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Paseando por El Cairo y las Pirámides de Guiza

Amo África. Es algo difícil de explicar. Me encanta y punto. Solo conozco en persona tres países (Kenia, Marruecos y Egipto) pero desde pequeña me fascina la idea de recorrer el continente y descubrir su pasado, me genera una curiosidad increíble. Si a ese amor le sumamos mi sueño de conocer las pirámides de Giza antes de cumplir los 30 años, digamos que el viaje a Egipto se convierte en “EL VIAJE” de este año.

Mezquita de Hussein, El Cairo, Egipto, África, marzo 2016 | viajarcaminando.org
Mezquita de Hussein, El Cairo, Egipto, África, marzo 2016 | rominitaviajera.com

Veníamos dándole vueltas a la idea: qué bueno estaría ir a Egipto este año, no? Sí, pero bueno, es caro, y además no sé si es seguro. ¿Y si en vez de ir por libre vamos por Agencia? La idea quedó en el aire pero yo no me aguante y entré en una web a mirar a ver que había y por el milagro del Remarketing un día vi el aviso: “Ganga Egipto Eterno” por 379€ vuelo, hotel y crucero pensión completa. Incluía casi todo (menos un pago extra de excursiones en destino) y nos dejaba dos días libres en El Cairo para hacer lo que nos diera la gana. Pedí consejos en foros y reservé. Así, a lo loco, casi sin pensarlo. Y dos semanas antes del vuelo, nos confirmaron que teníamos plazas. Casi no me dio tiempo a imaginar Egipto que ya estábamos allí.

Alrededores del Bazar Khan el Kalili, El Cairo, Egipto, África, marzo 2016 | viajarcaminando.org
Alrededores del Bazar Khan el Kalili, El Cairo, Egipto, África, marzo 2016 | rominitaviajera.com

Mi viaje a Egipto de una semana empieza por su capital: El Cairo. Y la visita obvia a las Pirámides de Giza: Keops, Kefren y Miserinos; y la Esfinge, por supuesto. ¡Cómo explicar lo que sentí cuando vi las pirámides! ¡Tantos años de historia delante de mis ojos! Fue tan emocionante como cuando llegamos a Machupichu. ¡Semejante maravilla arquitectónica!

Pirámide de Kefren, Meceta de Guiza, El Cairo, Egipto, marzo 2016
Pirámide de Kefren, Meceta de Guiza, El Cairo, Egipto, marzo 2016 | rominitaviajera.com

Me había quedado pasmada mirando las pirámides y no me había dado cuenta que teníamos admiradoras: un grupo de niñas de provincia nos estaban mirando. Querían fotos. Ya me habían tomado fotos abajo, antes de entrar, pero querían más. “Una más, una más”. Las vi suplicar y me entró la risa: me estaban pidiendo más fotos como si yo fuera una famosa. Y ahí me acordé de Kenia y de la India donde los niños de las aldeas no habían visto nunca a una chica de ojos azules y por eso me tocaban la mano pensando que era algo celestial, según me relataron traductores. No pude más que aceptar las una y mil fotos que se hicieron conmigo y también les “presté” a David al que miraban engatusadas desde hacía un rato.

David fotografiándose junto a una niña de un grupo de escuela, Pirámides de Guiza, Egipto, marzo 2016
David fotografiándose junto a una niña de un grupo de escuela, Pirámides de Guiza, Egipto, marzo 2016 – rominitaviajera.com

Para ver las tres pirámides al completo nos desplazamos en la Van de la agencia hasta una meseta donde perdíamos de vista las casas, los edificios, la ciudad en sí. Delante de nosotros: arena y la vista panorámica de las tres pirámides: Keops, Kefren y Miserinos. Pura paz.

@rominitaviajera en las Piramides de Guiza, El Cairo, Egipto, marzo 2016
@rominitaviajera en las Piramides de Guiza, El Cairo, Egipto, marzo 2016 | rominitaviajera.com

Después de las pirámides es el turno de La Gran Esfinge de Guiza de unos veinte metros de alto que habría sido esculpida unos 2500 años antes de Cristo. Y cuando uno escucha semejantes fechas, se siente retroceder en el tiempo y se imagina a los egipcios de los libros, los que tanto estudiamos en la escuela. ¿Qué queda de todo eso? Lo estábamos por descubrir. Seguir leyendo Paseando por El Cairo y las Pirámides de Guiza

Mis días en Kenia (parte V)

Estos días se cumple un año desde que estuve en Malindi, mi primera experiencia en suelo africano. A lo largo de este tiempo fui contando mis días en Kenia con detalle y ahora me gustaría darle un fin. Intentaré resumir en este post algunas vivencias que llamaron mi atención durante los quince días en este país.

Fui a Kenia de voluntariado por estancia corta, es decir, un viaje casi de turismo pero con un toque diferente. Mi intención era aportar mi granito de arena a un proyecto social a la vez que disfrutar de un entorno diferente y conocer una cultura distinta haciendo amigos nuevos. Y lo cumplí. 
Volviendo de la playa de Malindi al orfanato – Kenia 2012

Como comenté en anteriores posts, mi labor era en un orfanato así que algunas mañanas ayudaba a las voluntarias y trabajadoras del orfanato a lavar la ropa de los niños. Tan acostumbrada a la máquina lavadora durante años que había perdido costumbre de fregar, enjabonar y estrujar para luego colgar la ropa chorreando agua en unos alambrados. Alambrados que por otro hacían de tendedero a la vez que cerraban el patio del orfanato. La verdad es que a pesar de que alguna de las chicas pudo tomarse un descanso gracias a mi aporte, no sé si ayudé mucho porque mi torpeza hacía que cada dos por tres se me cayera una prenda al suelo de tierra rojiza y tuviera que volver a enjabonarla y cepillarla. Eso sí, se rieron mucho conmigo.

Después de ayudar a lavar la ropa, solía dar un paseo con la niña keniata de la familia que ya terminó el colegio a sus 18 años. Caminábamos por el barrio para comprar algunos alimentos básicos, o íbamos hasta el ciber para que pudiera comunicarme con la familia en España, o nos íbamos a dar una vuelta por la playa. Y más cerca del mediodía volvía al orfanato para ir con Mama Camille a llevar la comida a los niños al cole. La verdad es que todo me llamaba la atención de ese corto viaje. El tuc-tuc dando tumbos de un lado a otro a través de callecitas de tierra, esquivando bebés y niños pequeños jueguetando entre casitas de barro con techos de caña o palos de madera, y todos saludándonos en coro al pasar “ciao”, “ciao”, con unas sonrisas inmensas, era una cosa que me hacía sentir el ambiente africano que había imaginado. 
La llegada al colegio siempre era bienvenida por los gritos de alegría de los más grandes que recibían su comida y de los más peques que por fin se iban a casa a comer, jugar y descansar. 

Alrededores del colegio Malindi’s bay en Malindi, by Romy.

Algunos días también ayudaba a servir la comida a los pequeños, les acompañaba a lavarse las manos y les decía “Osha mikono yako” (“Lava tus manos”) tal como me habían enseñado las chicas que los cuidan. Fue divertido aprender suajili y a día de hoy todavía me acuerdo algunas frases curiosas que les gustaba mucho oír de boca de una “muzungu” como yo.

Algunas tardes fuimos con Judith y otros amigos. Conocimos Mariposa Bay, la playa de Vasco de Gama, Marine Park, Blue Bay y otras. Todas paradisíacas. Una más hermosa que la otra. Y afortunadamente no están llenas de gente como en Europa. Uno puede caminar tranquilamente por las arenas blancas, bucear en aguas cristalinas, esconderse entre las rocas o descansar bajo la sombra de los árboles o palmeras prácticamente en soledad. Es realmente relajante.
Vasco de Gama playa – Malindi Bay – Kenia – By Romy

Marine Park playa – Malindi – Kenia – By Romy

Blue bay – Playas de Malindi – Kenia – By Romy

Mariposa Bay – Playas de Malindi – Kenia – By Romy

Otro lugar hermoso que conocimos fue Kilifi. Está cerca de Malindi. A una hora en “van” desde el centro. Es un pueblo hermoso con playas alucinantes de arenas blanquísimas y aguas cristalinas y turquesas donde se puede bucear y apreciar fondos de coral hermosísimos. Pasamos un día ahí con Judith y Babu, nuestro guía en el barco, que luego nos acompañó a comer y nos invitó a su casa a conocer a su familia.

Playas de Kilifi – Costa de Kenia – by Romy

Barca y Marinero – Playas de Kilifi – Kenia

Aguas cristalinas de Kilifi – Kenia – by Romy

El fin de semana

El sábado pasamos la mañana en la playa con los niños, jugando a la pelota, nadando, saltando en el mar, chapoteando y disfrutando del sol. Llevamos golosinas y las compartimos al final de la jornada. Hacía buen tiempo y fue placentero jugar en el agua con los niños que no dejaban de corear mi nombre y de mostrarme las piruetas que hacían. Me llenaba de felicidad.
Dos de los niños jugando en la playa Mariposa Bay en Malindi
A la noche salimos con Judith y otro amigo a bailar a un pub local donde a pesar de haber pocos extranjeros fue el lugar de Malindi donde más vi. Bebimos cerveza, charlamos, bailamos un rato y luego regresamos a casa en tuc-tuc. Lo pasé bien y me gustó conocer la noche de Malindi. 
El domingo fuimos temprano a misa. La capilla no es como las que podemos estar acostumbrados a ver. Son cuatro paredes a las cuyo acceso es una entrada pero sin puerta. Tampoco hay un techo unido a las paredes sino simplemente una especie de triángulo hecho con maderas y paja que hace de cobijo por su llueve, pero al estar separado de las paredes permite mucha entrada de luz. Dentro de la capilla hay algunas sillas y bancos para los asistentes y unos banderines de decoración.
La misa es muy atípica. Mezcla partes de una misa cristiana con una celebración más cercana al animismo africano. Cantan, bailan, gritan, lloran y oran en voz muy alta. Leen la palabra de la Biblia varias veces y cierran con una enseñanza y una oración por todos los asistentes. Como era en suajili no entendí casi nada pero los niños me explicaban cada parte.
Celebración religiosa en Malindi – Kenia – by Romy
Al regreso fuimos con Judith a visitar a tres niños del orfanato Lea Mwana que viven hace unos años en el Kings’college de Malindi becados por sus padrinos europeos. Son niños muy inteligentes y simpáticos. Compartimos la comida y una linda tarde bajo los árboles. Una de las niñas me mostró todo el colegio, me presentó al Director y a sus amigas íntimas. Curiosamente el Director del colegio quería que lo contactara para trabajar en marketing para su colegio. Agradecí el gesto y me fui a ver las instalaciones con los niños.

El resto de la semana volví a ir a las playas, a jugar al orfanato con los niños, les enseñé algunas cosas en español, les ayudé con las tareas escolares, compartí ratos de cantos y bailes en el patio, cocinamos juntos, preparamos té y nos divertimos muchísimo aprendiendo los unos de los otros. 
Me costó mucho despedirme de Lea Mwana y de Malindi en general. Pero otra aventura me esperaba: un safari de tres días en Masai Mara Park, a unas cuantas horas de Nairobi, la capital de Kenia. Pero mejor dejo esta historia para un último post sobre mis días en Kenia.
¡Disfruten las fotos! 

Preparando el té – Malindi – Kenia
Comedor del orfanato Lea Mwana
Repartiendo golosinas a los niños en Playa de Malindi – Kenia
Orfanato Lea Mwana – Malindi – Kenia – by Romi – Octubre 2012

Mis días en Kenia (parte IV)

Hace unos meses había empezado a escribir sobre mis días en África pero fue pasando el tiempo y dejé atrás los momentos vividos. Vienen a menudo a mi memoria y hoy quiero plasmarlos en un post nuevo.

Al segundo día de estar en Kenia escribía que había sido un día largo y que estaba muy cansada. Pero aún recuerdo esa sensación de felicidad al acostarme con ese calorcito de costa africana, en una habitación que no era la mía, dentro de una mosquitera gigante que daba la idea de una cama con cortinas de las antiguas. Me acostaba con la ilusión de que al día siguiente podría ver a todos los niños del orfanato, al que había ido de voluntariado, y jugar con ellos.

Esa noche escribí en mi diario: “Hoy me levanté y fui con Judith a comprar agua acá por el barrio a un kioskito como los que había en Mardel, a través de una ventanita de la casa. El viejo quería contarme lo que según él es la historia de España (hablando de los musulmanes que habitaron el país). Después fui con mama Agnes al orfanato pero los niños estaban en el cole. Desayunamos como a las ocho y fuimos con Judith a ver la ciudad”.

Cuando estás lejos de tu lugar de residencia vives cada momento al máximo, y tus retinas se impregnan de cada paisaje nuevo con lujo de detalles. Y eso es lo que experimentaba cada día en Malindi.

Ese día, una vez en el centro de la ciudad, donde hay negocios, algún supermercado y algunos bancos, tomamos fotos con los “masai warrior” que estaban de paso por la ciudad ganándose la vida. Viven de sus artesanías y a base de lo que el turista les da por posar para la foto.

Más tarde fuimos con Judith a caminar por la playa y vimos los barcos pesqueros, las redes y a los pescadores; caminamos por la escollera y disfrutamos del aire de mar antes de volver a casa en tuc-tuc.

De camino a casa paramos en un puesto de comida para llevar. Es curioso cómo están construidos los locales de comida, uno al lado del otro. Sin espacio entre sí pero con escasa simetría también. En realidad, todo me parecía curioso en Malindi.

Esa tarde fui a jugar con algunos niños del orfanato. Con los más pequeños. Enseguida se ganaron mi corazón. Cuando todos llegaron del colegio, me dieron la bienvenida con la canción Hakuna Matata. Fue un momento hermoso que es difícil de transmitir solo con palabras…

Esa misma noche tuve una experiencia divertida. Nos sentamos a la mesa y una de las hijas de mama Agnes sirvió la comida. Al ver que ellos comían con la mano, yo habiéndomelas lavado previamente, también utilicé las manos para agarrar la comida. Para mi sorpresa todos me miraron y largaron una carcajada. Hablaban en swahili y se reían de mí. Creí que estaba haciendo algo que no correspondía así que me detuve en seco. De repente una de ellas me dice “You are the only muzungu who eat with her hands and does’n t ask for spoon” (Tú eres la única extranjera que come con sus manos y no pide una cuchara). Yo sonreí y les dije que me encantaba comer con las manos  y que normalmente mi mamá no me dejaba y que ahora veía que era libre para hacerlo así que me alegraba de que ellos también lo hicieran. Tras decirles esto todos volvieron a reír y  me vitorearon por comer como ellos. Mama Agnes dijo que ya era una de los suyos.

Y así llegaba a su fin mi segundo día en Malindi…

Pescador quitándole la piel a una especie de víbora de mar
Malindi (Kenia) 2012

Mis días en Kenia: Parte III

Había leído en un libro de Kapuscinski (creo que en Ébano) que el ritmo africano es diferente al nuestro, más lento y más incierto. Y pude comprobarlo cuando al llegar a la estación de autobuses de Malindi nadie me esperaba.

Ahí estaba yo, con mi mochila de 50k recién estrenada, con la ilusión de quien va a comenzar algo nuevo pero con el cansancio de haber pasado 9 horas en la carretera, ansiosa por reconocer en las caras de desconocidos a la persona que tenía que recogerme.

Calles de Pueblos de Kenia, África, 2012
Calles de Pueblos de Kenia, África, 2012

Miro a mi alrededor. Todos son negros. Empiezo a oír la palabra “muzungu” y se refieren a mí. No hay ni una persona de rasgos similares a los míos. Todos parecen ser locales salvo el asiático que venía conmigo en el autobús y al que al cabo de 10 minutos viene a buscar otro asiático. Rostros negros yendo y viniendo por la estación. Alguien me ofrece un asiento. Otros un taxi, una moto. La amabilidad abunda y eso me reconforta un poco. Mientras, yo sigo esperando a que alguien me vea y diga mi nombre.

Tengo que confesar que una empieza a imaginarse que la han abandonado. Conservo la calma y sonrío a todo el que me mira. ¿Qué puede pasarme? Ni lo pienso. Sólo empiezo a pensar alternativas en caso de que nadie me recoja en horas. Puedo intentar hospedarme en un hotel. Vi en Internet que hay unos en la costa. Puedo pedir asilo en la casa de algún local que me resulte confiable. Y mil ideas más.

Al cabo de media hora llega una chica jovencita y sonriendo me pregunta “¿Romina?” y ahí suelto la respiración contenida y siento cómo se deshace el nudo en la garganta que llevaba armando desde hace un buen rato. Sí, soy yo. Ese es mi nombre. ¡Qué alivio! Hi! Hi! Nice to meet you.

Judith, la hija de Mama Agnes, la niña que me vino a buscar a la estación de buses de Malindi, Kenia, África, 2012
Judith, la hija de Mama Agnes, la chica que me vino a buscar a la estación de buses de Malindi, Kenia, África, 2012

Quien me viene a buscar es Judith, una adolescente de 18 años que a lo largo de mis días en Malindi se convertirá en mi amiga. Me pide disculpas. Escucho por primera vez la expresión “african time” y recuerdo al gran Kapuscinski. Nos vamos en un tuc-tuc hacia la casa de la familia donde me hospedaré. Todo es nuevo para mí. Me siento como una niña. Y me vuelve la ansiedad y la ilusión. En seguida veo que la calle de la estación es una de las pocas asfaltadas de la ciudad. El resto son de tierra, de barro cuando llueve, y con piedritas que saltan a los costados y hacen saltar también al tuc-tuc, ese taxi-moto preparado para llevar 3 personas en la parte de atrás.

Callecitas de Malindi, Kenia, África, 2012
Callecitas de Malindi, Kenia, África, 2012

Voy pensando en la situación: me encuentro en África, adonde siempre había soñado viajar, a la que tanto había imaginado e intento pensar cómo será el resto del continente, su gente, sus distintas culturas y me apetece conocerlo todo. Todo. El vaivén del tuc-tuc me trae de regreso a la realidad.

Empiezo a ver casitas de barro y palos al costado del camino y la gente me saluda “chao, chao” imaginando que soy italiana. También hay edificios grandes, pintados de colores con anuncios publicitarios como el de “safaricom” que es el más frecuente. Puestos de venta de comida, salones de peluquería… ¡Un cibercafé! Una escuela, un potrero donde los niños están jugando al fútbol, una mezquita… y muchos árboles y arbustos. Giramos en una esquina y ahí está la casa de mi familia durante las próximas semanas. Sí, llegamos a casa de Mama Agnes.

Viaje en tuc tuc por Malindi para llegar a casa de Mama Agnes, Kenia, África 2012

Continuará…

Mis días en Kenia, África – Parte II

Escribía en mi bitácora antes de dormir en casa de Anne, la chica de la ONG que me alojó la primera noche que pisé Kenia: “mi primera impresión de la ciudad de Nairobi es confusa: el aeropuerto es pequeño, me recuerda al de Malta, donde estuve en 2008. Las carreteras están bien, normales. Hay coches buenos y furgonetas viejas. Es un poco como Buenos Aires. Hay edificios grandes de empresas tal como en Nueva Delhi y otras capitales”.
Estación de buses y combis, Nairobi, Kenia, África, 2012
Estación de buses y combis, Nairobi, Kenia, África, 2012

Qué curiosas son las primeras impresiones. Ahora que releo lo que escribí esa primera noche no creo que diga nada en absoluto de Nairobi pero la verdad es que poco puedo decir de una ciudad donde estuve sólo unas horas y muy pocas las pasé caminando. Lo que sé es que no me gustó mucho, me pareció muy ruidosa, caótica, “crowded” como le dije a mi familia de acogida en Malindi, sí, congestionada o superpoblada, esa es la sensación que me dio la capital de Kenia.

Esquina de Nairobi, Kenia, África, 2012
Esquina de Nairobi, Kenia, África, 2012

El lunes 1 me levanté a las 6 AM para ir al centro de la ciudad a tomar mi bus hacia la costa. Lo que no había entendido bien (tal vez porque estaba aturdida al llegar) es que llegaría a eso de las 6 PM a Malindi y que ese día no iría aún al orfanato a comenzar mis tareas allí. El viaje se me hizo eterno y descubrí que lo de las carreteras “están bien” no se extiende a toda Kenia y que las rutas asfaltadas no abundan en este país pero que el polvo cobrizo de los caminos hacen más bello el paisaje.

Ruta desde Nairobi a Mombasa, Kenia, África, 2012
Ruta desde Nairobi a Mombasa, Kenia, África, 2012
También pasé por barrios o aldeas en los que había muchas vacas y bueyes, como en los alrededores de Delhi en India. Y al costado de la ruta, vi puestos de venta de comida, de gafas, de medias, de frutas y verduras. Parecen haberse creado hace un rato con un par de maderas y algunas ramas recolectadas de árboles cercanos. La mayoría no tienen techo y algunos simplemente son una tela en el suelo al estilo de los “top manta” de Madrid.
Puestos de comida en la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África 2012
Puestos de comida en la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África 2012
Al pasar por algunos poblados, veo que en las esquinas de las calles de tierra hay grupos de chicos jóvenes con motos enormes. No están haciendo nada. Algunos parecen conversar. Otros ríen. Más tarde me enteraría que son los “motoboy” que te llevan tipo taxi adonde quieras dentro de la ciudad.
Hombres en las esquinas, pueblos de Kenia, África, 2012
Hombres en las esquinas, pueblos de Kenia, África, 2012

A decir verdad, veo hombres quietos, parados, sin hacer nada, por todas partes. Pero las mujeres no paran. Las mujeres son el motor de este país. Se mueven hacia un lado y hacia otro, transportando múltiples cosas, desde trozos de madera o cemento hasta bidones de agua, en sus espaldas o en la cabeza. También veo mujeres arando el campo, cultivando, custodiando su puesto de frutas mientras los niños corretean a su alrededor. Definitivamente, las mujeres dan vida al paisaje que veo.

Escribí esa noche: “Fue curioso ver a las mujeres llevar sus cosas en la cabeza como en los documentales sobre África; y esos vestidos de telas de colores y sus pañuelos en la cabeza.” Eran parte del paisaje de mi ruta hacia la costa.
Niñas volviendo del colegio, ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012
Niñas volviendo del colegio y mujeres yendo a por agua, ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012

Continuará…

Mi primera experiencia en suelo africano: Malindi, Kenia

Más de 20 días sin escribir tienen una explicación: estaba en Malindi, Kenia (África), con muy poco acceso a Internet. Justamente es mi estadía en Kenia y mi experiencia en ese trocito de África lo que quiero empezar a contarles hoy.

Como escribía la primera noche en Kenia, en casa de Anne en Nairobi, “al iniciar el viaje en Madrid no era consciente” de lo diferente que es este viaje en mi vida personal. Me encanta viajar y lo hago siempre que puedo. Pero siempre lo hago acompañada y si viajo sola voy al encuentro de amigos, me hospedo en casa de amigos y disfruto paseando y haciendo actividades turísticas con amigos. A la India fui de voluntariado pero fui con 10 personas más entre las cuales ya conocía a algunas. Este viaje es diferente.

Paisaje de la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012
Paisaje de la ruta de Mombasa a Malindi, Kenia, África, 2012

“Voy sola por primera vez a un país donde no conozco a nadie y donde me espera una persona de una ONG para llevarme a la costa (Malindi) mañana” escribí en mi bitácoras el primer día. Y debí haber agregado: a un país donde no hablan mi lengua materna, donde aunque el inglés está extendido la lengua más hablada es el swahili y utilizan más de 40 lenguas para comunicarse, donde es probable que no haya muchos “blanquitos” (“muzungus” como nos llaman a los blancos de piel en Kenia), donde jamás he estado y del que he leído que no se parece en nada a países de Europa, por donde acostumbro a moverme. Y si no era suficiente cambio en mi tipo de viaje: voy de voluntariado a vivir dos semanas con una familia que no conozco.

Mamá Agnes y @rominitaviajera en Malindi, Kenia, África, 2012
Mamá Agnes y @rominitaviajera en Malindi, Kenia, África, 2012

Lo que no sabía cuando me embarqué en este viaje es que haría amigos locales, que vería los peces más hermosos que he visto en mi vida, que conocería a personas tan interesantes y agradables a pesar de  no tener nada para comer al día siguiente, que pasearía por playas paradisíacas recordando mi Mallorca querida, que andaría por calles de tierra con casas bajas que me recordarían mi Mardel feliz, que saldría a bailar un club donde se corta la luz en mitad de la noche, que recorrería un barrio sola por entre casitas de adobe sin un sólo extranjero a kilómetros a la redonda, que volvería a España con una propuesta de matrimonio y otra de amor eterno, libre y sincero…pero no me quiero adelantar ni extender en este post. Así que les dejo con la intriga hasta la próxima entrega.

@rominitaviajera en el hogar de niños Lea Mwana, Malindi, Kenia, África, 2012
@rominitaviajera en el hogar de niños Lea Mwana, Malindi, Kenia, África, 2012

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