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Relatos de los viajes por Asia: Tailandia, Camboya, Vietnam, Laos, India, China…

Viajando por Camboya como local

Cuando salí de Siem Reap en mini van ayer por la mañana camino a Phnom Pehn sabía que tenía seis horas de viaje en un transporte estrecho y rodeada de camboyanos pero no fui consciente hasta qué punto esto me iba a marcar mi día y parte de la experiencia de mi viaje por Asia.

De Siem Reap a Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
De Siem Reap a Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

Me tocó sentarme junto a dos camboyanas, una mujer mayor y otra joven. Al principio pensé que sería un viaje super interesante porque podría ir comentando con ellas sobre los paisajes y preguntando cosas ya que la gente acá es muy amable, pero al poco de salir de la ciudad, noté que pasaban de mi. Intenté preguntar alguna tontería a la mujer mayor y me sonrió sin responder. Bien, no habla inglés, lo capto. ¿Y ahora? ¿Cómo me comunico? La mujer más joven se durmió. Y al rato yo también me dormí.

Al cabo de dos horas y media, paramos a comer pero yo no tenía idea qué hacer así que seguí a la mujer mayor. Entramos en un restaurante de estos de ruta. Y cuando se dio cuenta que la seguía me indicó una mesa y se fue al baño. Me senté a la mesa y pedí mi desayuno/almuerzo. A los cinco minutos, la mujer mayor estaba sentándose a la mesa conmigo y sonriendo. Perfecto, quería compartir la comida conmigo. Yo feliz de poder entablar relación con ella aunque fuera a través de sonidos y gestos pero la cosa no pintaba fácil. Le pregunté qué era eso que tomaba (un líquido rosa en un vaso con hielo al que luego agregó leche de una lata) y me respondió con un nombre impronunciable. Bien, avanzabamos. Teníamos una conversación. Me ofreció su leche con cirope o algo así y la rechacé agradecida. Le ofrecí de mi comida y me dijo “ñam” y algo más que entendí como “no, come tú”. Ya sabía que “ñam” era comer porque me lo había enseñado mi amigo del tuk-tuk en Siem Reap así que fue fácil.

Salimos del restaurante gracias a que ella me avisó que estaban llamándonos. No sé que me dijo pero lo entendí con gestos. Salimos juntas. Y una vez en la mini van otra vez volví a intentar hablarle en inglés lentamente. Nada. No había caso, no entendía ni pronunciaba ni una palabra en inglés. Pero la sonrisa me reconfortó. Así que saqué mi guía de viaje y busqué en el apartado de idiomas el jemer, el idioma de Camboya. Busqué una frase fácil: “chhmoh robsa anak chea avei?” (¿Cómo te llamas?) pero creo que no debí haberla pronunciado bien porque me miró extrañada y tomó el libro en sus manos y leyó mi frase en jemer porque se ve que no entendía las letras de nuestro idioma. Y me dijo “Oh, Mom”. No podía llamarse de otra manera! Era genial: mom, como mamá en inglés. Era mi mamá camboyana.

Las horas pasaron y la mujer siempre estaba pendiente de mi, me ofreció sentarme con ella en un banco cuando bajamos en una estación de servicio y también me ofreció bebida y comida. Los demás me miraban y sonreían. Supongo que pensarían qué hace esta loca occidental tan lejos de su tierra acá viajando en una mini van por Camboya con nosotros. O quizás les hacía gracia mi forma de vestir. A saber! El asunto es que después de unas horas, la mujer joven me ofreció fruta en inglés. Sí! por fin! podría comunicarme. Empezamos a hablar de mil cosas. La fruta estaba buenísima, por cierto. Era algo parecido al lichi pero mas dulce y por fuera tiene una cáscara más dura.

Fruta: Rambutan o mamón chino, Camboya, 2015
Fruta: Rambutan o mamón chino, Camboya, 2015

La mujer joven y yo hablamos de nuestras vidas, de nuestras familias, de nuestros intereses, de la corrupción en Camboya, en España, en el mundo en general; hablamos de los salarios, de la situación económica del país, y de otras tantas cosas que nos venían a la cabeza. ¿Sabían que el salario mínimo en Camboya es de 150 dólares? Sin embargo, el costo de vida es mucho más alto. Y si un camboyano se quiere ir a vivir a otro país lo tiene muy difícil ya que el pasaporte cuesta 600 dólares y una visa de trabajo en un país vecino es muy difícil de conseguir. También me enteré que van a las fiestas de boda con vestidos super elegantes y que las bodas duran dos días y se come y baila mucho. Pero solo los ricos se van de viaje de luna de miel.

Comida y bebida en una Boda Camboyana
Comida y bebida en una Boda Camboyana – fuente: Google

Al cabo de un rato, la mujer mayor sacó un álbum de fotos y me mostró a su familia y empezó a explicarme quiénes eran. Obviamente no entendía nada así que necesité de la traducción de mi nueva amiga camboyana. Fue muy entretenido, la verdad. Terminamos las tres mostrándonos fotos de nuestras familias y riendo por las traducciones simultáneas. Aprendí a decir hermosa (“saat”) y recibí los mejores deseos de ambas de que mi viaje fuera bien y que pronto fuera bendecida con hijos. Nos despedimos con un “hasta pronto, espero volver a verte” y me sentí muy feliz por haber viajado con gente local y poder entenderlos un poco más.

Más tarde, paseando por Phnom Pehn, bajo un calor y una humedad insoportable, visitando el monumento a la Independencia camboyana de Francia, viendo pasar miles y miles de motos y tuk-tuk tocando bocina y cruzándose de un lado al otro, me acordé de ellas. De esas dos mujeres tan tranquilas que me transmitieron paz en mi viaje. Me quedé pensando en ellas, la mayor que me cuidó como si fuera mi madre aunque no entendiera una papa de lo que yo decía; y la joven que compartió conmigo su historia de vida, sus costumbres y sus preocupaciones. Pensaba en el amor que sienten por sus hijas, por su gente, en lo importante que es para ellas compartir un día con sus familias en el campo o viajar a otra ciudad para verlas. Me quedé pensando en ellas y en que al fin y al cabo no somos tan distintas. ¿No creen?

Qué hacer en Siem Reap (Camboya)

La mayoría de los viajeros va a Siem Reap para visitar el impresionante parque arqueológico de Angkor donde están los templos de Angkor Wat, la ciudad antigua de Angkor Thom, el Bayon y todos los templos que mencioné en el artículo Primeros días en Asia: los templos de Angkor. Sin embargo, Siem Reap también tiene algo que ofrecer al viajero y ayer lo descubrí paseando por la ciudad. Te lo cuento para que camines conmigo por estos pagos.

Después de un buen baño en la piscina del hostel y de una siesta divina, me calcé las zapatillas y me aventuré por la ciudad. Faltaba una hora para que oscureciera así que tenía que el paseo por el río y la visita a los templos en ese tiempo porque una vez que cayera el sol solo me animaría a estar en el centro de la ciudad, toda iluminada por carteles llamativos.

Paseo por el río Siem Reap, Camboya, octubre 2015
Paseo por el río Siem Reap, Camboya, octubre 2015

Al salir del hostel, los chóferes de tuk-tuk que me vieron empezaron a ofrecerme un viaje “tuk-tuk, lady, tuk-tuk”. “No, gracias” repetía yo una y otra vez. Caminé un poco más por calles de tierra hasta llegar a la asfaltada donde había negocios de ropa, electrodomésticos, talleres mecánicos, obras en construcción y miles de motos y tuk-tuk. Me seguían ofreciendo viaje pero estaba a cinco minutos de mi primer punto de visita y quería ir caminando. Viajar caminando, ese es mi lema. Así conozco más el lugar.

Calle asfaltada, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Calle asfaltada, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015

Primera parada: Wat Bo

Llegué al Wat Bo con un poco de miedo porque me crucé con muchos perros y a pesar de todo aún tengo un poco de miedo a los perros sueltos, pero los callejeros no fallan, suelen ser los más buenos. También tenía un poco de miedo porque todo el mundo me miraba pero es normal cuando atraviesas un barrio de camboyanos trabajando con tus pintas de extranjera total. Así que me relajé y me dejé llevar.

El Wat Bo es la Pagoda (un lugar de rezo y congregaciones religiosas, como una Iglesia) más antigua de Siem Reap. Cerca de allí, en otro edificio religioso, un monje estaba explicando algo que fui incapaz de averiguar. Afuera, los zapatos y zapatillas de los asistentes esperaban ansiosos. A un costado, un monje con su túnica naranja conversaba amablemente con un viandante. Mientras tanto, tres niños jugaban en el patio y me decían “Hello, hello”. Los saludé y me adentré hacia lo que supuse era la parte de atrás del Wat Bo. ahí me encontré con algo que no conocía: las estupas. Al parecer son construcciones budistas en forma de cono muy comunes en Asia (luego las veía a cada rato).

Wat Bo, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Wat Bo, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Estupas budistas del Wat Bo Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Estupas budistas del Wat Bo Siem Reap, Camboya, Octubre 2015

De ahí me fui caminando hasta el  y Wat Damnak y Centro de estudios Khmer que además de un templo, tiene estupas, pagoda, parque y aulas de estudio. Todo el rato que paseé por allí me acompañó una voz jemer, un rezo, que salía de unos altavoces en altura escondidos detrás de las estupas. Me sentí trasladada en el tiempo entre los sonidos de oración y los monjes de túnica naranja que me crucé (no hice fotos porque no quería molestarlos).

Wat Damnak y Khemer studies Siemp Reap, Camboya, Octubre 2015
Wat Damnak y Khemer studies Siemp Reap, Camboya, Octubre 2015

Cruzando el río, hice una parada para volver a comprar un pantalón de tela finita, que me encantan. La razón es que el pantalón que compré ayer no me entra. Esto fue en lo que llaman el viejo mercado de Siem Reap. Hice alguna comprita más, desatendiendo a los que me recomendaron de que no compre hasta el final de mi viaje. Eso sí, compré con regateo.

De ahí me paseé por el Wat Preah Promrath donde la gente estaba terminando de comer al fresco o mejor dicho, al aire libre, calentitos por los últimos rayos de sol de esta ciudad donde nunca parece hacer frío.

Wat Preah Promrath, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Wat Preah Promrath, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015

Cayó la noche cuando ya había llegado a la famosa calle Pub’ street. Tal como su nombre indica, es la calle donde se encuentran la mayor parte de los pubs, llenos de locales y turistas, disfrutando de la “Happy hour”, de la compañía de otros turistas y de comidas de todo el mundo.

Pub Street Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Pub Street Siem Reap, Camboya, Octubre 2015

En La Pub street me puse ayer a escribir el primer artículo de este viaje mientras me tomaba una cerveza bien fresquita por medio dolar. Me tomé otra en compañía de una viajera que conocí en los templos el día anterior y después cené en un mexicano con una pareja de españoles que conocí temprano. Con ellos cerraría la noche haciéndome masajes en un local cutre del centro por solo 5 dolares, pero de eso no tengo fotos.

 

 

Primeros días en Asia: Los templos de Angkor

 

Cuando inicié este viaje al Sudeste Asiático no me imaginaba escribiendo este relato desde un bar moderno de la calle Pub de Siem Reap en Camboya pero aquí estoy y aquí va mi primer artículo desde este increíble viaje que no ha hecho más que empezar.

Calle de los Pubs o Pub Street, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Calle de los Pubs o Pub Street, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015

Llegué a Camboya, a Siem Reap, a mediodía. Sobre la visa y el pasaporte no comentaré nada en este artículo pero fue bastante pesado comparado con Bangkok en Tailandia. El asunto es que Mr Tok, el conductor de un tuk tuk, me esperaba a la salida del aeropuerto para llevarme al hostel. Hice rápido así que a las 13.30 Mr Tok y yo estábamos llegando a las puertas de Angkor Wat. Y a las 18 hs estábamos regresando al hostel después de haber apreciado los mejores templos que vi en mi vida.

Las ruinas siempre me han gustado (mi sueño de conocer Machupichu lo confirma) pero hasta hace poco no tenía idea de la existencia de Angkor Wat ni de ningún otro templo de Camboya. Pero ahora sé porqué algunos viajeros lo comparan con Machupichu o Petra: arquitectura milenaria magnífica e impresionante.

Angkor Wat, Camboya, Octubre 2015
Angkor Wat, el templo más grande del mundo, Camboya, Octubre 2015

¿Por dónde empiezo?

No sé si es fácil decidir por donde empezar a recorrer Angkor Wat y los demás templos cercanos a Siem Reap así que yo me dejé llevar por el chófer del Tuk tuk del hostel, Mr Tok, mi amigo camboyano. Como ayer era mi primer visita, hicimos el circuito chico y hoy, con más tiempo, el circuito grande.

Primer día: circuito chico de Angkor

Ayer, en el primer día lo primero que visitamos es Angkor Wat, el edificio religioso más grande del mundo. Luego, fuimos al Bayon, en Angkor Thom donde las 54 torres con caras desprenden un misterio inexplicable; y finalmente el Ta Prhom, donde la jungla se come literalmente los templos, conocido por algunos por haber sido escenario de la película Tom Raider (y el preferido de mi mamá).

Dicen que El Angkor Wat es el cielo en la tierra y símbolo nacional de los jemeres. Fue obra de Suryavarman II (1113-1152), el monarca que unificó Camboya. A mí me pareció impresionante pero es el más turístico y lo aprecié menos que los demás. Sin embargo tuve una curiosa experiencia: me acerqué a un Buda de piedra al que la gente estaba rezando, me ofrecieron tres inciensos, los encendí en la vela y se los di de ofrenda al Buda. Después de eso un monje me ofreció una pulsera tejida que iba anudando en mi muñeca según oraba por mi. Aquí además conocí a una chica estadounidense, descendiente de sudamericanos con la que hice buenas migas enseguida.

Buda en Angkor Wat, Camboya, Octubre 2015
Buda en Angkor Wat, Camboya, Octubre 2015

En el corazón del Angkor Thom, al que volví hoy, está el Bayon, templo budista de Javayarman VII. Tiene 54 torres decoradas con los 216 rostros de Avalokiteshvara, de fría sonrisa (y parecido con el Rey según la guía Lonley Planet). Me encantó cómo se reflejaba el sol en esas curiosas caras mientras yo me perdía en su mirada. ¿Adónde miran los rostros de Bayon?

Torres y rostros de Bayon en Angkor, Camboya, Octubre 2015
Torres y rostros de Bayon en Angkor, Camboya, Octubre 2015

Por último, y no menos importante, visité el Ta Prhom. Este lo recorrí en una hora y algo pero fue una visita magnífica porque uno de los guardias del templo se ofreció a indicarme donde podía tomar las mejores fotos de los árboles invadiendo la piedra. Cierto es que al final de la visita me pidió limosna pero fue grato contribuir a su poder adquisitivo después de haber sido un excelente guía dentro de Ta Phrom. El único inconveniente que tuve es que salí por el lado opuesto al que entré y no pude regresar porque cerraron tras de mi, a las 17.30 hs. Así que tuve que ir caminando por la ruta dándole la vuelta a la enorme muralla dentro de la cual se encuentra el templo y la selva que lo cubre. Por suerte el chofer de mi tuk-tuk me vio y vino a buscarme antes de que terminara de dar la vuelta.

Arbol invadiendo Templo Ta Prhom Camboya, Octubre 2015
Arbol invadiendo Templo Ta Prhom Camboya, Octubre 2015

Segundo día: circutio grande

Quería ver el amanecer en Angkor Wat pero Mr Tok me dijo que había muchos turistas y que me llevaría cerca pero a un lugar mejor. Vi el amanecer sobre el río, cerca de Angkor Wat y terminé de ver salir el sol desde el templo Pre Rup antes de continuar hacia Banteay Kdei y Srah Srang, donde pude apreciar el sonido del entorno a la vez que sus hermosos colores matutinos. Los templos estaban desolados al ser entre las 5 y las 6 am. Sobre todo Pre Rup donde a pesar de subir escaleras altísimas, y quedar agotada, las vistas me dejaron impresionada.

Fue un momento íntimo increíble. El paisaje, el entorno aún no tan caluroso y el silencio me invitaban a reflexionar.

Templo Pre Rup, Camboya, Octubre 2015
Templo Pre Rup, Camboya, Octubre 2015

El viaje estaba resultando como lo había soñado. Sentía la paz que venía buscando.

Mujeres pescando en Sranh Srang, Camboya, 2015
Mujeres pescando en el río Siem Reap, junto a las ruinas de Sranh Srang, Camboya, 2015

En Banteay Kdei iba caminando por un costado del templo cuando vi una mujer camboyana preparando el desayuno. Me quedé contemplándola en silencio con sus ollas sobre el fuego, tan tranquila. Pero al cabo de un rato fui descubierta por uno de los hombres de la casa que estaba con sus amigos y se acercó en una moto a hablar conmigo y enseñarme un instrumento musical hecho de caña por él mismo. Me gustó tanto que se lo compré. Y anduve un buen rato haciendo música por el camino. Me despedí de ambos con una sonrisa y un “Or-kuh” improvisado (gracias, en camboyano).

Elefante en templo Banteay Kdei, Camboya, 2015
Elefante en templo Banteay Kdei, Camboya, 2015

No fue mi única compra. En Sranh Srang un ratito antes varias niñas me habían acosado al sonido de “un dólar, un dólar” que no me abandonó hasta el final del recorrido. No les compré a esas niñas sino a la madre de un niño que previamente se interesó por mí (de dónde venía, adonde iba, cómo me llamaba, etc.) y me regaló una pulsera invitándome a visitar la tienda de su madre. La verdad es que comprar cosas a niños me da reparo y nunca lo hago porque me gustaría verlos en el cole y no vendiendo, pero bueno, en muchos países está bien visto ayudar a los padres trabajando aunque seas pequeño y aunque me gustaría, en realidad, no siempre podemos cambiar las cosas.

Mi paseo en Tuk tuk y caminata de hoy continuó por el Eastern Mebon, Ta Som y Neak Pean, donde el edificio no es gran cosa pero merece la pena caminar sobre el camino de madera que atraviesa el río. Es un paisaje maravilloso. Y si de ayudar hablamos, se puede hacer una donación a un grupo de músicos con ciertas incapacidades físicas, que tocan música camboyana de maravilla.

Camino de madera sobre el río hacia el Templo Neak Pen
Camino de madera sobre el río hacia el Templo Neak Pean, Camboya, Octubre 2015

Mi paseo de hoy llegaba al final en el templo Prah Khan, donde disfrute como loca de hacer fotos ya que conocí a una pareja de españoles que les gustaba mucho ser fotografiados. Encantadores ellos me hicieron sentir como en casa. Prah Khan es el templo que más me gustó. No sé si porque parecía estar menos conservado, más invadido por la jungla o porque encontré también cierta soledad al final del pasillo central que parecía nunca acabar. O quizás porque jugué un rato a ser Indiana Jones. Ahí me quedé un buen rato, alejada de los turistas, pensando en las maravillas que puede ser capaz de construir el ser humano.

Templo Prah Khan, Camboya, Octubre 2015
Templo Prah Khan, Camboya, Octubre 2015
Jugando a ser Indiana Jones en Templo Prah Khan, Camboya, Octubre 2015
Jugando a ser Indiana Jones en Templo Prah Khan, Camboya, Octubre 2015

Antes de volver al hostel, después de casi cinco horas de paseo, entre caminata, desayuno y traslados en tuk-tuk, pedí a Mr Tok si podía llevarme de nuevo a Angkor Thom. Esta vez quería ver la terraza de Elefantes y el Baphuon, un antiguo templo de montaña de 25 metros de alto. Las vistas son muy bonitas desde lo más alto pero desearía que los escalones para bajar no hubieran sido tan estrechos. De todas formas, disfruté la visita y conocí dos israelíes que me preguntaron por el Buda grande y los acompañé a verlo, justo entre el Baphuon y Bayon, donde repetí una vez más el ritual de la ofrenda.

Baphuon en Angkor Thom, Camboya, Octubre 2015
Baphuon en Angkor Thom, Camboya, Octubre 2015

Y así doy por terminado mi primer artículo sobre este viaje al Sudeste Asiático, esta experiencia única, que agradezco a la vida el lujo de poder vivirla. Or-Kuhn (Gracias)

Qué ver en Nueva Delhi en pocos días

Nueva Delhi es la puerta de entrada a la India, sobre todo si se llega por avión, pero es mucho más que eso, es una ciudad de contrastes, entre lo antiguo y lo moderno, entre la riqueza y la pobreza. Delhi huele a curry pero también a incienso, suena a bocinazos de los coches pero también al bullicio de la gente. Una ciudad diferente donde muchos aseguran sufrir un choque cultural y del que otros quedan perdidamente enamorados.

Atasco en Delhi
Tuk Tuk Coches, furgoneta y motos, atasco en Nueva Delhi, India, 2010

Viajar a la India siempre había estado en mis planes pero no sabía que terminaría yendo con una ONG a un encuentro de jóvenes del mundo (el Kaleidoscope organizado por Oxfam). Y si bien estuve mucho tiempo en el hotel, formando parte del evento internacional, pude también descubrir parte de la esencia de este hermoso país a través de la gente que trabajaba allí, de los taxistas, de los vendedores ambulantes, de las personas que crucé paseando…

vendedor ambulante, Delhi
Vendedor ambulante en su puesto, Nueva Delhi, India, 2010

¿Cómo es Nueva Delhi?

Nueva Delhi es algo caótica y ruidosa. Se puede estar más de cuatro horas en un atasco y no llegar a tiempo a ver lo que se pretendía ese día. Justo lo que nos pasó a nosotros que nos quedamos sin ver el Fuerte Rojo por dentro porque llegamos cuando estaban por cerrar. Y nos perdimos el espectáculo que íbamos a ver. Pero dentro del caos, flota algo de paz en el aire y esto lo demuestra el hecho de que aunque todos piten (toquen la bocina del coche sin parar) ninguno se enfada sino que por el contrario sonríen.

Conductor camión, Delhi
Conductor de camión colorido en la ruta a las afueras de Delhi, India, 2010

Delhi son las mujeres con sus saris de colores, los hombres con sus panjabi, los niños jugando a la pelota en los barrios, son también los carros tirados por bueyes circulando junto a los tuk-tuk, las motos y coches de alta gama. Son las casas de chapa y los barrios humildes pero también los edificios acristalados que albergan oficinas de multinacionales. Son las calles céntricas llenas de carteles anunciando telas  y otros productos, son los callejones que terminan en mezquitas o templos hinduistas. Son los parques, los mercados y un sin fin de cosas más que se pueden ver en Delhi que es, sin duda, una ciudad de contrastes.

 

Hombres comiendo bajo un toldo, Delhi, India, 2014
Hombres comiendo bajo un toldo, Delhi, India, 2010
Carteles de publicidad, Delhi, India, 2014
Carteles de publicidad, Delhi, India, 2010
Niños jugando en un barrio de Nueva Delhi, India, 2014
Niños jugando en un barrio de Nueva Delhi, India, 2014
Niñas jugando en un barrio de Nueva Delhi, India, 2014
Niñas jugando en un barrio de Nueva Delhi, India, 2010

¿Qué ver y qué hacer en Nueva Delhi?

El viajero siempre quiere saber qué ver en un lugar que va a visitar. Sin embargo, cada persona es distinta y le gustan cosas diferentes. A mí me gusta la gente así que mis consejos posiblemente sean muy distintos a los de alguien que le gusta ver monumentos. Si el lector quiere saber las diez mejores cosas que ver en Delhi según muchos viajeros puede leer este artículo en Tripadvisor. Yo no vi ni una de esas recomendaciones.

Entonces, a la respuesta sobre qué ver en Delhi yo respondería: Jama Masjid, la mezquita más grande de la India, pero no solo el edificio que es hermoso sino también la gente que entra y sale, los que simplemente pasan o los que están sentados en sus alrededores. Esta mezquita está sobre una pequeña colina en la vieja Delhi, cerca del Fuerte Rojo, otro monumento que me gustó mucho aunque solo lo viera por fuera.

Entrada a la Mezquita más grande de la India, Delhi, India 2014
Entrada a la Mezquita más grande de la India, Delhi, India 2010
Lateral de la Mezquita Jama Masjid, Delhi, India, 2014
Lateral de la Mezquita Jama Masjid, Delhi, India, 2010

¿Y qué mas? Visitar un mercado callejero, pero no uno preparado para turistas que son a los que te suelen llevan algunos taxistas; sino uno que te encuentres callejeando por el centro de la ciudad, incluso en frente de la mezquita donde por la tarde se llena de vendedores de frutas y verduras, aves y objetos varios. Y si de callejear hablamos, un paseo por la calle Chandni Chowk es imperdible. Ahí es donde se aprecia la magia de Delhi y su gente, donde se mira, se regatea, se compra y se agradece la amabilidad.

Vistas desde la mezquita Jama Masjid, Delhi, India, 2014
Vistas desde la mezquita Jama Masjid, Delhi, India, 2010

Si hablamos de monumentos, también visité la India Gate o el Rajpath (camino del rey) donde se realizan muchas de las ceremonias de Delhi, pero no me pareció nada del otro mundo. Y lo hubiese cambiado por quedarme un rato más en las callejuelas de la vieja Delhi. Sí me gustó mucho el edificio de gobierno más importante: el Rashtrapati Bhavan, la residencia oficial del presidente, imponente y majestuosa, al final del camino del rey. Pero nada comparado con las sensaciones que me produjo la vieja Delhi.

Y volviendo a la vieja Delhi, vuelvo a rememorar sus aromas (a curry y a incienso), sus sonidos (el llamado a la oración de la mezquita entremezclado con las voces en hindi), sus colores (el de las ropas de algunas mujeres) y su misterio. Y entre esos recuerdos se asoma uno curioso que vuelve a recordarme que me gusta la gente: un grupo de sijs sentados sobre una alfombra en un templo sij, en silencio, y un grupo de turistas españoles (nosotros) con la cabeza cubierta y los pies descalzos, en silencio, reflexionando, pensando que tal vez a pesar de las diferencias no somos tan distintos.

Templo Sij, Delhi, India, 2014
Templo Sij, Delhi, India, 2010