Archivo de la etiqueta: pasear

Corrientes en 24 horas

Si me hubieran preguntado antes si se podía conocer Corrientes en 24 horas supongo que habría dicho que no pero después de haber disfrutado de un día maravilloso con una familia correntina encantadora podría afirmar lo contrario. No sé si conocimos literalmente Corrientes pero se puede decir que disfrutamos de gran parte de sus encantos: el Carnaval veraniego, un asado familiar auténticamente correntino, un paseo por pueblos cercanos, visita a un antiguo ferrocarril, y paseo por la Costanera. ¿Qué más se puede pedir?

Sin darme cuenta hacía ya un par de meses que mi propio viaje por Latinoamérica había empezado. Quizás no era consciente de ello. Hacía un mes y pico que no salíamos de la ciudad y yo tenía muchas ganas de viajar. A veces creo que es enfermizo, porque no puedo controlar las ganas de viajar y me entra mucha ansiedad. La cuestión es que a mi compañero de aventuras en esta vida se le ocurrió que podíamos viajar a Posadas a visitar a un amigo suyo que hacía tiempo tenía ganas de ver. Así matábamos dos pájaros de un tiro. Y entonces pensamos en pasar por Gualeguaychú de camino para conocer uno de los Carnavales más famosos del país, pero la ocupación hotelera estaba casi al 100% y las entradas estaban agotadas para todas las fechas porque era el último fin de semana del Carnaval en Argentina. Así que pensamos en Corrientes.
En realidad hacía tiempo que queríamos ir a Corrientes, a conocer a la familia de mi cuñado que siempre nos está diciendo que vayamos. Así que nos decidimos en menos de una semana y preparamos las valijas, el auto y el mate para el camino. Al mejor estilo argentino, como solían viajar mis bisabuelos, agarramos la ruta de Mar del Plata a Buenos Aires con la ilusión de unos adolescentes. Pasamos la noche en Buenos Aires, en casa de mis tíos que siempre me miman cuando ando de pasada por la Capital. Y el sábado a la mañana bien temprano emprendimos viaje hacia Corrientes. Lo que no sabíamos es que tardaríamos más de diez horas en llegar por la caravana de coches en la ruta. La próxima vez que se me ocurra viajar en auto para el feriado puente de Carnavales que alguien me detenga por favor.

Camino a Corrientes, Marzo 2014
Llegamos a Corrientes tardísimo, sobre las once de la noche, con hambre y ganas de ir a los Carnavales que mi cuñado había hecho famosísimos. Gracias a la predisposición y a los buenos contactos de su hermano, pudimos conseguir una plaza en las plateas del Corsódromo que estaba llenísimo de gente. Y la verdad es que fue increíble. Nunca había vivido un Carnaval tan alegre, donde todo el público canta, baila y aplaude. Se respiraba alegría pura; los trajes llenaban la pasarela de color; y sus bailarines, de una energía especial. Disfrutamos tanto como si fueramos parte de la familia correntina desde siempre. Fue un momento inolvidable. Descubrimos porqué Corrientes es “La Capital Nacional del Carnaval”.
Al día siguiente, desayunamos al aire libre en el parque de la casa donde nos alojamos, y más tarde llegaron familiares de mi cuñado y comimos un rico asado argentino. Pasamos un momento muy agradable en familia para irnos después a visitar una localidad cercana. 
El pueblo que visitamos se llama Santa Ana y conserva dos locomotoras y varios vagones junto a un anden, resguardados bajo un techo de chapa. Por lo que pude saber después gracias a la página Alepolvorines, esos trenes no pertenecían al famoso Tren Económico de Corrientes sino que fueron traídos desde otra población.
Al regreso a Corrientes Capital dimos un paseo por la Costanera nueva y la vieja. Si bien Corrientes no tiene acceso al mar, ésta playa no tenía nada que envidiarle a otras de la costa atlántica.

La Costanera, Corrientes Capital, Marzo 2014

Ésta historia y otras tantas son parte de Mi propio viaje por Latinoamérica.

Escapada a Miramar

Cuando una regresa a su ciudad natal después de tantos años de vivir en el extranjero, todo le da nostalgia y dan muchas ganas de recorrer lugares que en el recuerdo son mágicos. Entre esos lugares en mi mente estaba Miramar, una ciudad de la costa atlántica argentina que tiene su encanto no solo para mí sino para muchos turistas que la eligen cada año para pasar sus vacaciones.

Como es una ciudad que tenemos cerca, a menos de una hora de Mar del Plata en micro o en auto, podemos ir y venir en el día. La ruta de la costa es hermosa porque vas pasando por las famosas playas del sur de Mar del Plata, por los Acantilados, los barrios más tranquilos, el Complejo Chapadmalal y sus hoteles, campo y otra vez playa. Ahora ya se trata de las playas de Miramar con sus balnearios y sus campings. Y ya se va observando otro ambiente, más relajado quizá.

Arco Gral. San Martín, Miramar, enero 2014

A pesar de que las playas de Miramar son tranquilas, las de la entrada estaban llenas de gente, así que tras atravesar el Arco San Martín y entrar a la ciudad oficialmente, buscamos una playa tranquila, una sin balneario. ¡Y la encontramos! Tras bajar unas escaleras llegamos a una playa de arena gruesa con caracoles rotos y piedras chiquitas. ¡Un entretenimiento para mi sobrina!

Y así fue como terminamos con los bolsillos llenos de piedritas en forma de corazón o caracoles pegados el uno al otro. Todo muy romántico y muy tierno, sobre todo visto desde los ojos de una niña dulce como es mi sobrina. El agua estaba muy fría y había muchas rocas pero para chapotear en la orilla y jugar entre las rocas estaba genial. ¡Qué lindo es sentirse una niña otra vez! ¡Qué felicidad!
Pero Miramar no es solo playas, así que después de tomarnos unos mates nos fuimos a caminar por el centro, a pasear por la peatonal comercial, tomarnos un helado en una esquina, y visitar la plaza principal para seguir jugando. Hacía años que no me hamacaba o no montaba en el sube y baja en Miramar y fue muy lindo rememorarlo y poder compartirlo con mi sobrina. 
La verdad es que la ciudad tiene muchos encantos, como el Bosque energético que conocí de pequeña, en el que descubrí cómo dejar un palito de pie, donde sentí por primera vez la energía especial de Miramar al tocar con los dedos del pie los palitos del suelo mientras cerraba los ojos, y donde sentí algo especial que vuelve a mí cada vez que lo rememoro. Es una sensación que pocas veces volví a sentir en un lugar así. Lamentablemente, en esta escapada no llegamos a ir así que me lo debo para la próxima visita a la ciudad.
Lo que sí descubrimos es una nueva pieza de arte que no estaba ahí la última vez que había visitado la ciudad: el Árbol tallado Madre Naturaleza. Se trata de una hermosa escultura tallada en madera sobre la base de un árbol ancestral de la Plaza Islas Malvinas.
Árbol tallado Madre Naturaleza, Miramar, enero 2014

Detalles como el Árbol tallado hacen de Miramar una ciudad hermosa, que respeta la cultura y la naturaleza al mismo tiempo, una ciudad en armonía. Tal vez esa armonía es lo que me encanta de Miramar.

Ojalá en este pequeño artículo les haya podido transmitir parte de lo que me transmite esta bella ciudad. En las próximas publicaciones seguiré contando las pequeñas y grandes escapadas que fueron formando parte de Mi Propio Viaje por Latinoamérica. ¡Que las disfruten!

Cuatro días en Villa Gesell y más

A las pocas semanas de llegar a Mar del Plata, en pleno verano argentino, nos asomamos a la costa atlántica: Villa Gesell, San Bernardo, Pinamar, Cariló, Mar azul. Fueron cuatro días estupendos, de tranquilidad, de campamento, playa, arena y mar. Y así comenzó mi propio viaje por Latinoamérica.

Viaje a Villa Gesell, Argentina, enero 2014

Cuando llegué a Argentina para celebrar el año nuevo no tenía un plan de viaje definido. A decir verdad, tenía una idea de lo que quería hacer, viajar y conocer mi país y los de alrededor sin dejar de trabajar pero tenía distintas ideas en mente y como era de esperar todo se fue dando de otra manera. Esto me suele pasar a menudo: yo planifico mientras la vida me va mostrando otros caminos.

El viaje por la costa atlántica no estaba en mis planes, o tal vez sí, ya no lo recuerdo. El tema es que necesitaba unos días de relax, desenchufar, dejar el celular en casa y dedicarme a sentir el viento, los pajaritos cantar y las olas del mar. Eso fue lo que tuvimos (mi novio y yo): unos días de paz y de aire puro acampando en Villa Gesell. Visitamos las ciudades y playas cercanas pero regresando siempre a cenar a Gesell donde dormíamos.

No nos tocaron días de mucho calor sino más bien lo contrario. Así que el primer día pudimos ir caminando desde el camping Afrika donde teníamos armada nuestra carpa hasta la playa de Gesell. Habíamos elegido un camping tranquilo, sin recitales por la noche, sin pileta ni juegos, simplemente un espacio donde estar en silencio, leyendo un libro, escuchando el sonido de la naturaleza, observando el fuego al calentar la pava para los mates o un té por la mañana. Y lo conseguimos.

Fueron días de mucho viento, algo normal por estos pagos, y en las playas de Gesell no había un alma. Los cuatro gatos que fuimos ese día de semana a la playa teníamos las inmensas arenas de Villa Gesell para nosotros solos pero todos estábamos igual: buscando un médano donde refugiarnos del viento que soplaba y hacía picar la arena muy fuerte. Aprovechamos para descansar, tomar unos mates y jugar a las cartas. ¿Por qué solo juego a las cartas cuando voy a la playa? ¿Les pasa lo mismo? De chica, jugaba por las tardes en casa de mi abuela pero con el tiempo se quedó relegado a un juego de playa.

Cuatro días en Gesell se convertían en un viaje muy corto y tranquilo si no nos acercábamos a San Bernardo, ciudad que hace rato quería conocer y de la que tanto hablaban últimamente mis amigas de Mar del Plata y algún taxista de Capital. Así que al segundo día de estar en Gesell nos fuimos para allá a pasar el día, a conocer sus playas y jugar un rato a la paleta en la arena dura de la orilla. El mar tenía unas olas hermosas y el sol nos estaba abrasando así que no dudamos en meternos al agua que estaba bien fría, como es normal en el Atlántico. Nos divertimos tanto saltando las olas como dos adolescentes. Ya no recordaba lo que era saltar las olas de semejante manera. ¡Qué hermoso cuando uno se siente así de feliz con algo tan insignificante! Es genial.

Por la noche, fuimos a caminar por el Paseo de las Artesanías de Gesell. Esos paseos son parecidos en todas las ciudades de la Costa Atlántica pero me encanta ver los trabajos artesanales, los colores de los tejidos a croché y descubrir alguna idea nueva para tejer o para armar. Además, caminando es como se descubren las ciudades, su gente y fue caminando por Gesell también como descubrimos varios artistas callejeros que nos hicieron pasar un lindo rato, riendo o sorprendiéndonos con malabares y magia. Me recordó a la primera y única vez que estuve en Villa Gesell cuando tenía nueve años y fuimos con la familia a festejar que “llegaban los reyes magos”. Desde entonces, muchas cosas cambiaron en Gesell y en mi vida pero había algo en aquel paseo que me hacía pensar que la esencia de esta hermosa ciudad costera estaba en pie.

Otro de los días fuimos a recorrer Cariló, a dar una vuelta, respirar aire puro, admirar chaléts impresionantes y cabañas de madera entrañables, charlar un rato, comer dulces, tocar los árboles. Nunca había estado en Cariló y me sorprendió que fuera tan grande y su centro (unas cuantas casonas de madera convertidos en locales comerciales de precios elevados) fuera tan concurrido. Por los coches estacionados alrededor del nuestro, por las casonas y por los precios de todo pudimos notar que es la localidad con más lujo de la zona. Los precios fuero los que nos hicieron desistir de la idea de merendar en Cariló y volver a Gesell, a nuestro ya adorado camping.

Cuatro días en Villa Gesell se pasan rápido pero aún nos quedaba algún lugar por conocer. Otro destino fue Mar de las Pampas, donde el paisaje boscoso se parecía a lo que vimos en Cariló así que decidimos ir directo a la playa pero nos confundimos y terminamos en Mar Azul. Ahí nos encontramos con lindas playas abiertas al pie de unos chalets de lujo. Pero también había pequeños médanos de arena fina que daban la sensación de playa salvaje a pesar de tener cerca la urbanización. Muy distinta sensación de la que se siente en las playas de San Bernardo o Pinamar, playas mucho más turísticas, mucho más comerciales.

Nuestro último destino de este rincón de la Costa Atlántica fue Pinamar. La verdad es que no es un lugar que me haya trasmitido mucho: demasiada gente en la playa, demasiada gente en todos lados. Paseamos un poco, nos tomamos un helado y nos fuimos. La paz que buscábamos no estaba ahí y sí en Gesell así que volvimos al camping, al descanso de un atardecer con sabor a sal mezclado con el aroma de la corteza quemándose en un fuego improvisado que anticipaba la cena de la última noche.

Con nuestro regreso a Mar del Plata dimos por finalizados nuestros cuatro días de escape, de paz y de descanso. Nos esperaban más viajes y más aventuras en este 2014.

Calles de arena en las localidades de la Costa Atlántica, enero 2014

Mis días en Kenia (parte V)

Estos días se cumple un año desde que estuve en Malindi, mi primera experiencia en suelo africano. A lo largo de este tiempo fui contando mis días en Kenia con detalle y ahora me gustaría darle un fin. Intentaré resumir en este post algunas vivencias que llamaron mi atención durante los quince días en este país.

Fui a Kenia de voluntariado por estancia corta, es decir, un viaje casi de turismo pero con un toque diferente. Mi intención era aportar mi granito de arena a un proyecto social a la vez que disfrutar de un entorno diferente y conocer una cultura distinta haciendo amigos nuevos. Y lo cumplí. 
Volviendo de la playa de Malindi al orfanato – Kenia 2012

Como comenté en anteriores posts, mi labor era en un orfanato así que algunas mañanas ayudaba a las voluntarias y trabajadoras del orfanato a lavar la ropa de los niños. Tan acostumbrada a la máquina lavadora durante años que había perdido costumbre de fregar, enjabonar y estrujar para luego colgar la ropa chorreando agua en unos alambrados. Alambrados que por otro hacían de tendedero a la vez que cerraban el patio del orfanato. La verdad es que a pesar de que alguna de las chicas pudo tomarse un descanso gracias a mi aporte, no sé si ayudé mucho porque mi torpeza hacía que cada dos por tres se me cayera una prenda al suelo de tierra rojiza y tuviera que volver a enjabonarla y cepillarla. Eso sí, se rieron mucho conmigo.

Después de ayudar a lavar la ropa, solía dar un paseo con la niña keniata de la familia que ya terminó el colegio a sus 18 años. Caminábamos por el barrio para comprar algunos alimentos básicos, o íbamos hasta el ciber para que pudiera comunicarme con la familia en España, o nos íbamos a dar una vuelta por la playa. Y más cerca del mediodía volvía al orfanato para ir con Mama Camille a llevar la comida a los niños al cole. La verdad es que todo me llamaba la atención de ese corto viaje. El tuc-tuc dando tumbos de un lado a otro a través de callecitas de tierra, esquivando bebés y niños pequeños jueguetando entre casitas de barro con techos de caña o palos de madera, y todos saludándonos en coro al pasar “ciao”, “ciao”, con unas sonrisas inmensas, era una cosa que me hacía sentir el ambiente africano que había imaginado. 
La llegada al colegio siempre era bienvenida por los gritos de alegría de los más grandes que recibían su comida y de los más peques que por fin se iban a casa a comer, jugar y descansar. 

Alrededores del colegio Malindi’s bay en Malindi, by Romy.

Algunos días también ayudaba a servir la comida a los pequeños, les acompañaba a lavarse las manos y les decía “Osha mikono yako” (“Lava tus manos”) tal como me habían enseñado las chicas que los cuidan. Fue divertido aprender suajili y a día de hoy todavía me acuerdo algunas frases curiosas que les gustaba mucho oír de boca de una “muzungu” como yo.

Algunas tardes fuimos con Judith y otros amigos. Conocimos Mariposa Bay, la playa de Vasco de Gama, Marine Park, Blue Bay y otras. Todas paradisíacas. Una más hermosa que la otra. Y afortunadamente no están llenas de gente como en Europa. Uno puede caminar tranquilamente por las arenas blancas, bucear en aguas cristalinas, esconderse entre las rocas o descansar bajo la sombra de los árboles o palmeras prácticamente en soledad. Es realmente relajante.
Vasco de Gama playa – Malindi Bay – Kenia – By Romy

Marine Park playa – Malindi – Kenia – By Romy

Blue bay – Playas de Malindi – Kenia – By Romy

Mariposa Bay – Playas de Malindi – Kenia – By Romy

Otro lugar hermoso que conocimos fue Kilifi. Está cerca de Malindi. A una hora en “van” desde el centro. Es un pueblo hermoso con playas alucinantes de arenas blanquísimas y aguas cristalinas y turquesas donde se puede bucear y apreciar fondos de coral hermosísimos. Pasamos un día ahí con Judith y Babu, nuestro guía en el barco, que luego nos acompañó a comer y nos invitó a su casa a conocer a su familia.

Playas de Kilifi – Costa de Kenia – by Romy

Barca y Marinero – Playas de Kilifi – Kenia

Aguas cristalinas de Kilifi – Kenia – by Romy

El fin de semana

El sábado pasamos la mañana en la playa con los niños, jugando a la pelota, nadando, saltando en el mar, chapoteando y disfrutando del sol. Llevamos golosinas y las compartimos al final de la jornada. Hacía buen tiempo y fue placentero jugar en el agua con los niños que no dejaban de corear mi nombre y de mostrarme las piruetas que hacían. Me llenaba de felicidad.
Dos de los niños jugando en la playa Mariposa Bay en Malindi
A la noche salimos con Judith y otro amigo a bailar a un pub local donde a pesar de haber pocos extranjeros fue el lugar de Malindi donde más vi. Bebimos cerveza, charlamos, bailamos un rato y luego regresamos a casa en tuc-tuc. Lo pasé bien y me gustó conocer la noche de Malindi. 
El domingo fuimos temprano a misa. La capilla no es como las que podemos estar acostumbrados a ver. Son cuatro paredes a las cuyo acceso es una entrada pero sin puerta. Tampoco hay un techo unido a las paredes sino simplemente una especie de triángulo hecho con maderas y paja que hace de cobijo por su llueve, pero al estar separado de las paredes permite mucha entrada de luz. Dentro de la capilla hay algunas sillas y bancos para los asistentes y unos banderines de decoración.
La misa es muy atípica. Mezcla partes de una misa cristiana con una celebración más cercana al animismo africano. Cantan, bailan, gritan, lloran y oran en voz muy alta. Leen la palabra de la Biblia varias veces y cierran con una enseñanza y una oración por todos los asistentes. Como era en suajili no entendí casi nada pero los niños me explicaban cada parte.
Celebración religiosa en Malindi – Kenia – by Romy
Al regreso fuimos con Judith a visitar a tres niños del orfanato Lea Mwana que viven hace unos años en el Kings’college de Malindi becados por sus padrinos europeos. Son niños muy inteligentes y simpáticos. Compartimos la comida y una linda tarde bajo los árboles. Una de las niñas me mostró todo el colegio, me presentó al Director y a sus amigas íntimas. Curiosamente el Director del colegio quería que lo contactara para trabajar en marketing para su colegio. Agradecí el gesto y me fui a ver las instalaciones con los niños.

El resto de la semana volví a ir a las playas, a jugar al orfanato con los niños, les enseñé algunas cosas en español, les ayudé con las tareas escolares, compartí ratos de cantos y bailes en el patio, cocinamos juntos, preparamos té y nos divertimos muchísimo aprendiendo los unos de los otros. 
Me costó mucho despedirme de Lea Mwana y de Malindi en general. Pero otra aventura me esperaba: un safari de tres días en Masai Mara Park, a unas cuantas horas de Nairobi, la capital de Kenia. Pero mejor dejo esta historia para un último post sobre mis días en Kenia.
¡Disfruten las fotos! 

Preparando el té – Malindi – Kenia
Comedor del orfanato Lea Mwana
Repartiendo golosinas a los niños en Playa de Malindi – Kenia
Orfanato Lea Mwana – Malindi – Kenia – by Romi – Octubre 2012

Mi primera experiencia en suelo africano: Malindi, Kenia

Más de 20 días sin escribir tienen una explicación: estaba en Malindi, Kenia (África), con muy poco acceso a Internet. Justamente es mi estadía en Kenia y mi experiencia en ese trocito de África lo que quiero empezar a contarles hoy.

Como escribía la primera noche en Kenia, en casa de Anne en Nairobi, “al iniciar el viaje en Madrid no era consciente” de lo diferente que es este viaje en mi vida personal. Me encanta viajar y lo hago siempre que puedo. Pero siempre lo hago acompañada y si viajo sola voy al encuentro de amigos, me hospedo en casa de amigos y disfruto paseando y haciendo actividades turísticas con amigos. A la India fui de voluntariado pero fui con 10 personas más entre las cuales ya conocía a algunas. Este viaje es diferente.

Paisaje de la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012
Paisaje de la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012

“Voy sola por primera vez a un país donde no conozco a nadie y donde me espera una persona de una ONG para llevarme a la costa (Malindi) mañana” escribí en mi bitácoras el primer día. Y debí haber agregado: a un país donde no hablan mi lengua materna, donde aunque el inglés está extendido la lengua más hablada es el swahili y utilizan más de 40 lenguas para comunicarse, donde es probable que no haya muchos “blanquitos” (“muzungus” como nos llaman a los blancos de piel en Kenia), donde jamás he estado y del que he leído que no se parece en nada a países de Europa, por donde acostumbro a moverme. Y si no era suficiente cambio en mi tipo de viaje: voy de voluntariado a vivir dos semanas con una familia que no conozco.

Mamá Agnes y @rominitaviajera en Malindi, Kenia, África, 2012
Mamá Agnes y @rominitaviajera en Malindi, Kenia, África, 2012

Lo que no sabía cuando me embarqué en este viaje es que haría amigos locales, que vería los peces más hermosos que he visto en mi vida, que conocería a personas tan interesantes y agradables a pesar de  no tener nada para comer al día siguiente, que pasearía por playas paradisíacas recordando mi Mallorca querida, que andaría por calles de tierra con casas bajas que me recordarían mi Mardel feliz, que saldría a bailar un club donde se corta la luz en mitad de la noche, que recorrería un barrio sola por entre casitas de adobe sin un sólo extranjero a kilómetros a la redonda, que volvería a España con una propuesta de matrimonio y otra de amor eterno, libre y sincero…pero no me quiero adelantar ni extender en este post. Así que les dejo con la intriga hasta la próxima entrega.

@rominitaviajera en el hogar de niños Lea Mwana, Malindi, Kenia, África, 2012
@rominitaviajera en el hogar de niños Lea Mwana, Malindi, Kenia, África, 2012

Más artículos sobre mi viaje a Kenia aquí

Budapest en menos de 48 horas (I parte)

Como ya había anunciado, nos fuimos con algunas de las chicas de la oficina a Budapest (Hungría) a pasar el fin de semana. Hay quienes dicen que en un fin de semana no se puede hacer gran cosa. Otros pensamos, por el contrario, que un fin de semana “da para mucho”. Y ésto último fue lo que ocurrió. Esta es la primera parte de nuestro viaje por Budapest en dos días.
Vistas de la ciudad de Budapest, Hungría, junio 2012
Vistas de la ciudad de Budapest, Hungría, junio 2012

Crónica del viaje a Budapest (I parte)

Tarde de calor insoportable en Madrid. Al salir de trabajar, como una rica ensalada que mi compañera de departamento (piso en España) me tenía preparada. Preparo la maleta, bikinis incluidos, y arranco para la ofi nuevamente. ¿Para qué voy a la oficina? a buscar a mi amiga italiana que me espera con “ansiaaaa”.

Llegamos con lo justo a Barajas pero algunas de las chicas ya estaban haciendo la cola de embarque así que sin problemas. Estamos todas revolucionadas. Parecemos adolescentes en viaje de fin de curso. Cuando el avión despega la emoción no cesa. Hablamos todas a la vez y hacemos mil planes. Algunas leen la guía de Budapest. Otras charlamos sobre la vida, los amores, las experiencias, etc.

Llegamos a Budapest casi de madrugada. Un chico nos espera con un cartel con el nombre de una de las chicas. Nos lleva al departamento que alquilamos. Nos encanta pero una de las habitaciones es demasiado grande. Nos juntamos todas en dos habitaciones (las más pequeñas) con desplazamiento de colchones y todo. Esto hará que a la hora de dormir me sienta como en un “pijama party”.

Quedarse a dormir no es opción

Nos arreglamos bien, dispuestas a sacar provecho de Budapest en menos de 48 horas (para ser exactos: 40 horas). Nos vamos al Szimpla Kert Pub que nos recomendaron. Un “ruin pub” que nos gustó mucho por su decoración “vintage” desde el cartel anunciando un paso de peatones hasta la bañera graffiteada en el patio.

Según la guía oficial de Budapest Szimpla es de los pub más caros de la ciudad (lo supimos después) aunque a nosotros nos pareció muy barato. Yo me tomé una cerveza de 1/3 por poco más de 1€. Y luego una vaso de medio litro por 2€. Más aún teniendo en cuenta que el bar está a pocos minutos de donde nos alojamos, lo cual nos permitió volver andando, no sin antes pasar por una panadería para desayunar. Sí, de adolescentes total!!!

Pub, Budapest, Hungría, 2012
Pub Budapest Szimpla Kert , Budapest, Hungría, junio 2012
Sábado a todo terreno
Queremos verlo todo y en menos de 48 horas. No queda otra que ir “a tope” y sin freno. Nos levantamos a las 9, nos arreglamos y salimos sin desayunar (yo me tomé un té porque me pone de mal humor no tomar nada antes de salir). De todas formas, avanzamos “sin prisa pero sin pausa”. Una vez localizado el guía del Free tour que nos recomendaron, sí compramos algo para desayunar. Pero la chica del café tarda tanto que el “free tour” arranca con la mitad del equipo dentro del bar.
Paseando por el centro de Budapest, Hungría, 2012
Paseando por el centro de Budapest, Hungría, 2012
Un chico húngaro va a la cabeza del grupo de españoles que queremos hacer la excursión. Pasamos por la plaza Vörosmarty tér donde se encuentra la estación de metro (subte) del mismo nombre que corresponde a la Línea 1, una de las más antiguas del mundo (1896) y declarada Patrimonio de la Humanidad en 2002. Más tarde nos meteríamos a esta estación para ir a la Plaza de los Héroes pero no quiero adelantarme.
Llegamos a las costas del Danubio y admiramos Buda desde Pest así como el Puente de las Cadenas, el primero que uniría las antiguas ciudades allá por 1840. Es un puente con una historia muy trágica ya que su creador István Széchenyi se suicidó al darse cuenta de que a los leones del puente les faltaba la lengua. ¡Qué perfeccionista el hombre!
León de Puente de las Cadenas, Budapest, Hungría, 2012
León de Puente de las Cadenas, Budapest, Hungría, 2012
Tras cruzar el antiguo puente llegamos a Buda donde la ciudad ya deja de ser plana. Nos paramos frente al funicular y tratamos de escuchar la historia que el guía está contando pero es casi imposible porque estamos alteradas y comentando cada cosa que pasa a nuestro alrededor.
Funicular, Budapest, Hungría, 2012
Funicular, Budapest, Hungría, 2012
Subimos por el parque hasta alcanzar una zona donde podemos admirar desde arriba la ciudad de Pest, el Parlamento húngaro, el Puente de las Cadenas y otros edificios que sobrepasan esa franja invisible que limita la altura de la ciudad de Pest. ¡Cuánta belleza arquitectónica!
Vistas de la ciudad de Pest, Budapest, Hungría, 2012
Vistas de la ciudad de Pest desde la antigua ciudad de Buda, Budapest, Hungría, 2012
Continuará…
*Este artículo continúa en Budapest en menos de 48 horas II parte
**Este artículo fue publicado originalmente en el otro blog de @rominitaviajera disfrutarlavida.blogspot.com