Archivo de la etiqueta: soñar

Quiero ser escritora y viajera

Estaba hoy leyendo “Mis cuatro años de viajera…” en el blog “Viajando por ahí” cuando caí en la cuenta de algo: al igual que su autora, llevo años dando la vuelta al mundo. Y si bien a veces me ansío y creo que viajo menos de lo que me gustaría, la realidad es que viajo tanto como me propongo. En definitiva, poco a poco y a mi manera, con espacios de estabilidad y trabajo estresante, estoy viajando alrededor del mundo. Y así me lo hizo notar una amiga argentina hace un tiempo: “amiga, vos estás dando tu propia vuelta al mundo”.

Me emocionó mucho leer este post de Aniko porque me identifico totalmente con ella. Siempre soñe con ser: “viajera y escritora” o escritora viajera. Al principio me daba un poco igual por dónde iba a empezar. Tuve épocas en las que me expresé con poesía, otras con cuentos o relatos cortos, y hasta empecé alguna novela. Pero siempre quería contar historias, cosas que le ocurría a la gente, acá o allá, en una ciudad cercana o lejana, en un país conocido como era para mí Argentina, o en un país desconocido como era Afganistán. Sí, me inventé una vez una historia sobre una mujer cuyo marido iba a la guerra y sufría su ausencia. Y mientras escribía sobre lugares lejanos soñaba con conocerlos, aprender sus costumbres, sus idiomas, sus tradiciones y hacer amigos por el camino.

Todavía recuerdo cuando con nueve o diez años le dije a mi mamá que quería estudiar quechua y entonces me preguntó extrañada que para qué. Y le respondí “quiero un día ir a conocer a los pueblos quechua y poder escuchar sus historias y conocerlos de verdad, convivir con ellos, por eso necesito aprender quechua”. Y mi abuela me regaló un libro viejo sobre Cuzco y me puse a leer las últimas páginas donde había palabras traducidas al quechua. Creo que pensaron que eran locuras de niña pequeña. No lo recuerdo pero yo era feliz soñando con conocer la cultura quechua algún día. Asignatura pendiente que ojalá satisfaga en parte este año. Después a los diez años le dije a mis padres que quería estudiar inglés porque era el idioma del futuro y la única forma de viajar por el mundo. Menos mal que me hicieron caso y me enviaron a clases particulares. Sin saber inglés creo que me hubiera inhibido mucho al cruzar más de una frontera.

Me fui por las ramas. Lo hago siempre. De hecho, cuando empiezo un artículo no tengo muy claro adonde quiero llegar. Y cuando lo tengo claro, llego a algo totalmente distinto. En fin, el tema es que me siento muy identificada con esta viajera escritora del blog “Viajando por ahí”. Al igual que ella pensé en estudiar Filosofía y Letras pero luego desistí y estudié Periodismo. Y no lo hice en mi ciudad de origen, en Mar del Plata, ni en Palma, la ciudad donde mis papás se mudaron cuando yo terminé la escuela secundaria, sino en Madrid, ciudad cosmopolita y viajera donde las haya. Madrid también fue la primera ciudad de España que conocí después de Palma. Luego vino Barcelona y las mil y un ciudades de este hermoso país que pude conocer en los diez años que viví en él hasta diciembre del año pasado.

Durante la carrera y al terminarla también, escribí artículos de viajes en algunas revistas digitales y en blogs de viajes como aquel sobre mi estancia en el pequeño país de Malta en el año 2010 que los directores titularon Malta por goleada. Para mí que no me gusta el fútbol fue poco acertado pero ahí estaba mi primer artículo de viajes publicado. Fue un viaje de tres semanas pero tuve que reducir el artículo a una semana porque así me lo pidieron desde la redacción. Por aquel entonces ni había oído hablar de SEO ni de posicionamiento en buscadores, pero no tardaría ni un año en aparecer esa palabreja en mi vocabulario, palabra que menciona Aniko en su artículo y que solía marcar mi día a día en mi trabajo en 2011 y 2012. Y que sigue y seguirá jugando un papel importante en mi día a día, pero eso es otro tema que creo hoy no voy a contar.

La cuestión es que mi amiga tiene razón cuando dice que estoy dando mi propia vuelta al mundo. Si hoy me preguntaran desde cuándo estoy viajando por el mundo no sabría por donde empezar. Podría incluir en mis peripecias los viajes a Villa Gesell, Miramar, Tandil, Ostende, San Miguel del Monte y otras ciudades de la provincia de Buenos Aires a las que fui de chica por una causa o por otra. Seguro me marcaron pero no sé si fueron el inicio de mi vuelta al mundo. Quizás fue el primer viaje en avión: a los diecisiete años cuando volamos de Argentina a España y al atravesar el océano sentí que el mundo entero estaba ahí esperándome, que podía recorrerlo sin límites. O tal vez fue mi primer viaje fuera de España en 2008 cuando fui a Roma con un grupo de amigas. A lo mejor la oportunidad de recorrer Estrasburgo, Bruselas, Lovaina y Brujas grabando con mi cámara la visita de un grupo de chicas a las instituciones europeas más importantes y turisteando a su manera, fue lo que marcó el inicio de mi vuelta al mundo. No sabría decirlo. Podría también ser el viaje que hice en 2010 recorriendo en coche y de camping en camping Francia, Bélgica, Holanda, Suiza y Luxemburgo. O quizás esos diez días en Nueva Delhi, en India, que me acercaron a una cultura totalmente diferente y me contagiaron de una felicidad inmensa que a día de hoy casi no ha sido superada por ningún otro viaje. También pudo ser el viaje de voluntariado a Kenia en 2012 o el viaje a Salta y Jujuy en mi regreso a Argentina en 2013.

Sinceramente creo que es difícil establecer un comienzo pero definitivamente estoy dando la vuelta al mundo. A veces me gustaría ir más lento, disfrutar más de un paisaje o de una charla con un desconocido, aprender el idioma local más a fondo, quedarme más de quince días en la misma ciudad y vivirla más a fondo, pero creo que poco a poco voy aprendiendo de cada viaje y afinando más mi propio estilo viajero. Y como dice la autora del blog “Viajando por ahí”, ese sueño de viajar por el mundo y ser escritora se va haciendo cada vez más fuerte. Y no es solo un sueño soñado sino un sueño cumplido. La clave está en apostar por una misma. Creer en una mismo y seguir trabajando para cumplir los sueños. En este caso, el sueño de viajar.

Viajar me hace feliz por todo lo que “viajar” significa para mí.

Villa Gesell (Argentina) Verano 2014 – By Romy

Mis días en Kenia (parte V)

Estos días se cumple un año desde que estuve en Malindi, mi primera experiencia en suelo africano. A lo largo de este tiempo fui contando mis días en Kenia con detalle y ahora me gustaría darle un fin. Intentaré resumir en este post algunas vivencias que llamaron mi atención durante los quince días en este país.

Fui a Kenia de voluntariado por estancia corta, es decir, un viaje casi de turismo pero con un toque diferente. Mi intención era aportar mi granito de arena a un proyecto social a la vez que disfrutar de un entorno diferente y conocer una cultura distinta haciendo amigos nuevos. Y lo cumplí. 
Volviendo de la playa de Malindi al orfanato – Kenia 2012

Como comenté en anteriores posts, mi labor era en un orfanato así que algunas mañanas ayudaba a las voluntarias y trabajadoras del orfanato a lavar la ropa de los niños. Tan acostumbrada a la máquina lavadora durante años que había perdido costumbre de fregar, enjabonar y estrujar para luego colgar la ropa chorreando agua en unos alambrados. Alambrados que por otro hacían de tendedero a la vez que cerraban el patio del orfanato. La verdad es que a pesar de que alguna de las chicas pudo tomarse un descanso gracias a mi aporte, no sé si ayudé mucho porque mi torpeza hacía que cada dos por tres se me cayera una prenda al suelo de tierra rojiza y tuviera que volver a enjabonarla y cepillarla. Eso sí, se rieron mucho conmigo.

Después de ayudar a lavar la ropa, solía dar un paseo con la niña keniata de la familia que ya terminó el colegio a sus 18 años. Caminábamos por el barrio para comprar algunos alimentos básicos, o íbamos hasta el ciber para que pudiera comunicarme con la familia en España, o nos íbamos a dar una vuelta por la playa. Y más cerca del mediodía volvía al orfanato para ir con Mama Camille a llevar la comida a los niños al cole. La verdad es que todo me llamaba la atención de ese corto viaje. El tuc-tuc dando tumbos de un lado a otro a través de callecitas de tierra, esquivando bebés y niños pequeños jueguetando entre casitas de barro con techos de caña o palos de madera, y todos saludándonos en coro al pasar “ciao”, “ciao”, con unas sonrisas inmensas, era una cosa que me hacía sentir el ambiente africano que había imaginado. 
La llegada al colegio siempre era bienvenida por los gritos de alegría de los más grandes que recibían su comida y de los más peques que por fin se iban a casa a comer, jugar y descansar. 

Alrededores del colegio Malindi’s bay en Malindi, by Romy.

Algunos días también ayudaba a servir la comida a los pequeños, les acompañaba a lavarse las manos y les decía “Osha mikono yako” (“Lava tus manos”) tal como me habían enseñado las chicas que los cuidan. Fue divertido aprender suajili y a día de hoy todavía me acuerdo algunas frases curiosas que les gustaba mucho oír de boca de una “muzungu” como yo.

Algunas tardes fuimos con Judith y otros amigos. Conocimos Mariposa Bay, la playa de Vasco de Gama, Marine Park, Blue Bay y otras. Todas paradisíacas. Una más hermosa que la otra. Y afortunadamente no están llenas de gente como en Europa. Uno puede caminar tranquilamente por las arenas blancas, bucear en aguas cristalinas, esconderse entre las rocas o descansar bajo la sombra de los árboles o palmeras prácticamente en soledad. Es realmente relajante.
Vasco de Gama playa – Malindi Bay – Kenia – By Romy

Marine Park playa – Malindi – Kenia – By Romy

Blue bay – Playas de Malindi – Kenia – By Romy

Mariposa Bay – Playas de Malindi – Kenia – By Romy

Otro lugar hermoso que conocimos fue Kilifi. Está cerca de Malindi. A una hora en “van” desde el centro. Es un pueblo hermoso con playas alucinantes de arenas blanquísimas y aguas cristalinas y turquesas donde se puede bucear y apreciar fondos de coral hermosísimos. Pasamos un día ahí con Judith y Babu, nuestro guía en el barco, que luego nos acompañó a comer y nos invitó a su casa a conocer a su familia.

Playas de Kilifi – Costa de Kenia – by Romy

Barca y Marinero – Playas de Kilifi – Kenia

Aguas cristalinas de Kilifi – Kenia – by Romy

El fin de semana

El sábado pasamos la mañana en la playa con los niños, jugando a la pelota, nadando, saltando en el mar, chapoteando y disfrutando del sol. Llevamos golosinas y las compartimos al final de la jornada. Hacía buen tiempo y fue placentero jugar en el agua con los niños que no dejaban de corear mi nombre y de mostrarme las piruetas que hacían. Me llenaba de felicidad.
Dos de los niños jugando en la playa Mariposa Bay en Malindi
A la noche salimos con Judith y otro amigo a bailar a un pub local donde a pesar de haber pocos extranjeros fue el lugar de Malindi donde más vi. Bebimos cerveza, charlamos, bailamos un rato y luego regresamos a casa en tuc-tuc. Lo pasé bien y me gustó conocer la noche de Malindi. 
El domingo fuimos temprano a misa. La capilla no es como las que podemos estar acostumbrados a ver. Son cuatro paredes a las cuyo acceso es una entrada pero sin puerta. Tampoco hay un techo unido a las paredes sino simplemente una especie de triángulo hecho con maderas y paja que hace de cobijo por su llueve, pero al estar separado de las paredes permite mucha entrada de luz. Dentro de la capilla hay algunas sillas y bancos para los asistentes y unos banderines de decoración.
La misa es muy atípica. Mezcla partes de una misa cristiana con una celebración más cercana al animismo africano. Cantan, bailan, gritan, lloran y oran en voz muy alta. Leen la palabra de la Biblia varias veces y cierran con una enseñanza y una oración por todos los asistentes. Como era en suajili no entendí casi nada pero los niños me explicaban cada parte.
Celebración religiosa en Malindi – Kenia – by Romy
Al regreso fuimos con Judith a visitar a tres niños del orfanato Lea Mwana que viven hace unos años en el Kings’college de Malindi becados por sus padrinos europeos. Son niños muy inteligentes y simpáticos. Compartimos la comida y una linda tarde bajo los árboles. Una de las niñas me mostró todo el colegio, me presentó al Director y a sus amigas íntimas. Curiosamente el Director del colegio quería que lo contactara para trabajar en marketing para su colegio. Agradecí el gesto y me fui a ver las instalaciones con los niños.

El resto de la semana volví a ir a las playas, a jugar al orfanato con los niños, les enseñé algunas cosas en español, les ayudé con las tareas escolares, compartí ratos de cantos y bailes en el patio, cocinamos juntos, preparamos té y nos divertimos muchísimo aprendiendo los unos de los otros. 
Me costó mucho despedirme de Lea Mwana y de Malindi en general. Pero otra aventura me esperaba: un safari de tres días en Masai Mara Park, a unas cuantas horas de Nairobi, la capital de Kenia. Pero mejor dejo esta historia para un último post sobre mis días en Kenia.
¡Disfruten las fotos! 

Preparando el té – Malindi – Kenia
Comedor del orfanato Lea Mwana
Repartiendo golosinas a los niños en Playa de Malindi – Kenia
Orfanato Lea Mwana – Malindi – Kenia – by Romi – Octubre 2012