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Visita a los túneles de Cu Chi

Los Túneles de Cu Chi son un sistema de túneles bajos conectados entre sí, en la zona de Cu Chi, a 40 km de Ciudad Ho Chi Minh. Si se dispone de tiempo en Ho Chi Minh, merece la pena hacerles una visita y conocer un poco más sobre la guerra de Vietnam y la resistencia de la población de esta zona contra los soldados norteamericanos.

Cráter hecho por una bomba, túneles de Cu Chi, Vietnam
Cráter hecho por una bomba, túneles de Cu Chi, Vietnam

Aunque son los más turísticos, forman parte de una red enorme de túneles que cubre gran parte del país y que fue construida durante la guerra de Vietnam por los comunistas.

Las guerrillas del Viet Cong utilizaron estos túneles como refugio, rutas de comunicación y suministros, hospitales, viviendas y almacenamiento de alimentos y armas. Como no tenían armas con anterioridad, fabricaron sus armas a partir del árbol de bambú con el que también elaboraron trampas mortales.

Trampa mortal en túnes de Cu Chi, Vietnam
Trampa mortal en túnes de Cu Chi, Vietnam

A día de hoy, los túneles están acomodados a los turistas: los escondites pequeños utilizados durante el combate están ampliados ya que los vietnamitas son muy pequeños comparados con los turistas como yo por ejemplo; los túneles de conexión están algo iluminados y tienen salida cada pocos metros; las zonas de vivienda ya no están totalmente bajo tierra porque se les ha puesto un techo en altura para que entre luz y se las pueda ver desde arriba; y hay esculturas que recrean el día a día de la resistencia de la población en Cu Chi.

Accesos a túneles de Cu Chi, Vietnam
Accesos a túneles de Cu Chi, Vietnam
Soldado escondiéndose en los túneles de Cu Chi, Vietnam, 2015
Soldado escondiéndose en los túneles de Cu Chi, Vietnam, 2015
Soldados del Viet Cong en Cu Chi, Vietnam
Soldados del Viet Cong en Cu Chi, Vietnam

Si se desea, a la vuelta de la excursión a los túneles de Cu Chi, las agencias pueden dejar a los turistas en el Museo de la Guerra. Nosotros ya lo habíamos visto así que no volvimos a bajar. Es interesante hacerle una visita al Museo de la guerra para conocer más sobre la guerra de Vietnam que se libró entre 1955 y 1975 y que dejó no solo millones de muertos de uno y otro bando sino secuelas en la población y en los campos vietnamitas que fueron rociados con químicos como el agente naranja, por el ejército estadounidense. Muchos inocentes, que no entendían nada de comunismo ni capitalismo, que no entendían de fronteras más que las del campo que cultivaban, fueron atrapados por el ejército estadounidense acusados de estar involucrados en las guerrillas del Viet Cong, y fueron torturados y asesinados.

Fue el primer conflicto televisado de la historia y también fue muy bien documentado por periódicos y revistas como Life a partir de los cuales el mundo entero podía enterarse de lo que allí ocurría. Más de 60 periodistas murieron en Vietnam mientras contaban al mundo las atrocidades de esta guerra. Y la población de Vietnam entera aún sigue curando sus heridas.

Portada de la revista Life sobre la guerra de Vietnam, Museo de la guerra, Ho Chi Minh, VietnamPortada de la revista Life sobre la guerra de Vietnam, Museo de la guerra, Ho Chi Minh, Vietnam
Portada de la revista Life sobre la guerra de Vietnam, Museo de la guerra, Ho Chi Minh, Vietnam

Visita al mercado flotante de Cai Rang

Sería injusta si dijera que no me gustó la experiencia de visitar el mercado flotante pero tengo que reconocer que me esperaba algo más auténtico, menos turístico. Los mercados flotantes existen y es importante para los vietnamitas comercializar en esta zona del río, obtener sus productos, intercambiar, comprar, vender. Sin embargo, a la hora que uno llega con el resto de barcos turísticos, la realidad es distinta. Se amontonan para intentar vender algo al turista. Conmigo lo consiguieron.

Rominitaviajera en el Mercado flotante de Cai Rang en el Delta del Mekong, Vietnam
Rominitaviajera en el Mercado flotante de Cai Rang en el Delta del Mekong, Vietnam 2015

Pudimos ver barcos medianos que están preparados para que viva una familia entera. Me lo contó una vietnamita que se sentaba junto a mi en el barco turístico. La pena es que esas familias no envían a sus hijos al colegio así que los niños están condenados a vivir siempre de esa manera y posiblemente se conviertan en comerciantes del mercado flotante en el futuro.

Barco mediano donde puede vivir una familia, Mercado de Cai Rang, Mekong River, Vietnam, 2015
Barco mediano donde puede vivir una familia, Mercado de Cai Rang, Mekong River, Vietnam, 2015

También hay barcas más pequeñas, botes que son utilizados por una o dos personas para acercarse a los turistas a venderles coco, té, pinchos de ternera, pollo o cerdo con salsas, y otros alimentos. Yo me compré un pinchito porque el desayuno de la familia me había dejado un hueco en el estómago donde el pinchito entró perfectamente. Delicioso. Las ofertas y las transacciones continuaron por más de media hora y terminé aburriéndome. La verdad es que nunca me gustó demasiado ir de compras o al mercado.

Barco pequeño en el mercado de Cai Rong, Mekong River, Vietnam, 2015
Barco pequeño en el mercado de Cai Rong, Mekong River, Vietnam, 2015

Después de la visita turística al mercado flotante, nos fuimos a una nueva isla cuyo nombre no recuerdo ni localizo, pero es donde hay un pequeño taller de noodles donde nos mostraron cómo se consigue la pasta para realizar esta especie de fideos tan famosa en Europa desde hace unos años.

Masa para noodles secándose al sol, Mekong River, Vietnam 2015
Masa para noodles secándose al sol, Mekong River, Vietnam 2015

Y seguimos nuestro camino en barco hacia otra isla de la que tampoco recuerdo el nombre pero sí sé que es famosa por los pinchos de serpiente, rana o rata. Podíamos elegir entre sentarnos a comer esas “delicias” o irnos a recorrer la isla en bicicleta. Y yo por supuesto elegí perderme por la isla con la bici pero antes eché un vistazo a la parirlla. No tenía buena pinta, no.

Ranas, víboras, ratas y pescados a la parilla, Mekong River, Vietnam 2015
Ranas, víboras, ratas y pescados a la parilla, Mekong River, Vietnam 2015

Me encanta pasear en bicicleta así que me lo pasé muy bien. Saludaba a quien me cruzaba por el camino con un amable “Hello” y moviendo la mano que era respondido por el mismo gesto. La gente local resultó simpática y todos sonreían al sonreírles y continuaban su vida, arreglando la casa, cocinando, jugando, etc. Cada camino que elegíamos se terminaba al margen del río o en árboles de la selva. Siempre teníamos que volver. Cruzamos puentes, nos embarramos, caímos, reímos. Y volvimos.

Al final, sin proponérmelo terminé probando un trocito de víbora porque una chica me ofreció la que no se había podido terminar. El sabor es parecido al de los chinchulines de la vaca pero no me gustó mucho. Además, la forma de cocinarla es horrosa: la echan viva a las brasas y la pobre víbora muere achicharrada. Lo peor es que lo hacen más por agradar al turista que porque sea su costumbre. En fin, me quedo con el paseo en bicicleta por la isla y las sonrisas de la gente aunque de esto no tengo foto porque estaba sin batería y disfrutando del paseo en bicicleta sin más.

Dormir en el Delta del Mekong

En la guía del Sudeste Asiático para mochileros de Lonely Planet recomendaban al viajero quedarse en un homestay en vez de en un hotel para visitar los mercados flotantes del Delta del Mekong. Así se puede apreciar mejor la forma en que viven los vietnamitas del sur, la gente del Delta. Era una de las cosas que me apetecía hacer de este viaje así que lo hablé con mi amiga Lavinia y optamos por quedarnos en la casa de una familia.

Después de la travesía por las distintas islas que menciono en el post anterior (Phoenix, Unicorn, etc.) nos trasladamos a Can Tho con el grupo de dos días en el Mekong. La mayoría se quedaba en hotel pero no eramos las únicas que habíamos elegido homestay: dos parejas de Malasia serían parte de nuestra aventura esa noche.

Cuando llegamos con la mini van a Can Tho, llovía a cántaros. El chófer estaba perdido y daba vueltas de un lado al otro, haciendo giros en medio de la autopista. El grupo empezó a preocuparse y a preguntar. Efectivamente estábamos perdidos. El chófer era nuevo y no sabía cómo llegar a la casa de familia. Después de un rato, el guía decidió que iríamos todos al hotel y que desde allí nos pediría un taxi para los que íbamos a la casa.

El taxista no hablaba inglés así que si no encontraba la dirección que se le había dado, estábamos perdidos. Ninguno de nosotros tenía la dirección. Seguía lloviendo cuando el taxista de repente se para a un costado de la ruta, frente a lo que parece ser un bar de carretera. Un hombre abre la puerta de mi lado del taxi y empieza a hablar en vietnamita con el chófer del taxi, haciendo gestos de negación. Me tocó el hombro para que me apartara para mirar atrás y me asusté. ¿Qué quería? ¿Quién era ese hombre?

Después de hacernos bajar a todos del taxi sin saber muy bien porqué y para qué, se subió él en un lado y dijo “homestay”. El hombre parecía osco y daba un poco de miedo en las circunstancias que nos encontrábamos pero “homestay” era la palabra clave. Supusimos que sería el dueño de la casa de familia y que nos venía a buscar. Debíamos confiar. No nos quedaban muchas opciones.

Al cabo de unos minutos que parecieron eternos, entramos en un barrio humilde junto al río. El taxi se frenó en lo que parecía el final de la calle y nos indicó que bajaramos. No había mucha luz y el suelo era barroso y no parecía haber más que un grupo de hombres cenando bajo unos toldos. ¿Dónde estaba nuestra casa de familia? ¿Acaso nos estaban secuestrando? Los malasios también tenían miedo y eso me puso más nerviosa. Pero “confianza” era la palabra clave de esa noche.

Foto borrosa del puente y el río por la noche, Mekong River, Vietnam 2015
Foto borrosa del puente y el río por la noche, la única foto que pude tomar, Mekong River, Vietnam 2015

El señor que había subido oscamente en nuestro taxi, se fue por un puente que cruzaba el río y empezó a descender ante nuestras miradas atónitas. ¿Qué debíamos hacer? ¿Adonde iba el hombre? ¿Se escapa bajo el puente mientras otros vienen a por nosotros para matarnos? Sé que suena fatalista pero la falta de luz y de comunicación aumentaba nuestra preocupación a límites insospechados. En ese momento, el señor saltó a una barca en el río y la acercó al barro que llegaba hasta la calle. Nos indicó que subiéramos. “Confianza, confianza”. La palabra resonaba en mi cabeza. ¿Acaso tenía otra opción?

Subimos al bote donde los asientos estaban empapados y los espacios eran tan estrechos que mis rodillas casi tocaban mi cabeza. Se me rajó en pantalón y me golpée los dedos de los pies contra unos fierros. Los locales son tan pequeños que caben donde sea, pero yo tengo constantemente estos problemas en este viaje.

La barca empezó a avanzar por el río, casi a oscuras, con una única luz que estaba en manos del señor que la manejaba para esquivar plantas flotantes y troncos. A nuestro alrededor: casas humildes, gente cenando o bebiendo, palmeras, árboles, vacío, oscuridad. “Miedo, miedo”. No, la palabra clave de esa noche debía ser “confianza“. El resto es inútil. Si fuera a pasar algo malo no lo podríamos evitar. “Ya estamos en el baile así que bailemos”, pensé. En esos momentos, una iguana que estaba mirando fijamente a mi compañera del asiento de delante, una malasia tan asustada como yo, saltó a su cuello y la utilizó de puente para proseguir su camino hacia el agua.

Tras más de veinte minutos navegando en una barca minúscula donde se me acalambraban los pies y se me enfriaba la espalda por el asiento mojado, y habiendo sobrevivido al miedo de atravesar las marrones aguas del río Mekong en una noche cerrada con a penas un farol, llegamos a la casa de la familia, donde una mano amiga, o mejor dicho, la mano de “mi mama del Mekong” nos tendió la mano para saltar al barro y acceder a su casa. Su hijo estaba ahí y hablaba inglés, nos explicó que el señor que pensábamos que nos mataría era su padre y que la señora que preparó la cena y nos esperaba ansiosa, era su madre, que no hablaban inglés pero que harían lo que sea para que nos sintiéramos cómodos. Y a la mañana siguiente su padre nos llevaría hasta el barco turístico para ver el mercado flotante.

Cena en la casa de familia, Delta Mekong, Vietnam 2015
Cena en la casa de familia, Delta Mekong, Vietnam 2015

Después de ver la cena, nuestras habitaciones dobles al estilo cabañas, el baño limpio, la cocina enorme que me recordó a la de las casas grandes de pueblo en Argentina, y de ver que solo era una humilde familia que nos hospedaba por 4 dolares la noche, solté la risa, y casi el llanto, porque me sentía feliz de poder estar ahí, de compartir tan grato momento con lindos compañeros de viaje con los que volvería a reír varias veces más recordando lo vivido en el río de noche. Y es que de noche las cosas son muy distintas…

Como no tengo ninguna foto de esa noche, les comparto las que hice durante el día pero no vale reírse de mi porque de día todo cambia…

En Barca por el Delta del Mekong, Vietnam, 2015
En Barca por el Delta del Mekong, Vietnam, 2015
Desayunando en el Homestay con los malasios, Delta del Mekong, Vietnam 2015
Desayunando en el Homestay con los malasios, Delta del Mekong, Vietnam 2015
Si miran bien al fondo está el padre de la familia vietnamita, el señor de la barca, Delta del Mekong, Vietnam, 2015
Si miran bien al fondo está el padre de la familia vietnamita, el señor de la barca, Delta del Mekong, Vietnam, 2015

Navegando por el Delta del Mekong

Quedarme en una casa de familia a dormir y ver un mercado flotante estaba en mis planes. En el Hotel de Ho Chi Minh ofrecían una excursión que incluía ambas cosas así que la contratamos. La excursión es muy turística pero vale la pena navegar por el río Mekong, montar en bicicleta en una isla, dormir en un “homestay” y conocer un poco más a la gente de Vietnam.

Nos dirigimos temprano por la mañana hacia la provincia de Ben Tre en bus. Ben Tre está en el Delta del río Mekong. De camino, en la ruta Chúa – Vinh Tráng, paramos en una pagoda donde había un Buda blanco y gordo gigante. Dentro, unos monjes comiendo y conversando entre decoraciones bellísimas.

Chua Vinh Trang Pagoda, Sur Vietnam, viaje 2015
Chua Vinh Trang Pagoda, Sur Vietnam, viaje 2015
Buda gordo blanco de la pagoda Chua Vinh Trang, Sur, Vietnam, viaje 2015
Buda gordo blanco de la pagoda Chua Vinh Trang, Sur, Vietnam, viaje 2015
Monjes conversando en la Pagoda Chua Ving Trang, Vietnam, 2015
Monjes conversando en la Pagoda Chua Ving Trang, Vietnam, 2015

El tour en barca por el Delta del Mekong sale de My Tho y se dirige a la llamada isla del coco por dedicarse a la producción de todo tipo de alimentos con coco. Vimos cómo convertían el coco en líquido y luego lo hervían durante horas para hacer la pasta que se pone a secar otra hora antes de amasarla para hacer caramelos.

Coconut Island, Mekong Delta, Vietnam, viaje 2015
Coconut Island, Mekong Delta, Vietnam, viaje 2015
Producción de caramelos de coco, Coconut Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Producción de caramelos de coco, Coconut Island, Mekong River, Vietnam, 2015

Luego fuimos a la isla Phoenix a comer donde nos explicaron que ya no hay cocodrilos en el río porque los sacaron por seguridad para los habitantes de las islas. Lo que sí hay es una granja en esta isla donde alimentan a los cocodrilos entre turistas y locales. En la isla de Phoenix también pudimos apreciar cómo vive la gente dando un paseo en bicicleta por la misma.

Comiendo en Phoenix Island, Mekong Delta, Vietnam, 2015
Comiendo en Phoenix Island, Mekong Delta, Vietnam, 2015
Cocodrilos en la granja, Phoenix Island, Vietnam, 2015
Cocodrilos en la granja, Phoenix Island, Vietnam, 2015
Montando en bicicleta, Phoenix Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Montando en bicicleta, Phoenix Island, Mekong River, Vietnam, 2015

La siguiente isla fue la del Unicornio donde nos deleitaron con un té de miel con jalea real, ambos productos hechos por la comunidad local. Nos mostraron un panel de abejas y nos explicaron las cualidades de la miel. Al finalizar la visita, vino lo mejor: nos subimos en barquitas de madera dirigidas por locales con sus gorros típicos vietnamitas que nos llevaron por un canal hasta otra isla.

Té con miel y jalea real, Unicorn Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Té con miel y jalea real, Unicorn Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Barcas en el Delta del Mekong, Vietnam 2015
Barcas en el Delta del Mekong, Vietnam 2015

La visita a esta segunda isla fue más rápida pero pudimos disfrutar de otro té con frutas y de música tradicional vietnamita en vivo. Todo tan armado para el turismo que por momentos no me sentí cómoda pero bueno, fue la forma que encontramos para conocer un poco más a la gente del Delta del Mekong. Y lo mejor estaba por venir: la noche en una casa de familia en Can Tho.

Música tradicional vietnamita, Isla del Mekong River, Vietnam, 2015
Música tradicional vietnamita, Isla del Mekong River, Vietnam, 2015

Ho Chi Minh, una ciudad vibrante

Viajando por Asia estoy viviendo distintas experiencias que no hacen más que activar mis emociones y alternarlas a cada instante. Por momentos me siento feliz y enérgica, y por momentos me siento triste y cansada. Cada pueblo, cada ciudad, cada experiencia va marcando mi estado de ánimo. Y el cambio de Camboya a Vietnam era inevitable.

Callejón de Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Callejón de Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

Cuando llegué a Ho Chi Minh, en Vietnam, mis sentidos se despertaron. La ciudad es enorme y tiene mucho ambiente, mucha energía, mucha actividad. Es una ciudad vibrante. Una ciudad en movimiento constante. Y eso me encanta. Me transmite energía y fuerza para seguir este viaje por Asia que emprendí hace ya dos semanas.

Calle Bui Vien, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Calle Bui Vien, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

Nos hospedamos en una pensión del centro de Ho Chi Minh así que estamos muy cerca de los sitios más concurridos de la ciudad. Lo noté ni bien llegamos y al rato al salir a buscar un lugar para cenar. Los callejones que salen al costado del hotel son angostos y oscuros pero parecen seguros y llenos de vida.

La gente de Ho Chi Minh está en las calles, comiendo, bebiendo, charlando, vendiendo comida, ofreciendo masajes. Algunos incluso, tienen las puertas de sus casas abiertas. Dentro, lo mismo se puede ver la TV encendida como un altar luminoso donde honran a los familiares muertos o varias ollas y platos secándose después de ser lavados en la acera.

Vendedor ambulante, Calle Bui Vien, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Vendedor ambulante, Calle Bui Vien, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

En los restaurantes cercanos a nuestro hotel se puede cenar por 2 o 3 dólares. Y si se come algo de los vendedores ambulantes incluso se puede pagar menos. Nosotros aún no lo intentamos. Para desayunar nos preparan omelette pero ellos suelen tomar Pho, una sopa con verduras que pueden hacer con pollo también. Yo probé el Pho en uno de los tantos locales de la calle Bui Vien pero por la noche.

Cuando decía que Ho Chi Minh es una ciudad vibrante no sabía cuán acertada estaba. Al día siguiente de llegar a la ciudad, me desperté con el sonido de música callejera. Al parecer, estaban practicando algo de ejercicios aeróbicos desde las 5.30 am en el parque frente a nuestro hotel. Me asomé por la ventana y vi una ciudad totalmente despierta, corriendo, caminando, haciendo ejercicio.

Nosotras nos dedicamos a callejearla. Caminamos más de cuatro horas casi sin parar. Primero visitamos parques donde vimos distintos grupos de mujeres practicar yoga con música suave de fondo; otro grupo de mayores jugar algo parecido al badminton; otros tomar el café junto a los pajaritos. Y otros simplemente paseaban como nosotras.

Vietnamitas practicando yoga, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Vietnamitas practicando yoga, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Parque Tao Dan, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Parque Tao Dan, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

En Ciudad Ho Chi Minh se puede visitar el Museo de la guerra. Nosotras lo hicimos y volvimos a sentir algo similar a lo que nos pasó en los campos de concentración de Camboya. Es Difícil explicar una guerra en un artículo como este así que solo diré que jamás entenderé cómo puede el ser humano llegar a cometer semejantes horrores. Y lo peor de todo es que a día de hoy el pueblo vietnamita sigue sufriendo los efectos secundarios de los ataques químicos del Gobierno estadounidense.

Imágenes de los horrores posteriores, Museo de la Guerra, Ho Chi Minh, Vietnam
Imágenes de los horrores, Museo de la Guerra, Ho Chi Minh, Vietnam

Después del museo, visitamos una pagoda, que nos costó un poco encontrar ya que no estaba marcada en nuestro mapa y la gente a la que preguntábamos no hablaba inglés. La incapacidad para comunicarnos en vietnamita nos empezó a jugar una mala pasada. Pero finalmente, encontramos la pagoda y pudimos contemplar los rituales locales.

Vietnamitas con ofrendas, Pagoda del Emperador de Jade, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Vietnamitas con ofrendas, Pagoda del Emperador de Jade, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

En nuestra caminata, también visitamos la Catedral de Notre Dame vietnamita donde tuvimos el honor de ver una pareja de recién casados tomándose fotos. La verdad es que esta zona de Ho Chi Minh, la catedral incluida, es muy francesa y cuesta creer que se está en Asia cuando se pasea por ella. La oficina de correos da la misma sensación. Diría que incluso desencajan en el paisaje vietnamita pero de alguna manera Ho Chi Minh enlaza todo en uno y se vuelve esa ciudad vibrante que mencioné antes.

Catedral de Notre Dame, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Catedral de Notre Dame, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Oficina de Correos, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Oficina de Correos, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Vietnamitas recién casados, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Vietnamitas recién casados, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

Salir a callejear por Ciudad Ho Chi Minh fue un placer. Conocer caminando la misma ciudad que sufrió los horrores de la guerra, la misma que se recuperó y creció y se convirtió en lo que es hoy da gusto: Ho Chi Minh es una ciudad llena de vida y esperanza. Nos animamos a caminarla un poco a pesar de su inmensidad. El resultado fue un cansancio absoluto que nos hizo pedir un taxi al poco de llegar a China town desde el Distrito 1 bordeando el río.

Sauces al margen del río Saigón, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Sauces al margen del río Saigón, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Distrito 5, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Distrito 5, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

Vuelta a casa, volvimos a salir a la noche de Ho Chi Minh, otra vez a ver las luces de la calle Bui Vien, las vendedoras de libros, los restaurantes, la gente yendo y viniendo como si fuera peatonal, la vida transcurriendo en la calle…y aprovechamos para regalarnos uno de esos masajes vietnamitas que te ofrecen en cada rincón de este barrio.

Me encanta la calle Bui Vien, donde las aceras son anchas pero están ocupadas por sillas de bares, gente y motos estacionadas; donde la gente camina sin cesar, donde todo el mundo parece disfrutar. Ojo, si bien esta calle parece peatonal, no lo es, así que hay que tener cuidado con las miles de motos que la atraviesan porque no van a frenar si no las ves. Ellas, las motos, son parte del paisaje urbano de esta calle tan animada, de esta ciudad tan alocada.

BBQ Puesto de comida callejero, Calle Bui Vien, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
BBQ Puesto de comida callejero, Calle Bui Vien, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015