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Viajar solo o viajar acompañado

Como comentaba en el post Viajar por el mundo, creo que se puede viajar de mil maneras, que aunque hay mucho escrito por ahí, nadie tiene la clave. La forma del viaje, la cantidad de días, con quién viajar o viajar solo es una elección personal. Ahora que estoy a punto de hacer mi primer viaje largo (casi dos meses) y que lo más probable es que gran parte del camino lo haga sola, me gustaría reflexionar sobre el asunto.

Viajar solo (o viajar sola en mi caso) por un período largo de tiempo es algo que me he planteado muchas veces pero que no he llegado a hacer. Me intriga cómo será estar sola de un lado a otro y que las decisiones sobre qué hacer o donde ir solo dependan de mí. Siempre he viajado en compañía de alguien (amigos, pareja, familia, compañeros de trabajo o de la ONG) a excepción del viaje que hice a Kenia hace tres años para realizar un proyecto de voluntariado en el orfanato de Malindi y el posterior safari. Sin embargo nunca he viajado sola recorriendo pueblos y ciudades, yendo de un país a otro. Y me pregunto cómo será.

Viajando sola por Kenia, Masai Mara Park, Kenia, Octubre 2012, viajarcaminando.org
Viajando sola por Kenia, Masai Mara Park, Kenia, Octubre 2012, viajarcaminando.org

Leí hace un tiempo en Diario del viajero las Siete razones por las que también me gusta viajar solo y me quedé pensando en ellas: viajando solo en realidad nunca estás solo; viajando solo sales de tu zona de confort; viajando solo puedes hacer lo que te de la gana; te hace ser valiente y prudente a la vez; viajando solo puedes ser tu mismo; puedes por fin estar solo y encontrar un camino hacia ti mismo.

La verdad es que he leído miles de historias de hombres y mujeres que se animan a viajar solos por distintos motivos y que lo disfrutan inmensamente. Algunos hacen alusión a lo que se comenta en Diario del viajero, al hecho de que viajando se conocen otros viajeros y uno puede unirse a ellos y al final no está solo (esto nos pasó en el sur de Bolivia y me pasó en el safari a Masai Mara Park en Kenia). Otros argumentan que si no viajaban solos no lo hacían porque no tenían amigos dispuestos a acompañarlos a semejantes aventuras. Y hay quienes van (¿o debería decir vamos?) en busca de momentos de soledad y de encuentro con uno mismo.

¿Y qué hay de malo en viajar solo?

Aunque la realidad es que no vamos a estar solos si viajamos por destinos turísticos, sobre todo si vamos a hosteles donde suelen reunirse mochileros de muchas partes del mundo, sí es cierto que puede darse la situación de que nos encontremos solos o tengamos esa sensación. Y en esos momentos, quizá la soledad ya no es amigable y necesitamos compartir nuestra experiencia con alguien a quien apreciamos.

En mi experiencia en la costa de Kenia, no tuve largos momentos de soledad porque siempre encontraba a alguien con quien conversar: en el bus de 9 horas de Nairobi a Malindi conocí un hombre que estaba interesado en saber por qué había ido tan lejos de mi tierra; y de camino de regreso (quince días después) conocí a otro que me ayudaba con la pronunciación de las palabras en swahili recientemente aprendidas. Durante las noches, en Malindi, cuando mi familia de acogida se iba a dormir, yo aprovechaba a escribir en mi diario de viajes y a reflexionar sobre lo que había vivido ese día. Cuando viajé a Dublín sola a ver unos amigos, en el bus del aeropuerto al centro conocí a una chica brasileña con la que aún hablo de vez en cuando por Facebook. En definitiva, no recuerdo viajes en los que me sintiera sola y con angustia por ello. Pero sé de viajeros a los que sí les pasa.

Ahora que quedan menos de quince días para partir de viaje al sudeste asiático (a una parte de él) vuelvo a reflexionar sobre este tema de viajar solo o viajar acompañado y lo que primero me viene a la cabeza no es la idea de que pueda angustiarme estar sola. Sin embargo, sí tengo algunos miedos relacionados con estar sola que tienen que ver con la enfermedad: por ejemplo ¿qué pasa si me ocurre algo grave o si enfermo de gastroenteritis aguda como en Delhi o en Buenos Aires? ¿quién va a cuidar de mí o a estar pendiente si mejoro o empeoro? En Delhi, algunas compañeras voluntarias de la ONG me hicieron compañía a ratos y en Buenos Aires fueron mis familiares quienes me apoyaron. No estaré sola, es cierto, porque habrá otros viajeros pero ¿por qué habrían de preocuparse por mí esos viajeros? Así que asumo que me tendré que cuidar sola y eso quizás me da un poco de miedo.

Aún hay otro punto que no me gusta mucho del hecho de viajar sola: voy a ver cosas hermosas, vivir experiencias increíbles, aventuras que quizás no imagine, y no voy a poder compartirlas con mi compañero de vida (a menos no hasta que no llegue un mes después). Tampoco las voy a compartir con mi familia o amigos a los que quiero mucho y que me encantaría que estuvieran ahí para apreciar las maravillas del paisaje, de la gente, de lo que vivo. Las voy a vivir sola, en cierta manera, y esto me da pena.

Viajando sola por Buenos Aires, Jardín japonés, Capital Federal, Argentina, Abril 2012
Viajando sola por Buenos Aires, Jardín japonés, Capital Federal, Argentina, Abril 2012, viajarcaminando.org

Sin miedo a viajar sola

En resumen, no tengo miedo a viajar sola, me atrae muchísimo la idea, pero una parte de mí también querría viajar con alguien cercano, no solo para cuidarnos mutuamente en caso de enfermedad o cansancio, sino también para poder compartir los momentos con alguien que los aprecie como yo, para poder disfrutar del viaje en compañía de las personas que comparten mi día a día.

Es por estas razones por las que el viaje al Sudeste Asiático no será totalmente en solitario: haré una parte sola, otra con una gran amiga viajera con la que me encuentro por allá y otra parte con David, mi compañero de vida. Es un plan de viaje ideal para mí que me gusta la soledad en los viajes pero que también me gusta viajar acompañada, así que la realidad es que me siento afortunada de poder realizarlo así.

¿Y ustedes qué prefieren? ¿Viajar solos o acompañados?

Viajar por el mundo: dudas y miedos

Hace tiempo vengo dándole vueltas a una idea: me gustaría ayudar a todos aquellos que quieren viajar por el mundo y no saben cómo o por donde empezar. Quisiera crear una nueva serie de artículos más prácticos que no solo hablen de mi propia experiencia viajera sino también que ayude a otros a viajar o al menos les de pistas de por donde empezar.

Viajar por el mundo

En realidad es una expresión muy utilizada pero no está claro a qué se refiere cada uno cuando la utiliza ya que cuando viajamos obviamente que lo hacemos por el mundo, ya sea por una parte pequeña de él o por una extensión más amplia. Al fin y al cabo, siempre que estamos desplazándonos para conocer nuevos rincones del Planeta estamos viajando por el mundo.

No todo el que deambula está perdido, frase en una pared del hostel, Luang Prabang, Laos, 2015
No todo el que deambula está perdido, frase en una pared del hostel, Luang Prabang, Laos, 2015

¿Por dónde empiezo?

Acá no vale lo de “por el principio” porque no hay principio ni final. El mundo es muy grande y siempre habrá nuevos sitios que descubrir. Yo empezaría por algo cerca, salvo que ya hayas viajado con anterioridad a sitios cerca y estés con ganas de experimentar más allá de las fronteras.

Podemos empezar conociendo el pueblo vecino, hablar con su gente, aprender un poco de su historia, comer alguna comida típica si la tiene, y pasar unos días allí. O podemos viajar a la capital de la provincia vecina si aún no lo hemos hecho. El asunto es abandonar el sitio cómodo dentro de casa y dar el primer paso para ir a un sitio al que nunca hayamos ido.

Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015
Camino natural en el Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015

¿Cuánto tiempo me voy?

Eso depende de tus prioridades, de tus intereses, de tu estado físico y mental, de tus aficiones, de tu situación social, amorosa, afectiva, económica, etc. No hace falta renunciar al trabajo o al estudio o a la familia para irse de viaje durante cinco años (aunque sé de alguno que lo ha hecho y está muy feliz) ni tampoco hace falta viajar como lo digo yo o como lo dice el viajero que siempre leemos y nos encanta.

Al final cada uno de nosotros tenemos una forma de viajar y el tiempo que empleemos en conocer lugares nuevos depende solo de nosotros y de nuestra situación. Hay quien se podrá ir solo quince días de vacaciones y hay quien se podrá ir un año. Hay quien le gustaría tomarse un año sabático pero no se anima y prefiere viajar durante un mes y ver qué pasa. Hay quienes se van con sus parejas dos años enteros a recorrer el mundo. Todo depende.

¿En qué tipo de transporte viajo?

A mí me gusta caminar, me gusta patear las ciudades, los montes, las lagunas, los bosques, las playas, etc. Pero no camino tanto como me gustaría. Suelo viajar en avión a un punto y de ahí a caminar, tomar buses, alquilar coches, etc.

Viajar caminando te dará un placer increíble pero hay quienes prefieren la bicicleta o la moto y experimentan otro tipo de viaje que no tiene nada que envidiarle a los viajes a pie. Viajar en una mini van o en una autocaravana atravesando innumerables fronteras y países desconocidos, conociendo gente de todas las culturas habidas y por haber es uno de mis sueños pero no espero a tener una mini van para viajar, voy viajando de la forma en que va surgiendo.

Montando en bicicleta, Phoenix Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Montando en bicicleta, Phoenix Island, Mekong River, Vietnam, 2015

¿Por qué viajar por el mundo?

Viajar te muestra cuán grande es el mundo, te obliga a dejar de mirarte el ombligo, te ayuda a entender el porqué de una situación en un país determinado, a comprender más al otro, a juzgar menos y tolerar más, a observar y admirar. Viajar te abre la cabeza.

Te hace comprender cuántas formas de vida posible hay y que ni la tuya ni la de tu vecino son las correctas, sino una más. Ves que no todo es blanco o negro, que hay muchos matices y que la vida es distinta para otros pueblos, otras culturas, otras personas. Viajar por el mundo te ayudará a comprender al otro, al que vive más allá de tu casa, al que sueña otros sueños, vive otra vida, y también te hará comprenderte más a ti mismo.

Podría seguir este artículo con un “¿Cuándo viajar?”, “¿Ciudades o Naturaleza?” o temas de edad, dinero y demás, pero la realidad es que no tengo la clave ni yo ni nadie. Yo diría que viajes cuando te apetezca, cuando puedas, sin excusas, que viajes por el motivo que sea, a la edad que sea, con quien sea y como sea pero que viajes. Ese es mi consejo.

De todas formas, si tienes dudas, preguntas o eres de los que siempre están diciendo “Quiero viajar pero…” deja por escrito en los comentarios o por Facebook, Twitter, Instagram o por e-mail tus consultas, tus inquietudes y trataré de resolverlas como mejor pueda o contándote mi experiencia como viajera.

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@rominitaviajera en Parque Nacional Tierra del Fuego, Argentina, 2014

Lista de dudas y miedos que me han planteado potenciales viajeros

¿Cuánto dinero necesito para viajar?

¿De qué puedo trabajar mientras estoy viajando?

¿Tengo que reservar alojamiento con tiempo?

¿Cómo encuentro alojamiento barato?

¿Es peligroso quedarse en casa de desconocidos?

¿Es peligroso viajar solo/sola?

¿Es peligroso viajar por tu cuenta?

¿Es necesario contratar un seguro de viajes?

¿Cómo haces con las cosas de mujeres?

¿Te llevas un botiquín de primeros auxilios?

¿Y si me pasa algo grave o tengo un accidente?

¿Cómo te comunicas en los países que no hablan castellano?

¿Cómo te conectas a Internet?

Viajar caminando

Viajar caminando es la forma más antigua de viajar. Viajar caminando es mirar de frente al sol y llenarse de energía; o mirar las estrellas y guiarse con ellas en la noche.

Viajar caminando es vivir el paisaje, es sentir el viento, el frío y el calor, es tocar la lluvia y empaparse de ella y de la vida. Es crecer. Es encontrarse con uno mismo y con los demás. Es viajar. Es caminar.

Viajar caminando es el mayor de los placeres de esta vida.

Viajar es mi mayor pasión en la vida. Caminar es la otra. Caminando se descubre el paisaje de una manera especial, se siente con todos los sentidos y es de las experiencias más lindas que existen al viajar. Se puede conocer mejor a la gente de un lugar, a los que pasean, a los que están trabajando, a los que te saludan o te ofrecen de comer, a los que viven ahí o a los que están de paso. Viajando caminando se conoce mejor un lugar. Caminando se avanza al ritmo que cada uno puede y así aprendemos a hacer pausas, a escuchar nuestro cuerpo y a dejarnos llevar por él.

Caminando se viaja mejor. Vamos caminando.

¡Bienvenidos a mi nuevo Blog Viajar caminando!
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Quiero ser escritora y viajera

Estaba hoy leyendo “Mis cuatro años de viajera…” en el blog “Viajando por ahí” cuando caí en la cuenta de algo: al igual que su autora, llevo años dando la vuelta al mundo. Y si bien a veces me ansío y creo que viajo menos de lo que me gustaría, la realidad es que viajo tanto como me propongo. En definitiva, poco a poco y a mi manera, con espacios de estabilidad y trabajo estresante, estoy viajando alrededor del mundo. Y así me lo hizo notar una amiga argentina hace un tiempo: “amiga, vos estás dando tu propia vuelta al mundo”.

Me emocionó mucho leer este post de Aniko porque me identifico totalmente con ella. Siempre soñe con ser: “viajera y escritora” o escritora viajera. Al principio me daba un poco igual por dónde iba a empezar. Tuve épocas en las que me expresé con poesía, otras con cuentos o relatos cortos, y hasta empecé alguna novela. Pero siempre quería contar historias, cosas que le ocurría a la gente, acá o allá, en una ciudad cercana o lejana, en un país conocido como era para mí Argentina, o en un país desconocido como era Afganistán. Sí, me inventé una vez una historia sobre una mujer cuyo marido iba a la guerra y sufría su ausencia. Y mientras escribía sobre lugares lejanos soñaba con conocerlos, aprender sus costumbres, sus idiomas, sus tradiciones y hacer amigos por el camino.

Todavía recuerdo cuando con nueve o diez años le dije a mi mamá que quería estudiar quechua y entonces me preguntó extrañada que para qué. Y le respondí “quiero un día ir a conocer a los pueblos quechua y poder escuchar sus historias y conocerlos de verdad, convivir con ellos, por eso necesito aprender quechua”. Y mi abuela me regaló un libro viejo sobre Cuzco y me puse a leer las últimas páginas donde había palabras traducidas al quechua. Creo que pensaron que eran locuras de niña pequeña. No lo recuerdo pero yo era feliz soñando con conocer la cultura quechua algún día. Asignatura pendiente que ojalá satisfaga en parte este año. Después a los diez años le dije a mis padres que quería estudiar inglés porque era el idioma del futuro y la única forma de viajar por el mundo. Menos mal que me hicieron caso y me enviaron a clases particulares. Sin saber inglés creo que me hubiera inhibido mucho al cruzar más de una frontera.

Me fui por las ramas. Lo hago siempre. De hecho, cuando empiezo un artículo no tengo muy claro adonde quiero llegar. Y cuando lo tengo claro, llego a algo totalmente distinto. En fin, el tema es que me siento muy identificada con esta viajera escritora del blog “Viajando por ahí”. Al igual que ella pensé en estudiar Filosofía y Letras pero luego desistí y estudié Periodismo. Y no lo hice en mi ciudad de origen, en Mar del Plata, ni en Palma, la ciudad donde mis papás se mudaron cuando yo terminé la escuela secundaria, sino en Madrid, ciudad cosmopolita y viajera donde las haya. Madrid también fue la primera ciudad de España que conocí después de Palma. Luego vino Barcelona y las mil y un ciudades de este hermoso país que pude conocer en los diez años que viví en él hasta diciembre del año pasado.

Durante la carrera y al terminarla también, escribí artículos de viajes en algunas revistas digitales y en blogs de viajes como aquel sobre mi estancia en el pequeño país de Malta en el año 2010 que los directores titularon Malta por goleada. Para mí que no me gusta el fútbol fue poco acertado pero ahí estaba mi primer artículo de viajes publicado. Fue un viaje de tres semanas pero tuve que reducir el artículo a una semana porque así me lo pidieron desde la redacción. Por aquel entonces ni había oído hablar de SEO ni de posicionamiento en buscadores, pero no tardaría ni un año en aparecer esa palabreja en mi vocabulario, palabra que menciona Aniko en su artículo y que solía marcar mi día a día en mi trabajo en 2011 y 2012. Y que sigue y seguirá jugando un papel importante en mi día a día, pero eso es otro tema que creo hoy no voy a contar.

La cuestión es que mi amiga tiene razón cuando dice que estoy dando mi propia vuelta al mundo. Si hoy me preguntaran desde cuándo estoy viajando por el mundo no sabría por donde empezar. Podría incluir en mis peripecias los viajes a Villa Gesell, Miramar, Tandil, Ostende, San Miguel del Monte y otras ciudades de la provincia de Buenos Aires a las que fui de chica por una causa o por otra. Seguro me marcaron pero no sé si fueron el inicio de mi vuelta al mundo. Quizás fue el primer viaje en avión: a los diecisiete años cuando volamos de Argentina a España y al atravesar el océano sentí que el mundo entero estaba ahí esperándome, que podía recorrerlo sin límites. O tal vez fue mi primer viaje fuera de España en 2008 cuando fui a Roma con un grupo de amigas. A lo mejor la oportunidad de recorrer Estrasburgo, Bruselas, Lovaina y Brujas grabando con mi cámara la visita de un grupo de chicas a las instituciones europeas más importantes y turisteando a su manera, fue lo que marcó el inicio de mi vuelta al mundo. No sabría decirlo. Podría también ser el viaje que hice en 2010 recorriendo en coche y de camping en camping Francia, Bélgica, Holanda, Suiza y Luxemburgo. O quizás esos diez días en Nueva Delhi, en India, que me acercaron a una cultura totalmente diferente y me contagiaron de una felicidad inmensa que a día de hoy casi no ha sido superada por ningún otro viaje. También pudo ser el viaje de voluntariado a Kenia en 2012 o el viaje a Salta y Jujuy en mi regreso a Argentina en 2013.

Sinceramente creo que es difícil establecer un comienzo pero definitivamente estoy dando la vuelta al mundo. A veces me gustaría ir más lento, disfrutar más de un paisaje o de una charla con un desconocido, aprender el idioma local más a fondo, quedarme más de quince días en la misma ciudad y vivirla más a fondo, pero creo que poco a poco voy aprendiendo de cada viaje y afinando más mi propio estilo viajero. Y como dice la autora del blog “Viajando por ahí”, ese sueño de viajar por el mundo y ser escritora se va haciendo cada vez más fuerte. Y no es solo un sueño soñado sino un sueño cumplido. La clave está en apostar por una misma. Creer en una mismo y seguir trabajando para cumplir los sueños. En este caso, el sueño de viajar.

Viajar me hace feliz por todo lo que “viajar” significa para mí.

Villa Gesell (Argentina) Verano 2014 – By Romy

Disfrutando de la Naturaleza: excursión a Peñalara

Esta mañana me levanté con ganas de escribir sobre la Naturaleza y esa necesidad inmensa que tengo siempre de recibir un poco de sol y respirar aire fresco. Estas ganas vienen desde ayer que fui de excursión a la sierra de Madrid para mostrarle a una amiga la laguna de Peñalara. Me encanta ir de excursión, sentir la Naturaleza bien cerca y ver el verde de los pinos, escuchar los pájaros, ver el azul verdoso de los pantanos, los embalses y las lagunas. Es más que una necesidad.
Es posible que esa necesidad por estar en contacto me venga de chiquita, de estar siempre jugando en el pasto y los ciruelos del parque de en frente de casa, de ir de vez en cuando a la Sierra de los Padres o a la Laguna de los Padres o de subirme a los árboles de casa de la abuela Julia. No lo sé. Pero la cuestión es que disfruto muchísimo de estar rodeada de Naturaleza.
La laguna de Peñalara está en la zona de Rascafría. De camino pasamos por Navacerrada, por el embalse del mismo nombre y por el puerto del mismo nombre. Esa zona es muy bonita en invierno cuando todo está nevado. Solía ir todos los inviernos a jugar con las primeras nieves y el paisaje me parecía precioso. De ahí continuamos hacia Puerto de Cotos y así llegamos al estacionamiento del Parque Natural de Peñalara. Recomendable comer en la pradera y sentir el aire fresquito de la sierra mientras la observamos de frente. Yo preferí la sombra de un árbol de la parte más alta de la pradera y mi amiga, un poco de sol.
De ahí iniciamos la marcha tras cargar agua no tratada (directa de la Naturaleza) en nuestra cantimplora. Después de quince minutos se llega a un paraje precioso donde se pueden ver las montañas bañadas de un verdoso tímido que en esta época del año (verano) suele tender a ser amarillento. Pero también hay un pequeño valle bien verde, tanto que algunos excursionistas bromean con que es un capo de golf. Por suerte, hasta estas alturas no llegó la máquina capitalista y sólo hay algunas vacas pastando. Preciosas, por cierto. Todas negras excepto una que es marrón.
Después de otro rato llegamos al cruce que divide los caminos que llevan a la laguna de Peñalara y a la laguna de los Pájaros (excursión de más de dos horas que recomiendo por la belleza del paisaje y del camino rocoso). Hay un puente de madera y un arroyo que hace que el paisaje sea idílico. Si una se queda en silencio y se acerca a las rocas bañadas por esa agua de deshielo y se deja arrullar por el sonido de la pequeña cascada natural se puede sentir un momento de verdadero placer. Y qué es la vida sino un cúmulo de esos momentos placenteros. A eso le llamo yo disfrutar de la vida.
A continuación caminamos por un sendero de madera que nos lleva a una zona rocosa que termina en la laguna de Peñalara. Ha pasado casi una hora. La laguna es pequeña y está casi sin agua pero merece la pena haber llegado hasta ahí sólo por ver el paisaje: la sierra se impone ante nosotros con su grandeza, los escaladores parecen pequeños palitos ante semejante roca y en lo alto vemos algo blanco que asoma. Es nieve, dicen algunas. ¡Cómo va a ser nieve si estamos en julio y con el sol como pega! Pues sí, al parecer son neveros que salen de la roca, acumulación de nieve o más bien hielo que con su blancura contrasta con el gris de la roca. Así lo confirman unas señoras que rondarán los setenta años que han hecho la misma excursión que nosotras.
Extasiadas por la belleza de la Naturaleza comemos algo más y nos dejamos arropar por el paisaje durante un ratito de siesta para emprender el camino de regreso al estacionamiento. Y ahora a Segovia para que mi amiga vea el famoso acueducto romano y para tomar un café que con el solcito nos vamos a volver a quedar dormidas. Pero Segovia es otra historia…

Viajar es uno de los mayores placeres de esta vida

Desde que empecé a escribir este blog algunas amigas me recomiendan frases, videos, historias, y múltiples temas para publicar. Me gusta que haya más gente por ahí que se entusiasme al pensar en motivos para disfrutar de la vida. Les prometo que iré publicándolo todo.
Hoy quería hacer una reflexión sobre lo que significa para mí viajar, salir de la ciudad, de la provincia, incluso del país. Ver “otros mundos” y descubrir en las personas lo amplio y diferente que es el mundo en el que vivimos. En lo personal, me ha hecho sentirme parte de algo enorme, muy variado, colorido y sobre todo, como dice la canción de moda del verano pasado “ciudadana de un lugar llamado mundo”.
La primera vez que salí de mi ciudad, Mar del Plata, no la recuerdo. Seguramente fuimos a Tandil, a visitar a la familia que tenemos ahí y que siempre nos recibían con entusiasmo. Gente amable y sencilla, hospitalaria y con un toque de campechana. Siempre me sentí a gusto entre gente así. Posteriormente viajaría a Buenos Aires pero no recuerdo demasiado porque tendría unos 9 años y fue un viaje relámpago para “los 15” de mi tía. Con el tiempo viajaría a Miramar, Ostende, San Miguel del Monte y otras ciudades pequeñas de la mano del grupo de la Iglesia y de la escuela. A mucha gente le parecerá un rollo (embole) pero la verdad es que yo recuerdo haberme sentido realmente feliz. Muy feliz. Incluso en esos momentos de “retiro de silencio” delante de un plato de arroz jaja ¡Sí! Me entusiasmaba pensar que luego saldríamos a recorrer las calles de barro hasta alcanzar la primera casita de campo en la que tocaríamos la puerta y nos recibirían amablemente con lo poco que tenían para compartir un momento lindo. Y sí… me gusta la gente.

En fin, lo que yo quería es reflexionar sobre lo que se siente cuando se viaja, cuando salimos de nuestros hogares, de nuestro entorno y vamos más allá y recorremos ciudades y países diferentes al nuestro, al que nos vio nacer o al que nos adoptó como en mi caso son Argentina y España. Me encantan los paisajes que conozco de ambos países. Y la gente con la que he tenido el gusto de encontrarme también. Pero la sensación de viajar es increíble.Es uno de los mayores placeres de esta vida.
Romina caminando por el Parque Natural Tierra del Fuego, 2014
Viajar te abre la cabeza, te muestra que hay otras formas de vivir, de disfrutar la vida o de simplemente vivirla. Te enseña a respetar más a aquellas personas que por alguna razón no comprendías, a aceptar sus comportamientos y a entender porqué piensan como piensan. Viajar te hace conocer otras culturas con sus costumbres, su lengua, sus puntos de vista.
Me encanta ver paisajes diferentes y respirar otros aires pero en el encuentro con el otro está la magia de viajar. Por eso siempre intento acercarme a la gente del lugar, intentar conocerlos aunque sea por un instante, una pregunta casual, una conversación sobre el tiempo, una consulta sobre un lugar en el mapa. Las reacciones de las personas son tan diversas. Y cada persona tiene su forma de ser y de comportarse pero a su vez se diferencian según la ciudad en la que uno se encuentre. ¡Cómo nos marca el lugar done vivimos! ¡El entorno! ¡La sociedad! ¡La época! Todo. Los momentos que nos toca vivir, las situaciones políticas, económicas, sociales, etc. Todo nos deja una huella.
Podría seguir horas hablando de las sensaciones de viajar pero este post se volvería aburrido y llegaría tarde a trabajar. Simplemente quería invitar a todos los que lea esto que viajen, lo más que puedan, cerca o lejos, que conversen con gente diferente, de distintas edades, de distintos pueblos y culturas, de distintas “clases sociales” si es que existen. Y quien no tenga esa posibilidad de viajar ni de acercarse a personas de otras partes del mundo, le recomiendo que lea mucho, que lea sobre otros países, otras culturas, otras formas de pensar y de vivir la vida. Se dará cuenta que el mundo es maravilloso en su diversidad y que tenemos mucho que aprender de ese “otro” al que solemos llamar “extranjero” simplemente porque en su documento no viene el nombre de nuestro país.
¡Que tengan un día maravilloso estén donde estén! 
Ciudadanos de un lugar llamado mundo. Delafé.