Archivo de la categoría: Portugal

Alcobaça, Nazaré, Óbidos y más

Una pareja amiga (portugués él, española ella) nos invitaron a pasar unos días en casa de sus padres en Alcobaça a mediados de septiembre del año pasado. Ya habíamos estado en Portugal pero no conocíamos la zona salvo por lo que habíamos oído de ella, pero no hay nada mejor que viajar con un local para hacer una buena ruta viajera: Alcobaça, playas de San Pedro de Moel y Nazaré, Salinas da Fonte da Bica y Óbidos.

Centro de Alcobaça, Portugal, 2015
Centro de Alcobaça, Portugal, 2015

En nuestra ruta viajera por el Oeste de Portugal, la base fue Alcobaça, la ciudad natal de nuestro amigo Joao, donde sus padres nos recibieron como si fuéramos de la familia. De más está decir que comimos como los dioses (a veces siento que vengo a Portugal a comer) en el desayuno, el almuerzo y la cena. Y la verdad es que nos sentimos muy a gusto: si hay algo que me encanta de viajar es poder disfrutar de una buena comida con una familia local.

Comida en familia, Alcobaça, Portugal, 2015
Comida en familia, Alcobaça, Portugal, 2015

Alcobaça, a poco más de 100 km. de Lisboa, es una ciudad con un encanto especial. Lo más conocido de la comarca es el Monasterio Cisterciense fundado por la Orden de Alfonso I de Portugal. El Monasterio o Abadía de Alcobaça se encuentran en la Plaza 25 de Abril donde estuvimos varias veces durante nuestra estadía y donde se reúne la gente de la ciudad para tomar algo en las terrazas aledañas.

Monasterio Cistercense, Alcobaça, Portugal, 2015
Monasterio Cistercense, Alcobaça, Portugal, 2015

De camino al Monasterio pasamos por la Cámara Municipal de Alcobaça, un edificio rosa muy bonito rodeado de árboles y palmeras que me pareció de cuento de hadas.

Cámara Municipal de Alcobaça, Portugal, 2015
Cámara Municipal de Alcobaça, Portugal, 2015

Seguimos nuestro camino hacia el Monasterio, pasando por el Mercado en el que los lugareños hacen sus compras: frutas, verduras, carne, pescado, huevos, pollos, gallinas. Sí, había gallinas, de las que están vivas y cacareando. Un ambiente que me recordó al Mercado de Bolhao en Oporto.

Mercado de Alcobaça, Portugal, 2015
Mercado de Alcobaça, Portugal, 2015

Callejeamos un poco más y llegamos al mencionado Monasterio de Alcobaça, en la Plaza 25 de Abril. Dentro, se encuentran los sarcófagos de Don Pedro I y Doña Inés de Castro, protagonistas de la famosa historia de amor con trágico final.

Sarcófago de Doña Inés, Monasterio de Alcobaça, Portugal, 2015
Sarcófago de Doña Inés, Monasterio de Alcobaça, Portugal, 2015

Playas de la región

Acantilados, vientos fuertes, mar de aguas frías y grandes olas. Así son las playas de la costa oeste de Portugal. Y por más que fuimos a la “Praia da Falca” con idea de bañarnos, el viento frío pudo con nosotros y nos limitamos a pasear.

Praia da Falca, Portugal, 2015
Praia da Falca, Portugal, 2015

Después del primer intento frustrado de bajar a la playa a tomar el sol y bañarnos a pocos kilómetros de Alcobaça, nos fuimos a San Pedro de Moel, un pueblo costero muy bonito de casitas con mucho encanto y preciosas vistas.

San Pedro de Moel, Portugal, 2015
San Pedro de Moel, Portugal, 2015

De San Pedro de Moel fuimos a Nazaré y a la playa de la ola más grande del mundo, o mejor dicho al Mirador de Nazaré desde donde vimos no solo el pueblo sino su extensa playa, de un lado (el más virgen) vacía; y del otro llena de bañistas. Unas vistas que merecen mucho la pena.

Playa de la ola más grande del mundo, Nazaré, Portugal, 2015
Playa de la ola más grande del mundo, Nazaré, Portugal, 2015

Mañana de Surf en playa Baleal

Habiendo nacido en una ciudad donde se practica el surf casi tanto como se toma mate, siempre creí que algún día me compraría una tabla y me lanzaría al mar, pero a los 17 años me fui de la ciudad y la idea de aprender a surfear se quedó allá. Sin embargo, cuando hablamos de ir a pasar unos días a Portugal cerca de la playa, la idea volvió. Teníamos que intentarlo.

Playa Baleal donde practicamos surf, Portugal, 2015
Playa Baleal donde practicamos surf, Portugal, 2015

Joao nos llevó a la playa Baleal. El entorno era precioso y las olas no muy altas. Para aprender resultó ser un lugar ideal. Pero la verdad es que a pesar de que intentamos durante más de dos horas pararnos sobre la tabla, no lo conseguimos ni una sola vez. Lo máximo que estuve de surfear fue unos segundos en los que avancé recto hacia la orilla con una de las rodillas apoyadas y la otra pierna como tiene que ser. Aprender surf es más difícil de lo que creíamos. Lección aprendida, pero ¡qué bien lo pasamos!

El grupo después del intento de surf, Playa Baleal, Portugal, 2015
El grupo después del intento de surf, Playa Baleal, Portugal, 2015

Visita a Óbidos

Óbidos es una villa medieval que merece la pena visitar: por sus callejuelas de empedrado, por sus casitas blancas, por la muralla que la rodea, por su Castillo, por las vistas de la región y por su licor de ginja tan rico como el de Alcobaça.

Callejeando por Óbidos, Portugal, 2015
Callejeando por Óbidos, Portugal, 2015

Caminamos por las callejuelas de la villa medieval hasta alcanzar las escaleras que suben al Castillo. Hacía calor pero el esfuerzo fue compensado por unas vistas muy bonitas de Óbidos y sus casitas blancas.

Casitas blancas de Óbidos, Portugal, 2015
Casitas blancas de Óbidos, Portugal, 2015

Excursión a las Salinas da Fonte da Bica

Era nuestro último día en Alcobaça y en la región y el día estaba inestable pero queríamos conocer las Salinas da Fonte da Bica o Salinas naturales de Rio Maior, así que nos subimos al coche y emprendimos nuestra última ruta de viaje por la zona.

Salinas de Rio Maior o Fonte da Bica, Portugal, 2015
Salinas de Rio Maior o Fonte da Bica, Portugal, 2015

El entorno de las Salinas da Fonte da Bica es muy bonito y ver el trabajo que se hace en ellas para conseguir sal marina para uso doméstico, es muy interesante. El lugar está rodeado por casitas de madera, antiguos almacenes de sal que hoy sirven como comercios (un bar y un puesto de artesanías y de venta de sal marina). A un costado, la sal es acumulada en pequeños montoncitos donde se termina de secar para luego ser envasada.

Montoncitos de sal, Salinas de Fonde da Bica, Portugal, 2015
Montoncitos de sal, Salinas de Fonde da Bica, Portugal, 2015

Así culminamos nuestra visita a la región Oeste de Portugal, un recorrido en coche (caminando era complicado) por Alcobaça, San Pedro de Moel, Nazaré, Óbidos y las Salinas de Rio Maior. Un recorrido que nos dejó con muy buen sabor de boca.

Viaje a Oporto en coche en Semana Santa

Se aproximaban los cuatro días libres de Semana Santa en 2014 y no teníamos plan. Hasta unos días atrás no sabíamos que estaríamos en España (estábamos viviendo en Argentina aquel año) así que nos agarró por sorpresa. ¿Y si nos vamos a Oporto? ¿Y por qué no?

Organizar un viaje en Semana Santa con poca antelación es complicado porque los precios aumentan al doble que en temporada baja, no solo de los hoteles sino también el de los transportes. Y entonces, ¿cómo nos vamos a Oporto? en coche de BlaBlaCar. Ya habíamos viajado varias veces en coche compartido mediante esta web a distintas partes de España. ¿Por qué no hacerlo para cruzar la frontera?

Contactamos a un grupo de universitarios que salían desde Madrid el jueves y volvían el domingo así que genial. ¿Y los hoteles? encontramos un Hostal barato y bien ubicado por Booking y no lo dudamos mucho. El hostal se llama “Duas Nacoes Guest House”. Perfecto. Reservado. “Oporto nos espera” dijimos. Y allá fuimos.

Vistas desde el río, Oporto, Portugal, 2014
Vistas desde el río, Oporto, Portugal, 2014

¿Qué ver en Oporto?

Llegar a una ciudad y no tener ni idea de qué hay de bueno ni por qué fuimos no es tan mal plan como puede parecer. Sabíamos que era un lugar con encanto y habíamos visto algunas fotos, pero ¿por dónde empezábamos a recorrerla? Hice lo que hacía años que no hacía: ir a la Oficina de Turismo local. Ahí nos dieron mapa y algunos datos. Todo cerca, perfecto. Podemos ir caminando.

Mapa Zona donde nos hospedamos, Oporto, Portugal, 2014
Mapa de Booking de la Zona donde nos hospedamos, Oporto, Portugal, 2014

Estábamos muy cerquita de la Plaza de Lisboa donde vimos una cosa muy curiosa que nunca había visto yo: césped, plantas y pequeños árboles encima del tejado del edificio que está debajo. Es un proyecto arquitectónico muy interesante que incluye una especie de centro comercial con una preciosa zona verde en el techo.

Plaza Lisboa con sus árboles en el techo y la Torre de los Clérigos detrás, Oporto, Portugal, 2014
Plaza Lisboa con sus árboles en el techo y la Torre de los Clérigos detrás, Oporto, Portugal, 2014

Muy cerca de allí, está la Torre de los Clérigos, la torre más alta de Portugal. Subimos  para ver la ciudad de Oporto desde lo alto y las vistas no nos defraudaron.

Vistas desde la Torre de los Clérigos, Oporto, Portugal, 2014
Vistas desde la Torre de los Clérigos, Oporto, Portugal, 2014

Como habíamos llegado tarde a la ciudad, ese día no dio para mucho más, salvo para callejear por la ciudad y llevarnos los últimos rayitos de sol que iluminaban los cerámicos azules de algunos edificios históricos de la zona. Una preciosidad. Arte puro.

Azulejos azules de un edificio histórico, Oporto, Portugal, 2014
Azulejos azules de un edificio histórico, Oporto, Portugal, 2014

Al otro día fuimos a visitar la Estación de San Bento, una reliquia histórica que merece muchísimo la pena. Entrar en esta estación de trenes es trasladarse al siglo IX.

Estación de San Bento, Oporto, Portugal, 2014
Estación de San Bento, Oporto, Portugal, 2014

Visitamos la Iglesia de San Francisco y sus alrededores y por un momento me acordé de Gantes en Bélgica y de cuánto me gusta la piedra cuando oscurece con la humedad y el paso del tiempo, cómo me gusta ese aspecto lúgubre.

Iglesia San Francisco, Oporto, Portugal, 2014
Iglesia San Francisco, Oporto, Portugal, 2014

Las vistas desde la parte de atrás de la Iglesia San Francisco no tienen desperdicio: las casas construidas hacia arriba, con sus tendederos llenos de ropa colgando y sus tejados color ladrillo me resultaron de película.

Barrio detrás de la Iglesia San Francisco, Oporto, Portugal, 2014
Barrio detrás de la Iglesia San Francisco, Oporto, Portugal, 2014

Oporto estaba resultando ser una de las ciudades que más me han gustado de Europa. Incluso sus callejuelas oscuras y un poco decadentes me gustaron muchísimo. Y ni qué decir de la gente, de los desayunos y la comida. Nos lo estábamos pasando muy bien y el entorno era digno de ser retratado a cada instante.

Una calle del centro de la ciudad, Oporto, Portugal, 2014
Una calle del centro de la ciudad, Oporto, Portugal, 2014

Caminando, caminando, llegamos a la parte baja de la ciudad y buscamos un sitio para comer y luego seguimos nuestro camino hasta llegar a orillas del río. Ahí estaban preparando una especie de mercadillo donde compramos algunos recuerdos para la familia de España y Argentina.

Mercadillo a la orilla del río, Oporto, Portugal, 2014
Mercadillo a la orilla del río, Oporto, Portugal, 2014

Volvimos a ver las casas antiguas con la ropa tendida fuera, a las señoras asomadas por la ventana observando la gente pasar, mientras oíamos a las señoras del mercadillo anunciar a gritos sus productos con una gracia que nos robó una sonrisa.

Casas Frente al río, Oporto, Portugal, 2014
Casas Frente al río, Oporto, Portugal, 2014

La zona del río, con sus barcos antiguos, el puente, las vistas de las casitas que van trepando la ciudad con sus coloridas fachadas, me dejó enamorada. Quería quedarme un rato más y sentir la esencia de Oporto en el vaivén de los botes, de la gente, de la corriente del río…

Barcos en el río Douro, Oporto, Portugal, 2014
Barcos en el río Douro, Oporto, Portugal, 2014

Más tarde nos fuimos a dar una vuelta por los Jardines del Palacio de Cristal donde terminamos persiguiendo a un pavo real para admirar sus colores cuando por fin quiso enseñarlos.

Pavo Real, Jardines del Palacio de Cristal, Oporto, Portugal, 2014
Pavo Real, Jardines del Palacio de Cristal, Oporto, Portugal, 2014

Y volvimos al río al caer la tarde, a presenciar el atardecer, a tomarnos un café con leche caliente tapados por una manta en una terraza que a pesar del frío desprendía calidez. Nos quedamos ahí un buen rato admirando la belleza de la Oporto nocturna y creo que volví a enamorarme.

Vistas del río Douro por la noche, Oporto, Portugal, 2014
Vistas del río Douro por la noche, Oporto, Portugal, 2014

Al día siguiente, arrancamos bien temprano para desayunar debajo del hostal donde las enormes tostadas con café y zumo de naranja nos estaban llamando. Todo a la mitad de precio que en España. Una maravilla. Y con las pilas puestas nos fuimos a callejear otra vez.

Calle de atrás del Hostal, Oporto, Portugal, 2014
Calle de atrás del Hostal, Oporto, Portugal, 2014

El Mercado de Bolhao con su aspecto un poco decadente, no nos dejó indiferentes. Nos daba la sensación de que la ciudad se mostraba tal cual era, como si el turismo le diera igual, como si el paso del tiempo le importara muy poco.

Mercado de Bolhao, Oporto, Portugal, 2014
Mercado de Bolhao, Oporto, Portugal, 2014

En la Zona de la ancha Avenida de los Aliados, por donde pasamos en varias ocasiones en esos días, la cosa cambiaba un poco. Ahí los bares eran un poco más de lujo y los precios te lo recordaban. Y es una zona bonita pero distinta, sin la magia de las zonas más antiguas, más descuidadas.

Avenida de los Aliados, Oporto, Portugal, 2014
Avenida de los Aliados, Oporto, Portugal, 2014

También el  Palacio de la Bolsa nos pareció un edificio precioso pero después de ver el Mercado, la Iglesia de San Francisco, las casitas descuidadas o la Estación de San Bento ya no podía asociar a Oporto otra cosa. Así que ya no me impresionó tanto como a otros viajeros.

Palacio de la Bolsa, Oporto, Portugal, 2014
Palacio de la Bolsa, Oporto, Portugal, 2014

Si hubo algo que nos devolvió a la Oporto de siglos pasados fue el tranvía. Al llegar abajo, al río, ahí estaba, esperándonos. Nos subimos al tranvía de madera y nos dejamos llevar hasta el final del recorrido.

Tranvía de madera, Oporto, Portugal, 2014
Tranvía de madera, Oporto, Portugal, 2014

Queríamos ver el mar y ahí estaba. Pero no contentos con ver mar quisimos ver playa así que caminamos por la costa hasta llegar a la arena, que a pesar del frío de principios de primavera, nos hizo sentir un poquito en verano.

Farol de Felgueiras, playa de Oporto, Portugal, 2014
Farol de Felgueiras, playa de Oporto, Portugal, 2014

Seguimos caminando y nos encontramos con un centro comercial en plena costa, casi como salido de la nada, aislado totalmente, pero tenía comida y eso nos estaba haciendo falta ya. Después de comer, nos metimos en el Parque Da Cidade o Parque de la ciudad, un lugar precioso que tuvimos para nosotros solos durante un buen rato.

Parque Da Cidade, Oporto, Portugal, 2014
Parque Da Cidade, Oporto, Portugal, 2014

Estábamos lejos pero decidimos volver a la ciudad andando hasta que nos dimos cuenta que estábamos agotados y con los pies hechos polvo así que quisimos tomarnos un bus que esperamos casi una hora y nunca pasó. Al final nos tuvimos que tomar un taxi. Estábamos muy lejos. Al regresar a la ciudad pasamos por una plaza que no puedo recordar su nombre ni localizar en el mapa pero que me encantó.

@rominitaviajera riendo en una plaza de Oporto, Portugal, 2014
@rominitaviajera riendo en una plaza de Oporto, Portugal, 2014

Por la noche cenamos cerca del hostal en un bar un poco cutre pero económico y con una Francesinha fantástica (pan con carne cubierto de salsa picante y queso gratinado). Excelente. Estábamos tan llenos que queríamos irnos a dormir pero al volver a casa caminando nos cruzamos con gente bailando en la acera. Algunos con sus copas en a la mano. Y a mí me entraron ganas de bailar. ¿Y por qué no? me dije, y me puse a bailar nomás.

Al día siguiente teníamos poco tiempo porque era el día de regreso a Madrid, así que mucho no hicimos. Y no recuerdo si fue este día o el anterior o quizás el primero, que nos acercamos a la Librería Lello e Irmao, un emblema de la ciudad. Aparece en alguna película de Harry Potter así que ya pueden imaginar qué aspecto tiene. No pudimos hacer fotos porque estaba prohibido pero de verdad que es un escenario de cuentos.

Y ese fue nuestro paso por Oporto en Portugal, una de las ciudades que más me han gustado de Europa, una ciudad que desprende un encanto especial, una sensación que me cuesta describir con palabras. ¿Magia tal vez?

Señora asomada por la ventana, rincones de Oporto, Portugal, 2014
Señora asomada por la ventana, rincones de Oporto, Portugal, 2014

Fin de semana en Lisboa

La primera vez que fui a Lisboa la caminé. La caminé y la caminé. Hacía frío pero el entusiasmo del primer viaje fuera de España era mayor. Y disfruté de Lisboa pero no me enamoré. Sin embargo, la segunda vez que fui, hace unos cinco meses, la encontré diferente y tal vez el efecto del verano aportó su toque a que Lisboa me tocara el corazón.

Callejeando por Lisboa, Portugal, 2015
Callejeando por Lisboa, Portugal, 2015

Cuando uno va a viajar a Lisboa y pregunta a los amigos siempre te mencionan el tranvía. Es algo que a todo el mundo le encanta. Y sí, es bonito, la verdad, pero va repleto de gente y en mi opinión no merece la pena subirse sino más bien verlo pasar imaginando que uno está a principios del siglo XX viéndolo moverse por primera vez. De todas formas, si se quiere montar en tranvía en Lisboa en Lisboando te cuentan las distintas rutas que hay. Es importante saber a cuál se quiere subir uno: hay tres tipos de tranvías en la ciudad de la luz: los clásicos amarillos de madera, los más modernos también amarillos y los rojos turísticos. Y luego están los que recibieron muchas pintadas o graffitis y ya no se distingue si eran de un tipo o de otro.

Tranvía moderno amarillo graffiteado, Lisboa, Portugal, 2015
Tranvía moderno amarillo graffiteado, Lisboa, Portugal, 2015

Lo primero que me viene a la mente cuando pienso en Lisboa, después de los tranvías, es La Plaza del Comercio, la más importante de Lisboa. En aquel puente de diciembre hace unos diez años la plaza estaba casi desolada porque la mayoría de turistas estaban en las calles comerciales. Había algunos hombres vendiendo gafas de sol que curiosamente me ofrecían otras cosas cuando me acercaba. Había también algunos vendedores de globos y algunos locales bien abrigados admirando el Tajo, el río más largo de la península ibérica. En el segundo viaje había más gente porque a pesar de no ser fin de semana estábamos en verano.

Plaza del Comercio, Lisboa, Portugal, 2015
Plaza del Comercio, Lisboa, Portugal, 2015

En el lado norte de la Plaza del Comercio, está el Arco Triunfal da Rua Augusta, al que se puede subir para admirar por un lado la plaza con el río de fondo, y por otro la calle Augusta que se pierde recta en el horizonte. La primera vez que fui no subí pero en mi segunda visita a Lisboa iba con un portugués amigo que nos dijo que merecía la pena subir y no nos arrepentimos: desde arriba tuvimos la primera panorámica de la ciudad.

Panorámica de Lisboa desde Arco Triunfal de Augusta, Lisboa, Portugal, 2015
Panorámica de Lisboa desde Arco Triunfal de Augusta, Lisboa, Portugal, 2015

Un fin de semana común (o menos) hubiera bastado para conocer estas cosas tan típicas de Lisboa, pero la primera vez que fui era un finde puente así que tuve tiempo de recorrer otros sitios como la Plaza don Pedro IV donde está la estatua de Pedro IV, los puentes, el Castillo San Jorge y otros barrios. Y la segunda visita, casi casi también, porque caminamos más aún si cabe que la primera vez.

De la Plaza San Pedro IV recuerdo que era una zona más animada que la Plaza del Comercio, donde había bares y comercios de todo tipo. La primera vez llegué de noche y la encontré iluminada y me sentí segura,  no como en la Plaza del Comercio, pero solo fue mi sensación, no creo que realmente ninguna fuera insegura. Y en mi segunda visita, me encontré con una Plaza San Pedro IV o Plaza del Rossio que casi desconocí: la plaza estaba llena de gente paseando y las terrazas de los bares de alrededor estaban repletas. El efecto verano otra vez aportando su valor.

Alrededores de Plaza Pedro IV o Plaza del Rossio, Lisboa, Portugal, 2015
Alrededores de Plaza Pedro IV o Plaza del Rossio, Lisboa, Portugal, 2015

De los puentes de Lisboa el que más me gustó fue el Puente 25 de Abril. No tenía ni idea que existiera algo así tan cerca de España, me hizo sentir que estaba en San Francisco, en Estados Unidos. No por nada es el puente colgante más largo de Europa. Se aprecia desde las zonas más altas de la ciudad o desde el Cristo Rey, que recuerda al Cristo Redentor de Rio de Janeiro. Si mal no recuerdo, en mi primera visita a la ciudad, yo subí al Castillo San Jorge para admirar el Puente 25 de Abril y me quedé a ver el atardecer: el color del cielo a esa hora daba al puente un encanto tan especial que me hubiera quedado ahí para siempre.

Vistas del Puente 25 de Abril de día, Lisboa, Portugal, 2015
Vistas del Puente 25 de Abril de día, Lisboa, Portugal, 2015

Y hablando de vistas preciosas, la verdad es que Lisboa tiene panorámicas increíbles. No conozco todos los puntos desde donde se puede ver la ciudad desde la altura pero sí un bloguero que describe los 10 mejores miradores de Lisboa muy bien. Yo uno de los que recuerdo es el de Santa Luzia y la verdad es que las vistas de las casitas bajas merecen mucho la pena pero lo visité en mi primer viaje y no tengo fotos de entonces.

Otras vistas bonitas de Lisboa se aprecian desde el Castillo San Jorge, uno de los monumentos más conocidos de la ciudad. La primera vez que fui a Lisboa entré al castillo y me gustó mucho pero lo que más me impresionaron fueron las vistas. Y en mi segunda visita, ni siquiera entré. Me gustan los castillos y este en particular me gustó mucho pero entrar vale unos 7 u 8 euros y no creo que realmente valga tanto. Lo mejor del Castillo viene después, cuando se da una vuelta por el barrio que tiene su encanto y está menos lleno de gente. Y muy cerca se puede llegar andando a la Se o Catedral de Lisboa. Lamentablemente, no tomé fotos o no las encuentro.

Otro gran atractivo que recuerdo de la ciudad es el Elevador de Santa Justa, un ascensor antiguo que une dos barrios, la Baixa Pombalina y el Chiado. Subir en ascensor cuesta 5€ pero si se quiere apreciar las vistas sin gastar ese dinero, se puede subir al mirador de Santa Justa por 1,5€. Nosotros hicimos esto el año pasado y la verdad es que las vistas merecen la pena la paliza de subir hasta el Chiado.

Vistas desde el Mirador de Santa Justa, Lisboa, Portugal, 2015
Vistas desde el Mirador de Santa Justa, Lisboa, Portugal, 2015

De mi primer viaje a Lisboa ya no recuerdo más, excepto a las gaviotas que revoloteaban por la zona del Tajo, el olor a río y el viento fresco golpeándome en la cara. Del segundo viaje a Lisboa sí recuerdo más: paseos por sus callejuelas, cervecita en los bares y mucha pero mucha caminata, y el recuerdo soleado de una ciudad que merecía la pena ser visitada por segunda vez.

Me hubiera gustado ir a un espectáculo de Fado pero la verdad es que ni la primera vez que visité Lisboa ni el año pasado tampoco pude ir a uno. Así que me queda algo pendiente con la ciudad, algo que por otro lado me encanta. Siempre hay que dejarse algo por ver o hacer en los lugares visitados. Así se tendrá una excusa para volver algún día.