Archivo de la categoría: Latinoamérica

Relatos de los viajes por Latinoamérica

Ruta de los 7 Lagos

El Camino de los Siete Lagos es un tramo de la ruta 40 en Argentina que había deseado recorrer desde que era pequeña. Al parecer, esa misma ruta la recorrieron mis bisabuelos en coche cuando eran jóvenes y se quedaron enamorados del paisaje. Pero ¿qué tiene de especial?

Bosques, cerros nevados, lagos inmensos, variedad de colores y más de 100 km de asfalto que te invitan a viajar sin tiempo. Así es la Ruta de los 7 lagos. ¿Te animas a recorrerla? Seguir leyendo Ruta de los 7 Lagos

Viaje por el Noroeste Argentino: Salta

Desde siempre había soñado con conocer el Noroeste Argentino y hace tres años ese sueño se hizo realidad. Aún a día de hoy, después de haber recorrido múltiples destinos del mundo, sigo pensando que aquel viaje de diez días a las provincias de Salta y Jujuy fue uno de los mejores viajes de mi vida.

Paisajes de Salta, Argentina, abril 2013 | viajarcaminando,org
Paisajes de Salta, Argentina, abril 2013 | rominitaviajera.com

El verano había terminado en Argentina y mi amiga Lala y yo nos negábamos a enfrentarnos al frío así que nos fuimos para el norte. El ómnibus salió de Buenos Aires rumbo a Villa María donde hicimos una parada de un día para visitar a un gran amigo que nos recibió con esa amabilidad de los pueblos de Argentina. Esa amabilidad que no se olvida jamás. Pero es otra historia que contaré otro día.

De ahí, nos fuimos a Córdoba capital a visitar a mis primos y tíos y disfrutar de la familia y el paisaje compartido antes de meternos nuevamente en un ómnibus hacia Salta, la linda. ¿Qué nos esperaba en Salta? ¿Por qué la llaman “Salta, la linda”? Estábamos a punto de descubrirlo y de honrar su nombre al disfrutar de su belleza natural en cada rincón recorrido.

@rominitaviajera y su amiga Lala en los Valles Calchaquíes, Salta, Argentina, abril 2013 | viajarcaminando.org
@rominitaviajera y su amiga Lala en los Valles Calchaquíes, Salta, Argentina, abril 2013 | rominitaviajera.com

Salta nos recibió con su calidez norteña, el olor a humitas y tamales en cada esquina, las sonrisas de sus niños al salir de la escuela, el bullicio de los autos en pleno centro y un paisaje urbano precioso que disfrutamos desde lo alto del teleférico.

Vista panorámica de la ciudad de Salta, Argentina, abril 2013 | viajarcaminando.org
Vista panorámica de la ciudad de Salta, Argentina, abril 2013 | rominitaviajera.com

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Ushuaia o un viaje al fin del mundo

Viajamos desde Calafate a Ushuaia en avión continuando nuestra Luna de Miel por el sur argentino allá por noviembre de 2014. Nos esperaban cuatro días de paseos, excursiones, antiguas estancias, visitas al Parque Natural de Tierra del Fuego y los paisajes más hermosos del mundo.

David y Rominita, Estancia Harberton, Tierra del Fuego, Argentina
David y Rominita, Estancia Harberton, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014

¿Alguna vez les conté que me encantan los mapas? Imagínense ver un mapa desde el aire. Eso fue lo que nos pareció ver cuando cruzamos hacia la provincia de Tierra del Fuego en avión. Un mapa con relieve marcado principalmente por los Andes fueguinos. Una entrada espectacular que nos emocionó a ambos no solo como argentinos sino como viajeros. Y así fue como llegamos a Ushuaia, “la ciudad más austral del mundo”.

Mapa Ushuaia
Mapa Ushuiaia, Tierra del Fuego, Argentina – Fuente: Google Maps

Nos hospedamos en la Hostería Ushuaia Green House con menos lujos que en Calafate pero con una atención excelente y unas vistas maravillosas tanto desde el comedor como desde nuestra habitación. Un paisaje de paz que anticipaba lo que sería nuestra estadía en tierras fueguinas. A pesar de ser una ciudad muy conocida y muy frecuentada por turistas, la zona por donde estábamos, un poco alejada del centro, nos resultó familiar y tranquila.

Vistas desde la Hostería Green House, Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 - viajarcaminando.org
Vistas desde la Hostería Green House, Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org

Aprovechamos un paseo por el centro para reservar la excursión del día siguiente y tomarnos una cervecita en un bar del centro que resultaron ser solo cuatro o cinco calles de negocios y restaurantes que terminan en la famosa cárcel del fin del mundo. Visita que dejamos para el final.

Al día siguiente nos embarcamos rumbo al Faro Les Éclaireurs y a la estancia más al sur del Planeta, navegando por las aguas del Canal Beagle. Y entre tantos nombres extranjeros el lector podría pensar que nos transportamos a Europa pero no, seguimos en la Argentina, en Tierra del Fuego concretamente. Y al Canal de Beagle también podríamos llamarlo Onashaga que significa “canal de los onas” en idioma yagán, la lengua de los habitantes primitivos de la zona.

Puerto de Ushuahia - Argentina
Puerto de Ushuahia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org
Faro Les Eclaireurs, Ushuaia
Faro Les Eclaireurs, Canal de Beagle, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org
Isla con pingüinos en el Canal de Beagle
Pingüinos en el Canal de Beagle, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2015 -viajarcaminando.org

Navegar por en Canal de Beagle y ver tantos pingüinos juntos en una isla fue una de las experiencias más lindas del viaje. Y aún nos esperaba algo más: llegar a la Estancia del fin del mundo. Un lugar idílico. Prados verdes, casitas blancas, fondo de montaña nevada y un marco de aguas tranquilas. No me sorprendió cuando le pregunté a la chica que nos atendió en el único restaurante de la estancia ¿qué hacía una chica de la Capital por ahí? y me respondió “vivo en el Paraíso”.

Estancia del fin del mundo Tierra del Fuego
Estancia Harberton, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org
Canal Beagle desde la Estancia Harberton en Tierra del Fuego
Estancia Harberton, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org

La Estancia Harberton está rodeada de montes, lagunas, ríos y todo tipo de fauna local, de la que nos podemos informar en el Museo Acatushun de aves y mamíferos australes. Los propietarios de la Estancia Harberton hoy en día son Thomas Goodall, bisnieto del primer habitante de la misma, y su mujer Rae Natalie Prosser, una bióloga estadounidense muy dedicada al Museo y a la conservación de las especies.

El regreso de la estancia a Ushuaia fue en un autobús  y pasamos por antiguos bosques convertidos en castoreras. Al principio llaman la atención y te genera cierta admiración el trabajo que han hecho los castores pero al saber que son una especie invasora dañina con la fauna y flora local, nos entristeció. Otra cosa curiosa que vimos en el camino son los árboles doblados por la fuerza del viento y alguno incluso parecía una mujer con los brazos abiertos hacia el cielo.

Castoreras
Castoreras, paisajes destruidos, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org
Árboles en Tierra del Fuego
Árbol torcido por el viento, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org

Al día siguiente, nos fuimos a recorrer el Parque Nacional Tierra del Fuego, casi 70 mil hectáreas de bosque, ríos, lagos, picos y valles. Allí pasamos el día entero, recorrimos Bahía Lapataia, descansamos junto a las lagunas, admiramos los colores de las turberas y pasamos un día inolvidable. Es uno de esos paisajes que repetiría algún día.

Turberas, Parque Nacional de Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 - viajarcaminando.org
Turberas, Parque Nacional de Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org

El viaje continuó al día siguiente en la Cárcel del fin del mundo: el Penal de Ushuaia. Fue una cárcel que funcionó en Argentina entre 1904 y 1947, destinada a delincuentes comunes reincidentes pero también a otros de alta peligrosidad. Es más que un museo de historia, es un recuerdo viviente de un pasado no tan remoto. Alguno de sus pabellones han sido reconstruidos pero otros están intactos y el paseo por ellos da escalofríos.

Pabellón 4, Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 - viajarcaminando.org
Pabellón 4, Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org
Estatua de un preso, Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, noviembre 2014 - viajarcaminando.org
Estatua de un preso, Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, noviembre 2014 – viajarcaminando.org

 

Pabellón en ruinas del Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 - viajarcaminando.org
Pabellón en ruinas del Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, noviembre 2014 – viajarcaminando.org

Para dar finalizado nuestra estadía en Ushuaia, el último día, nos fuimos a pasear por los alrededores de la Hostería Green House, un barrio de chalets y cabañas rodeadas de árboles. Siguiendo las recomendaciones del dueño de la Hostería, que fue muy amable en todo momento con nosotros, seguimos un sendero que nos llevó a un pequeño bosque y de ahí sin quererlo llegamos a orillas del Canal Beagle. El aire fresco de la costa nos recordó que estábamos al sur de la Argentina, al sur del continente, nos recordó que estábamos en el Fin del Mundo.

Canal de Beagle, alrededores de la Hostería Green House, Ushuaia, Tierra del fuego, Argentina, noviembre 2014
Canal de Beagle, alrededores de la Hostería Green House, Ushuaia, Tierra del fuego, Argentina, noviembre 2014

Luna de miel en El Calafate

Siempre había soñado con conocer los glaciares argentinos y alguna vez había fantaseado con la idea de viajar al Fin del mundo. Lo que jamás imaginé es que iría de luna de miel. Sin embargo, así fue: nos fuimos de luna de miel a El Calafate y Ushuaia y fue un viaje inolvidable.

Cuando se mencionan estos dos lugares juntos no es porque estén cercas, sino porque muchos packs turísticos los ofrecen así. La realidad es que hay una hora y cuarto de avión entre El Calafate y Ushuaia, unas diez horas en coche y más de siete días caminando sin parar, lo cual sería tarea imposible.

Lago Argentino
Lago Argentino, El Calafate, Argentina, noviembre de 2014

El Calafate

Nuestra estadía en El Calafate no fue en un hostel como muchos de nuestros viajes, sino que aprovechando la excusa de la luna de miel nos fuimos a un buen hotel con hermosas vistas: el Alto Calafate Hotel Patagónico, donde disfrutamos de la piscina y del spa. Y por supuesto, de una privilegiada vista al Lago Argentino.

Glaciar Perito Moreno

Cuando pensaba en los glaciares el único que se me venia a la mente es el Perito Moreno así que fue el primero que quise conocer. Compramos los pasajes en la estación de buses de la ciudad y sobre las 13 hs. estábamos saliendo para el Parque Natural.

Llegar al Parque y ver el glaciar Perito Moreno en su explendor, fue tan emocionante como cuando vi por primera vez las Cataratas del Iguazú. ¡Qué blancura! ¡Cuánta belleza! La inmensidad y la hermosura del paisaje me dejaron sin palabras y me dejé llevar.

Hicimos los distintos recorridos a pie parando de vez en cuando para admirar la belleza del glaciar, para sacar una foto, para escuchar un trozo de hielo caer al agua o simplemente para llenarnos de paz. Por momentos el silencio era absoluto y nos invadía la serenidad, hasta que los pedazos de hielo cayendo nos sorprendían con su estruendo. Lo había visto en documentales pero nada se compara con estar ahí viviéndolo frente a frente. Es increíble.

Glaciar Perito Moreno
Glaciar Perito Moreno, Santa Cruz, Argentina, noviembre 2014 | Viajarcaminando.org

Excursión Ríos de hielo

Podríamos haber ido al Chaltén pero estábamos antojados en ver más y más glaciares. Así que lo dejamos para un futuro viaje, quizás celebrando algún aniversario. Reservamos la excursión Ríos de Hielo el día antes de hacerla y nos costó cerca de 100 dolares a cada uno, pero merece muchísimo la pena. Compramos la excursión en la agencia dueña de los barcos: Solo Patagonia, para evitar intermediarios.

La excursión nos permitió descubrir los Glaciares Upsala y Spegazzini, desconocidos por nosotros hasta ese día, y disfrutar de un paisaje único: gélido pero bellísimo. Durante el recorrido, tanto de ida como de vuelta, fuimos viendo témpanos de hielo, algunos blanquecinos y otros más azules. Todos hermosos. Pero lo mejor fue llegar al final del recorrido y ver el Upsala imponente y magnífico ; y luego el glaciar Spegazzini, que nos dejó boquiabiertos por su belleza que pudimos apreciar muy de cerca. Impresiona pero también emociona.

Excursión Ríos de hielo
Excursión Ríos de hielo, Santa Cruz, Argentina, noviembre 2014 | viajarcaminando.org

Paseando por el Calafate

El último día en El Calafate lo aprovechamos para dar un paseo por la ciudad, recorrer sus rincones, ver artesanías, tomar unos mates en un bar en la zona de la Aldea de los gnomos, y comer como reyes en lo de Doña Mecha a muy buen precio.

El Calafate
El Calafate, Santa Cruz, Patagonia, Argentina, noviembre 2014

Nos despedimos de El Calafate para volar hacia la Tierra del Fuego, a Ushuaia, la ciudad del fin del mundo, una segunda parte de este viaje que la relato en el artículo Ushuaia o un viaje al fin del mundo.

Viaje a Mendoza

Mendoza es una de esas provincias de la Argentina que enamoran y que te dejan con ganas de volver a verla. Solo fuimos por cuatro días y casi no pisamos la ciudad porque nos hospedamos en una cabaña en Potrerillos, pero fue un viaje inolvidable.

Potrerillos en Mendoza
Potrerillos, Mendoza, Argentina, Septiembre 2014 | Viajar caminando

Llegamos a la ciudad de Mendoza el viernes por la mañana. El vuelo ida y vuelta desde Buenos Aires nos costó unos 230€ al cambio oficial ($2400) del momento. En el aeropuerto alquilamos un coche porque no había forma fácil de llegar a Potrerillos sin él. Y nos vino muy bien para hacer las excursiones por nuestra cuenta: tanto la de montaña como la de las bodegas de vino.

La cabaña que teníamos reservada en Potrerillos resultó ser encantadora. Fue una sorpresa, regalo de bodas de una pareja amiga. Así que no teníamos ni idea donde nos hospedaríamos hasta que llegamos los cuatro, una hora y media después de aterrizar en Mendoza capital. Lo mejor eran las vistas a la pre cordillera andina que aún conservaba nieve a principios de septiembre. Era viernes y aún teníamos que trabajar pero el entorno agradable de las cabañas hizo la tarde muy amena.

Potrerillos en Mendoza
Vistas de la cabaña en Potrerillos, Mendoza, Argentina, Septiembre 2014 | Viajar caminando

Después nos fuimos a comer a un restaurante del pueblo, La Escondida, donde probé por primera vez solomillo al vino tinto que estaba delicioso. Y más tarde, después de terminar de trabajar, nos fuimos a merendar a la cafetería Hansel & Gretel en la zona alta de Potrerillos, un hermoso lugar  donde sentirse muy cómodo gracias a la hospitalidad de sus dueños.

Cafetería Hansel & Gretel
Cafetería Hansel & Gretel en Potrerillos, Mendoza, Argentina, septiembre 2014 | Viajar caminando

Excursión de alta montaña

El sábado emprendimos viaje hacia Uspallata, donde alquilamos cadenas para las ruedas y nos fuimos hacia el Puente del Inca, una formación rocosa con una carcasa ferruginosa que crea un puente natural que cruza el río Las Cuevas. Debajo del puente, a orillas del río, hay un hotel de aguas termales abandonado hace años y recubierto por los mismos sedimentos minerales. Los colores de los minerales hacen del puente un paisaje curioso.

Puente del Inca en Mendoza
Puente del Inca, Mendoza, Argentina, Septiembre 2014 | Viajar caminando

Desde el Puente del Inca nos fuimos al Parque provincial del Cerro Aconcagua, donde hicimos una mini excursión para ver de cerca uno de los picos más altos del mundo (el Aconcagua es la segunda cumbre terrestre de mayor altura relativa detrás del Everest). Y disfrutamos de la belleza de la Cordillera de los Andes en su mayor expresión.

Cerro Aconcagua
Cerro Aconcagua, Mendoza, Argentina, Septiembre 2014 | Viajar caminando

Queríamos ver el Cristo Redentor pero la ruta estaba cerrada por la nieve así que solo pudimos llegar hasta el último pueblo antes de cruzar a Chile: Las Cuevas. Descubrimos este pueblo sin saber nada de él y tras atravesar un túnel así que cuando se hizo la luz, las casas de techo alpino y la montaña nevadas nos dejaron boquiabiertos. Había tanta nieve que nos pusimos a jugar como niños pequeños, para después degustar unos deliciosos platos típicos en el restaurante Arco de las Cuevas para entrar en calor.

Excursión a los viñedos y a la bodega La Azul

El domingo nos fuimos a pasar el día a la zona de Tupungato, y visitar los viñedos. Mendoza es una provincia hermosa y sus paisajes cambian cada pocos kilómetros. Ya lo habíamos experimentado el día anterior camino hacia el cerro Aconcagua y volvió a ocurrirnos camino a los viñedos. Estábamos tan maravillados con las vistas que no paramos de hacernos fotos con ellas de fondo.

Camino a Tupungato Mendoza
Camino a Tupungato Mendoza, Argentina, Septiembre 2014 | Viajar caminando

Teníamos la idea de visitar viñedos y bodegas pero no sabíamos bien por donde empezar así que nos decidimos por la bodega mejor valorada en Tripadvisor: la bodega La Azul. Y no pudimos haber elegido mejor. Pasamos un día increíblemente maravilloso junto a nuestros amigos españoles que quedaron encantados con la belleza del lugar y la simpatía y calidez de su gente. La Bodega La Azul es un negocio familiar que tiene además un pequeño restaurante al aire libre donde se pueden degustar los vinos de la casa con los exquisitos platos tradicionales. Comimos maravillosamente y desde ese día nos empezó a gustar el vino.

Bodega La Azul
Bodega La Azul, Mendoza, Argentina, Septiembre 2014

Pero no solo la comida y la bebida convirtieron nuestra excursión en una de las mejores experiencias de nuestras vidas, sino también el entorno de viñedos y montaña y la amabilidad y simpatía de su gente. Pasamos horas en el lugar y terminamos la tarde escuchando el guitarreo y el canto de la familia de la Bodega La Azul. Realmente, un día inolvidable.

Bodega La Azul
Bodega La Azul, Mendoza, Argentina, Septiembre 2014 | Viajar caminando

Si tuviera que resumir en pocas palabras este viaje de cuatro días a Mendoza lo haría diciendo que fue un viaje lleno de momentos mágicos y paisajes increíbles. Mendoza es, sin duda, uno de los sitios a los que no dudaría en regresar.

Viaje a Bolivia: Lago Titicaca, Copacabana y La Isla del Sol

Para ir a la Isla del Sol teníamos que ir antes a Copacabana y estábamos en La Paz, ya de regreso de nuestro viaje a Cuzco y Machupichu. Un bus nos pasó a buscar por una de las calles céntricas de La Paz. Subimos a la parte alta de la ciudad, vimos la zona del inicio del Teleférico, hicimos unas paradas en los barrios de la montaña para recoger gente y seguimos camino.
La Isla del Sol, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Lago Titicaca, Copacabana, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Bordeamos el famoso Lago Titicaca, hermoso en su inmensidad, y seguimos camino hacia el Estrecho de Tiquina, donde tendríamos que bajar del bus para cruzar al otro lado. Fue curioso ver cómo el bus se iba en una embarcación y nosotros en otra. Nunca había visto un barco o lo que fuere llevar un bus encima para cruzar un estrecho. Nosotros cruzamos en lancha. Al llegar al otro extremo, nos pidieron los pasaportes. Seguíamos en Bolivia pero por alguna razón temen que vengas en lancha desde Perú sin papeles.
Después de cruzar el estrecho aún nos quedaba un rato largo subiendo por rutas que hacían zigzag. Llegamos a Copacabana después de tres horas y media. Ahí nos esperaba un guía local para mostrarnos la ciudad y acompañarnos hasta el lugar donde comeríamos y darnos los tickets de la embarcación que cruzaría el Lago Titicaca hasta la Isla del Sol.
Calle comercial, Copacabana, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com
Calle comercial, Copacabana, Bolivia, 2014 | rominitaviajera.com

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Machupichu: la felicidad de alcanzar un sueño

Este artículo es parte de una serie de relatos que forman parte de Mi propio viaje por Latinoamérica.
Cuando era chica soñaba con aprender algún día el idioma quechua y conocer tierras incaicas. Y entre esos sueños me imaginaba un día paseando por Machupichu y admirando sus construcciones para comprender al Gran Imperio y su gente. Y ese pedacito de sueño un día se hizo realidad.
Cuando una sueña tanto con algo, lo imagina, lo planea, lo siente, pero nada se parece al momento en que una se da cuenta que ha alcanzado ese sueño, que se ha hecho realidad. Y es en ese momento cuando las lágrimas afloran solas sin más, sin preámbulos, sin aviso, salen y ruedan hasta el suelo envolviendo de magia ese instante. Eso me pasó al llegar a Machupichu.
Llegamos a Machupichu después de subir los 2500 escalones que van desde Aguas Calientes a las ruinas. Llegamos cansados, extenuados, fusilados, pero felices.
Pero mejor empecemos por el principio, por la salida de Cuzco el día anterior:
Después de pasar la noche el La Posada del Viajero, Felicitas nos vino a buscar para ir juntos hasta La Plaza de Armas desde donde partía nuestro minibús hacia la Hidroeléctrica, lugar donde tenía inicio nuestra caminata de algo más de dos horas para llegar al pueblo de Aguas Calientes, antes de que caiga la noche.
El camino hasta la Hidroeléctrica es muy bonito; pasa por Ollantaytambo, un poblado incaico a 90 km de Cuzco que tiene mucho encanto; y por Santa Teresa, donde las agencias paran para comer algo más de media hora. El viaje se hace un poco largo porque estar dentro de una mini van tantas horas hace que se te entumezca todo pero creo que es la mejor opción si no has tenido la oportunidad de hacer el Camino del Inca.
Artesanías en Ollantaytambo, de Cuzco a la Hidroeléctrica, Perú, 2014
Cuando llegamos a la Hidroeléctrica ya habíamos hecho amigos: una pareja de chilenos más jóvenes que estaban de vacaciones como nosotros. Iniciamos la caminata con toda la ilusión del mundo, subimos por en medio del paisaje húmedo y selvático, caminamos junto al río, sobre las rocas o junto a las vías del tren que no pasaría hasta última hora de la tarde.
Camino de la Hidroeléctrica hacia Aguas Calientes, Machupichu, Perú, 2014
Camino de la Hidroeléctrica a Machupichu, Perú, 2014
Camino de Hidroeléctrica a Aguas Calientes, Machupichu, Perú, 2014
Llegamos a Aguas Calientes con nuestras últimas energías, con mucha hambre y con ganas de una buena ducha. Sin embargo, tuvimos que esperar más de una hora para que nuestro guía apareciera.
El guía nos acompañó a comprar las entradas para entrar a Machupichu a la mañana siguiente. 
Como ya las teníamos pagas y nos esperábamos que nos dijeran que teníamos que entrar a comprarlas, hubo un rato de confusión y malestar pero al parecer funciona así: los guías devuelven el dinero que uno le pagó por la entrada a Machupichu y le hacen comprarla a uno mismo. Otra confusión se genera cuando ves que las entradas son para entrar dentro de un mes. El guía nos aseguró que no pasaba nada pero hasta que no estuvimos dentro de Machupichu no nos quedamos tranquilos. Allí otro guía nos contaría que eso es parte de una trampa a la que se presta el gobierno para sortear las condiciones de capacidad por día que le pone la UNESCO como entidad encargada de haber nombrado a Machupichu Patrimonio de la Humanidad. Sin comentarios.
La cena que viene después de esos ratos amargos, es muy buena. Lo pasamos bien charlando con nuestros nuevos amigos chilenos. Paseamos un poco por las callecitas de Aguas Calientes, me compré un bolso de tejido típico peruano y algún imán para regalar. Y a dormir, que al otro día habría que levantarse a las 4 am.
De Aguas Calientes a Machupichu
Antes de las 4.30 am estábamos listos para subir a Machupichu, en la plaza principal de Aguas Calientes. Llovía mucho y finito. Hacía frío. La excursión no pintaba bien. Íbamos con una linterna ecológica que en esa ocasión no resultaba útil porque te ocupa las manos al tener que darle a la manivela que la recarga. Caminamos hacia el primer control de pasaporte y entrada por un camino embarrado y lleno de charcos que a duras penas veíamos a tiempo para sortear. La cola de espera era inmensa. Y se hizo aún más inmensa detrás nuestro.
A las 5 am comenzamos a subir las escaleras hacia Machupichu. Teníamos que llegar a las 6.15 am, hora en que habíamos quedado con nuestro guía para entrar todos juntos en grupo. Era imposible ya que decían que se tardaba una hora y media en subir. De todas formas, el grupo esperaría hasta las 6.45 am si no habían llegado todos los integrantes. Así que teníamos algo de ventaja pero no demasiada.
Subiendo de Aguas Calientes a Machupichu, Perú, 2014
Son 2500 escalones para subir a Machupichu. Hay descansos pero no muchos. Los escalones son altos. La escalera va haciendo zigzag. Y la verdad es que nos costó mucho más de lo que imaginábamos. Nunca habíamos subido tantos escalones en nuestras vidas. Hubo momentos en que pensamos que no llegaríamos, que era imposible, que tendríamos que volver y comprar los pasajes de bus de subida. Nos faltaba el aire, las piernas nos temblaban. Nos dimos cuenta que estábamos fuera de estado y que el mal de altura no ayudaba. Dos veces estuvimos a punto de renunciar y nos animamos el uno al otro. “Llegamos hasta acá, ahora no podemos bajar los brazos, hay que llegar, tenemos que subir para ver Machupichu”. “Dale, vos podés, podemos, juntos podemos, tenemos que llegar, no se puede volver atrás”.
Y llegamos.
Dos horas más tarde de haber iniciado el ascenso, llegamos al final de la bendita escalera incaica. El grupo ya se había ido. No hacía mucho. Hacía quince minutos que habían entrado. Lo supimos después. Pero no veíamos la banderita por ninguna parte. Encontramos otro grupo que se llamaba igual y nos unimos. Nadie se dio cuenta.  A lo mejor nuestro grupo estaba dividido en dos. Lástima que no estaban nuestros amigos chilenos para compartir la experiencia, porque habían ido delante.
Ya nada importaba. Estábamos en Machupichu. El dolor y el cansancio se habían quedado atrás. La emoción por haber llegado y estar contemplando uno de los lugares más maravillosos del mundo, era plena. Nos invadía.
Machupichu, Perú, 2014, Disfrutarlavidahoy.com
Machupichu, Perú, 2014, Disfrutarlavidahoy.com
Recorrimos todo, de punta a punta, escuchando atentamente las explicaciones del guía. Admiramos las construcciones, contemplando el paisaje, las montañas, la niebla que poco a poco se retiraba junto con las nubes, las llamas que pastaban acá y allá, las escaleras, los caminos. Todo lo que nos rodeaba era digno de admiración.
Machupichu, Perú, 2014, Disfrutarlavidahoy.com
Cuando la visita guiada terminó, nos quedaba una cosa que hacer antes de irnos a tomar el bus que nos bajaría a Aguas Calientes: subir a la cima de Machupichu y contemplar las ruinas de la ciudad incaica y la montaña Waynapichu desde lo alto. Y lo hicimos. Y nos sentamos en el borde de una terraza a descansar. Y fue en ese momento cuando nos dimos cuenta que habíamos cumplido un gran sueño, de esos por los que merece la pena luchar, contra la falta de aire, las escaleras, el frío, la lluvia, contra todo. Merece la pena.

Un sueño cumplido llena el alma de felicidad.
Cima de Machupichu, Perú, 2014.

Buscando donde dormir en Cuzco

Siguiendo con los relatos de mi propio viaje por Latinoamérica en 2014, hoy voy a contarles cómo fue la llegada a Cuzco y la búsqueda de un lugar barato donde dormir

Después de haber atravesado la frontera entre Bolivia y Perú a pie y haber rellenado un papel tras otro, continuamos la marcha hacia la ciudad de Cuzco en el bus con el que partimos desde La Paz.

Llegamos a Cuzco por la noche. Teníamos que buscar donde dormir. La estación de buses estaba tan llena de gente que nos bloqueamos por un momento. No sabíamos hacia dónde ir, cómo esquivar a la gente y los miles de bultos alrededor de ellos. Se oían muchas conversaciones a la vez y algún que otro grito. Entre esos gritos oímos a una mujer bajita anunciando su alojamiento.

Estábamos cansados y con muchas ganas de darnos una ducha caliente y a la vez queríamos tratar de reservar un tour o un pasaje de bus hacia Aguas Calientes para subir a Machupichu. Así que confiamos en aquella pequeña mujer peruana, de nombre Felicita, que nos habló de una habitación en el centro de Cuzco, muy cerca de la Plaza de Armas, y de la posibilidad de hacer la excursión a Machupichu con una agencia que ella conocía. Confiamos y no nos defraudó.

Nos tomamos un taxi hacia La Plaza de Armas y de ahí subimos al hostel de Felicitas que no era más que un par de habitaciones con baño en un primer piso de un edificio similar a las corralas de Madrid, con escaleras de hierro en forma de caracol. Contentos con haber encontrado fácilmente alojamiento hablamos con la mujer para reservar la excursión a Aguas Calientes y Machupichu. Llamó por teléfono a la agencia ya cerrada y nos apuntaron. Al día siguiente, un minibús nos pasaría a buscar a las 7 am.

El problema vino a los pocos minutos, cuando al intentar ducharnos, no salía agua. Felicitas se preocupó y probó en el otro baño a ver si había agua. Nada. Preguntó a los vecinos y al parecer habían cortado el agua en los alrededores de la plaza por obras públicas. Nos ofreció irnos a duchar a su casa o acompañarnos a buscar otro alojamiento. Y optamos por lo segundo.

La verdad es que fue muy amable al intentar buscarnos un hostel económico. Hablaba ella, intercedía por nosotros explicándoles la situación a los recepcionistas o dueños. Subimos y bajamos varias veces las escaleras de la zona del centro que estaba llena de locales y turistas paseando, entrando y saliendo de bares y discotecas. Notamos lo movida que era la ciudad y que si queríamos fiesta, la tendríamos. El tema es que no la queríamos y fue por eso que rechazamos hospedarnos en un hotel que nos ofrecía una habitación sobre un pub. Cruzamos la Plaza de Armas varias veces, fuimos y vinimos y ningún alojamiento en los que preguntábamos tenía habitaciones y los que tenían eran hoteles caros (de 50 o 60€ la noche), muy lejanos a nuestro plan mochilero. 

Escaleras de la calle Huaynapato, Cuzco, Perú, 2014 
Cuando ya casi habíamos perdido las esperanzas (Felicitas incluida), conseguimos dar con La Posada del viajero, a 3 manzanas de la Plaza de Armas. Felicitas intentó que nos hicieran precio pero no fue posible. Nos costó cerca de 40€ la noche, como si de un hotel español se tratara, pero conseguimos lo que queríamos: darnos una ducha de agua caliente y descansar bien para emprender al día siguiente nuestra tan anhelada excursión a Aguas Calientes y Machupichu. 
Plaza de Armas por la mañana, Cuzco, Perú, 2014

De paso por La Paz, Bolivia

El viaje a Bolivia estaba resultando una aventura y solo llevábamos cinco días en el país. Queríamos ir a La Paz y la Isla del Sol pero no teníamos muy claro cuántos días dedicaríamos a uno y otro sitio, ya que la meta del viaje estaba en Machupichu.

Nos despedimos de nuestros compañeros de excursiones y salimos desde Uyuni a La Paz en un bus nocturno para ir durmiendo. Llegamos a las 7.30 am a la capital de Bolivia y nos tomamos un té con pan en la estación de autobuses que parecía estar despertando a esa hora. 

En la cola del baño de la estación me sentí extranjera. A esa hora, solo había mujeres locales, con sus trenzas de pelo oscuro, sus faldas coloridas, su carga al hombro, bajitas y encorvadas por el peso de la carga, esperando su turno pacientemente. Pero lo que más me llamó la atención es que la fila para entrar al baño de hombres era más larga y todos entraban con un bidón de agua en sus manos. Todos menos los extranjeros que parecían desconocer la costumbre del lugar.

Queríamos ver La Paz. Queríamos, de verdad. Sin embargo, una idea venía rondando nuestras cabezas: ¿Y si seguimos viaje hacia Perú y ya vemos La Paz en el camino de regreso a casa? Y cuando una idea surge en los dos viajeros se instala de manera que es difícil ignorarla. Así que en cuanto desayunamos y las oficinas de transporte abrieron, nos informamos sobre los horarios de salida de los buses a Cuzco directos y nos compramos dos pasajes para las once o doce del mediodía.

Ya que nos quedaban unas horas para embarcarnos otra vez en un bus durante ocho horas, aprovechamos nuestro paso por La Paz para intentar conocer los alrededores de la estación de buses. Dentro, la gente no había sido muy amable así que esperábamos encontrarnos gente más amable fuera. Asomamos nuestros ojos inquietos y nos topamos con varios taxistas ofreciéndose a llevarnos al centro de la ciudad. Agradecimos y cruzamos la calle en dirección hacia un edificio que anunciaba “Hostel” con un cartel luminoso. Tomamos nota de la dirección y los precios y nos fuimos.

Zona céntrica de La Paz, Bolivia, invierno 2014
A simple vista, la ciudad no invitaba a recorrerla. No sé exactamente bien porqué. Quizás la cantidad de coches yendo y viniendo, los bocinazos, los edificios de ladrillo a la vista a un lado y a otro del camino, el griterío y el ruido, la falta de tranquilidad, de paz. Ironía del destino que la ciudad de La Paz nos ofreciera de todo menos paz.

Dicen que la experiencia en un sitio depende mucho de nuestro estado de ánimo y a veces pienso que fue la ansiedad por llegar a Machupichu y el agotamiento del viaje en bus desde Uyuni lo que me hizo ver de aquel modo La Paz. Pero no fue el único día que estuvimos de paso por la ciudad. Al volver de Cuzco, cuatro días después, tuve la misma sensación o peor. La Paz, definitivamente, no nos gustó.

Segundo paso por La Paz

Al llegar por segunda vez a La Paz creí que todo sería más fácil porque ya estábamos menos ansiosos y teníamos tiempo de sobra para recorrer la ciudad, ir a Isla del Sol y regresar a nuestro punto de partida a través de la Quiaca en Argentina. Sin embargo, la experiencia fue bastante fea. En la estación de buses la gente seguía siendo poco amable, tal vez cansados de los extranjeros con sus mochilas que llegan todos los años a la ciudad o tal vez por sus motivos personales. La cuestión es que todos nos huían o nos miraban con desconfianza, nos atendían con desgano y prisa. Empecé a extrañar las sonrisas y me di cuenta que eso me ponía triste.

En el hostel donde pensábamos pasar la noche no tuvimos mejor suerte. El recepcionista no nos atendió bien y nos hizo sentir incómodos así que decidimos irnos a buscar otro sitio donde dormir. En la oficina de turismo nos habían hablado de la Iglesia de San Francisco así que nos dirigimos hacia allí para ver si teníamos mejor suerte con los hoteles de la zona. Por el camino, seguimos encontrándonos muchos coches y mucha gente. Miramos hacia la montaña y vemos que está totalmente urbanizada: un edificio tras otro, encima del otro, amontonados de forma desorganizada afeando el paisaje.

Detrás de la Iglesia San Francisco, las calles estaban en obras así que los turistas y locales se amontonaban entre las aceras y las calles cuesta arriba. Los coches que se atrevían a subir la cuesta no tenían casi por donde pasar de la cantidad de gente que sobresalía de las aceras. Paramos en una agencia y preguntamos por la excursión a Isla del Sol. Ya salía al día siguiente así que teníamos tiempo de ubicarnos primero.

Plaza San Francisco, La Paz, Bolivia, Invierno 2014
Encontramos un hotel en la zona cercana a la peatonal Linares que también estaba en obras. El hotel se llamaba Lion Palace Hostel y era muy bonito y bastante cómodo así que pudimos por fin descansar. Y recobrar fuerzas para irnos a recorrer la ciudad.

Dimos unas vueltas, nos perdimos en un barrio desolado, que olía a pescado y a fruta podrida, nos topamos con un callejón sin salida y las pocas personas que había en la zona nos miraban con desconfianza. No había ni un turista por allí. Entramos en un kiosko que tenía un teléfono antiguo que podía utilizarse por unas monedas. Lo hicimos para llamar al teléfono que nos habían dado en el hotel de una persona que organizaba excursiones a Isla del Sol. No pudimos escuchar bien a la persona que nos atendió así que abandonamos la tarea y decidimos volver a la zona de la peatonal Linares para ver si alguna de las agencias seguía abierta y podíamos contratar la excursión.

Calles de La Paz, Bolivia, invierno 2014
Por suerte, unas horas más tarde dimos con una mujer muy amable en una agencia en una de las calles cercanas a nuestro hotel y por algo más de 400 bolivianos contratamos la excursión para dos, saliendo desde La Paz a Copacabana, cruzando el Lago Titicaca y llegando a la Isla del sol después de comer. Pero este día lo cuento en un próximo artículo.

La verdad es que me hubiera gustado que nuestro paso por la Paz fuera más agradable, que la gente nos hubiera encantado, que el paisaje nos hubiera enamorado pero no fue así. La Paz no nos gustó. La gente con la que tratamos, salvo una excepción, no fue amable. No respiramos ni alegría ni tranquilidad. Nos pareció una ciudad algo caótica, sucia, dejada, maltratada, ruidosa y superpoblada. Y a día de hoy aún sigo preguntándome si solo fue una sensación nuestra o si de verdad La Paz no es una ciudad linda y amable al viajero.

La peor noche de mi vida, en Bolivia

Tres días por el suroeste de Bolivia dan para mucho que contar y es que todo fue una aventura. Si pinchar dos veces la rueda de la camioneta fue parte del viaje, también lo fue pasar la peor noche de mi vida en un pueblo del que no recuerdo el nombre y en el que soñé (o aluciné) que estaba en casa de mi tía en Mar del Plata.
Llegamos a nuestro “hostel” cuando aún era de día y merendamos. Dimos un paseo para conocer el lugar: un pueblo casi sin habitantes, con unos diez o doce refugios que funcionan como alojamiento para los turistas que deciden atravesar el Salar del Uyuni. Y jugamos un rato con las llamas, antes de que cayera la noche y con ella el frío y todo lo demás.
Llamas en la Reserva Natural de Fauna Andina Eduardo Avaroa
Alojamientos en la Reserva Natural de Fauna Andina, Bolivia
Al caer la noche, nos damos cuenta que nuestro hogar de esa noche es bastante inhóspito: la salamandra encendida en el pasillo con mesas que hace de comedor y merendero, da algo de calor pero se escapa por las ventanas y huye hacia la puerta cada vez que alguien la abre. En este momento, con dos o tres grados bajo cero, empiezo a extrañar la doble ventana, la calefacción central y otras tantas cosas de la “ciudad”. Estoy abrigada con todo lo que puedo abrigarme y aún así tengo frío. Y para colmo de males, había prometido a Marion, mi compañera de viaje mujer, que saldríamos a ver las estrellas del desierto, aunque fuera tan solo cinco minutos. Lo hicimos y fue hermoso mientras duró. Pero volví adentro, después de cinco minutos contados por reloj, literalmente congelada. 
¿Hace más frío del que dicen? ¿Los dos o tres grados bajo cero del desierto son más fríos que los de la ciudad? ¿Tengo mal de altura como dice nuestro guía? Acepto el té de coca que me ofrece y me acuesto. Es temprano pero mañana a las 4 am tenemos que levantarnos. A lo mejor el té alivia un poco mi sensación de malestar, mi dolor de cabeza, pero no el frío, que ni las mil mantas ni la bolsa de dormir ni el calor de David alivian. ¿Tengo fiebre? A lo mejor sí, quién sabe. ¿Dónde estoy? ¿Tía, me das agua con limón para el estómago? Mi tía no está ahí pero por alguna razón yo estoy alucinando que estoy en casa de mi tía en Mar del Plata, descompuesta y pidiéndole ayuda. La noche se hace eterna y al levantarnos a las 4 am. yo siento que he pasado la peor noche de mi vida.

Y por si no fuera suficiente lo mal que he pasado la noche, me encuentro desayunando a las 5 am en un pasillo ancho que hace de comedor, con mucho frío y con muy pocas ganas de salir de excursión. Esa mañana visitamos los Géiseres y yo apenas pude bajar de la camioneta 4×4 para sacarme una foto en una salida de vapor que hacía un ruido muy fuerte.

Por suerte, cuando llegamos a las Aguas termales ya me sentía algo mejor y si no me sentía mejor, los 30 grados de las aguas de la poza donde me animé a meterme a pesar del frío exterior, me hicieron sentir mejor. Y poco a poco fui olvidando la mala noche que pasé por el mal de altura en Bolivia.

A 30 grados en las Aguas Termales del sur de Bolivia, 2014
Géiseres en el sur de Bolivia, 2014