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Mojate, Tirate, Bailá, Jugá, Viajá, Viví!

¿Y por qué no? se tatuaba una amiga hace un par de años. ¿Y por qué no? me dije yo cuando dejé un trabajo que no me gustaba para cumplir el sueño de viajar. ¿Y por qué no? me dije antes de saltar de una avioneta en movimiento y tirarme en caída libre. ¿Qué podía pasarme?

Algún día nos vamos a morir, sí, nos pasa a todos, algún día nos llega. Y espero que ese día llegue tras un largo camino por esta vida, tras un viaje lleno de aventuras, tras mil vidas vividas, tras muchas locuras cometidas y millones de sonrisas repartidas. ¿Vos no? Seguir leyendo Mojate, Tirate, Bailá, Jugá, Viajá, Viví!

Viajar por el mundo: dudas y miedos

Hace tiempo vengo dándole vueltas a una idea: me gustaría ayudar a todos aquellos que quieren viajar por el mundo y no saben cómo o por donde empezar. Quisiera crear una nueva serie de artículos más prácticos que no solo hablen de mi propia experiencia viajera sino también que ayude a otros a viajar o al menos les de pistas de por donde empezar.

Viajar por el mundo

En realidad es una expresión muy utilizada pero no está claro a qué se refiere cada uno cuando la utiliza ya que cuando viajamos obviamente que lo hacemos por el mundo, ya sea por una parte pequeña de él o por una extensión más amplia. Al fin y al cabo, siempre que estamos desplazándonos para conocer nuevos rincones del Planeta estamos viajando por el mundo.

No todo el que deambula está perdido, frase en una pared del hostel, Luang Prabang, Laos, 2015
No todo el que deambula está perdido, frase en una pared del hostel, Luang Prabang, Laos, 2015

¿Por dónde empiezo?

Acá no vale lo de “por el principio” porque no hay principio ni final. El mundo es muy grande y siempre habrá nuevos sitios que descubrir. Yo empezaría por algo cerca, salvo que ya hayas viajado con anterioridad a sitios cerca y estés con ganas de experimentar más allá de las fronteras.

Podemos empezar conociendo el pueblo vecino, hablar con su gente, aprender un poco de su historia, comer alguna comida típica si la tiene, y pasar unos días allí. O podemos viajar a la capital de la provincia vecina si aún no lo hemos hecho. El asunto es abandonar el sitio cómodo dentro de casa y dar el primer paso para ir a un sitio al que nunca hayamos ido.

Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015
Camino natural en el Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015

¿Cuánto tiempo me voy?

Eso depende de tus prioridades, de tus intereses, de tu estado físico y mental, de tus aficiones, de tu situación social, amorosa, afectiva, económica, etc. No hace falta renunciar al trabajo o al estudio o a la familia para irse de viaje durante cinco años (aunque sé de alguno que lo ha hecho y está muy feliz) ni tampoco hace falta viajar como lo digo yo o como lo dice el viajero que siempre leemos y nos encanta.

Al final cada uno de nosotros tenemos una forma de viajar y el tiempo que empleemos en conocer lugares nuevos depende solo de nosotros y de nuestra situación. Hay quien se podrá ir solo quince días de vacaciones y hay quien se podrá ir un año. Hay quien le gustaría tomarse un año sabático pero no se anima y prefiere viajar durante un mes y ver qué pasa. Hay quienes se van con sus parejas dos años enteros a recorrer el mundo. Todo depende.

¿En qué tipo de transporte viajo?

A mí me gusta caminar, me gusta patear las ciudades, los montes, las lagunas, los bosques, las playas, etc. Pero no camino tanto como me gustaría. Suelo viajar en avión a un punto y de ahí a caminar, tomar buses, alquilar coches, etc.

Viajar caminando te dará un placer increíble pero hay quienes prefieren la bicicleta o la moto y experimentan otro tipo de viaje que no tiene nada que envidiarle a los viajes a pie. Viajar en una mini van o en una autocaravana atravesando innumerables fronteras y países desconocidos, conociendo gente de todas las culturas habidas y por haber es uno de mis sueños pero no espero a tener una mini van para viajar, voy viajando de la forma en que va surgiendo.

Montando en bicicleta, Phoenix Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Montando en bicicleta, Phoenix Island, Mekong River, Vietnam, 2015

¿Por qué viajar por el mundo?

Viajar te muestra cuán grande es el mundo, te obliga a dejar de mirarte el ombligo, te ayuda a entender el porqué de una situación en un país determinado, a comprender más al otro, a juzgar menos y tolerar más, a observar y admirar. Viajar te abre la cabeza.

Te hace comprender cuántas formas de vida posible hay y que ni la tuya ni la de tu vecino son las correctas, sino una más. Ves que no todo es blanco o negro, que hay muchos matices y que la vida es distinta para otros pueblos, otras culturas, otras personas. Viajar por el mundo te ayudará a comprender al otro, al que vive más allá de tu casa, al que sueña otros sueños, vive otra vida, y también te hará comprenderte más a ti mismo.

Podría seguir este artículo con un “¿Cuándo viajar?”, “¿Ciudades o Naturaleza?” o temas de edad, dinero y demás, pero la realidad es que no tengo la clave ni yo ni nadie. Yo diría que viajes cuando te apetezca, cuando puedas, sin excusas, que viajes por el motivo que sea, a la edad que sea, con quien sea y como sea pero que viajes. Ese es mi consejo.

De todas formas, si tienes dudas, preguntas o eres de los que siempre están diciendo “Quiero viajar pero…” deja por escrito en los comentarios o por Facebook, Twitter, Instagram o por e-mail tus consultas, tus inquietudes y trataré de resolverlas como mejor pueda o contándote mi experiencia como viajera.

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@rominitaviajera en Parque Nacional Tierra del Fuego, Argentina, 2014

Lista de dudas y miedos que me han planteado potenciales viajeros

¿Cuánto dinero necesito para viajar?

¿De qué puedo trabajar mientras estoy viajando?

¿Tengo que reservar alojamiento con tiempo?

¿Cómo encuentro alojamiento barato?

¿Es peligroso quedarse en casa de desconocidos?

¿Es peligroso viajar solo/sola?

¿Es peligroso viajar por tu cuenta?

¿Es necesario contratar un seguro de viajes?

¿Cómo haces con las cosas de mujeres?

¿Te llevas un botiquín de primeros auxilios?

¿Y si me pasa algo grave o tengo un accidente?

¿Cómo te comunicas en los países que no hablan castellano?

¿Cómo te conectas a Internet?

Marrakech en dos días

Cuando pensaba en viajar a Marruecos siempre tenía en mente viajar desde España a Tetuán, y seguir hacia Casablanca, Fez y en último lugar Marrakech. Sin embargo, el azar quiso que Marrakech fuera el primer destino de este país y que no llegara a la ciudad por tierra sino por aire.
Desde que los vuelos low cost se hicieron famosos en España, la idea de comprarse un vuelo por 60 u 80 euros y viajar a un destino diferente para disfrutar unos pocos días se ha vuelto recurrente. Así fue como visité Budapest en dos días o París en tres días, y ahora Marrakech en dos días intercalando dos días en el desierto de Zagora.
Madrassa Ben Youseff, Marrakech, Marruecos, 2015 | Viajar caminando

Perdidos en la medina de noche
Llegar a Marrakech y no saber donde dormir no era una opción. Era un riesgo que no queríamos volver a correr al menos por un tiempo (ya conté lo que fue la odisea de encontrar alojamiento en Cuzco, Perú). Así que reservamos un precioso Riad, una residencia tradicional, en la medina de Marrakech por el precio de 40€ la noche para tres personas con desayuno incluido (agua caliente y todas las comodidades de un buen hostel).
En fin, salimos del aeropuerto y nos ofrecieron “taxi, taxi”, y cuando les dijimos donde íbamos se pusieron a hablar entre ellos con cara de disgusto. Después de un rato en el que parecían estar discutiendo uno buscó la dirección en su móvil con GPS, le mostró a otro que asintió con la cabeza sin mirarlo, y se convirtió en nuestro chofer. Nos trasladó perfectamente y nos dejó en una de las puertas de la Medina. Nos cobró150 dirhams (precio nocturno). Y nos dejó ahí haciendo señas con la mano de que siguiéramos para adelante.

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Viajar caminando

Viajar caminando es la forma más antigua de viajar. Viajar caminando es mirar de frente al sol y llenarse de energía; o mirar las estrellas y guiarse con ellas en la noche.

Viajar caminando es vivir el paisaje, es sentir el viento, el frío y el calor, es tocar la lluvia y empaparse de ella y de la vida. Es crecer. Es encontrarse con uno mismo y con los demás. Es viajar. Es caminar.

Viajar caminando es el mayor de los placeres de esta vida.

Viajar es mi mayor pasión en la vida. Caminar es la otra. Caminando se descubre el paisaje de una manera especial, se siente con todos los sentidos y es de las experiencias más lindas que existen al viajar. Se puede conocer mejor a la gente de un lugar, a los que pasean, a los que están trabajando, a los que te saludan o te ofrecen de comer, a los que viven ahí o a los que están de paso. Viajando caminando se conoce mejor un lugar. Caminando se avanza al ritmo que cada uno puede y así aprendemos a hacer pausas, a escuchar nuestro cuerpo y a dejarnos llevar por él.

Caminando se viaja mejor. Vamos caminando.

¡Bienvenidos a mi nuevo Blog Viajar caminando!
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Buscando donde dormir en Cuzco

Siguiendo con los relatos de mi propio viaje por Latinoamérica en 2014, hoy voy a contarles cómo fue la llegada a Cuzco y la búsqueda de un lugar barato donde dormir

Después de haber atravesado la frontera entre Bolivia y Perú a pie y haber rellenado un papel tras otro, continuamos la marcha hacia la ciudad de Cuzco en el bus con el que partimos desde La Paz.

Llegamos a Cuzco por la noche. Teníamos que buscar donde dormir. La estación de buses estaba tan llena de gente que nos bloqueamos por un momento. No sabíamos hacia dónde ir, cómo esquivar a la gente y los miles de bultos alrededor de ellos. Se oían muchas conversaciones a la vez y algún que otro grito. Entre esos gritos oímos a una mujer bajita anunciando su alojamiento.

Estábamos cansados y con muchas ganas de darnos una ducha caliente y a la vez queríamos tratar de reservar un tour o un pasaje de bus hacia Aguas Calientes para subir a Machupichu. Así que confiamos en aquella pequeña mujer peruana, de nombre Felicita, que nos habló de una habitación en el centro de Cuzco, muy cerca de la Plaza de Armas, y de la posibilidad de hacer la excursión a Machupichu con una agencia que ella conocía. Confiamos y no nos defraudó.

Nos tomamos un taxi hacia La Plaza de Armas y de ahí subimos al hostel de Felicitas que no era más que un par de habitaciones con baño en un primer piso de un edificio similar a las corralas de Madrid, con escaleras de hierro en forma de caracol. Contentos con haber encontrado fácilmente alojamiento hablamos con la mujer para reservar la excursión a Aguas Calientes y Machupichu. Llamó por teléfono a la agencia ya cerrada y nos apuntaron. Al día siguiente, un minibús nos pasaría a buscar a las 7 am.

El problema vino a los pocos minutos, cuando al intentar ducharnos, no salía agua. Felicitas se preocupó y probó en el otro baño a ver si había agua. Nada. Preguntó a los vecinos y al parecer habían cortado el agua en los alrededores de la plaza por obras públicas. Nos ofreció irnos a duchar a su casa o acompañarnos a buscar otro alojamiento. Y optamos por lo segundo.

La verdad es que fue muy amable al intentar buscarnos un hostel económico. Hablaba ella, intercedía por nosotros explicándoles la situación a los recepcionistas o dueños. Subimos y bajamos varias veces las escaleras de la zona del centro que estaba llena de locales y turistas paseando, entrando y saliendo de bares y discotecas. Notamos lo movida que era la ciudad y que si queríamos fiesta, la tendríamos. El tema es que no la queríamos y fue por eso que rechazamos hospedarnos en un hotel que nos ofrecía una habitación sobre un pub. Cruzamos la Plaza de Armas varias veces, fuimos y vinimos y ningún alojamiento en los que preguntábamos tenía habitaciones y los que tenían eran hoteles caros (de 50 o 60€ la noche), muy lejanos a nuestro plan mochilero. 

Escaleras de la calle Huaynapato, Cuzco, Perú, 2014 
Cuando ya casi habíamos perdido las esperanzas (Felicitas incluida), conseguimos dar con La Posada del viajero, a 3 manzanas de la Plaza de Armas. Felicitas intentó que nos hicieran precio pero no fue posible. Nos costó cerca de 40€ la noche, como si de un hotel español se tratara, pero conseguimos lo que queríamos: darnos una ducha de agua caliente y descansar bien para emprender al día siguiente nuestra tan anhelada excursión a Aguas Calientes y Machupichu. 
Plaza de Armas por la mañana, Cuzco, Perú, 2014

La peor noche de mi vida, en Bolivia

Tres días por el suroeste de Bolivia dan para mucho que contar y es que todo fue una aventura. Si pinchar dos veces la rueda de la camioneta fue parte del viaje, también lo fue pasar la peor noche de mi vida en un pueblo del que no recuerdo el nombre y en el que soñé (o aluciné) que estaba en casa de mi tía en Mar del Plata.
Llegamos a nuestro “hostel” cuando aún era de día y merendamos. Dimos un paseo para conocer el lugar: un pueblo casi sin habitantes, con unos diez o doce refugios que funcionan como alojamiento para los turistas que deciden atravesar el Salar del Uyuni. Y jugamos un rato con las llamas, antes de que cayera la noche y con ella el frío y todo lo demás.
Llamas en la Reserva Natural de Fauna Andina Eduardo Avaroa
Alojamientos en la Reserva Natural de Fauna Andina, Bolivia
Al caer la noche, nos damos cuenta que nuestro hogar de esa noche es bastante inhóspito: la salamandra encendida en el pasillo con mesas que hace de comedor y merendero, da algo de calor pero se escapa por las ventanas y huye hacia la puerta cada vez que alguien la abre. En este momento, con dos o tres grados bajo cero, empiezo a extrañar la doble ventana, la calefacción central y otras tantas cosas de la “ciudad”. Estoy abrigada con todo lo que puedo abrigarme y aún así tengo frío. Y para colmo de males, había prometido a Marion, mi compañera de viaje mujer, que saldríamos a ver las estrellas del desierto, aunque fuera tan solo cinco minutos. Lo hicimos y fue hermoso mientras duró. Pero volví adentro, después de cinco minutos contados por reloj, literalmente congelada. 
¿Hace más frío del que dicen? ¿Los dos o tres grados bajo cero del desierto son más fríos que los de la ciudad? ¿Tengo mal de altura como dice nuestro guía? Acepto el té de coca que me ofrece y me acuesto. Es temprano pero mañana a las 4 am tenemos que levantarnos. A lo mejor el té alivia un poco mi sensación de malestar, mi dolor de cabeza, pero no el frío, que ni las mil mantas ni la bolsa de dormir ni el calor de David alivian. ¿Tengo fiebre? A lo mejor sí, quién sabe. ¿Dónde estoy? ¿Tía, me das agua con limón para el estómago? Mi tía no está ahí pero por alguna razón yo estoy alucinando que estoy en casa de mi tía en Mar del Plata, descompuesta y pidiéndole ayuda. La noche se hace eterna y al levantarnos a las 4 am. yo siento que he pasado la peor noche de mi vida.

Y por si no fuera suficiente lo mal que he pasado la noche, me encuentro desayunando a las 5 am en un pasillo ancho que hace de comedor, con mucho frío y con muy pocas ganas de salir de excursión. Esa mañana visitamos los Géiseres y yo apenas pude bajar de la camioneta 4×4 para sacarme una foto en una salida de vapor que hacía un ruido muy fuerte.

Por suerte, cuando llegamos a las Aguas termales ya me sentía algo mejor y si no me sentía mejor, los 30 grados de las aguas de la poza donde me animé a meterme a pesar del frío exterior, me hicieron sentir mejor. Y poco a poco fui olvidando la mala noche que pasé por el mal de altura en Bolivia.

A 30 grados en las Aguas Termales del sur de Bolivia, 2014
Géiseres en el sur de Bolivia, 2014

Viaje por Bolivia: Laguna Colorada, desierto, Árbol de Piedra y más

La excursión de tres días por el suroeste boliviano estaba resultando toda una aventura desde que salimos de Uyuni o incluso antes. Habíamos estado en el corazón del Salar del Uyuni, habíamos pinchado rueda en medio del desierto y habíamos dormido en un Hotel de sal, pero todavía quedaban aventuras por vivir.
Era día de visita al volcán Ollagüe; a las lagunas, la Hedionda, la Verde y la Colorada; y al Árbol de piedra, que no es más que un montón de piedras apiladas naturalmente en forma de árbol pero son muy lindas. Todos los paisajes merecen la pena, pero por sobre todas las cosas, lo que más merece la pena en este lugar tan alejado del mundo conocido, es el camino: andar por el desierto es una experiencia inolvidable.
Vistas del Volcán Ollagüe, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Vistas del Volcán Ollagüe, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Por cierto, la Laguna Colorada se llama así porque los minerales que contiene le dan un tono rojizo a la superficie de sus aguas. Eso sí, en invierno sus aguas están algo congeladas y el color no es tan notable.
Laguna Colorada, Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Laguna Colorada, Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
El entorno de la Laguna Colorada es un lugar para la cría de los flamencos andinos, a los cuales pudimos contemplar de cerca y de lejos, incluso los vimos planear atravesando la laguna de par en par. Es un paisaje impresionante. Se respira mucha paz, sobre todo hasta que llegaron el resto de camionetas 4×4 con sus turistas ruidosos que invadieron la zona de los flamencos molestándolos, a pesar de las advertencias de los guías locales. Algún que otro mochilero se pasó del límite recomendado y se embarró hasta las rodillas. Nosotros nos dedicamos a contemplar el paisaje y a seguir pensando. Tal vez este viaje es un viaje de observar y reflexionar…
@rominitaviajera y David en La Laguna Colorada, Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
@rominitaviajera y David en La Laguna Colorada, Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
 Por otro lado, la Laguna Hedionda se llama así por su olor apestoso, aclaro por si alguien tenía dudas. El olor asqueroso que se mete en la nariz ni bien descendemos de la 4×4, se debe a una mezcla de minerales entre los que destaca el azufre si mal no recuerdo. El color del agua es hermoso pero el olor es insoportable. Sin embargo, al rato una se acostumbra y puede comer tranquilamente a un costado de la laguna sin problemas.
Laguna Hedionda, Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Laguna Hedionda, Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

En la zona de la Laguna Hedionda, en el medio del desierto boliviano, hay un restaurante para quien no lleve comida como nosotros y también una zona de Wifi que se puede disfrutar previo pago de unos cuántos bolivianos (20 si no me equivoco). Ir al baño cuesta 6 bolivianos, lo cual es más caro que en el resto del Salar del Uyuni (y creo que el precio más caro en toda Bolivia) pero está justificado por estar en medio de la nada. Eso sí, si se te ocurre volver a ir al baño quince minutos después, tienes que volver a pagar o apelar a la mala memoria y la hospitalidad de la señora que limpia.

Hotel y restaurante en Laguna Hedionda, Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Hotel y restaurante en Laguna Hedionda, Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

La última laguna que visitamos en nuestra aventura por el sur de Bolivia, fue la Laguna Verde que también estaba congelada pero no por eso menos preciosa.

Laguna Verde, Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Laguna Verde, Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

Antes de dirigirnos a nuestro segundo alojamiento en aquella aventura por el Salar del Uyuni, pasamos por el Árbol de piedra, que describí anteriormente. Unas rocas erosionadas en medio del desierto boliviano, que forman una especie de árbol.

Árbol de Piedra, Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Árbol de Piedra, Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

¿Y adivinen qué? Volvimos a pinchar una rueda y lo peor de todo es que ahora no contamos con la rueda de auxilio porque la utilizamos el día anterior. Así que tuvimos que esperar más de una hora a que viniera un amigo del chofer de nuestra camioneta y nos prestara su rueda para poder salir del valle rocoso. Mientras tanto, nosotros aprovechamos a hacernos fotos y a caminar a ritmo lento, pausado, tal como obliga el efecto que provoca el altiplano andino.

Desierto de rocas, Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Desierto de rocas, Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

Hacía algo de frío pero no mucho, gracias al sol que ese día estaba radiante. Mi compañera de viaje Marion y yo nos fuimos a buscar un baño en este valle desolado y curiosamente, señores, había uno. Sí, un baño para mujeres y otro para hombres, muy pequeños, en medio de la arena, en medio del desierto. Y volvimos a sentarnos cerca del Árbol de piedra, a hablar sobre su viaje por Latinoamérica, sus planes más próximos, los países que recorrería, su posible visita a nuestra ciudad y un sin fin de historias que luego cambiarían por completo la vida de nuestra nueva amiga francesa que andaba viajando por ahí.

Antes de que la noche se nos cayera encima, pudimos subirnos a la camioneta, con su nueva rueda colocada, y dirigirnos a toda prisa por el desierto hacia nuestro alojamiento de esa noche…

Nuestro Alojamiento en el Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Nuestro Alojamiento en el Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

¿Quieren saber más sobre las aventuras que vivimos recorriendo el suroeste boliviano en el invierno de 2014? No se pierdan el siguiente artículo en la serie de Mi propio viaje por Latinoamérica.

Viaje a Bolivia: la odisea de llegar a Uyuni

Cuando entramos en Bolivia, por Villazón desde La Quiaca, caminando con nuestras mochilas a cuestas, lo hicimos con ilusión y con incertidumbre a la vez: ¿qué nos esperaría en el país vecino a nuestra tierra natal? ¿Cómo sería la gente? ¿La comida? ¿El transporte? ¿Los alojamientos? No teníamos nada reservado, solo llevábamos con nosotros unos cuántos papeles con itinerarios sugeridos por algunas empresas turísticas y unas ganas terribles de conocer el Salar del Uyuni.

En un artículo anterior comentaba cómo fue la sensación de atravesar la frontera de Argentina a Bolivia y cómo esa sensación se mantuvo varios días a lo largo del viaje. Al poco de cruzar, buscamos la estación de buses pero antes teníamos que cambiar los pesos argentinos por pesos bolivianos, tarea poco fácil a esas horas tan tempranas y con una situación económica en Argentina poco favorable a comprar divisas extranjeras. Esperamos un buen rato a que abriera una agencia que nunca abrió, caminamos siguiendo la intuición de un profesor porteño que tenía su familia trabajando en La Paz y hacia allá se dirigía, y así llegamos a una agencia donde nos hicieron un pésimo cambio que nos permitió empezar a movernos por Bolivia.

El profesor nos acompañó en nuestra caminata de diez minutos hacia la estación de buses de Villazón mientras nos contaba que iba a visitar a su hijo que vivía desde hace algunos años en La Paz, después de haber vivido en Inglaterra. Curioso cambio, pensamos David y yo. Nosotros le contamos nuestra historia y nuestro deseo de llegar a Cuzco y subir al Machupichu después de ver el Salar del Uyuni en Bolivia. Entre tanto, compramos los pasajes de bus hacia Uyuni a una de las chicas que los ofrecía a gritos en la puerta de la estación. Estábamos cansados y con frío así que buscamos un remanso al sol y ahí nos volvimos a encontrar con el profesor de Universidad que nos recomendó distintas comidas a probar en La Paz como el Chairo, con chuño que es papa deshidratada.

Casi una hora más tarde, apareció nuestro bus, aquel que nos llevaría hasta Uyuni por tierras desconocidas hasta el momento. Algunos de los pasajeros eran locales pero había un grupo de extranjeros viajeros como nosotros: un vasco, una francesa, un chino y un coreano, que terminarían convirtiéndose en nuestros compañeros de viaje durante los próximos cuatro días.

El viaje en bus desde Villazón a Uyuni fue una tortura para nuestros ojos por el polvo que entraba por todos los agujeros posibles, para la cabeza por el vaivén ocasionado por los pozos y piedras de la ruta desértica y para los oídos por todos los ruidos que hacía ese bus que estoy segura que tenía los amortiguadores un poco viejos. Si se sufre de dolores de espalda tampoco es recomendable esta ruta en bus porque los golpes que recibe la cintura y las cervicales se sienten mucho. A lo mejor yendo por la ruta nacional 14 hasta Potosí se evitan esta situación pero a lo mejor en Potosí hay que cambiar de buses y puede que todo lleve más de 12 horas. Es un tema que tengo que investigar…

Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

Al día siguiente, debíamos estar en la agencia con nuestras mochilas, dispuestos a pasar horas en nuestras camionetas 4×4 para visitar el Cementerio de Trenes, recorrer el Salar del Uyuni con sus más de 10 mil Km cuadrados, dormir en un Hotel de Sal, caminar por la Isla del Pescado, ver el Volcán Ollague, visitar la Laguna Hedionda, el Valle de la Luna, el Árbol de piedra, la Laguna Colorada y sus flamencos, dormir en medio del desierto muertos de frío, recibir el calor de los Géiseres y bañarnos en las Aguas termales del Volcán Licancabur, ver la Laguna verde congelada y regresar a Uyuni. Una excursión de cuatro días que contaré en los próximos artículos de “Mi propio viaje por Latinoamérica“.

David y @rominitaviajera en Uyuni centro, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
David y @rominitaviajera en Uyuni centro, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

Finalmente, después de casi diez horas llegamos a Uyuni, el pueblo que sería nuestro punto de partida para el viaje de cuatro días que estábamos por hacer. Con nuestros nuevos amigos de distintas partes del mundo, buscamos un hostel barato, pero con agua caliente y wifi para contactar a nuestras familias. Dejamos nuestras cosas en los cuartos, y nos fuimos a recorrer el pueblo, en busca de una agencia que nos llevara al día siguiente y durante 4 días a recorrer el Salar del Uyuni en 4×4. Contratamos una agencia recomendada por japoneses (ellos siempre eligen lo mejor) y nos fuimos a cenar a una taberna local donde probamos unas sopas típicas para entrar en calor. Y así nos preparamos para lo que nos esperaba…

Mapa Satelital del Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Mapa Satelital de @Google del Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

Viaje a Bolivia: cruzando la frontera de la Quiaca a Villazón

Siempre quise recorrer Latinoamérica y cuando pensaba en hacerlo los dos países que se me venían a la mente eran Bolivia y Perú. Por qué asociaba un viaje por Latinoamérica con estos países y no con otros es un misterio. Quizás porque nací en Argentina y los tenía muy a mano. La cuestión es que pospuse una y mil veces, con distintas excusas, este viaje. Sin embargo, mi estancia en Argentina durante el año 2014 hizo posible que este viaje se hiciera realidad.

Banderas de Latinoamérica y del mundo, Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Banderas de Latinoamérica y del mundo, Salar del Uyuni, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

Algunas veces me imaginaba viajando  por Latinoamérica durante un mes o dos, otras veces durante una semana y otras durante un año, trabajando y viajando al mismo tiempo. La verdad es que no tenemos consciencia de las dimensiones de un lugar hasta que lo recorremos por tierra.  Así que la idea siempre había sido hacer el trayecto en bus o a dedo. Y eso hicimos: recorrimos el país en colectivos y 4×4. Seguir leyendo Viaje a Bolivia: cruzando la frontera de la Quiaca a Villazón

Viaje a Brasil Parte II: Rio de Janeiro e Ilha Grande

El viaje a Brasil empezó con una noche en Sao Paulo, un par de días en Salvador de Bahía y otros dos en Morro de Sao Paulo, historia que cuento en el anterior post. Esta es una continuación de ese artículo: de Salvador de Bahía volamos a Rio, la “ciudad maravillosa”.

@rominitaviajera en Playa Vermelha, Rio de Janeiro, Brasil, 2014
@rominitaviajera en Playa Vermelha, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

En Rio de Janeiro fuimos ocho: el grupo de Salvador y Morro más mi primo del alma que llegó el mismo día que nosotros a la ciudad, directo desde Buenos Aires. Siguiendo las recomendaciones de nuestra amiga brasilera, habíamos reservado un apartamento en el barrio de Ipanema. Estábamos a dos cuadras de la playa, tanto de Ipanema como de Copacabana. No teníamos vistas maravillosas porque no estábamos en la parte alta de la ciudad pero la verdad es que no nos hicieron falta porque no pasamos mucho tiempo en nuestro alojamiento. Nos dedicamos a recorrer la zona, a visitar el Pan de Azúcar, el Cristo, los barrios del centro y las playas emblemáticas de la ciudad.

Playa de Ipanema, Rio de Janeiro
Playa de Ipanema, Rio de Janeiro | rominitaviajera.com

Tras acomodarnos en el apartamento de Marcelo, un brasilero muy simpático que nos recomendó lugares donde comer y tomar algo, nos fuimos a inspeccionar el barrio y a descubrir por qué las playas de Ipanema son tan famosas. Paseamos un rato por la orilla mojando los pies en el mar carioca, admirando el paisaje a un lado y al otro. Y así fue como llegamos a la “Pedra do Arpoador”, que si bien no permite el acceso a las playas de Copacabana, está justo entre éstas y el fin de las playas de Ipanema, y es uno de los lugares más pintorescos de Rio. Fue en la piedra de la playa del Aropador donde disfrutamos del mejor atardecer del viaje a Brasil.

Atardecer en la Piedra del Arpoador, Rio de Janeiro, Brasil, 2014
Atardecer en la Piedra del Arpoador, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Después nos fuimos a cenar al barrio de Lapa, el barrio “bohemio” de Rio, el de los bares de tapeo, el de los restaurantes de pizzas, terrazas de mojitos y de música carioca, el barrio de los jóvenes. Algunos dicen que es el “Montmartre carioca”, comparándolo con el barrio bohemio de París. Aquí se puede apreciar también el Arco de Lapa. Nosotros tomamos unos tragos en un bar frente a este acueducto y después por la calle principal de los bares. Tras observar la variedad en la oferta gastronómica, optamos por pizza casera.

Al día siguiente temprano en la mañana, subimos en dos taxis al cerro del Corcovado atravesando el verde Parque Nacional de Tijuca. Habíamos pensado ir en tren pero creo que esos días había un inconveniente porque a último momento cambiamos de opción y subimos en coche. Una vez arriba del cerro, nos encontramos con el Cristo Redentor, el famoso Cristo de Corcovado de Rio de Janeiro, una estatua de Jesús, de casi 40 metros de alto, declarada una de las siete maravillas del mundo moderno.
Vistas de Rio de Janeiro desde el Cristo de Corcovado, Brasil, 2014
Vistas de Rio de Janeiro desde el Cristo de Corcovado, Brasil, 2014

La verdad es que la estatua en sí no me impresionó mucho pero las vistas desde el Cristo son geniales. El sol encandila un poco pero se puede apreciar la inmensidad de la ciudad de Río y la belleza de sus paisajes.

Cristo de Corcovado, Rio de Janeiro, Brasil, 2014
Cristo de Corcovado, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Por la tarde fuimos al Barrio de Santa Teresa, en busca de la “Escadaria de Santa Teresa” o escalera de Selaron, adornada con cerámicos de colores por el artista chileno Jorge Selarón. Es una obra de arte en la calle y merece la pena visitarla y pasar un rato escuchando la música de guitarreos y tambores que se arma de manera espontánea. Sin embargo, es difícil de encontrar si el taxista no conoce el lugar o si no se tienen mapas con detalles de las calles. Está un poco escondida y si bien la cima de la escalera está en el barrio de Santa Teresa, junto al Convento del mismo nombre, la realidad es que la base de la escalera está en el Barrio de Lapa donde habíamos estado la noche anterior.

Escalera de Selarón, Rio de Janeiro, Brasil 2014
Escalera de Selarón, Rio de Janeiro, Brasil 2014

Teníamos planes de ir a ver un partido en el Maracaná esa noche así que nos fuimos caminando hasta el Arco de Lapa y nos tomamos un bus hacia la zona del estadio de fútbol más grande de Brasil. Al principio no me hacía ilusión ir a ver un partido de fútbol pero cuando la hinchada del Botafogo llenó la tribuna y los jugadores entraron a la cancha me di cuenta de lo que estaba viviendo. En menos de tres meses empezaría el Mundial de Fútbol 2014 y el Maracaná sería uno de los estadios más importantes del evento. Pero no fue eso lo que más me atrajo sino la pasión con la que la hinchada cantaba mientras disfrutaba del fútbol carioca. Fue una noche inolvidable, incluso para mí que no soy futbolera. De alguna manera sentí que estaba viviendo de cerca la cultura brasilera.

Estadio Maracaná, Rio de Janeiro, Brasil, 2014
Estadio Maracaná, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Al tercer día en Rio, subimos en teleférico al Pan de Azúcar, un morro de piedra situado a casi 400 metros sobre el mar. El teleférico de cristal artesonado, llamado “bondinho del Pan de Azúcar” tiene capacidad para 75 pasajeros y sale cada cinco minutos para hacer la ruta entre los morros de Babilonia y Urca, que tiene unos 1400 metros de largo.

Pan de Azúcar, Rio de Janeiro, Brasil, 2014
Pan de Azúcar, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Las vistas desde el Pan de Azúcar son hermosas y la recompensa al viaje es aún más bonita. Desde un cerro intermedio entre la Bahía y el morro más alto se puede apreciar el Pan de azúcar antes de hacer el siguiente tramo. El entorno húmedo y la vegetación selvática te hacen sentir que estás en otro lugar muy diferente a la ciudad que dejas abajo en la ciudad de Rio. Pero esto también es Rio.

Vistas desde el Pan de Azúcar, Rio de Janeiro, Brasil, 2014
Vistas desde el Pan de Azúcar, Rio de Janeiro, Brasil, 2014

Al bajar nos quedamos en la playa roja de la bahía a pasar la tarde y disfrutamos a las mejores vistas del Pan de Azúcar que por momentos desaparecía entre nubes. Aunque el agua estaba algo fría aprovechamos para darnos un baño y jugar con las olas como si fuéramos unos adolescentes. Pasamos una linda tarde.

Playa Vermelha, Rio de Janeiro, Brasil, 2014
Playa Vermelha, Rio de Janeiro, Brasil, 2014
Al cuarto día en Rio fuimos de excursión a Ilha Grande, embarcando en Angra dos Reis en un barco tipo pirata, con muchos turistas con ganas de fiesta. Pasamos por islas preciosas, algunas pequeñas sin habitar, otras medianas con un par de alojamientos o una casa familiar y otras algo más grandes. Todas islas paradisíacas, con playas de arenas blancas y aguas cristalinas. Recorrimos una de esas pequeñas islas, nos bañamos en sus aguas cristalinas y disfrutamos del sol hasta que nos llamaron para subir al barco. Era una isla en la que me hubiera quedado a vivir un tiempo con un cuaderno y una lapicera para escribir y quizás algún libro para leer.
Islas de camino a Ilha Grande, Brasil, 2014
Islas de camino a Ilha Grande, Brasil, 2014
La siguiente parada de nuestro particular barco fue la Laguna azul donde pudimos bucear, y ver hermosos corales y peces de colores. Por un momento deseé que todas las personas desaparecieran y disfrutar de ese paraíso en silencio contemplando la naturaleza en su máximo esplendor. Pero era un tour y ya estábamos en el baile así que bailamos. Volvimos al barco y zarpamos rumbo a nuestra última parada en Ilha Grande: Praia do Japariz.
La playa de Japariz es otro paraíso en la tierra. Desembarcamos para almorzar. Comimos frijoles, ensalada y pescado, con los pies en la arena, muy relajados. Y después nos fuimos a explorar los alrededores de esa playa paradisíaca. Nos encontramos con barcos encallados en la arena, árboles caídos, mosquitos, telarañas gigantes, una casa con aspecto de abandonada, habitantes locales, más mosquitos, y mucha humedad.
Praia do Japariz, Ilha Grande, Brasil, 2014
Praia do Japariz, Ilha Grande, Brasil, 2014
Al regreso hacia Angra dos Reis pasamos por unas islas cercadas, alambradas, y una de ellas tenía un cartel que anunciaba que estaba en venta. Curiosa propiedad a la venta: una pequeña isla paradisíaca. Me pregunto quién será su futuro dueño.
Nuestro último día de vacaciones lo pasamos descansando en la playa de Ipanema, disfrutando de las comodidades del Balneario de Jota, bebiendo mojitos y tés fríos con golosinas típicas de la venta ambulante. Y así dimos por concluido nuestro viaje a Brasil.
Playa de Ipanema, Rio de Janeiro, Brasil, 2014
Playa de Ipanema, Rio de Janeiro, Brasil, 2014