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Primeros días en Asia: Los templos de Angkor

 

Cuando inicié este viaje al Sudeste Asiático no me imaginaba escribiendo este relato desde un bar moderno de la calle Pub de Siem Reap en Camboya pero aquí estoy y aquí va mi primer artículo desde este increíble viaje que no ha hecho más que empezar.

Calle de los Pubs o Pub Street, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Calle de los Pubs o Pub Street, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015

Llegué a Camboya, a Siem Reap, a mediodía. Sobre la visa y el pasaporte no comentaré nada en este artículo pero fue bastante pesado comparado con Bangkok en Tailandia. El asunto es que Mr Tok, el conductor de un tuk tuk, me esperaba a la salida del aeropuerto para llevarme al hostel. Hice rápido así que a las 13.30 Mr Tok y yo estábamos llegando a las puertas de Angkor Wat. Y a las 18 hs estábamos regresando al hostel después de haber apreciado los mejores templos que vi en mi vida.

Las ruinas siempre me han gustado (mi sueño de conocer Machupichu lo confirma) pero hasta hace poco no tenía idea de la existencia de Angkor Wat ni de ningún otro templo de Camboya. Pero ahora sé porqué algunos viajeros lo comparan con Machupichu o Petra: arquitectura milenaria magnífica e impresionante.

Angkor Wat, Camboya, Octubre 2015
Angkor Wat, el templo más grande del mundo, Camboya, Octubre 2015

¿Por dónde empiezo?

No sé si es fácil decidir por donde empezar a recorrer Angkor Wat y los demás templos cercanos a Siem Reap así que yo me dejé llevar por el chófer del Tuk tuk del hostel, Mr Tok, mi amigo camboyano. Como ayer era mi primer visita, hicimos el circuito chico y hoy, con más tiempo, el circuito grande.

Primer día: circuito chico de Angkor

Ayer, en el primer día lo primero que visitamos es Angkor Wat, el edificio religioso más grande del mundo. Luego, fuimos al Bayon, en Angkor Thom donde las 54 torres con caras desprenden un misterio inexplicable; y finalmente el Ta Prhom, donde la jungla se come literalmente los templos, conocido por algunos por haber sido escenario de la película Tom Raider (y el preferido de mi mamá).

Dicen que El Angkor Wat es el cielo en la tierra y símbolo nacional de los jemeres. Fue obra de Suryavarman II (1113-1152), el monarca que unificó Camboya. A mí me pareció impresionante pero es el más turístico y lo aprecié menos que los demás. Sin embargo tuve una curiosa experiencia: me acerqué a un Buda de piedra al que la gente estaba rezando, me ofrecieron tres inciensos, los encendí en la vela y se los di de ofrenda al Buda. Después de eso un monje me ofreció una pulsera tejida que iba anudando en mi muñeca según oraba por mi. Aquí además conocí a una chica estadounidense, descendiente de sudamericanos con la que hice buenas migas enseguida.

Buda en Angkor Wat, Camboya, Octubre 2015
Buda en Angkor Wat, Camboya, Octubre 2015

En el corazón del Angkor Thom, al que volví hoy, está el Bayon, templo budista de Javayarman VII. Tiene 54 torres decoradas con los 216 rostros de Avalokiteshvara, de fría sonrisa (y parecido con el Rey según la guía Lonley Planet). Me encantó cómo se reflejaba el sol en esas curiosas caras mientras yo me perdía en su mirada. ¿Adónde miran los rostros de Bayon?

Torres y rostros de Bayon en Angkor, Camboya, Octubre 2015
Torres y rostros de Bayon en Angkor, Camboya, Octubre 2015

Por último, y no menos importante, visité el Ta Prhom. Este lo recorrí en una hora y algo pero fue una visita magnífica porque uno de los guardias del templo se ofreció a indicarme donde podía tomar las mejores fotos de los árboles invadiendo la piedra. Cierto es que al final de la visita me pidió limosna pero fue grato contribuir a su poder adquisitivo después de haber sido un excelente guía dentro de Ta Phrom. El único inconveniente que tuve es que salí por el lado opuesto al que entré y no pude regresar porque cerraron tras de mi, a las 17.30 hs. Así que tuve que ir caminando por la ruta dándole la vuelta a la enorme muralla dentro de la cual se encuentra el templo y la selva que lo cubre. Por suerte el chofer de mi tuk-tuk me vio y vino a buscarme antes de que terminara de dar la vuelta.

Arbol invadiendo Templo Ta Prhom Camboya, Octubre 2015
Arbol invadiendo Templo Ta Prhom Camboya, Octubre 2015

Segundo día: circutio grande

Quería ver el amanecer en Angkor Wat pero Mr Tok me dijo que había muchos turistas y que me llevaría cerca pero a un lugar mejor. Vi el amanecer sobre el río, cerca de Angkor Wat y terminé de ver salir el sol desde el templo Pre Rup antes de continuar hacia Banteay Kdei y Srah Srang, donde pude apreciar el sonido del entorno a la vez que sus hermosos colores matutinos. Los templos estaban desolados al ser entre las 5 y las 6 am. Sobre todo Pre Rup donde a pesar de subir escaleras altísimas, y quedar agotada, las vistas me dejaron impresionada.

Fue un momento íntimo increíble. El paisaje, el entorno aún no tan caluroso y el silencio me invitaban a reflexionar.

Templo Pre Rup, Camboya, Octubre 2015
Templo Pre Rup, Camboya, Octubre 2015

El viaje estaba resultando como lo había soñado. Sentía la paz que venía buscando.

Mujeres pescando en Sranh Srang, Camboya, 2015
Mujeres pescando en el río Siem Reap, junto a las ruinas de Sranh Srang, Camboya, 2015

En Banteay Kdei iba caminando por un costado del templo cuando vi una mujer camboyana preparando el desayuno. Me quedé contemplándola en silencio con sus ollas sobre el fuego, tan tranquila. Pero al cabo de un rato fui descubierta por uno de los hombres de la casa que estaba con sus amigos y se acercó en una moto a hablar conmigo y enseñarme un instrumento musical hecho de caña por él mismo. Me gustó tanto que se lo compré. Y anduve un buen rato haciendo música por el camino. Me despedí de ambos con una sonrisa y un «Or-kuh» improvisado (gracias, en camboyano).

Elefante en templo Banteay Kdei, Camboya, 2015
Elefante en templo Banteay Kdei, Camboya, 2015

No fue mi única compra. En Sranh Srang un ratito antes varias niñas me habían acosado al sonido de “un dólar, un dólar” que no me abandonó hasta el final del recorrido. No les compré a esas niñas sino a la madre de un niño que previamente se interesó por mí (de dónde venía, adonde iba, cómo me llamaba, etc.) y me regaló una pulsera invitándome a visitar la tienda de su madre. La verdad es que comprar cosas a niños me da reparo y nunca lo hago porque me gustaría verlos en el cole y no vendiendo, pero bueno, en muchos países está bien visto ayudar a los padres trabajando aunque seas pequeño y aunque me gustaría, en realidad, no siempre podemos cambiar las cosas.

Mi paseo en Tuk tuk y caminata de hoy continuó por el Eastern Mebon, Ta Som y Neak Pean, donde el edificio no es gran cosa pero merece la pena caminar sobre el camino de madera que atraviesa el río. Es un paisaje maravilloso. Y si de ayudar hablamos, se puede hacer una donación a un grupo de músicos con ciertas incapacidades físicas, que tocan música camboyana de maravilla.

Camino de madera sobre el río hacia el Templo Neak Pen
Camino de madera sobre el río hacia el Templo Neak Pean, Camboya, Octubre 2015

Mi paseo de hoy llegaba al final en el templo Prah Khan, donde disfrute como loca de hacer fotos ya que conocí a una pareja de españoles que les gustaba mucho ser fotografiados. Encantadores ellos me hicieron sentir como en casa. Prah Khan es el templo que más me gustó. No sé si porque parecía estar menos conservado, más invadido por la jungla o porque encontré también cierta soledad al final del pasillo central que parecía nunca acabar. O quizás porque jugué un rato a ser Indiana Jones. Ahí me quedé un buen rato, alejada de los turistas, pensando en las maravillas que puede ser capaz de construir el ser humano.

Templo Prah Khan, Camboya, Octubre 2015
Templo Prah Khan, Camboya, Octubre 2015
Jugando a ser Indiana Jones en Templo Prah Khan, Camboya, Octubre 2015
Jugando a ser Indiana Jones en Templo Prah Khan, Camboya, Octubre 2015

Antes de volver al hostel, después de casi cinco horas de paseo, entre caminata, desayuno y traslados en tuk-tuk, pedí a Mr Tok si podía llevarme de nuevo a Angkor Thom. Esta vez quería ver la terraza de Elefantes y el Baphuon, un antiguo templo de montaña de 25 metros de alto. Las vistas son muy bonitas desde lo más alto pero desearía que los escalones para bajar no hubieran sido tan estrechos. De todas formas, disfruté la visita y conocí dos israelíes que me preguntaron por el Buda grande y los acompañé a verlo, justo entre el Baphuon y Bayon, donde repetí una vez más el ritual de la ofrenda.

Baphuon en Angkor Thom, Camboya, Octubre 2015
Baphuon en Angkor Thom, Camboya, Octubre 2015

Y así doy por terminado mi primer artículo sobre este viaje al Sudeste Asiático, esta experiencia única, que agradezco a la vida el lujo de poder vivirla. Or-Kuhn (Gracias)

Viajar solo o viajar acompañado

Como comentaba en el post Viajar por el mundo, creo que se puede viajar de mil maneras, que aunque hay mucho escrito por ahí, nadie tiene la clave. La forma del viaje, la cantidad de días, con quién viajar o viajar solo es una elección personal. Ahora que estoy a punto de hacer mi primer viaje largo (casi dos meses) y que lo más probable es que gran parte del camino lo haga sola, me gustaría reflexionar sobre el asunto.

Viajar solo (o viajar sola en mi caso) por un período largo de tiempo es algo que me he planteado muchas veces pero que no he llegado a hacer. Me intriga cómo será estar sola de un lado a otro y que las decisiones sobre qué hacer o donde ir solo dependan de mí. Siempre he viajado en compañía de alguien (amigos, pareja, familia, compañeros de trabajo o de la ONG) a excepción del viaje que hice a Kenia hace tres años para realizar un proyecto de voluntariado en el orfanato de Malindi y el posterior safari. Sin embargo nunca he viajado sola recorriendo pueblos y ciudades, yendo de un país a otro. Y me pregunto cómo será.

Viajando sola por Kenia, Masai Mara Park, Kenia, Octubre 2012, viajarcaminando.org
Viajando sola por Kenia, Masai Mara Park, Kenia, Octubre 2012, viajarcaminando.org

Leí hace un tiempo en Diario del viajero las Siete razones por las que también me gusta viajar solo y me quedé pensando en ellas: viajando solo en realidad nunca estás solo; viajando solo sales de tu zona de confort; viajando solo puedes hacer lo que te de la gana; te hace ser valiente y prudente a la vez; viajando solo puedes ser tu mismo; puedes por fin estar solo y encontrar un camino hacia ti mismo.

La verdad es que he leído miles de historias de hombres y mujeres que se animan a viajar solos por distintos motivos y que lo disfrutan inmensamente. Algunos hacen alusión a lo que se comenta en Diario del viajero, al hecho de que viajando se conocen otros viajeros y uno puede unirse a ellos y al final no está solo (esto nos pasó en el sur de Bolivia y me pasó en el safari a Masai Mara Park en Kenia). Otros argumentan que si no viajaban solos no lo hacían porque no tenían amigos dispuestos a acompañarlos a semejantes aventuras. Y hay quienes van (¿o debería decir vamos?) en busca de momentos de soledad y de encuentro con uno mismo.

¿Y qué hay de malo en viajar solo?

Aunque la realidad es que no vamos a estar solos si viajamos por destinos turísticos, sobre todo si vamos a hosteles donde suelen reunirse mochileros de muchas partes del mundo, sí es cierto que puede darse la situación de que nos encontremos solos o tengamos esa sensación. Y en esos momentos, quizá la soledad ya no es amigable y necesitamos compartir nuestra experiencia con alguien a quien apreciamos.

En mi experiencia en la costa de Kenia, no tuve largos momentos de soledad porque siempre encontraba a alguien con quien conversar: en el bus de 9 horas de Nairobi a Malindi conocí un hombre que estaba interesado en saber por qué había ido tan lejos de mi tierra; y de camino de regreso (quince días después) conocí a otro que me ayudaba con la pronunciación de las palabras en swahili recientemente aprendidas. Durante las noches, en Malindi, cuando mi familia de acogida se iba a dormir, yo aprovechaba a escribir en mi diario de viajes y a reflexionar sobre lo que había vivido ese día. Cuando viajé a Dublín sola a ver unos amigos, en el bus del aeropuerto al centro conocí a una chica brasileña con la que aún hablo de vez en cuando por Facebook. En definitiva, no recuerdo viajes en los que me sintiera sola y con angustia por ello. Pero sé de viajeros a los que sí les pasa.

Ahora que quedan menos de quince días para partir de viaje al sudeste asiático (a una parte de él) vuelvo a reflexionar sobre este tema de viajar solo o viajar acompañado y lo que primero me viene a la cabeza no es la idea de que pueda angustiarme estar sola. Sin embargo, sí tengo algunos miedos relacionados con estar sola que tienen que ver con la enfermedad: por ejemplo ¿qué pasa si me ocurre algo grave o si enfermo de gastroenteritis aguda como en Delhi o en Buenos Aires? ¿quién va a cuidar de mí o a estar pendiente si mejoro o empeoro? En Delhi, algunas compañeras voluntarias de la ONG me hicieron compañía a ratos y en Buenos Aires fueron mis familiares quienes me apoyaron. No estaré sola, es cierto, porque habrá otros viajeros pero ¿por qué habrían de preocuparse por mí esos viajeros? Así que asumo que me tendré que cuidar sola y eso quizás me da un poco de miedo.

Aún hay otro punto que no me gusta mucho del hecho de viajar sola: voy a ver cosas hermosas, vivir experiencias increíbles, aventuras que quizás no imagine, y no voy a poder compartirlas con mi compañero de vida (a menos no hasta que no llegue un mes después). Tampoco las voy a compartir con mi familia o amigos a los que quiero mucho y que me encantaría que estuvieran ahí para apreciar las maravillas del paisaje, de la gente, de lo que vivo. Las voy a vivir sola, en cierta manera, y esto me da pena.

Viajando sola por Buenos Aires, Jardín japonés, Capital Federal, Argentina, Abril 2012
Viajando sola por Buenos Aires, Jardín japonés, Capital Federal, Argentina, Abril 2012, viajarcaminando.org

Sin miedo a viajar sola

En resumen, no tengo miedo a viajar sola, me atrae muchísimo la idea, pero una parte de mí también querría viajar con alguien cercano, no solo para cuidarnos mutuamente en caso de enfermedad o cansancio, sino también para poder compartir los momentos con alguien que los aprecie como yo, para poder disfrutar del viaje en compañía de las personas que comparten mi día a día.

Es por estas razones por las que el viaje al Sudeste Asiático no será totalmente en solitario: haré una parte sola, otra con una gran amiga viajera con la que me encuentro por allá y otra parte con David, mi compañero de vida. Es un plan de viaje ideal para mí que me gusta la soledad en los viajes pero que también me gusta viajar acompañada, así que la realidad es que me siento afortunada de poder realizarlo así.

¿Y ustedes qué prefieren? ¿Viajar solos o acompañados?