Archivo de la categoría: Argentina

Mis viajes por Argentina

Ruta de los 7 Lagos

El Camino de los Siete Lagos es un tramo de la ruta 40 en Argentina que había deseado recorrer desde que era pequeña. Al parecer, esa misma ruta la recorrieron mis bisabuelos en coche cuando eran jóvenes y se quedaron enamorados del paisaje. Pero ¿qué tiene de especial?

Bosques, cerros nevados, lagos inmensos, variedad de colores y más de 100 km de asfalto que te invitan a viajar sin tiempo. Así es la Ruta de los 7 lagos. ¿Te animas a recorrerla? Seguir leyendo Ruta de los 7 Lagos

Viaje por el Noroeste Argentino: Salta

Desde siempre había soñado con conocer el Noroeste Argentino y hace tres años ese sueño se hizo realidad. Aún a día de hoy, después de haber recorrido múltiples destinos del mundo, sigo pensando que aquel viaje de diez días a las provincias de Salta y Jujuy fue uno de los mejores viajes de mi vida.

Paisajes de Salta, Argentina, abril 2013 | viajarcaminando,org
Paisajes de Salta, Argentina, abril 2013 | rominitaviajera.com

El verano había terminado en Argentina y mi amiga Lala y yo nos negábamos a enfrentarnos al frío así que nos fuimos para el norte. El ómnibus salió de Buenos Aires rumbo a Villa María donde hicimos una parada de un día para visitar a un gran amigo que nos recibió con esa amabilidad de los pueblos de Argentina. Esa amabilidad que no se olvida jamás. Pero es otra historia que contaré otro día.

De ahí, nos fuimos a Córdoba capital a visitar a mis primos y tíos y disfrutar de la familia y el paisaje compartido antes de meternos nuevamente en un ómnibus hacia Salta, la linda. ¿Qué nos esperaba en Salta? ¿Por qué la llaman “Salta, la linda”? Estábamos a punto de descubrirlo y de honrar su nombre al disfrutar de su belleza natural en cada rincón recorrido.

@rominitaviajera y su amiga Lala en los Valles Calchaquíes, Salta, Argentina, abril 2013 | viajarcaminando.org
@rominitaviajera y su amiga Lala en los Valles Calchaquíes, Salta, Argentina, abril 2013 | rominitaviajera.com

Salta nos recibió con su calidez norteña, el olor a humitas y tamales en cada esquina, las sonrisas de sus niños al salir de la escuela, el bullicio de los autos en pleno centro y un paisaje urbano precioso que disfrutamos desde lo alto del teleférico.

Vista panorámica de la ciudad de Salta, Argentina, abril 2013 | viajarcaminando.org
Vista panorámica de la ciudad de Salta, Argentina, abril 2013 | rominitaviajera.com

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Ushuaia o un viaje al fin del mundo

Viajamos desde Calafate a Ushuaia en avión continuando nuestra Luna de Miel por el sur argentino allá por noviembre de 2014. Nos esperaban cuatro días de paseos, excursiones, antiguas estancias, visitas al Parque Natural de Tierra del Fuego y los paisajes más hermosos del mundo.

David y Rominita, Estancia Harberton, Tierra del Fuego, Argentina
David y Rominita, Estancia Harberton, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014

¿Alguna vez les conté que me encantan los mapas? Imagínense ver un mapa desde el aire. Eso fue lo que nos pareció ver cuando cruzamos hacia la provincia de Tierra del Fuego en avión. Un mapa con relieve marcado principalmente por los Andes fueguinos. Una entrada espectacular que nos emocionó a ambos no solo como argentinos sino como viajeros. Y así fue como llegamos a Ushuaia, “la ciudad más austral del mundo”.

Mapa Ushuaia
Mapa Ushuiaia, Tierra del Fuego, Argentina – Fuente: Google Maps

Nos hospedamos en la Hostería Ushuaia Green House con menos lujos que en Calafate pero con una atención excelente y unas vistas maravillosas tanto desde el comedor como desde nuestra habitación. Un paisaje de paz que anticipaba lo que sería nuestra estadía en tierras fueguinas. A pesar de ser una ciudad muy conocida y muy frecuentada por turistas, la zona por donde estábamos, un poco alejada del centro, nos resultó familiar y tranquila.

Vistas desde la Hostería Green House, Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 - viajarcaminando.org
Vistas desde la Hostería Green House, Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org

Aprovechamos un paseo por el centro para reservar la excursión del día siguiente y tomarnos una cervecita en un bar del centro que resultaron ser solo cuatro o cinco calles de negocios y restaurantes que terminan en la famosa cárcel del fin del mundo. Visita que dejamos para el final.

Al día siguiente nos embarcamos rumbo al Faro Les Éclaireurs y a la estancia más al sur del Planeta, navegando por las aguas del Canal Beagle. Y entre tantos nombres extranjeros el lector podría pensar que nos transportamos a Europa pero no, seguimos en la Argentina, en Tierra del Fuego concretamente. Y al Canal de Beagle también podríamos llamarlo Onashaga que significa “canal de los onas” en idioma yagán, la lengua de los habitantes primitivos de la zona.

Puerto de Ushuahia - Argentina
Puerto de Ushuahia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org
Faro Les Eclaireurs, Ushuaia
Faro Les Eclaireurs, Canal de Beagle, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org
Isla con pingüinos en el Canal de Beagle
Pingüinos en el Canal de Beagle, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2015 -viajarcaminando.org

Navegar por en Canal de Beagle y ver tantos pingüinos juntos en una isla fue una de las experiencias más lindas del viaje. Y aún nos esperaba algo más: llegar a la Estancia del fin del mundo. Un lugar idílico. Prados verdes, casitas blancas, fondo de montaña nevada y un marco de aguas tranquilas. No me sorprendió cuando le pregunté a la chica que nos atendió en el único restaurante de la estancia ¿qué hacía una chica de la Capital por ahí? y me respondió “vivo en el Paraíso”.

Estancia del fin del mundo Tierra del Fuego
Estancia Harberton, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org
Canal Beagle desde la Estancia Harberton en Tierra del Fuego
Estancia Harberton, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org

La Estancia Harberton está rodeada de montes, lagunas, ríos y todo tipo de fauna local, de la que nos podemos informar en el Museo Acatushun de aves y mamíferos australes. Los propietarios de la Estancia Harberton hoy en día son Thomas Goodall, bisnieto del primer habitante de la misma, y su mujer Rae Natalie Prosser, una bióloga estadounidense muy dedicada al Museo y a la conservación de las especies.

El regreso de la estancia a Ushuaia fue en un autobús  y pasamos por antiguos bosques convertidos en castoreras. Al principio llaman la atención y te genera cierta admiración el trabajo que han hecho los castores pero al saber que son una especie invasora dañina con la fauna y flora local, nos entristeció. Otra cosa curiosa que vimos en el camino son los árboles doblados por la fuerza del viento y alguno incluso parecía una mujer con los brazos abiertos hacia el cielo.

Castoreras
Castoreras, paisajes destruidos, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org
Árboles en Tierra del Fuego
Árbol torcido por el viento, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org

Al día siguiente, nos fuimos a recorrer el Parque Nacional Tierra del Fuego, casi 70 mil hectáreas de bosque, ríos, lagos, picos y valles. Allí pasamos el día entero, recorrimos Bahía Lapataia, descansamos junto a las lagunas, admiramos los colores de las turberas y pasamos un día inolvidable. Es uno de esos paisajes que repetiría algún día.

Turberas, Parque Nacional de Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 - viajarcaminando.org
Turberas, Parque Nacional de Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org

El viaje continuó al día siguiente en la Cárcel del fin del mundo: el Penal de Ushuaia. Fue una cárcel que funcionó en Argentina entre 1904 y 1947, destinada a delincuentes comunes reincidentes pero también a otros de alta peligrosidad. Es más que un museo de historia, es un recuerdo viviente de un pasado no tan remoto. Alguno de sus pabellones han sido reconstruidos pero otros están intactos y el paseo por ellos da escalofríos.

Pabellón 4, Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 - viajarcaminando.org
Pabellón 4, Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org
Estatua de un preso, Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, noviembre 2014 - viajarcaminando.org
Estatua de un preso, Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, noviembre 2014 – viajarcaminando.org

 

Pabellón en ruinas del Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 - viajarcaminando.org
Pabellón en ruinas del Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org

Para dar finalizado nuestra estadía en Ushuaia, el último día, nos fuimos a pasear por los alrededores de la Hostería Green House, un barrio de chalets y cabañas rodeadas de árboles. Siguiendo las recomendaciones del dueño de la Hostería, que fue muy amable en todo momento con nosotros, seguimos un sendero que nos llevó a un pequeño bosque y de ahí sin quererlo llegamos a orillas del Canal Beagle. El aire fresco de la costa nos recordó que estábamos al sur de la Argentina, al sur del continente, nos recordó que estábamos en el Fin del Mundo.

Canal de Beagle, alrededores de la Hostería Green House, Ushuaia, Tierra del fuego, Argentina, noviembre 2014
Canal de Beagle, alrededores de la Hostería Green House, Ushuaia, Tierra del fuego, Argentina, noviembre 2014

Luna de miel en El Calafate

Siempre había soñado con conocer los glaciares argentinos y alguna vez había fantaseado con la idea de viajar al Fin del mundo. Lo que jamás imaginé es que iría de luna de miel. Sin embargo, así fue: nos fuimos de luna de miel a El Calafate y Ushuaia y fue un viaje inolvidable.

Cuando se mencionan estos dos lugares juntos no es porque estén cercas, sino porque muchos packs turísticos los ofrecen así. La realidad es que hay una hora y cuarto de avión entre El Calafate y Ushuaia, unas diez horas en coche y más de siete días caminando sin parar, lo cual sería tarea imposible.

Lago Argentino
Lago Argentino, El Calafate, Argentina, noviembre de 2014

El Calafate

Nuestra estadía en El Calafate no fue en un hostel como muchos de nuestros viajes, sino que aprovechando la excusa de la luna de miel nos fuimos a un buen hotel con hermosas vistas: el Alto Calafate Hotel Patagónico, donde disfrutamos de la piscina y del spa. Y por supuesto, de una privilegiada vista al Lago Argentino.

Glaciar Perito Moreno

Cuando pensaba en los glaciares el único que se me venia a la mente es el Perito Moreno así que fue el primero que quise conocer. Compramos los pasajes en la estación de buses de la ciudad y sobre las 13 hs. estábamos saliendo para el Parque Natural.

Llegar al Parque y ver el glaciar Perito Moreno en su explendor, fue tan emocionante como cuando vi por primera vez las Cataratas del Iguazú. ¡Qué blancura! ¡Cuánta belleza! La inmensidad y la hermosura del paisaje me dejaron sin palabras y me dejé llevar.

Hicimos los distintos recorridos a pie parando de vez en cuando para admirar la belleza del glaciar, para sacar una foto, para escuchar un trozo de hielo caer al agua o simplemente para llenarnos de paz. Por momentos el silencio era absoluto y nos invadía la serenidad, hasta que los pedazos de hielo cayendo nos sorprendían con su estruendo. Lo había visto en documentales pero nada se compara con estar ahí viviéndolo frente a frente. Es increíble.

Glaciar Perito Moreno
Glaciar Perito Moreno, Santa Cruz, Argentina, noviembre 2014 | Viajarcaminando.org

Excursión Ríos de hielo

Podríamos haber ido al Chaltén pero estábamos antojados en ver más y más glaciares. Así que lo dejamos para un futuro viaje, quizás celebrando algún aniversario. Reservamos la excursión Ríos de Hielo el día antes de hacerla y nos costó cerca de 100 dolares a cada uno, pero merece muchísimo la pena. Compramos la excursión en la agencia dueña de los barcos: Solo Patagonia, para evitar intermediarios.

La excursión nos permitió descubrir los Glaciares Upsala y Spegazzini, desconocidos por nosotros hasta ese día, y disfrutar de un paisaje único: gélido pero bellísimo. Durante el recorrido, tanto de ida como de vuelta, fuimos viendo témpanos de hielo, algunos blanquecinos y otros más azules. Todos hermosos. Pero lo mejor fue llegar al final del recorrido y ver el Upsala imponente y magnífico ; y luego el glaciar Spegazzini, que nos dejó boquiabiertos por su belleza que pudimos apreciar muy de cerca. Impresiona pero también emociona.

Excursión Ríos de hielo
Excursión Ríos de hielo, Santa Cruz, Argentina, noviembre 2014 | viajarcaminando.org

Paseando por el Calafate

El último día en El Calafate lo aprovechamos para dar un paseo por la ciudad, recorrer sus rincones, ver artesanías, tomar unos mates en un bar en la zona de la Aldea de los gnomos, y comer como reyes en lo de Doña Mecha a muy buen precio.

El Calafate
El Calafate, Santa Cruz, Patagonia, Argentina, noviembre 2014

Nos despedimos de El Calafate para volar hacia la Tierra del Fuego, a Ushuaia, la ciudad del fin del mundo, una segunda parte de este viaje que la relato en el artículo Ushuaia o un viaje al fin del mundo.

Viaje a Mendoza

Mendoza es una de esas provincias de la Argentina que enamoran y que te dejan con ganas de volver a verla. Solo fuimos por cuatro días y casi no pisamos la ciudad porque nos hospedamos en una cabaña en Potrerillos, pero fue un viaje inolvidable.

Potrerillos en Mendoza
Potrerillos, Mendoza, Argentina, Septiembre 2014 | Viajar caminando

Llegamos a la ciudad de Mendoza el viernes por la mañana. El vuelo ida y vuelta desde Buenos Aires nos costó unos 230€ al cambio oficial ($2400) del momento. En el aeropuerto alquilamos un coche porque no había forma fácil de llegar a Potrerillos sin él. Y nos vino muy bien para hacer las excursiones por nuestra cuenta: tanto la de montaña como la de las bodegas de vino.

La cabaña que teníamos reservada en Potrerillos resultó ser encantadora. Fue una sorpresa, regalo de bodas de una pareja amiga. Así que no teníamos ni idea donde nos hospedaríamos hasta que llegamos los cuatro, una hora y media después de aterrizar en Mendoza capital. Lo mejor eran las vistas a la pre cordillera andina que aún conservaba nieve a principios de septiembre. Era viernes y aún teníamos que trabajar pero el entorno agradable de las cabañas hizo la tarde muy amena.

Potrerillos en Mendoza
Vistas de la cabaña en Potrerillos, Mendoza, Argentina, Septiembre 2014 | Viajar caminando

Después nos fuimos a comer a un restaurante del pueblo, La Escondida, donde probé por primera vez solomillo al vino tinto que estaba delicioso. Y más tarde, después de terminar de trabajar, nos fuimos a merendar a la cafetería Hansel & Gretel en la zona alta de Potrerillos, un hermoso lugar  donde sentirse muy cómodo gracias a la hospitalidad de sus dueños.

Cafetería Hansel & Gretel
Cafetería Hansel & Gretel en Potrerillos, Mendoza, Argentina, septiembre 2014 | Viajar caminando

Excursión de alta montaña

El sábado emprendimos viaje hacia Uspallata, donde alquilamos cadenas para las ruedas y nos fuimos hacia el Puente del Inca, una formación rocosa con una carcasa ferruginosa que crea un puente natural que cruza el río Las Cuevas. Debajo del puente, a orillas del río, hay un hotel de aguas termales abandonado hace años y recubierto por los mismos sedimentos minerales. Los colores de los minerales hacen del puente un paisaje curioso.

Puente del Inca en Mendoza
Puente del Inca, Mendoza, Argentina, Septiembre 2014 | Viajar caminando

Desde el Puente del Inca nos fuimos al Parque provincial del Cerro Aconcagua, donde hicimos una mini excursión para ver de cerca uno de los picos más altos del mundo (el Aconcagua es la segunda cumbre terrestre de mayor altura relativa detrás del Everest). Y disfrutamos de la belleza de la Cordillera de los Andes en su mayor expresión.

Cerro Aconcagua
Cerro Aconcagua, Mendoza, Argentina, Septiembre 2014 | Viajar caminando

Queríamos ver el Cristo Redentor pero la ruta estaba cerrada por la nieve así que solo pudimos llegar hasta el último pueblo antes de cruzar a Chile: Las Cuevas. Descubrimos este pueblo sin saber nada de él y tras atravesar un túnel así que cuando se hizo la luz, las casas de techo alpino y la montaña nevadas nos dejaron boquiabiertos. Había tanta nieve que nos pusimos a jugar como niños pequeños, para después degustar unos deliciosos platos típicos en el restaurante Arco de las Cuevas para entrar en calor.

Excursión a los viñedos y a la bodega La Azul

El domingo nos fuimos a pasar el día a la zona de Tupungato, y visitar los viñedos. Mendoza es una provincia hermosa y sus paisajes cambian cada pocos kilómetros. Ya lo habíamos experimentado el día anterior camino hacia el cerro Aconcagua y volvió a ocurrirnos camino a los viñedos. Estábamos tan maravillados con las vistas que no paramos de hacernos fotos con ellas de fondo.

Camino a Tupungato Mendoza
Camino a Tupungato Mendoza, Argentina, Septiembre 2014 | Viajar caminando

Teníamos la idea de visitar viñedos y bodegas pero no sabíamos bien por donde empezar así que nos decidimos por la bodega mejor valorada en Tripadvisor: la bodega La Azul. Y no pudimos haber elegido mejor. Pasamos un día increíblemente maravilloso junto a nuestros amigos españoles que quedaron encantados con la belleza del lugar y la simpatía y calidez de su gente. La Bodega La Azul es un negocio familiar que tiene además un pequeño restaurante al aire libre donde se pueden degustar los vinos de la casa con los exquisitos platos tradicionales. Comimos maravillosamente y desde ese día nos empezó a gustar el vino.

Bodega La Azul
Bodega La Azul, Mendoza, Argentina, Septiembre 2014

Pero no solo la comida y la bebida convirtieron nuestra excursión en una de las mejores experiencias de nuestras vidas, sino también el entorno de viñedos y montaña y la amabilidad y simpatía de su gente. Pasamos horas en el lugar y terminamos la tarde escuchando el guitarreo y el canto de la familia de la Bodega La Azul. Realmente, un día inolvidable.

Bodega La Azul
Bodega La Azul, Mendoza, Argentina, Septiembre 2014 | Viajar caminando

Si tuviera que resumir en pocas palabras este viaje de cuatro días a Mendoza lo haría diciendo que fue un viaje lleno de momentos mágicos y paisajes increíbles. Mendoza es, sin duda, uno de los sitios a los que no dudaría en regresar.

Posadas, las Cataratas del Iguazú y San Ignacio del Miní

Como comenté en anteriores post, en 2014 comencé lo que me dio por llamar “Mi propio viaje por Latinoamérica“. Posadas, capital de la provincia argentina de Misiones, se convirtió de la noche a la mañana en uno de los destinos de este peculiar viaje.

Dejamos Corrientes por la tarde y llegamos a Posadas bien entrada la noche. La ruta nos había dado pistas de lo que allí veríamos: tierra colorada, palmeras, casitas bajas, algunas de adobe, y gente cálida y tranquila. Fuimos a casa de un amigo y cenamos unas empanadas. Todavía tendríamos dos días de vacaciones antes de ponernos a trabajar.

Ruta bañada de tierra colorada de Posadas, Misiones, Argentina.

Al día siguiente, emprendimos viaje hacia Puerto Iguazú. Ambos habíamos estado ya en la zona pero queríamos volver a ver las Cataratas del Iguazú. Estábamos a casi cuatro horas de camino en coche así que llegamos al Parque Iguazú sobre el mediodía. Tuvimos algún inconveniente para acceder porque no aceptaban el pago de la entrada con tarjeta y llevábamos escaso dinero en efectivo pero dentro del Parque hay curiosamente servicio de cajero automático.

Al entrar al Parque, optamos por ir hacia nuestro objetivo principal de ese día que era “La Garganta del Diablo“, un conjunto de cascadas que tiene 80 mts. de altura. Años anteriores ambos habíamos hecho el circuito chico y el circuito largo y también la aventura de la lancha que te lleva debajo de las aguas de las cataratas. Las nubes nos perseguían y temíamos que lloviera porque no íbamos preparados para mojarnos y porque en una ocasión anterior la lluvia había bloqueado algún que otro puente. Pero pudimos disfrutar de una hora del sol antes de que la tormenta nos sorprendiera de camino al puente que llega a la Garganta del Diablo.

Vista desde el puente a Garganta del Diablo, Parque Iguazú, Misiones, Argentina.

Nos empapamos. El agua nos nublaba la vista. Era casi imposible seguir avanzando por el puente pero habíamos hecho muchos kilómetros para ver La Garganta del Diablo y no nos íbamos a echar atrás. Después de varios puentes, llegamos por fin a nuestro destino, mojados pero felices, y la blancura de las aguas de la catarata más grande del parque nos invadió. Es realmente hermosa y la sensación de estar rodeado de tanta agua cayendo con semejante fuerza que te ensordece es increíble.

Garganta del Diablo, Cataratas del Iguazú, Misiones, Argentina, 2014

Al regresar a la estación de Garganta del Diablo decidimos hacer la cola para tomar el tren ya que volver caminando se complicaba sin calzado adecuado para el barro. El paisaje selvático es hermoso pero la lluvia complica la excursión por los distintos caminos del Parque Natural de Iguazú. Así que ese día no pudimos recorrer mucho más. Volvimos a la estación principal y emprendimos el regreso a Posadas en coche. Teníamos por delante más de cuatro horas de lluvias y barro en la ruta.

Al día siguiente, volvimos a la carretera. Esta vez para conocer las ruinas de San Ignacio, a 60 km de Posadas. No están muy promocionadas así que nuestras expectativas no eran muy altas pero nos llevamos una linda sorpresa al descubrir que tenemos en la Argentina una de las reducciones jesuíticas mejor conservadas de Latinoamérica.

Ruinas de San Ignacio del Miní, Misiones, Argentina, 2014

Las ruinas de San Ignacio Miní fueron fundadas en el siglo XVII para evangelizar a los nativos de la zona, los guaraníes. Tiene una distribución típica de un pueblo: la Iglesia, la casa principal, el cementerio, el cabildo. Sin embargo, impresiona su altura, sus detalles bien conservados y su color rojizo como la tierra que la rodea. Nos llamó la atención que el cementerio siguió utilizándose hasta los años 70′ del siglo pasado por lo que es una mezcla de tumbas antiguas de diferentes épocas y estilos.

El fin de semana largo había terminado y tuvimos que volver al trabajo, a la pantalla, a las teclas, los números, los informes y demás. Y así continuamos el resto de la semana pero al terminar nuestra jornada laboral aprovechábamos a pasear. Posadas tiene una costanera muy pintoresca y una playa extensa donde pudimos tomar sol, caminar, tomar unos mates y disfrutar de las fresquitas aguas del río Paraná sin alejarte de la orilla. ¿Alguna vez se bañaron en un río? Este estaba muy limpio y fresquito.

Costanera y Playa de Posadas, Misiones, Argentina, 2014

La costanera de Posadas fue todo un descubrimiento para mi y fue protagonista de nuestro broche de oro a un viaje inolvidable a la provincia de Misiones.

Atardecer en el Río Paraná, Costanera Posadas, Misiones (Argentina)

Corrientes en 24 horas

Si me hubieran preguntado antes si se podía conocer Corrientes en 24 horas supongo que habría dicho que no pero después de haber disfrutado de un día maravilloso con una familia correntina encantadora podría afirmar lo contrario. No sé si conocimos literalmente Corrientes pero se puede decir que disfrutamos de gran parte de sus encantos: el Carnaval veraniego, un asado familiar auténticamente correntino, un paseo por pueblos cercanos, visita a un antiguo ferrocarril, y paseo por la Costanera. ¿Qué más se puede pedir?

Sin darme cuenta hacía ya un par de meses que mi propio viaje por Latinoamérica había empezado. Quizás no era consciente de ello. Hacía un mes y pico que no salíamos de la ciudad y yo tenía muchas ganas de viajar. A veces creo que es enfermizo, porque no puedo controlar las ganas de viajar y me entra mucha ansiedad. La cuestión es que a mi compañero de aventuras en esta vida se le ocurrió que podíamos viajar a Posadas a visitar a un amigo suyo que hacía tiempo tenía ganas de ver. Así matábamos dos pájaros de un tiro. Y entonces pensamos en pasar por Gualeguaychú de camino para conocer uno de los Carnavales más famosos del país, pero la ocupación hotelera estaba casi al 100% y las entradas estaban agotadas para todas las fechas porque era el último fin de semana del Carnaval en Argentina. Así que pensamos en Corrientes.
En realidad hacía tiempo que queríamos ir a Corrientes, a conocer a la familia de mi cuñado que siempre nos está diciendo que vayamos. Así que nos decidimos en menos de una semana y preparamos las valijas, el auto y el mate para el camino. Al mejor estilo argentino, como solían viajar mis bisabuelos, agarramos la ruta de Mar del Plata a Buenos Aires con la ilusión de unos adolescentes. Pasamos la noche en Buenos Aires, en casa de mis tíos que siempre me miman cuando ando de pasada por la Capital. Y el sábado a la mañana bien temprano emprendimos viaje hacia Corrientes. Lo que no sabíamos es que tardaríamos más de diez horas en llegar por la caravana de coches en la ruta. La próxima vez que se me ocurra viajar en auto para el feriado puente de Carnavales que alguien me detenga por favor.

Camino a Corrientes, Marzo 2014
Llegamos a Corrientes tardísimo, sobre las once de la noche, con hambre y ganas de ir a los Carnavales que mi cuñado había hecho famosísimos. Gracias a la predisposición y a los buenos contactos de su hermano, pudimos conseguir una plaza en las plateas del Corsódromo que estaba llenísimo de gente. Y la verdad es que fue increíble. Nunca había vivido un Carnaval tan alegre, donde todo el público canta, baila y aplaude. Se respiraba alegría pura; los trajes llenaban la pasarela de color; y sus bailarines, de una energía especial. Disfrutamos tanto como si fueramos parte de la familia correntina desde siempre. Fue un momento inolvidable. Descubrimos porqué Corrientes es “La Capital Nacional del Carnaval”.
Al día siguiente, desayunamos al aire libre en el parque de la casa donde nos alojamos, y más tarde llegaron familiares de mi cuñado y comimos un rico asado argentino. Pasamos un momento muy agradable en familia para irnos después a visitar una localidad cercana. 
El pueblo que visitamos se llama Santa Ana y conserva dos locomotoras y varios vagones junto a un anden, resguardados bajo un techo de chapa. Por lo que pude saber después gracias a la página Alepolvorines, esos trenes no pertenecían al famoso Tren Económico de Corrientes sino que fueron traídos desde otra población.
Al regreso a Corrientes Capital dimos un paseo por la Costanera nueva y la vieja. Si bien Corrientes no tiene acceso al mar, ésta playa no tenía nada que envidiarle a otras de la costa atlántica.

La Costanera, Corrientes Capital, Marzo 2014

Ésta historia y otras tantas son parte de Mi propio viaje por Latinoamérica.

Escapada a Miramar

Cuando una regresa a su ciudad natal después de tantos años de vivir en el extranjero, todo le da nostalgia y dan muchas ganas de recorrer lugares que en el recuerdo son mágicos. Entre esos lugares en mi mente estaba Miramar, una ciudad de la costa atlántica argentina que tiene su encanto no solo para mí sino para muchos turistas que la eligen cada año para pasar sus vacaciones.

Como es una ciudad que tenemos cerca, a menos de una hora de Mar del Plata en micro o en auto, podemos ir y venir en el día. La ruta de la costa es hermosa porque vas pasando por las famosas playas del sur de Mar del Plata, por los Acantilados, los barrios más tranquilos, el Complejo Chapadmalal y sus hoteles, campo y otra vez playa. Ahora ya se trata de las playas de Miramar con sus balnearios y sus campings. Y ya se va observando otro ambiente, más relajado quizá.

Arco Gral. San Martín, Miramar, enero 2014

A pesar de que las playas de Miramar son tranquilas, las de la entrada estaban llenas de gente, así que tras atravesar el Arco San Martín y entrar a la ciudad oficialmente, buscamos una playa tranquila, una sin balneario. ¡Y la encontramos! Tras bajar unas escaleras llegamos a una playa de arena gruesa con caracoles rotos y piedras chiquitas. ¡Un entretenimiento para mi sobrina!

Y así fue como terminamos con los bolsillos llenos de piedritas en forma de corazón o caracoles pegados el uno al otro. Todo muy romántico y muy tierno, sobre todo visto desde los ojos de una niña dulce como es mi sobrina. El agua estaba muy fría y había muchas rocas pero para chapotear en la orilla y jugar entre las rocas estaba genial. ¡Qué lindo es sentirse una niña otra vez! ¡Qué felicidad!
Pero Miramar no es solo playas, así que después de tomarnos unos mates nos fuimos a caminar por el centro, a pasear por la peatonal comercial, tomarnos un helado en una esquina, y visitar la plaza principal para seguir jugando. Hacía años que no me hamacaba o no montaba en el sube y baja en Miramar y fue muy lindo rememorarlo y poder compartirlo con mi sobrina. 
La verdad es que la ciudad tiene muchos encantos, como el Bosque energético que conocí de pequeña, en el que descubrí cómo dejar un palito de pie, donde sentí por primera vez la energía especial de Miramar al tocar con los dedos del pie los palitos del suelo mientras cerraba los ojos, y donde sentí algo especial que vuelve a mí cada vez que lo rememoro. Es una sensación que pocas veces volví a sentir en un lugar así. Lamentablemente, en esta escapada no llegamos a ir así que me lo debo para la próxima visita a la ciudad.
Lo que sí descubrimos es una nueva pieza de arte que no estaba ahí la última vez que había visitado la ciudad: el Árbol tallado Madre Naturaleza. Se trata de una hermosa escultura tallada en madera sobre la base de un árbol ancestral de la Plaza Islas Malvinas.
Árbol tallado Madre Naturaleza, Miramar, enero 2014

Detalles como el Árbol tallado hacen de Miramar una ciudad hermosa, que respeta la cultura y la naturaleza al mismo tiempo, una ciudad en armonía. Tal vez esa armonía es lo que me encanta de Miramar.

Ojalá en este pequeño artículo les haya podido transmitir parte de lo que me transmite esta bella ciudad. En las próximas publicaciones seguiré contando las pequeñas y grandes escapadas que fueron formando parte de Mi Propio Viaje por Latinoamérica. ¡Que las disfruten!

Cuatro días en Villa Gesell y más

A las pocas semanas de llegar a Mar del Plata, en pleno verano argentino, nos asomamos a la costa atlántica: Villa Gesell, San Bernardo, Pinamar, Cariló, Mar azul. Fueron cuatro días estupendos, de tranquilidad, de campamento, playa, arena y mar. Y así comenzó mi propio viaje por Latinoamérica.

Viaje a Villa Gesell, Argentina, enero 2014

Cuando llegué a Argentina para celebrar el año nuevo no tenía un plan de viaje definido. A decir verdad, tenía una idea de lo que quería hacer, viajar y conocer mi país y los de alrededor sin dejar de trabajar pero tenía distintas ideas en mente y como era de esperar todo se fue dando de otra manera. Esto me suele pasar a menudo: yo planifico mientras la vida me va mostrando otros caminos.

El viaje por la costa atlántica no estaba en mis planes, o tal vez sí, ya no lo recuerdo. El tema es que necesitaba unos días de relax, desenchufar, dejar el celular en casa y dedicarme a sentir el viento, los pajaritos cantar y las olas del mar. Eso fue lo que tuvimos (mi novio y yo): unos días de paz y de aire puro acampando en Villa Gesell. Visitamos las ciudades y playas cercanas pero regresando siempre a cenar a Gesell donde dormíamos.

No nos tocaron días de mucho calor sino más bien lo contrario. Así que el primer día pudimos ir caminando desde el camping Afrika donde teníamos armada nuestra carpa hasta la playa de Gesell. Habíamos elegido un camping tranquilo, sin recitales por la noche, sin pileta ni juegos, simplemente un espacio donde estar en silencio, leyendo un libro, escuchando el sonido de la naturaleza, observando el fuego al calentar la pava para los mates o un té por la mañana. Y lo conseguimos.

Fueron días de mucho viento, algo normal por estos pagos, y en las playas de Gesell no había un alma. Los cuatro gatos que fuimos ese día de semana a la playa teníamos las inmensas arenas de Villa Gesell para nosotros solos pero todos estábamos igual: buscando un médano donde refugiarnos del viento que soplaba y hacía picar la arena muy fuerte. Aprovechamos para descansar, tomar unos mates y jugar a las cartas. ¿Por qué solo juego a las cartas cuando voy a la playa? ¿Les pasa lo mismo? De chica, jugaba por las tardes en casa de mi abuela pero con el tiempo se quedó relegado a un juego de playa.

Cuatro días en Gesell se convertían en un viaje muy corto y tranquilo si no nos acercábamos a San Bernardo, ciudad que hace rato quería conocer y de la que tanto hablaban últimamente mis amigas de Mar del Plata y algún taxista de Capital. Así que al segundo día de estar en Gesell nos fuimos para allá a pasar el día, a conocer sus playas y jugar un rato a la paleta en la arena dura de la orilla. El mar tenía unas olas hermosas y el sol nos estaba abrasando así que no dudamos en meternos al agua que estaba bien fría, como es normal en el Atlántico. Nos divertimos tanto saltando las olas como dos adolescentes. Ya no recordaba lo que era saltar las olas de semejante manera. ¡Qué hermoso cuando uno se siente así de feliz con algo tan insignificante! Es genial.

Por la noche, fuimos a caminar por el Paseo de las Artesanías de Gesell. Esos paseos son parecidos en todas las ciudades de la Costa Atlántica pero me encanta ver los trabajos artesanales, los colores de los tejidos a croché y descubrir alguna idea nueva para tejer o para armar. Además, caminando es como se descubren las ciudades, su gente y fue caminando por Gesell también como descubrimos varios artistas callejeros que nos hicieron pasar un lindo rato, riendo o sorprendiéndonos con malabares y magia. Me recordó a la primera y única vez que estuve en Villa Gesell cuando tenía nueve años y fuimos con la familia a festejar que “llegaban los reyes magos”. Desde entonces, muchas cosas cambiaron en Gesell y en mi vida pero había algo en aquel paseo que me hacía pensar que la esencia de esta hermosa ciudad costera estaba en pie.

Otro de los días fuimos a recorrer Cariló, a dar una vuelta, respirar aire puro, admirar chaléts impresionantes y cabañas de madera entrañables, charlar un rato, comer dulces, tocar los árboles. Nunca había estado en Cariló y me sorprendió que fuera tan grande y su centro (unas cuantas casonas de madera convertidos en locales comerciales de precios elevados) fuera tan concurrido. Por los coches estacionados alrededor del nuestro, por las casonas y por los precios de todo pudimos notar que es la localidad con más lujo de la zona. Los precios fuero los que nos hicieron desistir de la idea de merendar en Cariló y volver a Gesell, a nuestro ya adorado camping.

Cuatro días en Villa Gesell se pasan rápido pero aún nos quedaba algún lugar por conocer. Otro destino fue Mar de las Pampas, donde el paisaje boscoso se parecía a lo que vimos en Cariló así que decidimos ir directo a la playa pero nos confundimos y terminamos en Mar Azul. Ahí nos encontramos con lindas playas abiertas al pie de unos chalets de lujo. Pero también había pequeños médanos de arena fina que daban la sensación de playa salvaje a pesar de tener cerca la urbanización. Muy distinta sensación de la que se siente en las playas de San Bernardo o Pinamar, playas mucho más turísticas, mucho más comerciales.

Nuestro último destino de este rincón de la Costa Atlántica fue Pinamar. La verdad es que no es un lugar que me haya trasmitido mucho: demasiada gente en la playa, demasiada gente en todos lados. Paseamos un poco, nos tomamos un helado y nos fuimos. La paz que buscábamos no estaba ahí y sí en Gesell así que volvimos al camping, al descanso de un atardecer con sabor a sal mezclado con el aroma de la corteza quemándose en un fuego improvisado que anticipaba la cena de la última noche.

Con nuestro regreso a Mar del Plata dimos por finalizados nuestros cuatro días de escape, de paz y de descanso. Nos esperaban más viajes y más aventuras en este 2014.

Calles de arena en las localidades de la Costa Atlántica, enero 2014