Fin de semana en Lisboa

Plaza del Comercio, Lisboa, Portugal, 2015

La primera vez que fui a Lisboa la caminé. La caminé y la caminé. Hacía frío pero el entusiasmo del primer viaje fuera de España era mayor. Y disfruté de Lisboa pero no me enamoré. Sin embargo, la segunda vez que fui, hace unos cinco meses, la encontré diferente y tal vez el efecto del verano aportó su toque a que Lisboa me tocara el corazón.

Callejeando por Lisboa, Portugal, 2015
Callejeando por Lisboa, Portugal, 2015

Cuando uno va a viajar a Lisboa y pregunta a los amigos siempre te mencionan el tranvía. Es algo que a todo el mundo le encanta. Y sí, es bonito, la verdad, pero va repleto de gente y en mi opinión no merece la pena subirse sino más bien verlo pasar imaginando que uno está a principios del siglo XX viéndolo moverse por primera vez. De todas formas, si se quiere montar en tranvía en Lisboa en Lisboando te cuentan las distintas rutas que hay. Es importante saber a cuál se quiere subir uno: hay tres tipos de tranvías en la ciudad de la luz: los clásicos amarillos de madera, los más modernos también amarillos y los rojos turísticos. Y luego están los que recibieron muchas pintadas o graffitis y ya no se distingue si eran de un tipo o de otro.

Tranvía moderno amarillo graffiteado, Lisboa, Portugal, 2015
Tranvía moderno amarillo graffiteado, Lisboa, Portugal, 2015

Lo primero que me viene a la mente cuando pienso en Lisboa, después de los tranvías, es La Plaza del Comercio, la más importante de Lisboa. En aquel puente de diciembre hace unos diez años la plaza estaba casi desolada porque la mayoría de turistas estaban en las calles comerciales. Había algunos hombres vendiendo gafas de sol que curiosamente me ofrecían otras cosas cuando me acercaba. Había también algunos vendedores de globos y algunos locales bien abrigados admirando el Tajo, el río más largo de la península ibérica. En el segundo viaje había más gente porque a pesar de no ser fin de semana estábamos en verano.

Plaza del Comercio, Lisboa, Portugal, 2015
Plaza del Comercio, Lisboa, Portugal, 2015

En el lado norte de la Plaza del Comercio, está el Arco Triunfal da Rua Augusta, al que se puede subir para admirar por un lado la plaza con el río de fondo, y por otro la calle Augusta que se pierde recta en el horizonte. La primera vez que fui no subí pero en mi segunda visita a Lisboa iba con un portugués amigo que nos dijo que merecía la pena subir y no nos arrepentimos: desde arriba tuvimos la primera panorámica de la ciudad.

Panorámica de Lisboa desde Arco Triunfal de Augusta, Lisboa, Portugal, 2015
Panorámica de Lisboa desde Arco Triunfal de Augusta, Lisboa, Portugal, 2015

Un fin de semana común (o menos) hubiera bastado para conocer estas cosas tan típicas de Lisboa, pero la primera vez que fui era un finde puente así que tuve tiempo de recorrer otros sitios como la Plaza don Pedro IV donde está la estatua de Pedro IV, los puentes, el Castillo San Jorge y otros barrios. Y la segunda visita, casi casi también, porque caminamos más aún si cabe que la primera vez.

De la Plaza San Pedro IV recuerdo que era una zona más animada que la Plaza del Comercio, donde había bares y comercios de todo tipo. La primera vez llegué de noche y la encontré iluminada y me sentí segura,  no como en la Plaza del Comercio, pero solo fue mi sensación, no creo que realmente ninguna fuera insegura. Y en mi segunda visita, me encontré con una Plaza San Pedro IV o Plaza del Rossio que casi desconocí: la plaza estaba llena de gente paseando y las terrazas de los bares de alrededor estaban repletas. El efecto verano otra vez aportando su valor.

Alrededores de Plaza Pedro IV o Plaza del Rossio, Lisboa, Portugal, 2015
Alrededores de Plaza Pedro IV o Plaza del Rossio, Lisboa, Portugal, 2015

De los puentes de Lisboa el que más me gustó fue el Puente 25 de Abril. No tenía ni idea que existiera algo así tan cerca de España, me hizo sentir que estaba en San Francisco, en Estados Unidos. No por nada es el puente colgante más largo de Europa. Se aprecia desde las zonas más altas de la ciudad o desde el Cristo Rey, que recuerda al Cristo Redentor de Rio de Janeiro. Si mal no recuerdo, en mi primera visita a la ciudad, yo subí al Castillo San Jorge para admirar el Puente 25 de Abril y me quedé a ver el atardecer: el color del cielo a esa hora daba al puente un encanto tan especial que me hubiera quedado ahí para siempre.

Vistas del Puente 25 de Abril de día, Lisboa, Portugal, 2015
Vistas del Puente 25 de Abril de día, Lisboa, Portugal, 2015

Y hablando de vistas preciosas, la verdad es que Lisboa tiene panorámicas increíbles. No conozco todos los puntos desde donde se puede ver la ciudad desde la altura pero sí un bloguero que describe los 10 mejores miradores de Lisboa muy bien. Yo uno de los que recuerdo es el de Santa Luzia y la verdad es que las vistas de las casitas bajas merecen mucho la pena pero lo visité en mi primer viaje y no tengo fotos de entonces.

Otras vistas bonitas de Lisboa se aprecian desde el Castillo San Jorge, uno de los monumentos más conocidos de la ciudad. La primera vez que fui a Lisboa entré al castillo y me gustó mucho pero lo que más me impresionaron fueron las vistas. Y en mi segunda visita, ni siquiera entré. Me gustan los castillos y este en particular me gustó mucho pero entrar vale unos 7 u 8 euros y no creo que realmente valga tanto. Lo mejor del Castillo viene después, cuando se da una vuelta por el barrio que tiene su encanto y está menos lleno de gente. Y muy cerca se puede llegar andando a la Se o Catedral de Lisboa. Lamentablemente, no tomé fotos o no las encuentro.

Otro gran atractivo que recuerdo de la ciudad es el Elevador de Santa Justa, un ascensor antiguo que une dos barrios, la Baixa Pombalina y el Chiado. Subir en ascensor cuesta 5€ pero si se quiere apreciar las vistas sin gastar ese dinero, se puede subir al mirador de Santa Justa por 1,5€. Nosotros hicimos esto el año pasado y la verdad es que las vistas merecen la pena la paliza de subir hasta el Chiado.

Vistas desde el Mirador de Santa Justa, Lisboa, Portugal, 2015
Vistas desde el Mirador de Santa Justa, Lisboa, Portugal, 2015

De mi primer viaje a Lisboa ya no recuerdo más, excepto a las gaviotas que revoloteaban por la zona del Tajo, el olor a río y el viento fresco golpeándome en la cara. Del segundo viaje a Lisboa sí recuerdo más: paseos por sus callejuelas, cervecita en los bares y mucha pero mucha caminata, y el recuerdo soleado de una ciudad que merecía la pena ser visitada por segunda vez.

Me hubiera gustado ir a un espectáculo de Fado pero la verdad es que ni la primera vez que visité Lisboa ni el año pasado tampoco pude ir a uno. Así que me queda algo pendiente con la ciudad, algo que por otro lado me encanta. Siempre hay que dejarse algo por ver o hacer en los lugares visitados. Así se tendrá una excusa para volver algún día.

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