos un hostel barato, pero con agua caliente y wifi para contactar a nuestras familias. Dejamos nuestras cosas en los cuartos, y nos fuimos a recorrer el pueblo, en busca de una agencia que nos llevara al día siguiente y durante 4 días a recorrer el Salar del Uyuni en 4×4. Contratamos una agencia recomendada por japoneses (ellos siempre eligen lo mejor) y nos fuimos a cenar a una taberna local donde probamos unas sopas típicas para entrar en calor. Y así nos preparamos para lo que nos esperaba…

Mapa Satelital del Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Mapa Satelital de @Google del Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

Viaje a Bolivia: cruzando la frontera de la Quiaca a Villazón

Siempre quise recorrer Latinoamérica y cuando pensaba en hacerlo los dos países que se me venían a la mente eran Bolivia y Perú. Por qué asociaba un viaje por Latinoamérica con estos países y no con otros es un misterio. Quizás porque nací en Argentina y los tenía muy a mano. La cuestión es que pospuse una y mil veces, con distintas excusas, este viaje. Sin embargo, mi estancia en Argentina durante el año 2014 hizo posible que este viaje se hiciera realidad.

Banderas de Latinoamérica y del mundo, Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Banderas de Latinoamérica y del mundo, Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

Algunas veces me imaginaba viajando  por Latinoamérica durante un mes o dos, otras veces durante una semana y otras durante un año, trabajando y viajando al mismo tiempo. La verdad es que no tenemos consciencia de las dimensiones de un lugar hasta que lo recorremos por tierra.  Así que la idea siempre había sido hacer el trayecto en bus o a dedo. Y eso hicimos: recorrimos el país en colectivos y 4×4. Seguir leyendo Viaje a Bolivia: cruzando la frontera de la Quiaca a Villazón