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Relatos de los viajes realizados recorriendo ciudades y paisajes de Europa.

Visitando Bristol por segunda vez

Pocas veces repito destinos de viaje pero hay dos razones básicas por las que volví a Bristol en 2016 después de haber estado en 2012: una, me gusta mucho la ciudad; y dos, es donde vive mi hermano. Así es como terminé visitando Bristol por segunda vez y lo interesante es que lo hice en una época diferente: la primera vez en junio (verano) y la segunda en enero (invierno, crudo invierno).

Las impresiones de conocer un sitio en verano y volverlo a ver en invierno cambian mucho. Así que me gustaría compartir con ustedes mis puntos de vista sobre Bristol en verano y Bristol en invierno así como las imágenes que tomé en una ocasión y en otra. A ver si son capaces de encontrar las 7 diferencias 😉

¿Qué ver en Bristol?

Una de las imágenes que más me gusta de Bristol es el Puente colgante de Clifton construido sobre el río Avon que data de 1864. La primera vez que lo visité iba caminando con mi hermano y hacía una temperatura agradable.

VERANO - Puente colgante de Clifton, Bristol, Inglaterra, junio 2012
VERANO – Puente colgante de Clifton, Bristol, Inglaterra, junio 2012

La segunda vez fui a ver el Puente de Bristol fui con David y llovía muchísimo aunque paraba a ratos y en uno de esos instantes pude tomar una foto.

INVIERNO - Puente colgante de Clifton, Bristol, Inglaterra, enero 2016
INVIERNO – Puente colgante de Clifton, Bristol, Inglaterra, enero 2016

Otra imagen bonita de la ciudad de Bristol es la de la Catedral, fundada en  1140 y sede de la Iglesia anglicana en Bristol pero no le hice fotos ni en 2012 ni en 2016. No me pregunten porqué, tal vez ni siquiera la visité. A veces la memoria me falla. A la que sí le hice fotos es a la St. Mary Redcliffe Church pero solo ésta segunda vez que fui, y tengo que decir que los acabados son impresionantes.

St Mary Redcliffe Church, Bristol, Inglaterra, enero 2016
St Mary Redcliffe Church, Bristol, Inglaterra, enero 2016

Otra Iglesia que nos gustó mucho de Bristol pero que actualmente no funciona como tal ya que no tiene techo es Saint Peter’s Church en el Castle Park pero solo la conocí este invierno así que no tengo fotos de 2012.

Saint Peter Church, Bristol, Inglaterra, enero 2016
Saint Peter’s Church, Bristol, Inglaterra, enero 2016

Ahí muy cerquita de Saint Peter’s Church nos encontramos con un pequeño huerto urbano muy bien cultivado.

Huerto urbano, Castle Park, Bristol, Inglaterra, Enero 2016
Huerto urbano, Castle Park, Bristol, Inglaterra, Enero 2016

Parece que la ciudad es pequeña pero en cuanto empieza uno a recorrerla puede terminar muy lejos de donde empezó. Eso nos pasó a nosotros este invierno. Y terminamos en la estación de Temple Meads muy cerca de la Temple Gate, edificio que tampoco había conocido en 2012 y que me encantó.

Temple Gate, Bristol, Inglaterra, enero 2016
Temple Gate, Bristol, Inglaterra, enero 2016

Aunque a ratos llueve, Bristol es una ciudad para caminar así que la recorrimos caminando varias veces, tanto en junio de 2012 con una temperatura cercana a lo que en España llamamos calor como en enero de 2016 abrigaditos y con chaquetas de lluvia.

Callejeando por el centro de Bristol, Inglaterra, enero 2016
Callejeando por el centro de Bristol, Inglaterra, enero 2016

Las callejuelas del centro de Bristol tienen un no sé qué, algo como entre antiguo y abandonado, un toque bohemio, alternativo, que caracteriza a la ciudad entera. Un ejemplo de ello son sus graffitis que están por todas partes. Pero tienen una peculiaridad y es que van cambiando; no todos, algunos permanecen, pero la gran mayoría de los que vi en 2012 no los encontré en 2016.

Algunos graffitis que fotografié en 2012 que no volví a ver en 2016 (tal vez caminé por otras zonas):

Collage de Fotos de Graffitis en las calles de Bristol, Inglaterra, junio 2012
Collage de Fotos de Graffitis en las calles de Bristol, Inglaterra, junio 2012
Collage de Fotos 2 de Graffitis en las calles de Bristol, Inglaterra, junio 2012
Collage de Fotos 2 de Graffitis en las calles de Bristol, Inglaterra, junio 2012

Algunos graffitis que fotografié en 2016 que no había visto en 2012:

Collage de Fotos de Graffitis en las calles de Bristol, Inglaterra, enero 2016
Collage de Fotos de Graffitis en las calles de Bristol, Inglaterra, enero 2016

Algunos grafitis, sin embargo, perduran en la ciudad de Bristol pero han sufrido alguna modificación y eso los hace aún más interesantes.

Graffiti de Moon Street que sufrió cambios de 2012 a 2016, Bristol, Inglaterra
Graffiti de Moon Street que sufrió cambios de 2012 a 2016, Bristol, Inglaterra
Graffiti en mural que sufrió cambios de 2012 a 2016, Bristol, Inglaterra
Graffiti en mural que sufrió cambios de 2012 a 2016, Bristol, Inglaterra

Y hubo un graffiti que se mantuvo intacto, el de la pared de un Centro cultural alternativo (Hamilton House en calle Stokes Croft 80) donde una tarde de lluvia de este invierno de 2016 entramos a tomarnos una cervecita mientras escuchamos música en vivo. Así es Bristol.

Graffiti de Bansky Mild Mild West, Bristol, junio 2012
Graffiti de Bansky Mild Mild West, Bristol, junio 2012

Más imágenes de Bristol

Como comenté antes, a pesar de la lluvia caminamos Bristol de un lado al otro y en esas rutas disfrutamos del paseo junto al río donde además de bares hay también un frente de casitas de colores muy bonitas que decoran la orilla del río, muy cerca del puerto.

Paseo junto al río, Bristol, Inglaterra, enero 2016
Paseo junto al río, cerca del puerto, Bristol, Inglaterra, enero 2016

Para terminar este recorrido por Bristol en mi segunda visita a la ciudad, les comparto una imagen de una de sus plazas donde tampoco recordaba haber estado antes, la Queen Square. Este descubrimiento de sitios nuevos de la ciudad, hizo que mi segunda visita a Bristol fuera una experiencia totalmente nueva. ¿Acaso no nos ocurre esto con cada viaje que hacemos? Porque en los momentos que vivimos en los lugares que visitamos radica la magia del viaje.

Queen Square, Bristol, Inglaterra, enero 2016
Queen Square, Bristol, Inglaterra, enero 2016

Una ruta por Galicia en coche

Santiago de Compostela, Coruña y las Dunas de Corrubedo

Era el mes de febrero del año 2008, estábamos en la Universidad y no teníamos dinero suficiente ni intenciones para hacer el famoso “viaje ecuador” a Cuba todo incluido. Así fue como surgió la idea: ¿y si nos vamos a Santiago de Compostela y hacemos una ruta por Galicia en coche? ¿Y por qué no? Nos esperaba un viaje inolvidable.

@rominitaviajera con dos de sus amigos en una playa de Rías Baixas, Galicia, España, 2008
@rominitaviajera con dos de sus amigos en una playa de Rías Baixas, Galicia, España, 2008

Salimos de Madrid en coche hacia Santiago de Compostela, famosa por ser destino del “camino de Santiago”, pero a diferencia de la mayoría de peregrinos nosotros no íbamos a llegar caminando con nuestras vieiras (no en aquel viaje). Era nuestro viaje a mitad de la carrera universitaria: teníamos 21 años, un coche, una buena “playlist” y muchas ganas de conquistar la ruta.

En Santiago nos hospedamos en casa de una amiga de allí que fue la encargada de hacernos una pequeña ruta gastronómica y de acompañarnos a degustar un buen Ribeiro, un tinto que bebimos en tazas en un restaurante de la zona, en su comedor al aire libre donde probamos el pulpo a la gallega.

Brindando con un tinto Ribeiro en tazón, Santiago de Compostela, febrero 2008
Brindando con un tinto Ribeiro en tazón, Santiago de Compostela, Galicia, España, febrero 2008

Quizás en mi memoria es más entrañable de lo que fue pero la realidad es que lo recuerdo como un viaje inolvidable: teníamos todo el tiempo del mundo y Galicia a nuestros pies. No teníamos prisa por recorrer la región entera, solo queríamos pasarlo bien y disfrutar de esa sensación de estar vivos, tener amigos geniales y la libertad para ir adonde nos diera la gana.

¿Qué ver y hacer en Santiago de Compostela?

Es una ciudad hermosa con mil cosas para ver además de la Catedral: la Universidad, el Mercado de Abastos, la Casa do Cabido, Monasterios, Conventos, Iglesias, el Seminario Mayor, el Parque de la Alameda, la escultura de bronce Las Marías y muchos parques y monumentos preciosos.

Paseando por el Parque La Alameda, Santiago de Compostela, Galicia, España, 2008
Paseando por el Parque La Alameda, Santiago de Compostela, Galicia, España, 2008

Nosotros iniciamos nuestra ruta a pie por el Parque de la Alameda donde pasamos un rato con las famosas Dos Marías, Corelia y Maruja Fandiño, personajes que existieron realmente: dos hermanas de Santiago que solían pasear por el parque en la segunda mitad del siglo XX cada día a las dos de la tarde con su peculiar forma de vestir, impropia para la época.

Ansiosos por entrar en la Plaza de Obradoiro para admirar la famosísima Catedral de Santiago de Compostela, callejeamos por la ciudad hasta alcanzarla.

Las Dos Marías, Parque de la Alameda, Santiago de Compostela, Galicia, España, 2008
Las Dos Marías, Parque de la Alameda, Santiago de Compostela, Galicia, España, 2008

Aunque no estuviéramos haciendo el Camino de Santiago, queríamos que ese momento en el que descubrieramos la Catedral fuera especial así que cuando llegamos a la Plaza de Obradoiro, caminamos por ella de espaldas a la Catedral y no fue hasta estar al otro lado cuando nos giramos para admirarla. Ahí estaba, imponente ante nosotros, la Catedral de Santiago de Compostela.

Catedral de Santiago de Compostela, Galicia, España, 2008
Catedral de Santiago de Compostela, Galicia, España, 2008

Por la tarde subimos al Monte Do Pedroso caminando para observar la ciudad desde lo alto. La sensación de tener una ciudad tan hermosa a nuestros pies mientras respirábamos aire puro del monte fue maravillosa.

Vistas desde el Monte Pedroso, Santiago de Compostela, Galicia, España, 2008
Vistas desde el Monte Pedroso, Santiago de Compostela, Galicia, España, 2008

A Coruña

Quizás lo más famoso de esta ciudad es la Torre de Hércules, un faro del siglo I situado sobre una colina, el único faro romano en funcionamiento del mundo.

Torre de Hércules, A Coruña, Galicia, España, 2008
Torre de Hércules, A Coruña, Galicia, España, 2008

Después de un picnic en la Playa de Riazor con baño incluido para algunos, nos fuimos a dar una vuelta por el Bulevar marítimo de A Coruña, donde llaman la atención los edificios planos en blanco o colores claros.

Casas frente al Paseo Marítimo, A Coruña, Galicia, España, 2008
Casas frente al Paseo Marítimo, A Coruña, Galicia, España, 2008

De haberlo sabido en aquella época también hubiéramos visitado los Menhires por la Paz, en el Campo de la Rata, muy cerca de la Torre de Hércules pero no lo sabíamos. Así que esta es mi excusa para regresar a la ciudad en un futuro viaje.

Alrededores de la Torre de Hércules, A Coruña, Galicia, España, 2008
Alrededores de la Torre de Hércules, A Coruña, Galicia, España, 2008

Después fuimos a la playa de canto rodado junto al Obelisco Millenium. El sonido de las olas rompiendo contra las rocas y la belleza de la inmensidad del mar nos invitaron a quedarnos allí un buen rato contemplando el horizonte, charlando sobre la vida, el amor, la amistad, riendo, cantando y soñando un poco.

Obelisco Millenium, A Coruña, Galicia, España, 2008
Obelisco Millenium, A Coruña, Galicia, España, 2008

Excursión a las Dunas de Corrubedo

Esta vez fuimos hacia el sur de Santiago: a Ribeira. Queríamos conocer las Dunas de Corrubedo, uno de los paisajes más extraordinarios de Galicia y de España: 9600 hectáreas de frente dunar. Un Parque Natural precioso que permite admirar las playas de Santa Uxía de Ribeira: playas de Coroso, Vilar, Corna, Touro, Rio Azor, A Ameixiña. Un paisaje de ensueño que en febrero estaba totalmente desolado. Era pura paz.

Dunas de Corrubedo, Galicia, España, 2008
Dunas de Corrubedo, Galicia, España, 2008

Alguna de aquellas playas, a día de hoy no recuerdo cuál, fue el escenario de un nuevo picnic de invierno. Comimos, bailamos, y nos tiramos al mar como si fuera pleno verano: el agua del Atlántico nos recibió fría, tajante, pero bellísima y jugamos con las olas como niños, soñando tal vez con serlo para siempre.

Playa de las Rías Baixas, Galicia, España, 2008
Playa de las Rías Baixas, Galicia, España, 2008

Y ese fue nuestra pequeña ruta por Galicia en coche hace ocho años, en pleno febrero, después de los exámenes parciales de tercero; un viaje en el que comimos pulpo a la gallega, bebimos vino en tazón, bailamos en las arenas doradas de playas espectaculares, nos bañamos en las aguas frías del Atlántico, subimos a un monte y a un faro, caminamos, reímos, nos divertimos e hicimos de nuestro viaje un recuerdo inolvidable.

Atardecer en la ruta de Galicia hacia Madrid, febrero de 2008
Atardecer en la ruta de Galicia hacia Madrid, febrero de 2008

Alcobaça, Nazaré, Óbidos y más

Una pareja amiga (portugués él, española ella) nos invitaron a pasar unos días en casa de sus padres en Alcobaça a mediados de septiembre del año pasado. Ya habíamos estado en Portugal pero no conocíamos la zona salvo por lo que habíamos oído de ella, pero no hay nada mejor que viajar con un local para hacer una buena ruta viajera: Alcobaça, playas de San Pedro de Moel y Nazaré, Salinas da Fonte da Bica y Óbidos.

Centro de Alcobaça, Portugal, 2015
Centro de Alcobaça, Portugal, 2015

En nuestra ruta viajera por el Oeste de Portugal, la base fue Alcobaça, la ciudad natal de nuestro amigo Joao, donde sus padres nos recibieron como si fuéramos de la familia. De más está decir que comimos como los dioses (a veces siento que vengo a Portugal a comer) en el desayuno, el almuerzo y la cena. Y la verdad es que nos sentimos muy a gusto: si hay algo que me encanta de viajar es poder disfrutar de una buena comida con una familia local.

Comida en familia, Alcobaça, Portugal, 2015
Comida en familia, Alcobaça, Portugal, 2015

Alcobaça, a poco más de 100 km. de Lisboa, es una ciudad con un encanto especial. Lo más conocido de la comarca es el Monasterio Cisterciense fundado por la Orden de Alfonso I de Portugal. El Monasterio o Abadía de Alcobaça se encuentran en la Plaza 25 de Abril donde estuvimos varias veces durante nuestra estadía y donde se reúne la gente de la ciudad para tomar algo en las terrazas aledañas.

Monasterio Cistercense, Alcobaça, Portugal, 2015
Monasterio Cistercense, Alcobaça, Portugal, 2015

De camino al Monasterio pasamos por la Cámara Municipal de Alcobaça, un edificio rosa muy bonito rodeado de árboles y palmeras que me pareció de cuento de hadas.

Cámara Municipal de Alcobaça, Portugal, 2015
Cámara Municipal de Alcobaça, Portugal, 2015

Seguimos nuestro camino hacia el Monasterio, pasando por el Mercado en el que los lugareños hacen sus compras: frutas, verduras, carne, pescado, huevos, pollos, gallinas. Sí, había gallinas, de las que están vivas y cacareando. Un ambiente que me recordó al Mercado de Bolhao en Oporto.

Mercado de Alcobaça, Portugal, 2015
Mercado de Alcobaça, Portugal, 2015

Callejeamos un poco más y llegamos al mencionado Monasterio de Alcobaça, en la Plaza 25 de Abril. Dentro, se encuentran los sarcófagos de Don Pedro I y Doña Inés de Castro, protagonistas de la famosa historia de amor con trágico final.

Sarcófago de Doña Inés, Monasterio de Alcobaça, Portugal, 2015
Sarcófago de Doña Inés, Monasterio de Alcobaça, Portugal, 2015

Playas de la región

Acantilados, vientos fuertes, mar de aguas frías y grandes olas. Así son las playas de la costa oeste de Portugal. Y por más que fuimos a la «Praia da Falca» con idea de bañarnos, el viento frío pudo con nosotros y nos limitamos a pasear.

Praia da Falca, Portugal, 2015
Praia da Falca, Portugal, 2015

Después del primer intento frustrado de bajar a la playa a tomar el sol y bañarnos a pocos kilómetros de Alcobaça, nos fuimos a San Pedro de Moel, un pueblo costero muy bonito de casitas con mucho encanto y preciosas vistas.

San Pedro de Moel, Portugal, 2015
San Pedro de Moel, Portugal, 2015

De San Pedro de Moel fuimos a Nazaré y a la playa de la ola más grande del mundo, o mejor dicho al Mirador de Nazaré desde donde vimos no solo el pueblo sino su extensa playa, de un lado (el más virgen) vacía; y del otro llena de bañistas. Unas vistas que merecen mucho la pena.

Playa de la ola más grande del mundo, Nazaré, Portugal, 2015
Playa de la ola más grande del mundo, Nazaré, Portugal, 2015

Mañana de Surf en playa Baleal

Habiendo nacido en una ciudad donde se practica el surf casi tanto como se toma mate, siempre creí que algún día me compraría una tabla y me lanzaría al mar, pero a los 17 años me fui de la ciudad y la idea de aprender a surfear se quedó allá. Sin embargo, cuando hablamos de ir a pasar unos días a Portugal cerca de la playa, la idea volvió. Teníamos que intentarlo.

Playa Baleal donde practicamos surf, Portugal, 2015
Playa Baleal donde practicamos surf, Portugal, 2015

Joao nos llevó a la playa Baleal. El entorno era precioso y las olas no muy altas. Para aprender resultó ser un lugar ideal. Pero la verdad es que a pesar de que intentamos durante más de dos horas pararnos sobre la tabla, no lo conseguimos ni una sola vez. Lo máximo que estuve de surfear fue unos segundos en los que avancé recto hacia la orilla con una de las rodillas apoyadas y la otra pierna como tiene que ser. Aprender surf es más difícil de lo que creíamos. Lección aprendida, pero ¡qué bien lo pasamos!

El grupo después del intento de surf, Playa Baleal, Portugal, 2015
El grupo después del intento de surf, Playa Baleal, Portugal, 2015

Visita a Óbidos

Óbidos es una villa medieval que merece la pena visitar: por sus callejuelas de empedrado, por sus casitas blancas, por la muralla que la rodea, por su Castillo, por las vistas de la región y por su licor de ginja tan rico como el de Alcobaça.

Callejeando por Óbidos, Portugal, 2015
Callejeando por Óbidos, Portugal, 2015

Caminamos por las callejuelas de la villa medieval hasta alcanzar las escaleras que suben al Castillo. Hacía calor pero el esfuerzo fue compensado por unas vistas muy bonitas de Óbidos y sus casitas blancas.

Casitas blancas de Óbidos, Portugal, 2015
Casitas blancas de Óbidos, Portugal, 2015

Excursión a las Salinas da Fonte da Bica

Era nuestro último día en Alcobaça y en la región y el día estaba inestable pero queríamos conocer las Salinas da Fonte da Bica o Salinas naturales de Rio Maior, así que nos subimos al coche y emprendimos nuestra última ruta de viaje por la zona.

Salinas de Rio Maior o Fonte da Bica, Portugal, 2015
Salinas de Rio Maior o Fonte da Bica, Portugal, 2015

El entorno de las Salinas da Fonte da Bica es muy bonito y ver el trabajo que se hace en ellas para conseguir sal marina para uso doméstico, es muy interesante. El lugar está rodeado por casitas de madera, antiguos almacenes de sal que hoy sirven como comercios (un bar y un puesto de artesanías y de venta de sal marina). A un costado, la sal es acumulada en pequeños montoncitos donde se termina de secar para luego ser envasada.

Montoncitos de sal, Salinas de Fonde da Bica, Portugal, 2015
Montoncitos de sal, Salinas de Fonde da Bica, Portugal, 2015

Así culminamos nuestra visita a la región Oeste de Portugal, un recorrido en coche (caminando era complicado) por Alcobaça, San Pedro de Moel, Nazaré, Óbidos y las Salinas de Rio Maior. Un recorrido que nos dejó con muy buen sabor de boca.

Viaje a Oporto en coche en Semana Santa

Se aproximaban los cuatro días libres de Semana Santa en 2014 y no teníamos plan. Hasta unos días atrás no sabíamos que estaríamos en España (estábamos viviendo en Argentina aquel año) así que nos agarró por sorpresa. ¿Y si nos vamos a Oporto? ¿Y por qué no?

Organizar un viaje en Semana Santa con poca antelación es complicado porque los precios aumentan al doble que en temporada baja, no solo de los hoteles sino también el de los transportes. Y entonces, ¿cómo nos vamos a Oporto? en coche de BlaBlaCar. Ya habíamos viajado varias veces en coche compartido mediante esta web a distintas partes de España. ¿Por qué no hacerlo para cruzar la frontera?

Contactamos a un grupo de universitarios que salían desde Madrid el jueves y volvían el domingo así que genial. ¿Y los hoteles? encontramos un Hostal barato y bien ubicado por Booking y no lo dudamos mucho. El hostal se llama “Duas Nacoes Guest House”. Perfecto. Reservado. “Oporto nos espera” dijimos. Y allá fuimos.

Vistas desde el río, Oporto, Portugal, 2014
Vistas desde el río, Oporto, Portugal, 2014

¿Qué ver en Oporto?

Llegar a una ciudad y no tener ni idea de qué hay de bueno ni por qué fuimos no es tan mal plan como puede parecer. Sabíamos que era un lugar con encanto y habíamos visto algunas fotos, pero ¿por dónde empezábamos a recorrerla? Hice lo que hacía años que no hacía: ir a la Oficina de Turismo local. Ahí nos dieron mapa y algunos datos. Todo cerca, perfecto. Podemos ir caminando.

Mapa Zona donde nos hospedamos, Oporto, Portugal, 2014
Mapa de Booking de la Zona donde nos hospedamos, Oporto, Portugal, 2014

Estábamos muy cerquita de la Plaza de Lisboa donde vimos una cosa muy curiosa que nunca había visto yo: césped, plantas y pequeños árboles encima del tejado del edificio que está debajo. Es un proyecto arquitectónico muy interesante que incluye una especie de centro comercial con una preciosa zona verde en el techo.

Plaza Lisboa con sus árboles en el techo y la Torre de los Clérigos detrás, Oporto, Portugal, 2014
Plaza Lisboa con sus árboles en el techo y la Torre de los Clérigos detrás, Oporto, Portugal, 2014

Muy cerca de allí, está la Torre de los Clérigos, la torre más alta de Portugal. Subimos  para ver la ciudad de Oporto desde lo alto y las vistas no nos defraudaron.

Vistas desde la Torre de los Clérigos, Oporto, Portugal, 2014
Vistas desde la Torre de los Clérigos, Oporto, Portugal, 2014

Como habíamos llegado tarde a la ciudad, ese día no dio para mucho más, salvo para callejear por la ciudad y llevarnos los últimos rayitos de sol que iluminaban los cerámicos azules de algunos edificios históricos de la zona. Una preciosidad. Arte puro.

Azulejos azules de un edificio histórico, Oporto, Portugal, 2014
Azulejos azules de un edificio histórico, Oporto, Portugal, 2014

Al otro día fuimos a visitar la Estación de San Bento, una reliquia histórica que merece muchísimo la pena. Entrar en esta estación de trenes es trasladarse al siglo IX.

Estación de San Bento, Oporto, Portugal, 2014
Estación de San Bento, Oporto, Portugal, 2014

Visitamos la Iglesia de San Francisco y sus alrededores y por un momento me acordé de Gantes en Bélgica y de cuánto me gusta la piedra cuando oscurece con la humedad y el paso del tiempo, cómo me gusta ese aspecto lúgubre.

Iglesia San Francisco, Oporto, Portugal, 2014
Iglesia San Francisco, Oporto, Portugal, 2014

Las vistas desde la parte de atrás de la Iglesia San Francisco no tienen desperdicio: las casas construidas hacia arriba, con sus tendederos llenos de ropa colgando y sus tejados color ladrillo me resultaron de película.

Barrio detrás de la Iglesia San Francisco, Oporto, Portugal, 2014
Barrio detrás de la Iglesia San Francisco, Oporto, Portugal, 2014

Oporto estaba resultando ser una de las ciudades que más me han gustado de Europa. Incluso sus callejuelas oscuras y un poco decadentes me gustaron muchísimo. Y ni qué decir de la gente, de los desayunos y la comida. Nos lo estábamos pasando muy bien y el entorno era digno de ser retratado a cada instante.

Una calle del centro de la ciudad, Oporto, Portugal, 2014
Una calle del centro de la ciudad, Oporto, Portugal, 2014

Caminando, caminando, llegamos a la parte baja de la ciudad y buscamos un sitio para comer y luego seguimos nuestro camino hasta llegar a orillas del río. Ahí estaban preparando una especie de mercadillo donde compramos algunos recuerdos para la familia de España y Argentina.

Mercadillo a la orilla del río, Oporto, Portugal, 2014
Mercadillo a la orilla del río, Oporto, Portugal, 2014

Volvimos a ver las casas antiguas con la ropa tendida fuera, a las señoras asomadas por la ventana observando la gente pasar, mientras oíamos a las señoras del mercadillo anunciar a gritos sus productos con una gracia que nos robó una sonrisa.

Casas Frente al río, Oporto, Portugal, 2014
Casas Frente al río, Oporto, Portugal, 2014

La zona del río, con sus barcos antiguos, el puente, las vistas de las casitas que van trepando la ciudad con sus coloridas fachadas, me dejó enamorada. Quería quedarme un rato más y sentir la esencia de Oporto en el vaivén de los botes, de la gente, de la corriente del río…

Barcos en el río Douro, Oporto, Portugal, 2014
Barcos en el río Douro, Oporto, Portugal, 2014

Más tarde nos fuimos a dar una vuelta por los Jardines del Palacio de Cristal donde terminamos persiguiendo a un pavo real para admirar sus colores cuando por fin quiso enseñarlos.

Pavo Real, Jardines del Palacio de Cristal, Oporto, Portugal, 2014
Pavo Real, Jardines del Palacio de Cristal, Oporto, Portugal, 2014

Y volvimos al río al caer la tarde, a presenciar el atardecer, a tomarnos un café con leche caliente tapados por una manta en una terraza que a pesar del frío desprendía calidez. Nos quedamos ahí un buen rato admirando la belleza de la Oporto nocturna y creo que volví a enamorarme.

Vistas del río Douro por la noche, Oporto, Portugal, 2014
Vistas del río Douro por la noche, Oporto, Portugal, 2014

Al día siguiente, arrancamos bien temprano para desayunar debajo del hostal donde las enormes tostadas con café y zumo de naranja nos estaban llamando. Todo a la mitad de precio que en España. Una maravilla. Y con las pilas puestas nos fuimos a callejear otra vez.

Calle de atrás del Hostal, Oporto, Portugal, 2014
Calle de atrás del Hostal, Oporto, Portugal, 2014

El Mercado de Bolhao con su aspecto un poco decadente, no nos dejó indiferentes. Nos daba la sensación de que la ciudad se mostraba tal cual era, como si el turismo le diera igual, como si el paso del tiempo le importara muy poco.

Mercado de Bolhao, Oporto, Portugal, 2014
Mercado de Bolhao, Oporto, Portugal, 2014

En la Zona de la ancha Avenida de los Aliados, por donde pasamos en varias ocasiones en esos días, la cosa cambiaba un poco. Ahí los bares eran un poco más de lujo y los precios te lo recordaban. Y es una zona bonita pero distinta, sin la magia de las zonas más antiguas, más descuidadas.

Avenida de los Aliados, Oporto, Portugal, 2014
Avenida de los Aliados, Oporto, Portugal, 2014

También el  Palacio de la Bolsa nos pareció un edificio precioso pero después de ver el Mercado, la Iglesia de San Francisco, las casitas descuidadas o la Estación de San Bento ya no podía asociar a Oporto otra cosa. Así que ya no me impresionó tanto como a otros viajeros.

Palacio de la Bolsa, Oporto, Portugal, 2014
Palacio de la Bolsa, Oporto, Portugal, 2014

Si hubo algo que nos devolvió a la Oporto de siglos pasados fue el tranvía. Al llegar abajo, al río, ahí estaba, esperándonos. Nos subimos al tranvía de madera y nos dejamos llevar hasta el final del recorrido.

Tranvía de madera, Oporto, Portugal, 2014
Tranvía de madera, Oporto, Portugal, 2014

Queríamos ver el mar y ahí estaba. Pero no contentos con ver mar quisimos ver playa así que caminamos por la costa hasta llegar a la arena, que a pesar del frío de principios de primavera, nos hizo sentir un poquito en verano.

Farol de Felgueiras, playa de Oporto, Portugal, 2014
Farol de Felgueiras, playa de Oporto, Portugal, 2014

Seguimos caminando y nos encontramos con un centro comercial en plena costa, casi como salido de la nada, aislado totalmente, pero tenía comida y eso nos estaba haciendo falta ya. Después de comer, nos metimos en el Parque Da Cidade o Parque de la ciudad, un lugar precioso que tuvimos para nosotros solos durante un buen rato.

Parque Da Cidade, Oporto, Portugal, 2014
Parque Da Cidade, Oporto, Portugal, 2014

Estábamos lejos pero decidimos volver a la ciudad andando hasta que nos dimos cuenta que estábamos agotados y con los pies hechos polvo así que quisimos tomarnos un bus que esperamos casi una hora y nunca pasó. Al final nos tuvimos que tomar un taxi. Estábamos muy lejos. Al regresar a la ciudad pasamos por una plaza que no puedo recordar su nombre ni localizar en el mapa pero que me encantó.

@rominitaviajera riendo en una plaza de Oporto, Portugal, 2014
@rominitaviajera riendo en una plaza de Oporto, Portugal, 2014

Por la noche cenamos cerca del hostal en un bar un poco cutre pero económico y con una Francesinha fantástica (pan con carne cubierto de salsa picante y queso gratinado). Excelente. Estábamos tan llenos que queríamos irnos a dormir pero al volver a casa caminando nos cruzamos con gente bailando en la acera. Algunos con sus copas en a la mano. Y a mí me entraron ganas de bailar. ¿Y por qué no? me dije, y me puse a bailar nomás.

Al día siguiente teníamos poco tiempo porque era el día de regreso a Madrid, así que mucho no hicimos. Y no recuerdo si fue este día o el anterior o quizás el primero, que nos acercamos a la Librería Lello e Irmao, un emblema de la ciudad. Aparece en alguna película de Harry Potter así que ya pueden imaginar qué aspecto tiene. No pudimos hacer fotos porque estaba prohibido pero de verdad que es un escenario de cuentos.

Y ese fue nuestro paso por Oporto en Portugal, una de las ciudades que más me han gustado de Europa, una ciudad que desprende un encanto especial, una sensación que me cuesta describir con palabras. ¿Magia tal vez?

Señora asomada por la ventana, rincones de Oporto, Portugal, 2014
Señora asomada por la ventana, rincones de Oporto, Portugal, 2014

Fin de semana en Lisboa

La primera vez que fui a Lisboa la caminé. La caminé y la caminé. Hacía frío pero el entusiasmo del primer viaje fuera de España era mayor. Y disfruté de Lisboa pero no me enamoré. Sin embargo, la segunda vez que fui, hace unos cinco meses, la encontré diferente y tal vez el efecto del verano aportó su toque a que Lisboa me tocara el corazón.

Callejeando por Lisboa, Portugal, 2015
Callejeando por Lisboa, Portugal, 2015

Cuando uno va a viajar a Lisboa y pregunta a los amigos siempre te mencionan el tranvía. Es algo que a todo el mundo le encanta. Y sí, es bonito, la verdad, pero va repleto de gente y en mi opinión no merece la pena subirse sino más bien verlo pasar imaginando que uno está a principios del siglo XX viéndolo moverse por primera vez. De todas formas, si se quiere montar en tranvía en Lisboa en Lisboando te cuentan las distintas rutas que hay. Es importante saber a cuál se quiere subir uno: hay tres tipos de tranvías en la ciudad de la luz: los clásicos amarillos de madera, los más modernos también amarillos y los rojos turísticos. Y luego están los que recibieron muchas pintadas o graffitis y ya no se distingue si eran de un tipo o de otro.

Tranvía moderno amarillo graffiteado, Lisboa, Portugal, 2015
Tranvía moderno amarillo graffiteado, Lisboa, Portugal, 2015

Lo primero que me viene a la mente cuando pienso en Lisboa, después de los tranvías, es La Plaza del Comercio, la más importante de Lisboa. En aquel puente de diciembre hace unos diez años la plaza estaba casi desolada porque la mayoría de turistas estaban en las calles comerciales. Había algunos hombres vendiendo gafas de sol que curiosamente me ofrecían otras cosas cuando me acercaba. Había también algunos vendedores de globos y algunos locales bien abrigados admirando el Tajo, el río más largo de la península ibérica. En el segundo viaje había más gente porque a pesar de no ser fin de semana estábamos en verano.

Plaza del Comercio, Lisboa, Portugal, 2015
Plaza del Comercio, Lisboa, Portugal, 2015

En el lado norte de la Plaza del Comercio, está el Arco Triunfal da Rua Augusta, al que se puede subir para admirar por un lado la plaza con el río de fondo, y por otro la calle Augusta que se pierde recta en el horizonte. La primera vez que fui no subí pero en mi segunda visita a Lisboa iba con un portugués amigo que nos dijo que merecía la pena subir y no nos arrepentimos: desde arriba tuvimos la primera panorámica de la ciudad.

Panorámica de Lisboa desde Arco Triunfal de Augusta, Lisboa, Portugal, 2015
Panorámica de Lisboa desde Arco Triunfal de Augusta, Lisboa, Portugal, 2015

Un fin de semana común (o menos) hubiera bastado para conocer estas cosas tan típicas de Lisboa, pero la primera vez que fui era un finde puente así que tuve tiempo de recorrer otros sitios como la Plaza don Pedro IV donde está la estatua de Pedro IV, los puentes, el Castillo San Jorge y otros barrios. Y la segunda visita, casi casi también, porque caminamos más aún si cabe que la primera vez.

De la Plaza San Pedro IV recuerdo que era una zona más animada que la Plaza del Comercio, donde había bares y comercios de todo tipo. La primera vez llegué de noche y la encontré iluminada y me sentí segura,  no como en la Plaza del Comercio, pero solo fue mi sensación, no creo que realmente ninguna fuera insegura. Y en mi segunda visita, me encontré con una Plaza San Pedro IV o Plaza del Rossio que casi desconocí: la plaza estaba llena de gente paseando y las terrazas de los bares de alrededor estaban repletas. El efecto verano otra vez aportando su valor.

Alrededores de Plaza Pedro IV o Plaza del Rossio, Lisboa, Portugal, 2015
Alrededores de Plaza Pedro IV o Plaza del Rossio, Lisboa, Portugal, 2015

De los puentes de Lisboa el que más me gustó fue el Puente 25 de Abril. No tenía ni idea que existiera algo así tan cerca de España, me hizo sentir que estaba en San Francisco, en Estados Unidos. No por nada es el puente colgante más largo de Europa. Se aprecia desde las zonas más altas de la ciudad o desde el Cristo Rey, que recuerda al Cristo Redentor de Rio de Janeiro. Si mal no recuerdo, en mi primera visita a la ciudad, yo subí al Castillo San Jorge para admirar el Puente 25 de Abril y me quedé a ver el atardecer: el color del cielo a esa hora daba al puente un encanto tan especial que me hubiera quedado ahí para siempre.

Vistas del Puente 25 de Abril de día, Lisboa, Portugal, 2015
Vistas del Puente 25 de Abril de día, Lisboa, Portugal, 2015

Y hablando de vistas preciosas, la verdad es que Lisboa tiene panorámicas increíbles. No conozco todos los puntos desde donde se puede ver la ciudad desde la altura pero sí un bloguero que describe los 10 mejores miradores de Lisboa muy bien. Yo uno de los que recuerdo es el de Santa Luzia y la verdad es que las vistas de las casitas bajas merecen mucho la pena pero lo visité en mi primer viaje y no tengo fotos de entonces.

Otras vistas bonitas de Lisboa se aprecian desde el Castillo San Jorge, uno de los monumentos más conocidos de la ciudad. La primera vez que fui a Lisboa entré al castillo y me gustó mucho pero lo que más me impresionaron fueron las vistas. Y en mi segunda visita, ni siquiera entré. Me gustan los castillos y este en particular me gustó mucho pero entrar vale unos 7 u 8 euros y no creo que realmente valga tanto. Lo mejor del Castillo viene después, cuando se da una vuelta por el barrio que tiene su encanto y está menos lleno de gente. Y muy cerca se puede llegar andando a la Se o Catedral de Lisboa. Lamentablemente, no tomé fotos o no las encuentro.

Otro gran atractivo que recuerdo de la ciudad es el Elevador de Santa Justa, un ascensor antiguo que une dos barrios, la Baixa Pombalina y el Chiado. Subir en ascensor cuesta 5€ pero si se quiere apreciar las vistas sin gastar ese dinero, se puede subir al mirador de Santa Justa por 1,5€. Nosotros hicimos esto el año pasado y la verdad es que las vistas merecen la pena la paliza de subir hasta el Chiado.

Vistas desde el Mirador de Santa Justa, Lisboa, Portugal, 2015
Vistas desde el Mirador de Santa Justa, Lisboa, Portugal, 2015

De mi primer viaje a Lisboa ya no recuerdo más, excepto a las gaviotas que revoloteaban por la zona del Tajo, el olor a río y el viento fresco golpeándome en la cara. Del segundo viaje a Lisboa sí recuerdo más: paseos por sus callejuelas, cervecita en los bares y mucha pero mucha caminata, y el recuerdo soleado de una ciudad que merecía la pena ser visitada por segunda vez.

Me hubiera gustado ir a un espectáculo de Fado pero la verdad es que ni la primera vez que visité Lisboa ni el año pasado tampoco pude ir a uno. Así que me queda algo pendiente con la ciudad, algo que por otro lado me encanta. Siempre hay que dejarse algo por ver o hacer en los lugares visitados. Así se tendrá una excusa para volver algún día.

Visitar Asturias en tres días

España en general es un país hermoso, pero a mi parecer Asturias es el mayor ejemplo de su belleza natural. Cuna de la de minería, es también tierra de pescadores y de turismo rural. Es tierra de prados verdes y montañas nevadas, de casitas de cuentos de hadas, de gente amable y cálida. Tierra de aguas cristalinas y frías, de grandes extensiones de arena, de vientos y de lluvias, de arcoíris y de mañanas cantadas por pajaritos. Es tierra de ensueños.

Relato del viaje a Asturias

Recorrer Asturias entera en tres días es imposible si se quiere disfrutar de sus encantos al máximo y no ir con prisas. Sin embargo, si uno ya conoce sus ciudades: Oviedo, Gijón y Avilés, como era mi caso, siempre se puede armar una nueva ruta para visitar Asturias en tres días desde una perspectiva nueva.

Había estado en Asturias años atrás y me había quedado enamorada pero no había vuelto a pasar ni de cerca. La idea era visitar el Parque Nacional de los Picos de Europa y conocer el Santuario de la Vírgen de Covadonga, pero finalmente se convirtió en un viaje de tres días haciendo una ruta por los pueblos asturianos pesqueros. Y no me arrepiento.

Llegamos al Principado de Asturias desde Madrid por la ruta A66 y paramos en Ujo, el pueblo donde nació mi abuela paterna, cerca de Mieres. Aquí se encuentra la Iglesia de Santolaya del siglo XII que es Monumento Artístico-Histórico desde 1923. Dimos una vuelta por el pueblo, lamentando su deterioro pero tratando de imaginarnos a mi abuela paseando por sus callecitas, subiendo el monte o comprando en el Economato.

Ujo, Iglesia Santolaya
Ujo, Asturias, mayo 2015 | Viajar caminando

Seguimos camino hacia la costa y llegamos a nuestro destino cerca de la localidad de Villaviciosa: el Hotel Alavera, en San Martín del mar, con excelentes vistas a los prados verdes y a las aguas de la Ría de Villaviciosa. Nos enamoró al instante en que lo vimos, al igual que su entorno de paz y belleza.

Asturias Hotel Alavera
Hotel rural Alavera, en Asturias | Viajar caminando

La dueña del hotel nos recomendó visitar los pueblos pesqueros asturianos y nos encantó la idea. Al primero que fuimos fue a Tazones, el más cercano a nuestro hotel. Allí comimos en el Restaurante La Playa un poquito de pulpo y calamares. Pero lo mejor fue el paseo por la costa: escuchar el mar chocar contra las rocas en la playa, sentir el viento soplar entre los barcos, y admirar la inmensidad del mar desde la orilla.

Asturias Tazones
Tazones, pueblo pesquero, Asturias, mayo 2015 |Viajar caminando

Después fuimos a la playa de Rodiles a descansar frente al mar. Es una playa extensa en un entorno de montes que la hace preciosa. El único inconveniente fue el viento pero disfrutamos mucho del paisaje y el relax.

Playa de Rodiles
Playa de Rodiles, Asturias, España, Mayo 2015 | Viajar caminando

Al día siguiente, aprovechamos más el día desde temprano: nos fuimos por autopista hasta el punto más lejos que íbamos a visitar para luego regresar por la ruta de la costa visitando pueblitos pesqueros.

La primera visita la hicimos a Luarca, un pueblo pintoresco atravesado por un río al que cruzan varios puentes muy bonitos. Dimos un paseo y probamos las delicias locales (una trenza dulce y esponjosa). Vimos las casitas sobre la ladera del rio y nos fuimos a la playa donde estuvimos casi solos por un buen rato, descansando, mirando hacia el faro, hasta que llegaron unos moteros y decidimos emprender viaje.

Luarca
Luarca, Asturias, España, Mayo 2015 | Viajar caminando

La siguiente parada fue la Playa del Silencio, a la que admiramos desde arriba del acantilado un buen rato. El entorno es precioso y lleno de paz. Realmente merece la pena desviarse del camino para ver esta playa.

Cerca de Playa del Silencio, hay un pueblo más pintoresco aún que Luarca, y se llama Cudilleros. Las casitas de colores apiladas una sobre la otra desde la orilla del mar y escalando la montaña, me recordaron a ciertos pueblitos de Brasil. Y a pesar de ser muy pequeño, tiene mucho movimiento tanto en el puerto como en la callecita que va hacia arriba. Los bares del puerto estaban llenos. Un pueblo animado y encantador.

Asturias Cudilleros
Cudilleros, pueblo pesquero, mayo 2015, Asturias | Viajar caminando

De ahí fuimos a Luanco, otro pueblo de la costa asturiana. De una arquitectura muy distinta a la de Cudilleros, me recordó a Santander. La llovizna dio un encanto especial a nuestro paseo por las costas de Luanco que terminó en la Iglesia del pueblo presenciando una boda con trajes típicos y gaiteros.

Luanco, Asturias
Luanco, Asturias, España, Mayo 2015 | Viajar caminando

Y por último, terminamos nuestro sábado en Gijón. Cansados de caminar, de conducir, de buscar estacionamiento, de no encontrarlo, y de viaje en sí, no disfrutamos el paseo por la ciudad tanto como de los pueblos. Dimos un paseo por la costa, visitamos la Plaza Mayor y el Ayuntamiento. Estuvimos en un bar cerca de la plaza de Jovellanos donde el servicio resultó pésimo: nunca nos trajeron la comida. Así que nos fuimos a cenar a Villaviciosa, el pueblo más cercano a nuestro hotel, donde tomaríamos sidra escanciada como es típico en Asturias.

Lastres
Lastres, Asturias, España, Mayo 2015 | Viajar caminando

Al día siguiente, nos fuimos a Lastres, el pueblo que la serie española Don Mateo hizo famoso. Resultó ser un pueblo precioso, con una playa de aguas cristalinas que invitaban a bañarse. Las callecitas de piedra amarilla en subida y bajada me recordaron a Valldemosa. Visitamos la casa que hizo de hogar de Don Mateo, y el edificio del reloj. El sol estaba fuerte pero pudimos disfrutar un buen rato de perdernos entre las callejuelas de Lastres antes de ir a nuestra última parada de este viaje a Asturias.

Ribadesella
Ribadesella, Asturias, España, Mayo 2015 | Viajar caminando

Nos despedimos de Asturias en Ribadesella, un pueblo con un puente enorme y una costa extensa que tiene un paseo con bares y restaurantes. El entorno es muy bonito, como toda Asturias. Aprovechamos a despedirnos del Principado comiendo unas tapas en un bar junto a la Iglesia principal de Ribadesella. Y con este descanso nos despedimos de tierras asturianas hasta la próxima, quela habrá seguro porque los paisajes de Asturias son de los más hermosos del país y siempre es agradable pasar un tiempo recorriendo estas tierras. Y aún nos quedaron pendientes Covadonga y los Picos de Europa. Para la próxima.

Para alojamientos en Astutias, para el próximo viaje me recomendaron esta web de Casas Rurales. Si alguno la ha utilizado, les agradezco el comentario.

París en dos días

Conocer París en dos días puede parecer a muchos una locura pero siendo una ciudad con fama de ser cara nos pareció la mejor opción para no dejar de verla sin dejarnos el presupuesto anual de viajes. ¿Qué se puede ver en dos días? el Mouline Rouge, el Sacre Coeur,  Notre Damme, el río Senna, sus puentes, las Tulleries, el Louvre, los Jardínes de Luxemburgo, la Torre Eiffel, los campos de Marte, los Campos Elíseos, el Puente Alexandre III, el Arco del Triunfo y algún detallecito más que hacen de París una ciudad con encanto.
La Torre Eiffel, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org
La Torre Eiffel, París, Francia, Junio 2013 – «París en dos días» viajarcaminando.org
Conocer París de la mano de la persona que uno ama siempre ha sido una idea que mucha gente tiene en mente cuando está enamorada. También es lo típico que descartamos cuando estamos solos aunque algunos en el fondo de su corazón siguen soñando con enamorarse en París y vivir una historia de amor de película.
En la literatura y el cine París es la ciudad del amor por excelencia pero ¿qué hay de cierto en eso? Sinceramente, después de haberme paseado por la ciudad de la mano de la persona que amo, pienso que no es más o menos romántica que Roma. Al final el toque romántico a las ciudades se lo ponemos nosotros.
Caminar por las calles de París es pasearse por siglos de literatura, pintura y arquitectura. Por momentos, sentíamos que habíamos hecho un viaje hacia atrás en el tiempo y que íbamos a ver aparecer mujeres con vestidos acampanados y peineta a la vuelta de la esquina.

Nuestra experiencia en París
Llegamos a la ciudad sobre las cinco de la tarde. Dejamos la maleta y la mochila en la habitación del hostel que reservamos por Internet y nos fuimos a recorrer París (un hotel en París puede ser mucho más costoso que en Madrid, es importante reservar con tiempo y elegir bien la zona).
Siguiendo las recomendaciones de una buena amiga enamorada de la ciudad, comenzamos nuestro recorrido por el barrio rojo de Pigalle, a los pies de otro de los barrios más hermosos de París, el Montmartre. La idea es ir por el Boulevard de Clichy a conocer el Mouline Rouge pero decidimos subir primero al Sacre Coure en funicular para apreciar las vistas antes de que se haga de noche. El ambiente alrrededor de La basílica del Sagrado Corazón (Sacre Coeur) de Montmartre nos pareció increíble: parisinos y extranjeros bebiendo vino o champagne en copa en las escalinatas al pie.
Vistas de Paris desde La Basílica del Sagrado Corazón, París, Francia, junio 2013 - París en dos días - viajarcaminando.org
Vistas de Paris desde La Basílica del Sagrado Corazón, París, Francia, junio 2013 – viajarcaminando.org
Después de apreciar las vistas de París desde el barrio más alto, el Montmartre, nos unimos a ellos con unas latitas de cerveza que nos ofrecieron unos paquistaníes por el módico precio de 1€ (como en Madrid). Ahí, mimetizados con el ambiente, nos miramos enamorados y disfrutamos de un maravilloso atardecer que nos traslada a un mundo mágico donde no existe el tiempo.
Para aprovechar la noche de Montmartre nos dimos una vuelta por la Plaza de los pintores, cuyo verdadero nombre es la Place du Tertre. Rincón de encuentro de artistas por excelencia, la plaza nos recibe cargada de vida; las luces de los cafés alumbran los cuadros más curiosos y alguna que otra estatua viviente. Todo es color y belleza. Se escucha música a lo lejos. Y las tiendas de souvenirs aún abiertas desprenden también su propia vida y color a una plaza rodeada de edificios del siglo XVIII.
Plaza de los pintores, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org
Plaza de los pintores, París, Francia, Junio 2013 – viajarcaminando.org
Callejeando llegamos nuevamente al barrio de Pigalle y buscamos el famoso Mouline Rouge, pero antes hacemos una parada técnica en una crepería del Boulevard para alimentarnos de forma económica y sin dejar de probar un plato típico de la ciudad. Cuando llegamos al famoso Molino rojo empieza a llover fuerte así que tomamos unas fotos y nos sumergimos el los suburbios del Metropolitano de París.
Crepe en París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org
Comiendo un crepe en París, Francia, Junio 2013 – viajarcaminando.org
Moulin Rouge, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org
Moulin Rouge, París, Francia, Junio 2013 – viajarcaminando.org
Sábado en París (día 2)
Nuestra primera parada después de desayunar dos croissants en una cafetería junto al Senna, es Notre Damme, una de las catedrales francesas más antiguas de estilo gótico. Preciosa desde todos sus ángulos. Pero a nosotros nos interesaba uno en particular, aquel que da acceso al callejón de las librerías. Ahí buscamos la librería Shakespeare and Company, que aparece en la película «Antes del atardecer». Y la encontramos.
Librería Shakespeare and Company, París, julio 2013
Librería Shakespeare and Company, París, julio 2013 – viajarcaminando.org
Catedral de Notre Dame, París, Francia, Junio 2013 - viajarcaminando.org
Catedral de Notre Dame, París, Francia, Junio 2013 – viajarcaminando.org
Puestos de ventas cercanos a Notre Dame, París, Francia, Junio 2013
Puestos de ventas cercanos a Notre Dame, París, Francia, Junio 2013
Ansiosos por ver uno de los museos más famosos del mundo, bordeamos la Catedral de Notre Dame, atravesamos los Jardines de las Tullerías y nos fuimos hacia el Louvre. Cuesta explicar la emoción que nos dio al ver la Plaza del Louvre. Volvimos a trasladarnos en el tiempo ante semejante arquitectura del siglo XII. Incluso nos gustó la pirámide, y eso que siempre he creído que no encajaba bien en la plaza. La cola no era imposible y pudimos disfrutar del arte del Museo del Louvre durante aproximadamente tres horas. Así que terminamos comiendo en una cafetería dentro.
Plaza del Louvre y Museo del Louvre, París, Francia, Junio 2013
Plaza del Louvre y Museo del Louvre, París, Francia, Junio 2013
En la tarde nos fuimos caminando hasta los Jardines de Luxemburgo donde disfrutamos de un bonito paseo y unos ricos crepes de postre. Tanto la fuente como la zona de césped estaba llena de vida, de parisinos disfrutando de la soleada tarde de verano en un improvisado picnic o merienda. Descansamos un rato con ellos y luego nos fuimos al hostel a prepararnos para la noche.
Llegamos a la Torre Eiffel antes del anochecer. Y entre fotos y risas se nos hizo de noche y pudimos admirar semejante estructura de hierro iluminada y radiante. Teníamos dudas sobre subir o no subir y al final decidimos irnos a cenar paninis con cerveza recostados en los Campos de Marte rodeados de parisinos y turistas admirando la torre en todo su esplendor. Hipnotizados por tan famosa obra arquitectónica, nos quedamos observándola hasta que la noche se volvió fresca y oscura.
La Torre Eiffel, París, Francia, Junio 2013
La Torre Eiffel, París, Francia, Junio 2013
Al día siguiente, el domingo, arrancamos temprano con maleta y mochila para recorrer algunas zonas de la ciudad antes de tomar el avión a las cinco de la tarde y cerrar así nuestro viaje a París en 48 horas. Cruzamos el Puente Alexandre III, uno de los puentes más famosos de París, que fue construido en el año 1900 para la Exposición Universal. De ahí, fuimos caminando hasta la Torre Eiffel para verla nuevamente de día y hacer nuevas fotos. De camino probamos las famosas baggetes francesas con un queso típico que compramos en un mercado local.
Detalle del Puente Alejandro III, París, Francia, junio 2013
Detalle del Puente Alejandro III, París, Francia, junio 2013
Sin perder la alegría a pesar del cansancio, conseguimos llegar a los Campos Elíseos, avenida amplia con mucho tránsito y una vida comercial bulliciosa. Lo anduvimos hasta el final para llegar a nuestro último punto del recorrido: el Arco del Triunfo. Ahí mismo tomamos el metro que nos llevó a la zona donde salen los buses que hacen el traslado al aeropuerto de París Beauvais.
Y así concluye nuestro viaje de París en dos días, 48 horas de paseos, momentos de romanticismo, de risa, de descanso, de cultura, ricos crepes y mucho amor.
Los Campos Elíseos, París, Francia, junio 2013
Los Campos Elíseos, París, Francia, junio 2013

Budapest en menos de 48 horas III parte

Esta es la continuación del artículo Budapest en 48 horas II y último artículo del viaje a Budapest. Después de ver la Ópera, regresamos caminando por la Avenida Andrassy hasta llegar al Boulevar Karoly donde se encuentra el departamento en el que nos hospedamos.
Una siesta de casi dos horas resultó reparadora. La mayoría de las chicas están listas para volver a salir y seguir disfrutando de esta ciudad húngara. Yo no me encuentro bien y noto media pila respecto al resto. Empiezo a plantearme la pequeña diferencia de edad que nos separa, pero en seguida lo descarto. Uno es tan joven como se sienta por dentro, más allá de la edad del documento.
En fin, es sábado por la noche y nos vamos al Morrisson 2, otro boliche (discoteca) que nos recomendaron. Vamos en dos taxis y nos cobran más de lo que nos costaría en España. Nos sentimos timadas porque en esta ciudad todo es muy barato. Yo me conformo con decirle al taxista que nos está timando y que no es buena persona pero no me hace ni caso. Así que le damos el dinero y nos cruzamos al Morrison.
Se paga la entrada pero no te dan consumición así que protestamos pero nos dicen burlándose: “pagan por estar dentro, ¿qué más quieren?”. La forma de hablar de los húngaros lleva todo el día pareciéndonos áspera y poco amable pero estamos de fiesta así que sonreímos y entramos.
Budapest nocturno
De fiesta en el Morrison 2, Budapest nocturno, Hungría, 2012 | rominitaviajera.com
La verdad es que el edificio del Morrison me gusta. Es interesante ver cómo convierten un lugar medio ruinoso en un lugar bailable. Por momentos tengo la sensación de estar en una fiesta improvisada en el patio de un conventillo (esos edificios del estilo del Chavo del Ocho). Y eso me gusta. Pero no me gusta mucho la gente que hay. Hay un grupo de 3 o 4 chicos que llevan un “mostacho” que les queda ridículo pero parece que presumen de él.
La noche avanza. Bailamos. Nos reímos. Dos nos subimos a la tarima para bailar y las demás se ríen. Yo bailo con vergüenza pero me hace gracia estar ahí arriba como si fuera una adolescente. De repente, me doy cuenta que el sitio está lleno de adolescentes o chicos que a penas han cumplido los 18 o 19. Me da incomodidad. Y los de mi edad tienen cara de babosos. Bajamos. La gente se empieza a pegar demasiado, te miran con ojos de babosos y se meten a bailar en nuestra ronda de chicas apartando a alguna fuera. No nos gusta nada. Vamos un rato al patio, bailamos algo más pero nos terminamos por pirar pronto a casa.
Domingo de relax
Nos levantamos temprano para ir a la Sinagoga, la más grande de Europa. Es preciosa pero en unos minutos terminamos de verla y nos vamos en frente a desayunar.
La Sinagoga mas grande de Europa, Budapest, Hungría, 2012
La Sinagoga mas grande de Europa, Budapest, Hungría, 2012 | rominitaviajera.com
Como veníamos notando, la gente de Budapest no parece muy receptiva al turismo, de hecho, resultan un poco ariscos. Esta mañana comprobamos que la mayoría es así. En la primera cafetería que nos sentamos, al intentar hacerle una pregunta a la camarera nos grita “un momento” al tiempo que nos mira con desprecio. Así que inmediatamente nos levantamos enfadadas y nos vamos a la cafetería de al lado donde por suerte recibimos mejor trato.
Para relajarnos del ajetreo del sábado nos vamos a las termas, visita obligada en Budapest. No vamos a las públicas (por consenso casi general) sino a unas privadas de un hotel de lujo. Por unos 16€ accedemos a tres piletas (piscinas) en un complejo de baño bastante amplio.
@rominitaviajera en las Termas, Budapest, Hungría, 2012
@rominitaviajera en las Termas, Budapest, Hungría, 2012 | rominitaviajera.com
Lo que más me gusta es el chorro en los hombros de la piscina de agua caliente y las burbujas de la escalera. El agua a 35º empieza a adormecernos. Algunas salimos y nos metemos al barril de agua fría que se supone estabiliza la temperatura de nuestro cuerpo.
De ahí vamos a las duchas que te masajean la espalda de tan fuerte que sale el agua. A ratos nos relajamos tomando el sol en las reposeras, a ratos volvemos al agua. El Sol acompaña nuestro estupendo día de relax y así terminamos nuestro tour por Budapest en menos de 48 horas. Una maravillosa experiencia que resulta inolvidable.
Complejo termal, Budapest, Hungría, 2012
Complejo termal, Budapest, Hungría, 2012 | rominitaviajera.com

Budapest en menos de 48 horas (II parte)

Esta es la continuación del relato sobre el viaje que hicimos a Budapest con mis compañeras el fin de semana pasado. La primera parte del relato del viaje a Budapest en 48 horas está en el post anterior Budapest en 48 horas I Parte.

Paseando por la zona alta de Buda

Desde la parte alta de la ciudad antigua de Buda se puede ver el Parlamento húngaro a la otra orilla (en la zona de Pest). La imagen es tan bonita que no podemos evitar hacer muchas fotos antes de proseguir el paseo y pasar por la Galería Nacional, el Palacio Real… y sacar más y más fotos.

Vistas del Parlamento Húngaro, Budapest, Hungría, 2012
Vistas del Parlamento Húngaro, Budapest, Hungría, 2012

De camino hacia la parte final del tour, escuchamos una banda de música en un escenario callejero. Proseguimos y vemos de frente la Iglesia Matías, con sus techos coloridos, símbolo de la conversión al cristianismo del pueblo húngaro.

Iglesia San Matías, Budapest, Hungría, 2012
Iglesia San Matías, Budapest, Hungría, 2012
Y a la derecha vemos el famoso Bastión de los Pescadores ¡Precioso! Muy blanco. Sus picos a modo de tiendas o carpas simbolizan la vida nómada que llevaban los húngaros antes que el Rey San Esteban, cuya estatua se encuentra en medio de las dos estructuras arquitectónicas, introdujera el cristianismo en el país. Empieza a asomar el sol y el Castillo de Buda empieza a iluminarse hasta verse «blanquesino».

Palacio

En el Bastión de los Pescadores termina nuestro «free tour» así que juntamos unos cuantos florines y le damos la propina a los chicos que nos han estado guiando a través de Budapest y contándonos historias de la ciudad y de su gente. Las vistas desde donde estamos son preciosas. Invitan al romanticismo, a soñar.

En las escalinatas que suben al bastión vemos una pareja de recién casados haciéndose fotos. De repente, el momento se vuelve mágico. Y el sol parece iluminar el vestido de la novia que parece brillar. Y uno piensa ¡Qué bonita ciudad! ¡Qué bonito el amor!

Bastión de los pescadores, Castillo de Buda, Budapest, Hungría, 2012
Bastión de los pescadores, colinas del Castillo de Buda, Budapest, Hungría, 2012

Una vez terminado el tour volvemos caminando hacia Pest. Cruzamos el Puente Blanco y vamos callejeando por el centro de la ciudad hasta alcanzar el Mercado Central de Budapest antes de que cierre a las 2 de la tarde.

Nos da tiempo a sacar un par de fotos y a entrar en un Restaurante de la planta de arriba para comer uno de los platos más típicos de Hungría: el gulash. Cuando nos sentamos a la mesa a desgustarlo, el Restaurante cierra.
Mercado central de Budapest, Hungría, 2012
Mercado central de Budapest, Hungría, 2012

Estamos tan agotadas después de comer semejante plato que lo único en lo que podemos pensar es en descansar. Pensamos en ir a las Termas pero es un poco tarde y posiblemente no lleguemos a tiempo asi que lo dejamos para el día siguiente. Entonces, alguien sugiere tomarnos algo en la famosa Cafetería Gerbeaud, en la plaza Vorösmarty, donde se encuentra una de las paradas de metro más antiguas del mundo que mencioné en el post anterior.

Cafetería en Plaza Vorosmarty Ter, Budapest, Hungría, 2012
Cafetería Gerbeaud en Plaza Vorosmarty Ter, Budapest, Hungría, 2012

Una vez en la Cafetería nos pedimos el postre típico de Budapest, que no nos gusta para nada. Y nos tomamos unos cafés con leche que nos saben a poco. Mucho más cuando pedimos la cuenta. En fin, no es una cafetería que recomendaría más allá de que sea una de las más antiguas de la ciudad.

Una vez recuperadas del atracón del mediodía nos sumergimos en el inframundo de Budapest, en su antiquísimo metro, donde no hay tornos sino dos guardias de seguridad que vigilan que no pases sin antes haber comprado el pasaje o boleto que cuesta unos 350 florines (o florentinos como prefiero llamarlos yo en honor a dos viejos amigos). El interior del coche del metro me recuerda a los de Buenos Aires pero sin carteles de publicidad sobre sus ventanas.

Vorosmarty Term estación antigua de metro, Budapest, Hungría, 2012
Vorosmarty Term estación antigua de metro, Budapest, Hungría, 2012

Llegamos a la Plaza de los Héroes después de siete estaciones de metro (subte) y nos encontramos con que no podemos acceder a la parte principal porque está cerrada con ballas. Preguntamos y nos cuentan que están filmando una película, la quinta de «Duro de matar». A la fuerza tenemos que bordear la Plaza de los Héroes y así es cómo descubrimos un hermoso parque y un precioso lago que bordeamos hasta alcanzar el Castillo Vajdahunyad. Es un lugar idílico. Me siento en una película de la Edad Media.

Castillo Vajdahunyad, Budapest, Hungría, 2012
Castillo Vajdahunyad, Budapest, Hungría, 2012

Hay una fiesta al aire libre y se ven jóvenes bebiendo cerveza y comiendo prezzels por todas partes. Cruzamos un pequeño puente y llegamos a otra fiesta. Esta vez dentro de un local. Parece una fiesta tradicional con música húngara. Nosotras, encantadas con el ambiente, nos ponemos a bailar como locas. Bailamos y reímos sin parar.

Llega el momento del regreso. Nos volvemos al departamento para descansar un poco antes de prepararnos para volver a salir a la noche «budapestiana». Tardamos un buen rato en regresar porque nos bajamos en Ópera, dos paradas de metro antes de la nuestra. Pero merece la pena. Es un edificio hermoso por dentro y por fuera. Sus bóvedas nos trasladan a épocas pasadas, de señoras que van del brazo de señores, con sus vestidos y meriñaquis, con sombreros de gala…

Ópera, Budapest, Hungría, 2012
Ópera, Budapest, Hungría, 2012

El relato del viaje a Budapest continúa en Budapest en menos de 48 horas III parte

*Este artículo fue publicado originalmente en disfrutarlavidahoy.blogspot.com el otro blog de @rominitaviajera

Budapest en menos de 48 horas (I parte)

Como ya había anunciado, nos fuimos con algunas de las chicas de la oficina a Budapest (Hungría) a pasar el fin de semana. Hay quienes dicen que en un fin de semana no se puede hacer gran cosa. Otros pensamos, por el contrario, que un fin de semana «da para mucho». Y ésto último fue lo que ocurrió. Esta es la primera parte de nuestro viaje por Budapest en dos días.
Vistas de la ciudad de Budapest, Hungría, junio 2012
Vistas de la ciudad de Budapest, Hungría, junio 2012

Crónica del viaje a Budapest (I parte)

Tarde de calor insoportable en Madrid. Al salir de trabajar, como una rica ensalada que mi compañera de departamento (piso en España) me tenía preparada. Preparo la maleta, bikinis incluidos, y arranco para la ofi nuevamente. ¿Para qué voy a la oficina? a buscar a mi amiga italiana que me espera con «ansiaaaa».

Llegamos con lo justo a Barajas pero algunas de las chicas ya estaban haciendo la cola de embarque así que sin problemas. Estamos todas revolucionadas. Parecemos adolescentes en viaje de fin de curso. Cuando el avión despega la emoción no cesa. Hablamos todas a la vez y hacemos mil planes. Algunas leen la guía de Budapest. Otras charlamos sobre la vida, los amores, las experiencias, etc.

Llegamos a Budapest casi de madrugada. Un chico nos espera con un cartel con el nombre de una de las chicas. Nos lleva al departamento que alquilamos. Nos encanta pero una de las habitaciones es demasiado grande. Nos juntamos todas en dos habitaciones (las más pequeñas) con desplazamiento de colchones y todo. Esto hará que a la hora de dormir me sienta como en un «pijama party».

Quedarse a dormir no es opción

Nos arreglamos bien, dispuestas a sacar provecho de Budapest en menos de 48 horas (para ser exactos: 40 horas). Nos vamos al Szimpla Kert Pub que nos recomendaron. Un «ruin pub» que nos gustó mucho por su decoración «vintage» desde el cartel anunciando un paso de peatones hasta la bañera graffiteada en el patio.

Según la guía oficial de Budapest Szimpla es de los pub más caros de la ciudad (lo supimos después) aunque a nosotros nos pareció muy barato. Yo me tomé una cerveza de 1/3 por poco más de 1€. Y luego una vaso de medio litro por 2€. Más aún teniendo en cuenta que el bar está a pocos minutos de donde nos alojamos, lo cual nos permitió volver andando, no sin antes pasar por una panadería para desayunar. Sí, de adolescentes total!!!

Pub, Budapest, Hungría, 2012
Pub Budapest Szimpla Kert , Budapest, Hungría, junio 2012
Sábado a todo terreno
Queremos verlo todo y en menos de 48 horas. No queda otra que ir «a tope» y sin freno. Nos levantamos a las 9, nos arreglamos y salimos sin desayunar (yo me tomé un té porque me pone de mal humor no tomar nada antes de salir). De todas formas, avanzamos «sin prisa pero sin pausa». Una vez localizado el guía del Free tour que nos recomendaron, sí compramos algo para desayunar. Pero la chica del café tarda tanto que el «free tour» arranca con la mitad del equipo dentro del bar.
Paseando por el centro de Budapest, Hungría, 2012
Paseando por el centro de Budapest, Hungría, 2012
Un chico húngaro va a la cabeza del grupo de españoles que queremos hacer la excursión. Pasamos por la plaza Vörosmarty tér donde se encuentra la estación de metro (subte) del mismo nombre que corresponde a la Línea 1, una de las más antiguas del mundo (1896) y declarada Patrimonio de la Humanidad en 2002. Más tarde nos meteríamos a esta estación para ir a la Plaza de los Héroes pero no quiero adelantarme.
Llegamos a las costas del Danubio y admiramos Buda desde Pest así como el Puente de las Cadenas, el primero que uniría las antiguas ciudades allá por 1840. Es un puente con una historia muy trágica ya que su creador István Széchenyi se suicidó al darse cuenta de que a los leones del puente les faltaba la lengua. ¡Qué perfeccionista el hombre!
León de Puente de las Cadenas, Budapest, Hungría, 2012
León de Puente de las Cadenas, Budapest, Hungría, 2012
Tras cruzar el antiguo puente llegamos a Buda donde la ciudad ya deja de ser plana. Nos paramos frente al funicular y tratamos de escuchar la historia que el guía está contando pero es casi imposible porque estamos alteradas y comentando cada cosa que pasa a nuestro alrededor.
Funicular, Budapest, Hungría, 2012
Funicular, Budapest, Hungría, 2012
Subimos por el parque hasta alcanzar una zona donde podemos admirar desde arriba la ciudad de Pest, el Parlamento húngaro, el Puente de las Cadenas y otros edificios que sobrepasan esa franja invisible que limita la altura de la ciudad de Pest. ¡Cuánta belleza arquitectónica!
Vistas de la ciudad de Pest, Budapest, Hungría, 2012
Vistas de la ciudad de Pest desde la antigua ciudad de Buda, Budapest, Hungría, 2012
Continuará…
*Este artículo continúa en Budapest en menos de 48 horas II parte
**Este artículo fue publicado originalmente en el otro blog de @rominitaviajera disfrutarlavida.blogspot.com