Archivo de la categoría: Laos

Vientiane, entre templos y budas

Una tarde, un día entero y medio día más en Vientiane, la capital de Laos, me parecieron un siglo. Se me hizo eterno el calor, la humedad, la falta de paisaje para recorrer y la espera de mi partida a Bangkok al encuentro con David.

Monumento en Vientián, Laos, 2015
Estatua de Quai Fa Ngum  frente al río, Vientian, Laos, 2015

La capital de Laos, Vientián, es un lugar tranquilo, con no tantos coches y motos como podría verse en la capital de Vietnam o Camboya, pero lo que mata es el calor húmedo que te aplasta. Me era imposible encontrar una esquina o una sombra de corriera un poco el aire.

Wat Maxai, Vientiane, Laos, 2015
Wat Maxai, Vientiane, Laos, 2015

En Vientián visité algunos templos que imaginarán que después de un mes y una semana recorriendo el Sudeste Asiático ya me parecen todos iguales pero me gusta ponerme a jugar a sacar las 7 diferencias y siempre les hago unas fotos y de vez en cuando entro y trato de meditar.

Wat Si Saket, Vientiane, Laos, 2015
Wat Si Saket, Vientiane, Laos, 2015

A diferencia de otros templos, el Sisaket, que está al lado del Palacio de gobierno de Laos, tiene una colección de budas que rodean el patio del templo que me pareció muy curiosa de ver. Además había algunos tramos a la sombra que me permitieron refugiarme del sol.

Colección de Budas, Templo Sisaket, Vientiane, Laos, 2015
Colección de Budas, Templo Sisaket, Vientiane, Laos, 2015

Aunque el calor no invitaba a pasear también me fui caminando hasta la Puerta de la Victoria o Patuxai, que es un como el arco del triunfo francés y no pega mucho con la arquitectura del lugar pero es bonito y está en un parque que da un poco de aire a la ciudad.

Patuxai o Puerta de la Victoria, Vientiane, Laos, 2015
Patuxai o Puerta de la Victoria, Vientiane, Laos, 2015

De Patuxai decidí que ya que estaba en el baile iba a bailar así que seguí caminando hasta el Pha That Luang, donde está la stupa dorada gigante, un monumento del cual están orgullosos los laosianos. Cuando llegué ya estaba cerrado pero pude darle una vuelta por fuera y sí que es llamativo.

Pha That Luang o Gran Stupa, Vientiane, Laos, 2015
Pha That Luang o Gran Stupa, Vientiane, Laos, 2015

Como para pasar el tiempo y conocer algo más de la ciudad, el día que tenía entero me fui al Parque Buda que data del año 1958 y que tiene un montón de esculturas de hormigón no solo de Buda sino de otras figuras y dioses. La más llamativa es la de la entrada con forma de calabaza con un árbol sobre ella. A esta se puede acceder por una boca gigante.

Boca de entrada a la calabaza gigante, Parque Buda, Vientiane, Laos, 2015
Boca de entrada a la calabaza gigante, Parque Buda, Vientiane, Laos, 2015

Del Parque Buda otra estatua que me gustó mucho fue la del Buda gigante en posición de meditación acostado. Pero había otras muchas más con formas raras y curiosas que hacen interesante la excursión a este parque, que dicho sea de paso es una de las pocas cosas que encontré para hacer en Vientián.

Estatua Buda acostado, Parque Buda, Vientiane, Laos, 2015
Estatua Buda acostado, Parque Buda, Vientiane, Laos, 2015

Mi visita a la ciudad terminó prácticamente esa noche con un paseo por el mercado nocturno, por la feria donde los locales tiran dardos a los globos y por el río donde me encontré con mujeres haciendo tai chi con música colombiana. Un momento muy surrealista.

Mujeres practicando ejercicios frente al río, Vientiane, Laos, 2015
Mujeres practicando ejercicios frente al río, Vientiane, Laos, 2015

El último día, entre la ansiedad de la espera del bus que me llevaría a Bangkog y el calor que hacía poco hice más que pasearme por el mercado de día, que está repartido entre tres o cuatro edificios que por momentos huelen a té, y que es como un laberinto del que casi no salgo. Y esa fue mi despedida de Vientián y de Laos.

Próximoi destino: Chiang Mai, en Tailandia, con David 🙂

Vang Vieng sin tubing ni alcohol

Mis expectativas sobre Vang Vieng eran bajas. Había leído sobre el “tubing” y cómo habían muerto una veintena de personas en 2011 debido a practicarla borrachos. Y también tenía entendido que era el típico pueblo fiestero donde costaba encontrar paz. Sin embargo, Vang Vieng me gustó mucho y la disfruté sin beber ni hacer tubing, que consiste en lanzarse con una especie de neumático por el río.

Cruzando el río por el puente de madera, Vang Vieng, Laos, 2015
Cruzando el río por el puente de madera, Vang Vieng, Laos, 2015

¿Qué hacer en Vang Vieng que no sea tubing o beber? De todo un poco. En mi caso, decidí darme una vuelta por el pueblo temprano por la mañana, cruzar el río por el puente de madera y admirar las montañas.

Paseando junto al río, Vang Vieng, Laos, 2015
Paseando junto al río, Vang Vieng, Laos, 2015

Tuve que volver de mi paseo porque el calor era asfixiante. Por suerte, la noche anterior había conocido una chica holandesa que me ofreció ir con ella y otros viajeros a la laguna azul y a ver unas cuevas. Así que a la hora acordada, nos subimos a las motos y allá fuimos.

Blue Lagoon, Vang Vieng, Laos, 2015
Blue Lagoon, Vang Vieng, Laos, 2015

La zona de la laguna azul es más fresca seguramente debido a los árboles que dan sombra. Además un chapuzón en el agua al tirarme con la tirolesa, me refrescó totalmente. Hay bastante gente pero pudimos apreciar el entorno y disfrutar del baño antes de seguir rumbo a las cuevas.

Camino a la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015
Camino a la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015

El camino a la cueva entre las montañas resultó ser de lo más exótico. Caminamos por la jungla, donde por momentos aparecía el camino, y por momentos se perdía, hasta que encontramos la entrada a la cueva indicada con una flecha roja en la piedra.

Entrada a la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015
Entrada a la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015

Dentro de la cueva, trepamos por unas rocas y nos adentramos con linternas más allá de lo que alcanzaba nuestra vista. Y de repente nos topamos con una estatua de buda con sus típicos adornos. Si no la hubiéramos iluminado con las linternas no la veíamos.

Estatua de Buda dentro de la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015
Estatua de Buda dentro de la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015

Seguimos hacia dentro de la cueva y nos encontramos con algo menos agradable: arañas. Al principio eran pequeñas y podíamos continuar. Después vimos un murciélago pero seguimos adentrándonos hasta que de repente el camino estaba bloqueado por piedras y junto a ellas una araña enorme.

Araña en la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015
Araña en la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015

Al salir de la cueva, volvimos a la ciudad. Los chicos querían ir a ver una catarata pero yo prefería caminar por la ciudad ahora que había bajado un poco el sol. Me fui a recorrerla.

Paseando por el río, Vang Vieng, Laos, 2015
Paseando por el río, Vang Vieng, Laos, 2015

Crucé por otro puente, caminé junto al río, volví, me tomé un zumo de frutas y me perdí un poco por la ciudad. En el camino me encontré un templo con un buda muy bonito dentro de un templo cuyo nombre no conseguí averiguar pero el entorno lo hacía más bello y de repente me pareció que me sonreía.

Buda dorado en un templo, Vang Vieng, Laos, 2015
Buda dorado en un templo, Vang Vieng, Laos, 2015

Seguí caminando y terminé volviendo al hotel por la carretera principal donde ya se empezaban a verse puestos de comida ambulante que suelen poner cuando está por caer la noche para que cenen tanto turistas como locales. No salí de fiesta ni hice tubing pero me lo pasé muy bien el día entero en Vang Vieng. Al día siguiente mi bus salía temprano.

Carretera principal de la ciudad, Vang Vieng, Laos, 2015
Carretera principal de la ciudad, Vang Vieng, Laos, 2015

Siguiente destino, último de Laos y último en solitario: Vientián.

Paseando por Luang Prabang

Hoy tuve un día único. De esos que jamás olvidaré. Y lo curioso es que pasé casi todo el día sola y sin hablar. Lo crean o no, así fue. Y aunque mi cabeza no para de pensar ni aunque esté haciendo meditación la experiencia del silencio es muy gratificante. Pero antes de hablar de eso, me gustaría contar el día maravilloso que pasé en Luang Prabang.

Calle tranquila, Luang Prabang, Laos, 2015
Calle tranquila, Luang Prabang, Laos, 2015

Estoy en Luang Prabang, en un país llamado Laos del que muchos de mis amigos como yo hasta hace un tiempo no han oído hablar jamás. Es un país que ocupa la mitad del territorio de España pero con una enorme diversidad cultural y natural. Luang Prabang está en el norte y es muy verde.

Al despertarme solo tenía clara una cosa, en esta ciudad hay miles de templos así que me quiero hartar de ellos. Y eso hice. Pero antes me pasó una cosa curiosa. Sentada a la mesa para desayunar dos chicas me contaron que iban a ir a visitar el centro Big Brother Mouse donde colaboran con los niños menos favorecidos y si podían darían una clase de inglés. Fue un poco decepcionante llegar y encontrarse que había más profesores que alumnos. Pero bueno, ya tendremos oportunidad de enseñar inglés en otro lado.

Big Brother, Luang Prabang, Laos, 2015
Big Brother Mouse, Luang Prabang, Laos, 2015

Como tenía planeado, me fui a dar una vuelta por la calle principal donde se encuentran no solo los restaurantes, cafés y locales de agencias de viaje sino también los templos. Unos una calle más abajo o mas arriba pero mas o menos todos en hilera. Me dirigía hacia el más grande y famoso que está al final de la calle, justo antes de que el río haga una curva, pero antes me topé con unos monjes budistas trabajando. Curioso para mi ya que pensé que no realizaban trabajos de construcción.

Monjes budistas trabajando, Luang Prabang, Laos, 2015
Monjes budistas trabajando, Luang Prabang, Laos, 2015

Contra más caminaba por Luang Prabang más me gustaba la ciudad. Puedo caminar por las aceras, cosa que en Vietnam no. Puedo cruzar la calle sin problemas porque el tráfico de motos y coches no es caótico. Puedo seguir mi camino sin ser perseguida por miles de vendedores ya que en Laos te ofrecen pero no insisten. Me cruzo con decoraciones hermosas según voy avanzando. No hay edificios deplorables sino casitas bajas muy cuidadas. Y sobre todo, escucho el silencio la mayor parte del tiempo. Y eso me encanta.

Serpientes plateadas, Luang Prabang, Laos, 2015
Serpientes plateadas, Luang Prabang, Laos, 2015

El primer templo en el que entré fue el de Souvannakhiri donde había una exposición sobre la importancia de la meditación en la cultura religiosa de Luang Prabang. Lo que más me llamó la atención son las lámparas de papel de colores fuera del templo bordeando el techo. Dentro, como siempre, un Buda dorado en el centro del “altar” con sus correspondientes ofrendas y la almohada para apoyarse al rezar.

Templo de Souvannakhiri, Luang Prabang, Laos, 2015
Templo de Souvannakhiri, Luang Prabang, Laos, 2015

El segundo templo que visité fue el más grande, famoso y antiguo de Luang Prabang: Wat Xieng Thong. La entrada al recinto se paga 20.000 kips que son unos 2€ aproximadamente. No hay solo un Templo sino también las habitaciones de los monjes que viven allí, una sim o capilla cuyos tejados llegan al suelo, varias “stupas” y tres capillas. La que más me llamó la atención fue la Hohng Kep Mien que casi como si fuera un galpón guarda la carroza ceremonial que transportaba las urnas funerarias de oro de la realeza de Laos. Las “nagas” o serpientes de lenguas rojas le dan el acabo. Al fondo, budas de todos los tamaños me observaban y yo a ellos.

Budas en Wat Xieng Thong, Luang Prabang, Laos, 2015
Budas en Wat Xieng Thong, Luang Prabang, Laos, 2015

Seguí caminando y entré al Templo  Pak Kanun Khammgkhun, tan blanco como el primer templo al que entré. Y también tenía al lado el establecimiento donde duermen y una especie de living donde comen los monjes.

La calle llegó a su fin y la que curzaba estaba totalmente vacía. El silencio era absoluto. Solo se escuchaba el barrer del señor de la limpieza. Y agudizando el oído la corriente del río. Me acerqué al mirador y me quedé un rato mirando el río, viendo cómo los obreros estaban construyendo un puente de bambú hacia el otro lado del río. Lo construyen cuando termina la estación de lluvias.

Ladera del río donde construyen el puente de bambú, Luang Prabang, Laos, 2015
Ladera del río donde construyen el puente de bambú, Luang Prabang, Laos, 2015

El río invitaba a bordearlo así que me lancé a la caminata por su ladera. De cuando en cuando me encontraba un barcito chill out improvisado casi sobre el río. Al otro lado de la calle, hostales, guesthouse y casitas coloniales francesas. Las calles estaban vacías. Se respiraba una tranquilidad absoluta.

Calle vacía junto al río, Luang Prabang, Laos, 2015
Calle vacía junto al río, Luang Prabang, Laos, 2015

Me metí en el templo Sensoukharam que encontré callejeando porque las indicaciones de los locales no eran muy acertadas. El templo era bonito pero mas o menos igual a todos. Pero en este se encontraba la clave de lo que me pasaría después por la tarde-noche.

Templo Sensoukharam, Luang Prabang, Laos, 2015
Templo Sensoukharam, Luang Prabang, Laos, 2015

Me asomé a lo que enseguida noté que eran habitaciones. Fuera, un monje con su traje naranja cerraba con hilo lo que parecían unas escrituras sagradas. Me acerqué sin invadirlo demasiado y le pregunté qué eran. Efectivamente, eran sus lecturas del rezo. Me contó que rezan dos veces al día, a las 4.30 am y a las 5.30 pm. Aprovechando la cercanía le pregunté sobre la meditación y si sabía donde podía practicarla. Me dijo, en el templo Pha Phai a las 6 después de la oración los monjes meditan y puedes unirte. Tomé nota y le comenté “usted se ve feliz, cómo lo hace?” y me dijo “tu también te ves feliz, lo veo en tu cara, tienes una sonrisa hermosa”. Al oírlo me emocioné. De verdad, creo que entendí la felicidad.

Monje budista posando serio para la foto, Luang Prabang, Laos, 2015
Monje budista posando serio para la foto, Luang Prabang, Laos, 2015

Después de hablar con el monje seguí caminando y visité más templos, el SikhounMuan, el Ban Xieng Muan y otro donde había varias mujeres fuera armando paquetes de comida y enseres para la casa. No sé bien de qué se trataba pero parecía beneficiencia.

Templo Xieng Muan, Luang Prabang, Laos, 2015
Templo Ban Xieng Muan, Luang Prabang, Laos, 2015

Por la tarde, me fui a visitar el Palacio Real y su museo que tal como me habían advertido no tiene mucho que ver mas que las habitaciones de los reyes y sus hijos y regalos de China, Vietnam Tailandia, Camboya, Estados Unidos, Rusia, etc. como jarrones y vajilla. Nada se puede fotografiar. De hecho hay que dejar cámaras y bolsos en el guardarropa. Y como siempre, hay que entrar descalzo.

Museo y Palacio Real de Luang Prabang, Luang Prabang, Laos, 2015
Museo y Palacio Real de Luang Prabang, Luang Prabang, Laos, 2015

Al salir del Museo, me compré un jugo de frutas natural en un puesto de la calle y me fui a recorrer un poco más el centro de Luang Prabang antes de dirigirme a la colina de Phu Si para apreciar la ciudad desde arriba.

Vasos preparados para hacer jugo de frutas, Luang Prabang, Laos, 2015
Vasos preparados para hacer jugo de frutas, Luang Prabang, Laos, 2015

La colina Phu Si está en el medio de Luang Prabang y tiene más de 300 escalones. Al llegar, descansé en unos bancos de cerámica mientras admiraba las impresionantes vistas de la ciudad. Luang Prabang me pareció más hermosa aún si cabe.

Vistas desde el monte Phu Si, Luang Prabang, Laos, 2015
Vistas desde el monte Phu Si, Luang Prabang, Laos, 2015

La idea era ver el atardecer en Phu Si pero estaba lleno de gente así que recorrí un poco la zona, me lo pensé dos o tres veces y contra más se acercaba la hora más llegaba la gente y yo más me agobiaba. Así que decidí irme, vi el atardecer de camino hacia abajo pero preferí eso antes que estar en medio del gentío desesperado por una foto.

Descendiendo las escaleras del monte Phu Si, Luang Prabang, Laos, 2015
Descendiendo las escaleras del monte Phu Si, Luang Prabang, Laos, 2015

Cuando llegué abajo, ya estaba la calle ocupada por las tiendas del mercado nocturno así que aproveché para hacer algunas compritas. Regateé sonriendo y al final todos me hicieron descuentos. Más tarde volvería al mercado y me lo recorrería entero.

Mercado nocturno, Luang Prabang, Laos, 2015
Mercado nocturno, Luang Prabang, Laos, 2015

Eran casi las seis de la tarde cuando entré en el templo de Pha Phai tal como me había recomendado el monje. Delante estaban los monjes rezando mientras uno recitaba con micrófono la oración. Detrás, una mujer laosiana intentaba seguir las oraciones y un hombre occidental parecía en la misma situación que yo. A las seis se quedaron en silencio y comenzó la meditación. Y no es que yo no pensara en nada pero lo intenté y al menos por algún que otro minuto lo logré. La luz de la vela me ayudaba a abstraerme de todo, a aprovechar de ese momento mágico junto a los monjes budistas. Y el silencio se apoderó de mí llenándome de paz aunque sea por un momento. Me sentí bendecida.

Templo Pha Phai donde medité con los monjes, Luang Prabang, Laos, 2015
Templo Pha Phai donde medité con los monjes, Luang Prabang, Laos, 2015