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Relatos de los viajes por Asia: Tailandia, Camboya, Vietnam, Laos, India, China…

Mui Ne, Fairy Stream y las dunas

Después de nuestros días en Ho Chi Minh necesitábamos algo de playa y relax así que nos fuimos a Mui Ne, la siguiente parada del Open Bus que recorre toda la costa vietnamita hasta la capital. En Mui Ne pasamos dos días tranquilos, de paseo por la playa, de baños en el mar, de batidos de frutas en El Latino y de visita a las dunas y a paisajes mágicos. Lo peor: el calor húmedo.

Nos hospedamos en el Hotel Backpacker Resort que como su nombre indica es una especie de resort para mochileros, lo cual significa que seguimos pagando 5 dolares la noche cada una por una habitación doble pero que disfrutamos de las tumbonas de madera frente al mar. Al tener cocina nos permitió prepararnos nuestra propia comida para mediodía así ahorramos algo para después gastárnoslo en la cena.

Vistas desde el Hotel Mui Ne Backpacker Resort, Mui Ne, Vietnam, 2015
Vistas desde el Hotel Mui Ne Backpacker Resort, Mui Ne, Vietnam, 2015

La playa de Mui Ne es extensa así que un paseo por la arena es la mejor opción para conocerla. Nos pudimos bañar en el mar un par de veces aunque con cuidado porque es de oleaje bravo y tiene muchos pozos. De todas formas, mucha gente en esta zona practica surf, kitesurf y otros deportes de viento y olas. Nosotras no nos atrevimos en esta temporada de lluvia con el monzón de Filipinas que nos trae sus vientos y aguaceros.

Playa de Mui Ne, Vietnam, 2015
Playa de Mui Ne, Vietnam, 2015

La visita a las dunas es otra de esas cosas que se puede hacer por cuenta propia o con un jeep turístico. Nosotras elegimos el jeep porque al parecer es lo más cómodo y barato. Son cuatro horas y se visita el Fairy Stream, un pueblo pesquero, las dunas blancas y las dunas rojas. En cada sitio te aguarda alguna actividad turística de las que yo decidí pasar olímpicamente y me dediqué a caminar como siempre.

La primera parada es el Fairy Stream, un lugar mágico que no te esperas encontrar en Mui Ne, una formación arenosa que transcurre a lo largo de un riachuelo de aguas coloradas y que termina en una pequeña cascada. Caminamos durante media hora por el río admirando la belleza del entorno, los colores de las formaciones, las palmeras y los árboles que bordean el camino, y regresamos a la entrada para la siguiente parada con la imagen de un paisaje increíble.

Fairy Stream, Mui Ne, Vietnam 2015
Fairy Stream, Mui Ne, Vietnam 2015
Formaciones de arena en Fairy Stream, Mui Ne, Vietnam, 2015
Formaciones de arena en Fairy Stream, Mui Ne, Vietnam, 2015

La siguiente parada fue corta, simplemente cinco minutos para ver los barcos en el mar del pueblo pesquero próximo a Mui Ne y las langostas y peces en cuencos de plástico con un poco de agua en el suelo de la calle frente al mar.

Barcos en pueblo pesquero, Mui Ne, Vietnam, 2015
Barcos en pueblo pesquero, Mui Ne, Vietnam, 2015

fueron las dunas blancas, donde se puede alquilar un cuatriciclo. Yo prefería caminar por las dunas como si estuviera en el desierto del Sáhara y evitar así arruinar más el entorno. De todas formas, es difícil alejarse del ruido que hacen los cuad cuando aceleran sus motores. Y el olor que desprenden es horrible. Por suerte, durante un rato pudimos disfrutar de unas dunas alejadas sin huellas de cuads y admirar la Naturaleza en silencio.

Dunas blancas, Mui Ne, Vietnam, 2015
Dunas blancas, Mui Ne, Vietnam, 2015

La última parada fueron las dunas rojas, menos espectaculares que las blancas por su tamaño pero más llamativas por su color. Aquí cientos de niños y mujeres intentan alquilarte un trozo de plástico con una soga para que te deslices por los médanos de arena. Muchos turistas se atreven a lanzarse y disfrutar de la velocidad de la caída. Yo con mi dolor de espalda, preferí evitar lesiones y seguir disfrutando del paseo por la arena.

Dunas rojas, Mui Ne, Vietnam, 2015
Dunas rojas, Mui Ne, Vietnam, 2015

Por la noche, para cerrar nuestro viaje de dos días a Mui Ne, cenamos en un restaurante de pescados y mariscos donde van los locales, bajo los árboles y frente al mar y nos despedimos de la ciudad. Para escapar del calor, nuestro siguiente destino sería Dalat.

Visita a los túneles de Cu Chi

Los Túneles de Cu Chi son un sistema de túneles bajos conectados entre sí, en la zona de Cu Chi, a 40 km de Ciudad Ho Chi Minh. Si se dispone de tiempo en Ho Chi Minh, merece la pena hacerles una visita y conocer un poco más sobre la guerra de Vietnam y la resistencia de la población de esta zona contra los soldados norteamericanos.

Cráter hecho por una bomba, túneles de Cu Chi, Vietnam
Cráter hecho por una bomba, túneles de Cu Chi, Vietnam

Aunque son los más turísticos, forman parte de una red enorme de túneles que cubre gran parte del país y que fue construida durante la guerra de Vietnam por los comunistas.

Las guerrillas del Viet Cong utilizaron estos túneles como refugio, rutas de comunicación y suministros, hospitales, viviendas y almacenamiento de alimentos y armas. Como no tenían armas con anterioridad, fabricaron sus armas a partir del árbol de bambú con el que también elaboraron trampas mortales.

Trampa mortal en túnes de Cu Chi, Vietnam
Trampa mortal en túnes de Cu Chi, Vietnam

A día de hoy, los túneles están acomodados a los turistas: los escondites pequeños utilizados durante el combate están ampliados ya que los vietnamitas son muy pequeños comparados con los turistas como yo por ejemplo; los túneles de conexión están algo iluminados y tienen salida cada pocos metros; las zonas de vivienda ya no están totalmente bajo tierra porque se les ha puesto un techo en altura para que entre luz y se las pueda ver desde arriba; y hay esculturas que recrean el día a día de la resistencia de la población en Cu Chi.

Accesos a túneles de Cu Chi, Vietnam
Accesos a túneles de Cu Chi, Vietnam
Soldado escondiéndose en los túneles de Cu Chi, Vietnam, 2015
Soldado escondiéndose en los túneles de Cu Chi, Vietnam, 2015
Soldados del Viet Cong en Cu Chi, Vietnam
Soldados del Viet Cong en Cu Chi, Vietnam

Si se desea, a la vuelta de la excursión a los túneles de Cu Chi, las agencias pueden dejar a los turistas en el Museo de la Guerra. Nosotros ya lo habíamos visto así que no volvimos a bajar. Es interesante hacerle una visita al Museo de la guerra para conocer más sobre la guerra de Vietnam que se libró entre 1955 y 1975 y que dejó no solo millones de muertos de uno y otro bando sino secuelas en la población y en los campos vietnamitas que fueron rociados con químicos como el agente naranja, por el ejército estadounidense. Muchos inocentes, que no entendían nada de comunismo ni capitalismo, que no entendían de fronteras más que las del campo que cultivaban, fueron atrapados por el ejército estadounidense acusados de estar involucrados en las guerrillas del Viet Cong, y fueron torturados y asesinados.

Fue el primer conflicto televisado de la historia y también fue muy bien documentado por periódicos y revistas como Life a partir de los cuales el mundo entero podía enterarse de lo que allí ocurría. Más de 60 periodistas murieron en Vietnam mientras contaban al mundo las atrocidades de esta guerra. Y la población de Vietnam entera aún sigue curando sus heridas.

Portada de la revista Life sobre la guerra de Vietnam, Museo de la guerra, Ho Chi Minh, VietnamPortada de la revista Life sobre la guerra de Vietnam, Museo de la guerra, Ho Chi Minh, Vietnam
Portada de la revista Life sobre la guerra de Vietnam, Museo de la guerra, Ho Chi Minh, Vietnam

Visita al mercado flotante de Cai Rang

Sería injusta si dijera que no me gustó la experiencia de visitar el mercado flotante pero tengo que reconocer que me esperaba algo más auténtico, menos turístico. Los mercados flotantes existen y es importante para los vietnamitas comercializar en esta zona del río, obtener sus productos, intercambiar, comprar, vender. Sin embargo, a la hora que uno llega con el resto de barcos turísticos, la realidad es distinta. Se amontonan para intentar vender algo al turista. Conmigo lo consiguieron.

Rominitaviajera en el Mercado flotante de Cai Rang en el Delta del Mekong, Vietnam
Rominitaviajera en el Mercado flotante de Cai Rang en el Delta del Mekong, Vietnam 2015

Pudimos ver barcos medianos que están preparados para que viva una familia entera. Me lo contó una vietnamita que se sentaba junto a mi en el barco turístico. La pena es que esas familias no envían a sus hijos al colegio así que los niños están condenados a vivir siempre de esa manera y posiblemente se conviertan en comerciantes del mercado flotante en el futuro.

Barco mediano donde puede vivir una familia, Mercado de Cai Rang, Mekong River, Vietnam, 2015
Barco mediano donde puede vivir una familia, Mercado de Cai Rang, Mekong River, Vietnam, 2015

También hay barcas más pequeñas, botes que son utilizados por una o dos personas para acercarse a los turistas a venderles coco, té, pinchos de ternera, pollo o cerdo con salsas, y otros alimentos. Yo me compré un pinchito porque el desayuno de la familia me había dejado un hueco en el estómago donde el pinchito entró perfectamente. Delicioso. Las ofertas y las transacciones continuaron por más de media hora y terminé aburriéndome. La verdad es que nunca me gustó demasiado ir de compras o al mercado.

Barco pequeño en el mercado de Cai Rong, Mekong River, Vietnam, 2015
Barco pequeño en el mercado de Cai Rong, Mekong River, Vietnam, 2015

Después de la visita turística al mercado flotante, nos fuimos a una nueva isla cuyo nombre no recuerdo ni localizo, pero es donde hay un pequeño taller de noodles donde nos mostraron cómo se consigue la pasta para realizar esta especie de fideos tan famosa en Europa desde hace unos años.

Masa para noodles secándose al sol, Mekong River, Vietnam 2015
Masa para noodles secándose al sol, Mekong River, Vietnam 2015

Y seguimos nuestro camino en barco hacia otra isla de la que tampoco recuerdo el nombre pero sí sé que es famosa por los pinchos de serpiente, rana o rata. Podíamos elegir entre sentarnos a comer esas «delicias» o irnos a recorrer la isla en bicicleta. Y yo por supuesto elegí perderme por la isla con la bici pero antes eché un vistazo a la parirlla. No tenía buena pinta, no.

Ranas, víboras, ratas y pescados a la parilla, Mekong River, Vietnam 2015
Ranas, víboras, ratas y pescados a la parilla, Mekong River, Vietnam 2015

Me encanta pasear en bicicleta así que me lo pasé muy bien. Saludaba a quien me cruzaba por el camino con un amable «Hello» y moviendo la mano que era respondido por el mismo gesto. La gente local resultó simpática y todos sonreían al sonreírles y continuaban su vida, arreglando la casa, cocinando, jugando, etc. Cada camino que elegíamos se terminaba al margen del río o en árboles de la selva. Siempre teníamos que volver. Cruzamos puentes, nos embarramos, caímos, reímos. Y volvimos.

Al final, sin proponérmelo terminé probando un trocito de víbora porque una chica me ofreció la que no se había podido terminar. El sabor es parecido al de los chinchulines de la vaca pero no me gustó mucho. Además, la forma de cocinarla es horrosa: la echan viva a las brasas y la pobre víbora muere achicharrada. Lo peor es que lo hacen más por agradar al turista que porque sea su costumbre. En fin, me quedo con el paseo en bicicleta por la isla y las sonrisas de la gente aunque de esto no tengo foto porque estaba sin batería y disfrutando del paseo en bicicleta sin más.

Dormir en el Delta del Mekong

En la guía del Sudeste Asiático para mochileros de Lonely Planet recomendaban al viajero quedarse en un homestay en vez de en un hotel para visitar los mercados flotantes del Delta del Mekong. Así se puede apreciar mejor la forma en que viven los vietnamitas del sur, la gente del Delta. Era una de las cosas que me apetecía hacer de este viaje así que lo hablé con mi amiga Lavinia y optamos por quedarnos en la casa de una familia.

Después de la travesía por las distintas islas que menciono en el post anterior (Phoenix, Unicorn, etc.) nos trasladamos a Can Tho con el grupo de dos días en el Mekong. La mayoría se quedaba en hotel pero no eramos las únicas que habíamos elegido homestay: dos parejas de Malasia serían parte de nuestra aventura esa noche.

Cuando llegamos con la mini van a Can Tho, llovía a cántaros. El chófer estaba perdido y daba vueltas de un lado al otro, haciendo giros en medio de la autopista. El grupo empezó a preocuparse y a preguntar. Efectivamente estábamos perdidos. El chófer era nuevo y no sabía cómo llegar a la casa de familia. Después de un rato, el guía decidió que iríamos todos al hotel y que desde allí nos pediría un taxi para los que íbamos a la casa.

El taxista no hablaba inglés así que si no encontraba la dirección que se le había dado, estábamos perdidos. Ninguno de nosotros tenía la dirección. Seguía lloviendo cuando el taxista de repente se para a un costado de la ruta, frente a lo que parece ser un bar de carretera. Un hombre abre la puerta de mi lado del taxi y empieza a hablar en vietnamita con el chófer del taxi, haciendo gestos de negación. Me tocó el hombro para que me apartara para mirar atrás y me asusté. ¿Qué quería? ¿Quién era ese hombre?

Después de hacernos bajar a todos del taxi sin saber muy bien porqué y para qué, se subió él en un lado y dijo «homestay». El hombre parecía osco y daba un poco de miedo en las circunstancias que nos encontrábamos pero «homestay» era la palabra clave. Supusimos que sería el dueño de la casa de familia y que nos venía a buscar. Debíamos confiar. No nos quedaban muchas opciones.

Al cabo de unos minutos que parecieron eternos, entramos en un barrio humilde junto al río. El taxi se frenó en lo que parecía el final de la calle y nos indicó que bajaramos. No había mucha luz y el suelo era barroso y no parecía haber más que un grupo de hombres cenando bajo unos toldos. ¿Dónde estaba nuestra casa de familia? ¿Acaso nos estaban secuestrando? Los malasios también tenían miedo y eso me puso más nerviosa. Pero «confianza» era la palabra clave de esa noche.

Foto borrosa del puente y el río por la noche, Mekong River, Vietnam 2015
Foto borrosa del puente y el río por la noche, la única foto que pude tomar, Mekong River, Vietnam 2015

El señor que había subido oscamente en nuestro taxi, se fue por un puente que cruzaba el río y empezó a descender ante nuestras miradas atónitas. ¿Qué debíamos hacer? ¿Adonde iba el hombre? ¿Se escapa bajo el puente mientras otros vienen a por nosotros para matarnos? Sé que suena fatalista pero la falta de luz y de comunicación aumentaba nuestra preocupación a límites insospechados. En ese momento, el señor saltó a una barca en el río y la acercó al barro que llegaba hasta la calle. Nos indicó que subiéramos. «Confianza, confianza». La palabra resonaba en mi cabeza. ¿Acaso tenía otra opción?

Subimos al bote donde los asientos estaban empapados y los espacios eran tan estrechos que mis rodillas casi tocaban mi cabeza. Se me rajó en pantalón y me golpée los dedos de los pies contra unos fierros. Los locales son tan pequeños que caben donde sea, pero yo tengo constantemente estos problemas en este viaje.

La barca empezó a avanzar por el río, casi a oscuras, con una única luz que estaba en manos del señor que la manejaba para esquivar plantas flotantes y troncos. A nuestro alrededor: casas humildes, gente cenando o bebiendo, palmeras, árboles, vacío, oscuridad. «Miedo, miedo». No, la palabra clave de esa noche debía ser «confianza«. El resto es inútil. Si fuera a pasar algo malo no lo podríamos evitar. «Ya estamos en el baile así que bailemos», pensé. En esos momentos, una iguana que estaba mirando fijamente a mi compañera del asiento de delante, una malasia tan asustada como yo, saltó a su cuello y la utilizó de puente para proseguir su camino hacia el agua.

Tras más de veinte minutos navegando en una barca minúscula donde se me acalambraban los pies y se me enfriaba la espalda por el asiento mojado, y habiendo sobrevivido al miedo de atravesar las marrones aguas del río Mekong en una noche cerrada con a penas un farol, llegamos a la casa de la familia, donde una mano amiga, o mejor dicho, la mano de «mi mama del Mekong» nos tendió la mano para saltar al barro y acceder a su casa. Su hijo estaba ahí y hablaba inglés, nos explicó que el señor que pensábamos que nos mataría era su padre y que la señora que preparó la cena y nos esperaba ansiosa, era su madre, que no hablaban inglés pero que harían lo que sea para que nos sintiéramos cómodos. Y a la mañana siguiente su padre nos llevaría hasta el barco turístico para ver el mercado flotante.

Cena en la casa de familia, Delta Mekong, Vietnam 2015
Cena en la casa de familia, Delta Mekong, Vietnam 2015

Después de ver la cena, nuestras habitaciones dobles al estilo cabañas, el baño limpio, la cocina enorme que me recordó a la de las casas grandes de pueblo en Argentina, y de ver que solo era una humilde familia que nos hospedaba por 4 dolares la noche, solté la risa, y casi el llanto, porque me sentía feliz de poder estar ahí, de compartir tan grato momento con lindos compañeros de viaje con los que volvería a reír varias veces más recordando lo vivido en el río de noche. Y es que de noche las cosas son muy distintas…

Como no tengo ninguna foto de esa noche, les comparto las que hice durante el día pero no vale reírse de mi porque de día todo cambia…

En Barca por el Delta del Mekong, Vietnam, 2015
En Barca por el Delta del Mekong, Vietnam, 2015
Desayunando en el Homestay con los malasios, Delta del Mekong, Vietnam 2015
Desayunando en el Homestay con los malasios, Delta del Mekong, Vietnam 2015
Si miran bien al fondo está el padre de la familia vietnamita, el señor de la barca, Delta del Mekong, Vietnam, 2015
Si miran bien al fondo está el padre de la familia vietnamita, el señor de la barca, Delta del Mekong, Vietnam, 2015

Navegando por el Delta del Mekong

Quedarme en una casa de familia a dormir y ver un mercado flotante estaba en mis planes. En el Hotel de Ho Chi Minh ofrecían una excursión que incluía ambas cosas así que la contratamos. La excursión es muy turística pero vale la pena navegar por el río Mekong, montar en bicicleta en una isla, dormir en un «homestay» y conocer un poco más a la gente de Vietnam.

Nos dirigimos temprano por la mañana hacia la provincia de Ben Tre en bus. Ben Tre está en el Delta del río Mekong. De camino, en la ruta Chúa – Vinh Tráng, paramos en una pagoda donde había un Buda blanco y gordo gigante. Dentro, unos monjes comiendo y conversando entre decoraciones bellísimas.

Chua Vinh Trang Pagoda, Sur Vietnam, viaje 2015
Chua Vinh Trang Pagoda, Sur Vietnam, viaje 2015
Buda gordo blanco de la pagoda Chua Vinh Trang, Sur, Vietnam, viaje 2015
Buda gordo blanco de la pagoda Chua Vinh Trang, Sur, Vietnam, viaje 2015
Monjes conversando en la Pagoda Chua Ving Trang, Vietnam, 2015
Monjes conversando en la Pagoda Chua Ving Trang, Vietnam, 2015

El tour en barca por el Delta del Mekong sale de My Tho y se dirige a la llamada isla del coco por dedicarse a la producción de todo tipo de alimentos con coco. Vimos cómo convertían el coco en líquido y luego lo hervían durante horas para hacer la pasta que se pone a secar otra hora antes de amasarla para hacer caramelos.

Coconut Island, Mekong Delta, Vietnam, viaje 2015
Coconut Island, Mekong Delta, Vietnam, viaje 2015
Producción de caramelos de coco, Coconut Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Producción de caramelos de coco, Coconut Island, Mekong River, Vietnam, 2015

Luego fuimos a la isla Phoenix a comer donde nos explicaron que ya no hay cocodrilos en el río porque los sacaron por seguridad para los habitantes de las islas. Lo que sí hay es una granja en esta isla donde alimentan a los cocodrilos entre turistas y locales. En la isla de Phoenix también pudimos apreciar cómo vive la gente dando un paseo en bicicleta por la misma.

Comiendo en Phoenix Island, Mekong Delta, Vietnam, 2015
Comiendo en Phoenix Island, Mekong Delta, Vietnam, 2015
Cocodrilos en la granja, Phoenix Island, Vietnam, 2015
Cocodrilos en la granja, Phoenix Island, Vietnam, 2015
Montando en bicicleta, Phoenix Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Montando en bicicleta, Phoenix Island, Mekong River, Vietnam, 2015

La siguiente isla fue la del Unicornio donde nos deleitaron con un té de miel con jalea real, ambos productos hechos por la comunidad local. Nos mostraron un panel de abejas y nos explicaron las cualidades de la miel. Al finalizar la visita, vino lo mejor: nos subimos en barquitas de madera dirigidas por locales con sus gorros típicos vietnamitas que nos llevaron por un canal hasta otra isla.

Té con miel y jalea real, Unicorn Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Té con miel y jalea real, Unicorn Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Barcas en el Delta del Mekong, Vietnam 2015
Barcas en el Delta del Mekong, Vietnam 2015

La visita a esta segunda isla fue más rápida pero pudimos disfrutar de otro té con frutas y de música tradicional vietnamita en vivo. Todo tan armado para el turismo que por momentos no me sentí cómoda pero bueno, fue la forma que encontramos para conocer un poco más a la gente del Delta del Mekong. Y lo mejor estaba por venir: la noche en una casa de familia en Can Tho.

Música tradicional vietnamita, Isla del Mekong River, Vietnam, 2015
Música tradicional vietnamita, Isla del Mekong River, Vietnam, 2015

Ho Chi Minh, una ciudad vibrante

Viajando por Asia estoy viviendo distintas experiencias que no hacen más que activar mis emociones y alternarlas a cada instante. Por momentos me siento feliz y enérgica, y por momentos me siento triste y cansada. Cada pueblo, cada ciudad, cada experiencia va marcando mi estado de ánimo. Y el cambio de Camboya a Vietnam era inevitable.

Callejón de Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Callejón de Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

Cuando llegué a Ho Chi Minh, en Vietnam, mis sentidos se despertaron. La ciudad es enorme y tiene mucho ambiente, mucha energía, mucha actividad. Es una ciudad vibrante. Una ciudad en movimiento constante. Y eso me encanta. Me transmite energía y fuerza para seguir este viaje por Asia que emprendí hace ya dos semanas.

Calle Bui Vien, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Calle Bui Vien, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

Nos hospedamos en una pensión del centro de Ho Chi Minh así que estamos muy cerca de los sitios más concurridos de la ciudad. Lo noté ni bien llegamos y al rato al salir a buscar un lugar para cenar. Los callejones que salen al costado del hotel son angostos y oscuros pero parecen seguros y llenos de vida.

La gente de Ho Chi Minh está en las calles, comiendo, bebiendo, charlando, vendiendo comida, ofreciendo masajes. Algunos incluso, tienen las puertas de sus casas abiertas. Dentro, lo mismo se puede ver la TV encendida como un altar luminoso donde honran a los familiares muertos o varias ollas y platos secándose después de ser lavados en la acera.

Vendedor ambulante, Calle Bui Vien, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Vendedor ambulante, Calle Bui Vien, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

En los restaurantes cercanos a nuestro hotel se puede cenar por 2 o 3 dólares. Y si se come algo de los vendedores ambulantes incluso se puede pagar menos. Nosotros aún no lo intentamos. Para desayunar nos preparan omelette pero ellos suelen tomar Pho, una sopa con verduras que pueden hacer con pollo también. Yo probé el Pho en uno de los tantos locales de la calle Bui Vien pero por la noche.

Cuando decía que Ho Chi Minh es una ciudad vibrante no sabía cuán acertada estaba. Al día siguiente de llegar a la ciudad, me desperté con el sonido de música callejera. Al parecer, estaban practicando algo de ejercicios aeróbicos desde las 5.30 am en el parque frente a nuestro hotel. Me asomé por la ventana y vi una ciudad totalmente despierta, corriendo, caminando, haciendo ejercicio.

Nosotras nos dedicamos a callejearla. Caminamos más de cuatro horas casi sin parar. Primero visitamos parques donde vimos distintos grupos de mujeres practicar yoga con música suave de fondo; otro grupo de mayores jugar algo parecido al badminton; otros tomar el café junto a los pajaritos. Y otros simplemente paseaban como nosotras.

Vietnamitas practicando yoga, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Vietnamitas practicando yoga, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Parque Tao Dan, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Parque Tao Dan, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

En Ciudad Ho Chi Minh se puede visitar el Museo de la guerra. Nosotras lo hicimos y volvimos a sentir algo similar a lo que nos pasó en los campos de concentración de Camboya. Es Difícil explicar una guerra en un artículo como este así que solo diré que jamás entenderé cómo puede el ser humano llegar a cometer semejantes horrores. Y lo peor de todo es que a día de hoy el pueblo vietnamita sigue sufriendo los efectos secundarios de los ataques químicos del Gobierno estadounidense.

Imágenes de los horrores posteriores, Museo de la Guerra, Ho Chi Minh, Vietnam
Imágenes de los horrores, Museo de la Guerra, Ho Chi Minh, Vietnam

Después del museo, visitamos una pagoda, que nos costó un poco encontrar ya que no estaba marcada en nuestro mapa y la gente a la que preguntábamos no hablaba inglés. La incapacidad para comunicarnos en vietnamita nos empezó a jugar una mala pasada. Pero finalmente, encontramos la pagoda y pudimos contemplar los rituales locales.

Vietnamitas con ofrendas, Pagoda del Emperador de Jade, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Vietnamitas con ofrendas, Pagoda del Emperador de Jade, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

En nuestra caminata, también visitamos la Catedral de Notre Dame vietnamita donde tuvimos el honor de ver una pareja de recién casados tomándose fotos. La verdad es que esta zona de Ho Chi Minh, la catedral incluida, es muy francesa y cuesta creer que se está en Asia cuando se pasea por ella. La oficina de correos da la misma sensación. Diría que incluso desencajan en el paisaje vietnamita pero de alguna manera Ho Chi Minh enlaza todo en uno y se vuelve esa ciudad vibrante que mencioné antes.

Catedral de Notre Dame, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Catedral de Notre Dame, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Oficina de Correos, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Oficina de Correos, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Vietnamitas recién casados, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Vietnamitas recién casados, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

Salir a callejear por Ciudad Ho Chi Minh fue un placer. Conocer caminando la misma ciudad que sufrió los horrores de la guerra, la misma que se recuperó y creció y se convirtió en lo que es hoy da gusto: Ho Chi Minh es una ciudad llena de vida y esperanza. Nos animamos a caminarla un poco a pesar de su inmensidad. El resultado fue un cansancio absoluto que nos hizo pedir un taxi al poco de llegar a China town desde el Distrito 1 bordeando el río.

Sauces al margen del río Saigón, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Sauces al margen del río Saigón, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Distrito 5, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
Distrito 5, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

Vuelta a casa, volvimos a salir a la noche de Ho Chi Minh, otra vez a ver las luces de la calle Bui Vien, las vendedoras de libros, los restaurantes, la gente yendo y viniendo como si fuera peatonal, la vida transcurriendo en la calle…y aprovechamos para regalarnos uno de esos masajes vietnamitas que te ofrecen en cada rincón de este barrio.

Me encanta la calle Bui Vien, donde las aceras son anchas pero están ocupadas por sillas de bares, gente y motos estacionadas; donde la gente camina sin cesar, donde todo el mundo parece disfrutar. Ojo, si bien esta calle parece peatonal, no lo es, así que hay que tener cuidado con las miles de motos que la atraviesan porque no van a frenar si no las ves. Ellas, las motos, son parte del paisaje urbano de esta calle tan animada, de esta ciudad tan alocada.

BBQ Puesto de comida callejero, Calle Bui Vien, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015
BBQ Puesto de comida callejero, Calle Bui Vien, Ho Chi Minh, Vietnam, viaje 2015

Ko Rong, el mar, las cascadas, el río, el plancton y más

El segundo día en Sok San Long Beach en Ko Rong (Camboya) fue intenso. Después de ver el amanecer, desayunamos omelette y frutas para cargas pilas. Luego me di un baño en las aguas cristalinas. Y un rato después salimos con un grupo de turistas y locales de excursión.

Mis pies bajo el agua en Sok San Long Beach en Ko Rong, Camboya, 2015
Mis pies bajo el agua en Sok San Long Beach en Ko Rong, Camboya, 2015

El baño en el mar fue hermoso. Me encanta nadar y hacer snorkel. Me siento como un pez nadando sin rumbo. Es una sensación que disfruto mucho aunque a veces no haya más que arena que ver debajo del agua. Ésta vez había algo más: un pez globo comiendo los depósitos que se acumulan en las vigas de madera que sostienen el muelle por el que llegamos a la isla. No se asustó así que no infló pero sí huyó de mí. Los que no se percataron de mi fueron otros peces más pequeñitos casi transparentes que nadaban en cardumen de un lado al otro sin parar. Qué mundo maravilloso hay debajo del mar.

Pez globo desinchado, Sok San, Long Beach, Camboya, viaje 2015
Pez globo desinchado, Sok San, Long Beach, Camboya, viaje 2015

El desayuno estuvo excelente, sobre todo por las vistas. Y lo mejor estaba por venir. Los chicos del restaurante donde desayunamos y comimos nos habían prometido llevarnos hasta las cascadas de la isla, a quince minutos andando por la selva. Cruzamos varias cabañas de madera, algunas para turistas, otras mas humildes donde viven los isleños, algunas convertidas en kioskos o mini mercados. Luego llegamos a un arroyo, de agua empantanada, que tuvimos que cruzar a pie, mojándonos hasta casi las rodillas. No era un río de agua limpia y costaba caminar. Era tan barroso el fondo que las chanclas se me quedaron pegadas en un momento y no podía avanzar. Vi como a otra chica camboyana le pasaba lo mismo. Lo mejor era sacarse las chanclas como los chicos.

Cruzando el río con camboyanos, en Ko Rong, Camboya, viaje 2015
Cruzando el río con camboyanos, en Ko Rong, Camboya, viaje 2015

Caminar descalza y que los pies se me hundieran en el barro del río no era nada agradable, incluso me daba asco, pero había que seguir adelante, ya no había marcha atrás. Seguí caminando quejándome y poniendo caras de asco mientras los niños camboyanos se reían de mí. Al final, suelo húmedo pero más firme nos esperaba.
Salí del pantano con ganas de ver las cataratas. Faltaba poco. Seguimos a nuestros guías improvisados, Racha y Oha que iban apartando maleza de la selva para pasar. Trepamos por unas roca sy ahí estaban, las ansiadas y hermosas cascadas. Unas pequeñas cataratas de agua limpia y fresca.

Cascadas de Ko Rong, Camboya, viaje 2015
Cascadas de Ko Rong, Camboya, viaje 2015

El agua caía con fuerza, masajeaba mi espalda, y en la caída formaba un arcoiris. Disfruté tanto de bañarme en las cascadas y jugar como una niña con los demás. Me pregunto si los niños camboyanos que jugaban conmigo se darán cuenta de semejante belleza que tienen todos los días a su alcance en esta isla paradisíaca…

@rominitaviajera debajo de la cascada, Ko Rong, Camboya, viaje 2015
@rominitaviajera debajo de la cascada, Ko Rong, Camboya, viaje 2015

Los chicos españoles que conocimos el día anterior, la pareja francesa, la pareja alemana y nuestros nuevos amigos camboyanos se habían ido a ver una laguna, más allá de las cascadas. Lavi y yo nos quedamos jugando con los niños, tomando el sol y viendo cómo jugaban felices con unas hojitas que al tirarlas hacia arriba caían luego como helicópteros. Si mis hermanos están leyendo esto, seguro se acuerdan de los helicópteros de la planta de la puerta de nuestra casa en Mar del Plata. ¡Qué lindos tiempos!

Niños camboyanos jugando en la cascada, Ko Rong, Camboya, viaje 2015
Niños camboyanos jugando en la cascada, Ko Rong, Camboya, viaje 2015

Cuando decidimos volver, los demás no habían regresado así que los niños se unieron a nosotros sin que se lo pidiéramos. Vinieron corriendo tras nosotras dos, por la jungla. Al llegar a la parte complica, parecía que el agua del río había aumentado y que el barro estaba más espeso. No sé si era real o solo una sensación pero me entró una especie de pánico absurdo y pedí a Ki, el niño más grande, que me diera la mano. Ian, el pequeño, le dio la mano a Lavi. Ahora mismo mi miedo a quedarme atrapada en ese lodo no tiene sentido pero en ese momento mi cara sería de terror porque el niño me apretó fuerte la mano y me ayudó. Se reía, por supuesto, pero me entendía de alguna manera. Y le agradecí tanto que estuviera ahí conmigo.

El día continuó sin mucho sobresalto. Nadamos, charlamos, comimos, caminamos, descansamos. Me adentré a la segunda línea de cabañas para descubrir a un isleño quemando basura junto a unas cabañas en construcción, un bar a medio camino y un naipe, un ocho de trébol, que me hizo acordar a Aniko Villalba de viajandoporahi que los coleccionaba.

Naipe roto ocho de trebol, Ko Rong, Camboya, viaje 2015
Naipe roto ocho de trebol, Ko Rong, Camboya, viaje 2015

También conocimos un argentino y un alemán que venían caminando desde el principio de la playa, o sea, una hora y media, y que habían cruzado antes la selva, o sea, otra hora. Más tarde, se los presentamos al resto del grupo, a lo que fue durante esos días nuestra familia, y nos tomamos unas cervezas juntos en el bar de Racha y Oha, los camboyanos, adonde regresamos después de cenar con un australiano y su mujer camboyana en su improvisado bar que parece que crece en temporada alta, pero que de momento, solo nos tuvo a nosotros de comensales. Ser los únicos fue genial. Cenar mirando el mar y las estrellas, en una caseta de madera y paja no tiene precio.

Caseta de madera donde cenamos, Ko Rong, Camboya, viaje 2015
Caseta de madera donde cenamos, Ko Rong, Camboya, viaje 2015

Era nuestra última noche y queríamos ver brillas el plancton así que a las diez de la noche, con la digestión bien hecha ya, algunos nos lanzamos al mar. ¿Por qué nunca había visto semejante maravilla? Seguro que quien ha visto brillar el plancton en la noche en medio del mar se burlará de mi en este momento pero les juro que para mi fue un descubrimiento absoluto y me divertí tanto que me sentía una niña pequeña con juguete nuevo.

Me di cuenta que no había perdido la capacidad de sorprenderme, que solo necesitaba un entorno nuevo, algo diferente, algo luminoso tal vez, que me hiciera despertar. ¿O me había despertado el agua de la catarata cayéndome en la cara? Esa noche, después de hacer brillar el mar con mi cuerpo, con mis piernas, mis manos y mis dedos, miré las estrellas, sentí el agua en mi piel, y me sentí viva. Y esa sensación fue maravillosa.

Plancton marino (foto prestada), Ko Rong Camboya
Plancton marino (foto prestada), Ko Rong Camboya

Un pasaje al paraíso: Sok San Long Beach en Ko Ron

Long Beach en Ko Rong es el paraíso. Esta mañana he visto uno de los mejores amaneceres de mi vida. Tan hermoso que se me ha quedado grabado en la retina. ¿Es real semejante belleza?

Amanecer en Sok San, Long Beach, Ko Rong, Camboya, Octubre 2015
Amanecer en Sok San, Long Beach, Ko Rong, Camboya, Octubre 2015

Ayer por la mañana llegábamos a Ko Rong desde Sihanoukville para disfrutar de un día increíble que quedará estampado a fuego en mi corazón. Sin embargo, la llegada no fue fácil. Al desembarcar en la isla nos encontramos con un puerto y una playa invadida por chiringuitos y bares de playa y mucha suciedad. Es ese el momento en que piensas que te has equivocado de isla o que las cosas han cambiado desde que alguien escribió aquel post sobre Ko Rong en su blog o un artículo en la Lonely Planet. Pero para nuestra sorpresa, aún no estábamos en la zona en la que teníamos reservado nuestro bungalow por 15 dolares la noche. Eso no era Long Beach.

Puerto principal de Ko Rong, Camboya, Octubre 2015
Puerto principal de Ko Rong, Camboya, Octubre 2015

Para llegar a Long Beach tendríamos dos formas: una un poco arriesgada cruzando la selva, con sus mosquitos, serpientes y bichos de todo tipo y la posibilidad de perdernos por no tener ninguna referencia más que el sol que tampoco se dejaba ver mucho. La segunda opción era tomar un taxi-boat por 30 dolares. Después de investigar un poco y descubrir que varios viajeros se pierden al intentar el camino de la jungla, decidimos la opción del bote taxi. Éste nos dejó en el muelle de Sok San, Long Beach tras unos veinte minutos aproximadamente.

Lavi y Romy camino a Sok San Long Beach en Ko Rong, Camboya, Octubre 2015
Lavi y Romy camino a Sok San Long Beach en Ko Rong, Camboya, Octubre 2015

¿Qué veían nuestros ojos? ¿Es esto una isla abandonada? A simple vista no parecía haber nadie. Todo parecía totalmente cerrado. El marinero nos dijo en su lengua que los bungalows que decíamos haber reservado, estaban cerrados. Empezamos a preocuparnos un poco, la verdad. Pero el chico que nos traducía a la vez que nos tendía la mano para subir al muelle, nos dijo que no había problema porque si estaba cerrado podía encontrarnos otro bungalow, que se lo hiciéramos saber. Nos indicó donde estaban los bungalows que decíamos y nos dirijimos hacia allí con nuestras mochilas.

Al llegar a los bungalows caminando por la arena con los pies en el agua, descubrimos que si todo iba bien tendríamos la playa para nosotras solas. Un camboyano en bermudas y sin camiseta, con los pelos despeinados, pocos dientes y las manos sucias de haber estado trabajando, nos atendió y nos tendió su teléfono móvil. Al otro lado, la voz de su jefe en Sihanoukville nos decía que su personal nos atendería pero que esperáramos un ratito a que limpiaran. Confirmamos precio y esperamos sentadas en lo que parecía haber sido un restaurante en otra época y ahora era algo así como el living room de una familia, lleno de ropa por todas partes. ¿Qué mas da mientras tengamos semejante playa como vistas?

Ko Rong, isla del sur, Camboya, Octubre 2015
Sok San, Long Beach, Ko Rong, isla del sur, Camboya, Octubre 2015

Cuando nos entregaron la pequeña habitación de madera, nuestro bungalow en Ko Rong por dos noches, quisimos volver a negociar el precio pero no fue posible. A cambio, conseguí una comida gratis en la casa de la familia que atiende los bungalows. Fue genial comer con ellos pero antes tuvimos otra experiencia con los locales que me despertó emociones encontradas.

Ofrendas del Pchum Ben's Day en la casa de la familia con la que comimos, Sok San Long Beach Bungalows, Ko Rong, Camboya
Ofrendas del Pchum Ben’s Day en la casa de la familia con la que comimos, Sok San Long Beach Bungalows, Ko Rong, Camboya

Estabamos asomándonos al camino detrás de nuestra cabañita, observando la selva, cuando desde una casa-kiosko nos llamaron. Estaban bailando y querían que bailemos con ellos. Y así lo hicimos. Bailamos al ritmo de la música camboyana que salía de un musical de TV. La familia entera bailaba con nosotros felices. Y yo me sentía feliz de poder compartir ese momento de fiesta con ellos.

Vista desde nuestro Bungalow en Sok San, Long Beach, Ko Rong, Camboya, Octubre 2015
Vista desde nuestro Bungalow en Sok San, Long Beach, Ko Rong, Camboya, Octubre 2015

Después de rechazar amablemente la cerveza que los camboyanos nos ofrecían para seguir festejando Pchum Ben’s day (como el año nuevo en Camboya) seguimos nuestro camino. Al instante nos encontramos con el hombrecito que nos había atendido al llegar a los bungalows que nos estaba avisando que la comida estaba lista. Nos llevó a su casa (el living room abierto que parecía haber sido restaurante en otra época) y comimos con la familia entera: mamá, papá, hija e hijo. Y perros incluidos. Lavi se reía de mí cuando empecé a comer la carne con la mano como ellos y me hizo una foto. Yo me lo estaba pasando genial. Más tarde, el hombre se pasó por nuestras cabañas, con dos cocos recién bajados del árbol y nos los regaló.

Hombre camboyano cortando coco para nosotras como regalo, Sok San, Ko Rong, Octubre 2015
Hombre camboyano cortando coco para nosotras como regalo, Sok San, Ko Rong, Octubre 2015

Terminé de comer y agradecí a la familia por la hospitalidad. Lavi y yo seguimos nuestro camino por la orilla del mar hasta encontrar unas reposeras con sombrilla frente al restaurante de un resort. Dejamos las cosas ahí y disfrutamos de uno de los mejores baños de nuestra vida. La arena blanca, las aguas cristalinas y tranquilas. Al fondo, las montañas con palmeras a un lado y el horizonte al otro.

Hamacas del Resort de Long Beach, Ko Rong, Camboya, Octubre 2015
Hamacas del Resort donde nos conectamos a wifi, Long Beach, Ko Rong, Camboya, Octubre 2015

Más tarde, caminando por Long Beach me encontré un niño que jugaba solo a la pelota. Su padre cubano, su madre japonesa. Hablamos en inglés y luego en español. Jugamos con la pelota un rato hasta que vino otro niño y se unió a mi. La suerte estaba a mi favor: el niño pequeño resultó ser un tremendo goleador. Ganamos el partido después de tres goles suyos y dos míos. Me despedí de ellos y volví al agua y a nadar.

No sabíamos donde cenar porque todo parecía cerrado menos el Resort, pero casualmente me crucé con un inglés y me indicó donde estaban los dos sitios de comida de este lado de la isla. Por 5 o 6 dolares podríamos comer muy bien. Y así fue. Esa noche, dos españoles que encontramos en el mar, una pareja alemana y Lavinia y yo, cenamos junto al hijo de los dueños del bar y otro familiar que vino a visitarlos y está ayudándoles con los quehaceres. El más joven, de 21 años, me cuenta que aprendió inglés con los clientes. Estaban encantados de estar con nosotros y nosotros con ellos. Nos acostamos después de las diez de la noche, cuando la electricidad en la isla se corta porque apagan los generadores. Nos fuimos a nuestros bungalows con la promesa de que al día siguiente Oha y Racha, los dos camboyanos nos llevarían a ver las Cataratas de la isla.

Termino de escribir este artículo desde el sofá de mimbre del restaurante de mis nuevos amigos camboyanos, después de haber visto uno de los mejores amaneceres que he visto en mi vida, después de haber visitado las Cataratas prometidas y de haberme reído hasta el infinito mientras el agua caía sobre mí formando un arcoiris. Creo que me he enamorado de este trozo de la isla de Ko Rong. Gracias isleños camboyanos por compartirlo conmigo.

Sok San Beach Restaurant, Ko Rong island, Cambodia, Octubre 2015
Sok San Beach Restaurant, Ko Rong island, Cambodia, Octubre 2015

Comer, jugar, caminar: un día en Sihanoukville

Dejamos Phnom Penh, la capital de Camboya, hace tres días. Viajamos en bus a Sihanoukville. Y dos días después, viajamos en ferry a Ko Rong, una isla a una hora de distancia. Ahora mismo estoy escribiendo estas notas desde mi cama en un bungalow a orillas del mar mientras escucho el sonido de los animalitos nocturnos de la selva que se confunde con el rugir de las olas y de los truenos de la tormenta que comenzó hace unas horas.

Atardecer tormentoso en Ko Rong, isla del sur de Camboya, Octubre 2015
Atardecer tormentoso en Ko Rong, isla del sur de Camboya, Octubre 2015

Este momento es fascinante. Tanto como mis charlas con camboyanos, los partidos de fútbol improvisados en la arena o el baile con camboyanos de esta mañana. A veces siento que estoy en una película o en un documental sobre la vida de los lugareños en Camboya y esa sensación me encanta.

Niñas camboyanas, camino Odres Beach, Camboya, Octubre 2015
Niñas camboyanas, camino Odres Beach, Camboya, Octubre 2015

Al llegar a Sihanoukville nos dimos cuenta que los traslados aquí serían caros, más que en Phnom Penh y mucho más que en Siem Reap. Tratamos de negociar con los conductores de tuk-tuk pero estaban empeñados en cobrarnos 5 dolares a cada una por llevarnos hasta nuestro hotel en Playa Odres. Al final uno se ofreció a llevarnos por 6 dolares las dos en moto y allá fuimos. En el camino, pudimos conversar un poco con el conductor y cuando mencionamos la pizza nos recomendó un restaurante de la ciudad donde aseguró nunca iba porque era demasiado caro para él. Estos detalles que nos van contando nos hacen recordar lo afortunadas que somos y agradecer a la vida las posibilidades que tuvimos y tenemos y que muchas veces olvidamos.

Playa Odres, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015
Playa Odres, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015

Cuando por fin nos instalamos en nuestro hotel, ya era de noche. Así que fuimos a cenar a un sitio que habíamos encontrado en tripadvisor, un bar de playa de lujo pero económico que se convertiría en nuestro lugar favorito de Playa Odres. Elegimos esta zona de la costa porque supimos que Serendipity se llena de mochileros con ganas de fiesta y nosotros queríamos calma. Y la encontramos. El entorno es idílico, el mar cristalino y la arena clara lo hacen aún más especial. Y poder tener wifi en la playa nos aseguró compartir con nuestros seres queridos aquel momento mágico de la noche.

Odres Beach por la noche
Odres Beach por la noche, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015

Al día siguiente, vimos amanecer sobre el río. Y nos fuimos a desayunar al mismo bar de la playa bajo las sombrillas de paja. Caminamos por la playa y disfrutamos del paraíso en la tierra. En esta caminata, empecé a conocer más gente local, como la empleada de unos bungalows que quiso hacerme unas fotos conmigo y luego mirar qué tal habían salido (por estos pagos les encanta esto, sobre todo a los jóvenes).

Joven camboyana y yo, Odres Beach, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015
Joven camboyana y yo, Odres Beach, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015

Más tarde, conoceríamos a un niño super inteligente y simpático llamado Hank que nos robó los corazones a todos los que lo conocimos aquel día. La verdad es que da pena que el niño esté obligado a vender brazaletes aunque el pobre se lo toma con gracia y se hace amigo de los clientes con los que se queda a tomar unos batidos o a comer algo si lo invitan. Más tarde jugaríamos al fútbol juntos en la arena y conocería a su madre, quien me aseguró que fuera de estos días de vacaciones, el niño siempre va a la escuela y que solo la ayuda estos días. Me alegré tanto por eso. El niño estaba aprendiendo inglés rapidísimo en la escuela.

Hank vendiendo brazaletes, Odres Beach, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015
Hank vendiendo brazaletes, Odres Beach, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015

Más tarde conocí a otra camboyana, una mujer llamada Winy, que se ofreció a depilarme con hilo, con una técnica local que me daba reparo probar porque sabía que me dolería pero que tras insistir la pobre mujer durante un buen rato, acabó por convencerme. Fue una experiencia curiosa, estar sentada en un sofá sobre la arena, rodeada de los bungalows en donde se hospedaban nuestros amigos suizos, y con la pierna extendida llena de talco para que Winy me depilase mientras me contaba historias de su familia y sus tres hijos. Más tarde me la encontraría y me contaría que gracias a que yo le deseé buena suerte al marcharse, había conseguido muchas clientas aquel día. Happy for you, Winy!

Mujeres camboyanas depilando con hilo, Odres Beach, Camboya
Mujeres camboyanas depilando con hilo, Odres Beach, Camboya, Octubre 2015

Desde los bungalows de nuestros amigos en Odres 2 teníamos que volver a Odres 1 caminando, durante media hora. En el camino, descubrimos que las playas entre medias no tienen resorts ni restaurantes, y al parecer son las preferidas por la gente local que seguramente disfruta más de la tranquilidad que nosotros. Todos fueron muy amables a nuestro paso. Algunos, incluso, se quisieron tomar fotos con nosotros, que por supuesto, aceptamos. Debe haber varias fotos nuestras en cámaras ajenas. La que sí figura en mi cámara es la foto que me tomé con la mamá de Hank después de charlar un rato entre camboenglish y señas.

Foto con mujer camboyana, mamá de Hank, Odres Beach, Camboya, Octubre 2015
Foto con mujer camboyana, mamá de Hank, Odres Beach, Camboya, Octubre 2015

Había sido un largo día pero aún me quedaban fuerzas para jugar al fútbol con Hank en la playa antes de ver uno de los mejores atardeceres que vi en mi vida. Después de eso, cenamos en el mismo bar y nos fuimos a dormir temprano.

 

Jugando al fútbol con camboyanos y viajeros, Odres Beach, Camboya, Octubre 2015
Jugando al fútbol con camboyanos y viajeros, Odres Beach, Camboya, Octubre 2015

Al día siguiente, sobre las 9 am teníamos que estar en el muelle de Sihanoukville para tomar el ferry a la isla Ko Rong. Y eso hicimos. Pero mejor lo cuento mañana…

Atardecer en Odres Beach, Suhanoukville, Camboya, Octubre 2015
Atardecer en Odres Beach, Suhanoukville, Camboya, Octubre 2015

Visita a The Killing Fields o un golpe de realidad

Visitar Phnom Penh, la capital de Camboya, fue un golpe de realidad a la vez que una experiencia nueva en este viaje por el Sudeste asiático. Por un lado, la ciudad me pareció hostil e insegura; pero por otro lado, volví a estar acompañada después de casi cuatro días sola y volví a hablar en español. Sin embargo, el verdadero golpe de realidad me vino de camino a Choeung Ek y al llegar allí cuando escuché la historia de los campos de exterminio y el genocidio camboyano de 1975 a 1978.

The Killing Fields o Cambos de exterminio en Phnom Penh, Camboya
The Killing Fields o Cambos de exterminio en Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

Phnom Penh es una ciudad donde no tenía casi planes más que encontrarme con Lavinia, una de mis mejores amigas en esta vida; encontrarme con Borey, un camboyano que conocí en India hace cinco años con el que hablo a veces por Facebook; hacer el trámite de visado a Vietnam; ver el Palacio Real, alguna pagoda o algún templo; callejear por la ciudad y tomar algo en un sitio que colabore con proyectos de inclusión social para niños o mujeres en riesgo. Y básicamente, hice todo y algo más.

Monumento a la Independencia de Camboya, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Monumento a la Independencia de Camboya, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

La llegada de Lavinia me alegró muchísimo porque podríamos compartir nuestras impresiones sobre el viaje por Asia y otros sentimientos que tenemos desde hace unos meses. Ver una cara amiga y hablar con la confianza que tengo con ella es un placer que pocas veces tenemos. Es algo que ella también sintió y lo cuenta en su blog La almendra viajera. Además, hablar en español con algunas mezclas de inglés me hizo sentir en casa y comprenderme a mí misma a través de sus ojos.

Ayer despertamos pronto y desayunamos en el hotel, cuyo personal nos tramitó el visado a Vietnam en el mismo día como “urgente” por ser vísperas de festivo (en Camboya estos días se celebra el Pchum Ben’s Day, día de ofrecer respeto a los seres queridos muertos y ofrecer comida a los espíritus). Después del desayuno, vino Borey, el chico camboyano, a saludarnos al hotel. Me contó más sobre este festival camboyano y me contó sobre su trabajo en una organización que lucha por los derechos humanos. Después de una larga charla sobre temas super interesantes, se ofreció en llevarme en la moto hasta el otro hostel al que nos trasladamos para pagar algo menos aquella noche. Fueron solo tres minutos en moto porque el hostel estaba al lado, pero fue super divertido montarme en una moto después de tantos años. Y yo que siempre voy caminando a todas partes, sentí una especial adrenalina.

Arroz sobre alfombras como ofrenda a los antepasados, Pchum Ben's day, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Arroz sobre alfombras como ofrenda a los antepasados, Pchum Ben’s day, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

Por la tarde, Lavinia y yo fuimos a ver el Monumento a la Independencia, el Palacio Real, el monumento a la amistad con Vietnam, la pagoda Botum Vattey, y el Wat Phnom. Hacía tanto calor que me sentía en una nube; estaba poniendo a prueba mis propias fuerzas y no estaba resultando bien. En el interior de la Pagoda, la gente celebraba; a los costados había una mujer y un hombre mendigando, otras personas colgando la ropa y otros solo yaciendo sobre el suelo sin más. De todas formas, se respiraba un ambiente místico que parecía incapaz de lograrse en esta ciudad tan caótica en las calles al atardecer.

Celebración de Pchum Ben's day en Botumvatey Pagoda, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Celebración de Pchum Ben’s day en Botumvatey Pagoda, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Celebrando con ofrendas el Pchum Ben's day en Pagoda Botumvatey, Phnom Penh, Camboya
Celebrando con ofrendas el Pchum Ben’s day en Pagoda Botumvatey, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

El recorrido por la ciudad resultó extenuante por el calor y la humedad insoportable, pero los smoothies que nos tomamos en Conecnting Hands, nos recuperaron por completo. Este café es un proyecto que destina sus ingresos a luchar contra la trata de mujeres y para evitar la exclusión social de antiguos niños de la calle. Así que los smoothies que nos tomamos fueron doblemente reconfortantes.

Fue ahí cuando decidimos ir a ver el campo de exterminio Choeung Ek, aunque en principio yo pensara que no íbamos a ver nada digno de visita. La verdad es que ver los campos de concentración fue algo impactante, como si retrocediera treinta años y me encontrara siendo testigo de aquellos horrores. Y también  fue el camino hacia allí lo que cambió mi perspectiva, un recorrido que debía durar 10 minutos y demoró 30 minutos.

Choeung Ek es uno de los “Killing fields” o campos de exterminio, que como en la Alemania nazi, servían de campo de concentración y trabajos forzados previos a la muerte. Fuimos hasta allí en tuk-tuk, atravesando la ciudad entera, observando la realidad de la capital camboyana desde nuestro cómodo asiento en el tuk-tuk. Motos que van y vienen, hombres y mujeres dirigiéndose hacia alguna parte esquivando al resto de la gente de la manera posible, kioskos ambulantes con olor a comida, basura al costado del camino, tuk-tuk que cruzan por el sentido contrario, algunas vacas que ralentizan nuestro camino compitiendo con los pozos de las calles sin asfaltar. ¿Es esta tu realidad, Camboya? ¿Es así como te gusta vivir o no te quedó opción porque el progreso te aplastó? ¿qué piensas? Cuéntamelo.

Vista desde el Tuk-tuk, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Vista desde el Tuk-tuk, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

Al llegar a los campos de concentración y exterminio humano de Choeung Ek nos dieron audioguías. Escuchar en español con voz queda y pausada los horrores que se vivieron allí me tocó la fibra sensible y las lágrimas no hicieron más que aflorar incontroladamente. ¿Por qué? ¿Por qué Pol Pot querría hacer tanto daño a su propio pueblo, a sus hermanos y vecinos? ¿Por pensar diferente o por puro placer asesino? ¿Qué es lo que mueve a un genocida a exterminar a otros seres humanos? ¿Qué es lo que hace que un soldado no se revele y mate a un bebé golpeándolo contra un árbol o aplastandole la cabeza? ¿Por qué? ¿Por qué tanta crueldad y tanto horror?

Fosa común en los campos de concentración de Choeung Ek, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Fosa común en los campos de concentración de Choeung Ek, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

Los pozos donde fueron cavadas las tumbas, los huesos que afloran a día de hoy a la superficie tras las lluvias, los cráneos que se enseñan como muestra de aquel horror, las ropas hechas jirones de niños asesinados, de hombres y mujeres inocentes que perdieron la vida sin saber porqué, fueron mi golpe de realidad.

Cráneos adultos en The Killing Fields, Choeung Ek, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Cráneos adultos en The Killing Fields, Choeung Ek, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

De regreso, volviendo al bullicio de la ruta, a las bocinas, los motores de motos, camiones, tuk-tuk y coches, la gente hablando, riendo, viviendo, me quedo pensando en los gritos de los prisioneros que los jemeres rojos ahogaban con música de la revolución. ¿Acaso el ruido de la ruta no estará ahogando ahora mismo el grito desesperado de esa abuela camboyana que va pidiendo limosna o algo para comer  por las calles? ¿Acaso los gritos de los vendedores no acalla las voces de los que intentan gritarle al mundo su dolor? ¿Seremos tan sordos para no escuchar el grito ahogado del ser humano que sufre?

La casa de los espíritus, The Killing Fields, Choeung Ek, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
La casa de los espíritus, The Killing Fields, Choeung Ek, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015