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Viajar a Camboya: qué ver y hacer

Cuando decidí renunciar a mi trabajo y emprender un viaje de dos meses por el Sudeste Asiático, no tenía mucha idea de qué me esperaría en Camboya. Tenía mi guía de viaje y había leído sobre las rutas posibles pero no era consciente de que me encontraría con una de las grandes maravillas arquitectónicas de todos los tiempos, que me alojaría en una cabaña en una playa desierta, que me bañaría en unas cataratas en una isla paradisíaca o que vería brillar el plancton de noche en unas de las aguas más cristalinas que he visto en mi vida.

¿Qué ver en Camboya?

Si tienes menos de diez días, como fue mi caso, te recomiendo hacer una ruta mas o menos corta que al menos cubra estos puntos que yo visité:

  1. Los Templos de Angkor Wat en Siem Riep
  2. Phnom Penh, y los campos de exterminio de Pol Pot (The Killing Fields)
  3. Sihanoukville y playa Odres
  4. Ko Rong y Sok San Long Beach

Mi ruta de viaje por Camboya

ruta-por-camboya, Camboya, 2015 | rominitaviajera.com
ruta-por-camboya, Camboya, 2015 | rominitaviajera.com

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Ko Rong, el mar, las cascadas, el río, el plancton y más

El segundo día en Sok San Long Beach en Ko Rong (Camboya) fue intenso. Después de ver el amanecer, desayunamos omelette y frutas para cargas pilas. Luego me di un baño en las aguas cristalinas. Y un rato después salimos con un grupo de turistas y locales de excursión.

Mis pies bajo el agua en Sok San Long Beach en Ko Rong, Camboya, 2015
Mis pies bajo el agua en Sok San Long Beach en Ko Rong, Camboya, 2015

El baño en el mar fue hermoso. Me encanta nadar y hacer snorkel. Me siento como un pez nadando sin rumbo. Es una sensación que disfruto mucho aunque a veces no haya más que arena que ver debajo del agua. Ésta vez había algo más: un pez globo comiendo los depósitos que se acumulan en las vigas de madera que sostienen el muelle por el que llegamos a la isla. No se asustó así que no infló pero sí huyó de mí. Los que no se percataron de mi fueron otros peces más pequeñitos casi transparentes que nadaban en cardumen de un lado al otro sin parar. Qué mundo maravilloso hay debajo del mar.

Pez globo desinchado, Sok San, Long Beach, Camboya, viaje 2015
Pez globo desinchado, Sok San, Long Beach, Camboya, viaje 2015

El desayuno estuvo excelente, sobre todo por las vistas. Y lo mejor estaba por venir. Los chicos del restaurante donde desayunamos y comimos nos habían prometido llevarnos hasta las cascadas de la isla, a quince minutos andando por la selva. Cruzamos varias cabañas de madera, algunas para turistas, otras mas humildes donde viven los isleños, algunas convertidas en kioskos o mini mercados. Luego llegamos a un arroyo, de agua empantanada, que tuvimos que cruzar a pie, mojándonos hasta casi las rodillas. No era un río de agua limpia y costaba caminar. Era tan barroso el fondo que las chanclas se me quedaron pegadas en un momento y no podía avanzar. Vi como a otra chica camboyana le pasaba lo mismo. Lo mejor era sacarse las chanclas como los chicos.

Cruzando el río con camboyanos, en Ko Rong, Camboya, viaje 2015
Cruzando el río con camboyanos, en Ko Rong, Camboya, viaje 2015

Caminar descalza y que los pies se me hundieran en el barro del río no era nada agradable, incluso me daba asco, pero había que seguir adelante, ya no había marcha atrás. Seguí caminando quejándome y poniendo caras de asco mientras los niños camboyanos se reían de mí. Al final, suelo húmedo pero más firme nos esperaba.
Salí del pantano con ganas de ver las cataratas. Faltaba poco. Seguimos a nuestros guías improvisados, Racha y Oha que iban apartando maleza de la selva para pasar. Trepamos por unas roca sy ahí estaban, las ansiadas y hermosas cascadas. Unas pequeñas cataratas de agua limpia y fresca.

Cascadas de Ko Rong, Camboya, viaje 2015
Cascadas de Ko Rong, Camboya, viaje 2015

El agua caía con fuerza, masajeaba mi espalda, y en la caída formaba un arcoiris. Disfruté tanto de bañarme en las cascadas y jugar como una niña con los demás. Me pregunto si los niños camboyanos que jugaban conmigo se darán cuenta de semejante belleza que tienen todos los días a su alcance en esta isla paradisíaca…

@rominitaviajera debajo de la cascada, Ko Rong, Camboya, viaje 2015
@rominitaviajera debajo de la cascada, Ko Rong, Camboya, viaje 2015

Los chicos españoles que conocimos el día anterior, la pareja francesa, la pareja alemana y nuestros nuevos amigos camboyanos se habían ido a ver una laguna, más allá de las cascadas. Lavi y yo nos quedamos jugando con los niños, tomando el sol y viendo cómo jugaban felices con unas hojitas que al tirarlas hacia arriba caían luego como helicópteros. Si mis hermanos están leyendo esto, seguro se acuerdan de los helicópteros de la planta de la puerta de nuestra casa en Mar del Plata. ¡Qué lindos tiempos!

Niños camboyanos jugando en la cascada, Ko Rong, Camboya, viaje 2015
Niños camboyanos jugando en la cascada, Ko Rong, Camboya, viaje 2015

Cuando decidimos volver, los demás no habían regresado así que los niños se unieron a nosotros sin que se lo pidiéramos. Vinieron corriendo tras nosotras dos, por la jungla. Al llegar a la parte complica, parecía que el agua del río había aumentado y que el barro estaba más espeso. No sé si era real o solo una sensación pero me entró una especie de pánico absurdo y pedí a Ki, el niño más grande, que me diera la mano. Ian, el pequeño, le dio la mano a Lavi. Ahora mismo mi miedo a quedarme atrapada en ese lodo no tiene sentido pero en ese momento mi cara sería de terror porque el niño me apretó fuerte la mano y me ayudó. Se reía, por supuesto, pero me entendía de alguna manera. Y le agradecí tanto que estuviera ahí conmigo.

El día continuó sin mucho sobresalto. Nadamos, charlamos, comimos, caminamos, descansamos. Me adentré a la segunda línea de cabañas para descubrir a un isleño quemando basura junto a unas cabañas en construcción, un bar a medio camino y un naipe, un ocho de trébol, que me hizo acordar a Aniko Villalba de viajandoporahi que los coleccionaba.

Naipe roto ocho de trebol, Ko Rong, Camboya, viaje 2015
Naipe roto ocho de trebol, Ko Rong, Camboya, viaje 2015

También conocimos un argentino y un alemán que venían caminando desde el principio de la playa, o sea, una hora y media, y que habían cruzado antes la selva, o sea, otra hora. Más tarde, se los presentamos al resto del grupo, a lo que fue durante esos días nuestra familia, y nos tomamos unas cervezas juntos en el bar de Racha y Oha, los camboyanos, adonde regresamos después de cenar con un australiano y su mujer camboyana en su improvisado bar que parece que crece en temporada alta, pero que de momento, solo nos tuvo a nosotros de comensales. Ser los únicos fue genial. Cenar mirando el mar y las estrellas, en una caseta de madera y paja no tiene precio.

Caseta de madera donde cenamos, Ko Rong, Camboya, viaje 2015
Caseta de madera donde cenamos, Ko Rong, Camboya, viaje 2015

Era nuestra última noche y queríamos ver brillas el plancton así que a las diez de la noche, con la digestión bien hecha ya, algunos nos lanzamos al mar. ¿Por qué nunca había visto semejante maravilla? Seguro que quien ha visto brillar el plancton en la noche en medio del mar se burlará de mi en este momento pero les juro que para mi fue un descubrimiento absoluto y me divertí tanto que me sentía una niña pequeña con juguete nuevo.

Me di cuenta que no había perdido la capacidad de sorprenderme, que solo necesitaba un entorno nuevo, algo diferente, algo luminoso tal vez, que me hiciera despertar. ¿O me había despertado el agua de la catarata cayéndome en la cara? Esa noche, después de hacer brillar el mar con mi cuerpo, con mis piernas, mis manos y mis dedos, miré las estrellas, sentí el agua en mi piel, y me sentí viva. Y esa sensación fue maravillosa.

Plancton marino (foto prestada), Ko Rong Camboya
Plancton marino (foto prestada), Ko Rong Camboya

Un pasaje al paraíso: Sok San Long Beach en Ko Ron

Long Beach en Ko Rong es el paraíso. Esta mañana he visto uno de los mejores amaneceres de mi vida. Tan hermoso que se me ha quedado grabado en la retina. ¿Es real semejante belleza?

Amanecer en Sok San, Long Beach, Ko Rong, Camboya, Octubre 2015
Amanecer en Sok San, Long Beach, Ko Rong, Camboya, Octubre 2015

Ayer por la mañana llegábamos a Ko Rong desde Sihanoukville para disfrutar de un día increíble que quedará estampado a fuego en mi corazón. Sin embargo, la llegada no fue fácil. Al desembarcar en la isla nos encontramos con un puerto y una playa invadida por chiringuitos y bares de playa y mucha suciedad. Es ese el momento en que piensas que te has equivocado de isla o que las cosas han cambiado desde que alguien escribió aquel post sobre Ko Rong en su blog o un artículo en la Lonely Planet. Pero para nuestra sorpresa, aún no estábamos en la zona en la que teníamos reservado nuestro bungalow por 15 dolares la noche. Eso no era Long Beach.

Puerto principal de Ko Rong, Camboya, Octubre 2015
Puerto principal de Ko Rong, Camboya, Octubre 2015

Para llegar a Long Beach tendríamos dos formas: una un poco arriesgada cruzando la selva, con sus mosquitos, serpientes y bichos de todo tipo y la posibilidad de perdernos por no tener ninguna referencia más que el sol que tampoco se dejaba ver mucho. La segunda opción era tomar un taxi-boat por 30 dolares. Después de investigar un poco y descubrir que varios viajeros se pierden al intentar el camino de la jungla, decidimos la opción del bote taxi. Éste nos dejó en el muelle de Sok San, Long Beach tras unos veinte minutos aproximadamente.

Lavi y Romy camino a Sok San Long Beach en Ko Rong, Camboya, Octubre 2015
Lavi y Romy camino a Sok San Long Beach en Ko Rong, Camboya, Octubre 2015

¿Qué veían nuestros ojos? ¿Es esto una isla abandonada? A simple vista no parecía haber nadie. Todo parecía totalmente cerrado. El marinero nos dijo en su lengua que los bungalows que decíamos haber reservado, estaban cerrados. Empezamos a preocuparnos un poco, la verdad. Pero el chico que nos traducía a la vez que nos tendía la mano para subir al muelle, nos dijo que no había problema porque si estaba cerrado podía encontrarnos otro bungalow, que se lo hiciéramos saber. Nos indicó donde estaban los bungalows que decíamos y nos dirijimos hacia allí con nuestras mochilas.

Al llegar a los bungalows caminando por la arena con los pies en el agua, descubrimos que si todo iba bien tendríamos la playa para nosotras solas. Un camboyano en bermudas y sin camiseta, con los pelos despeinados, pocos dientes y las manos sucias de haber estado trabajando, nos atendió y nos tendió su teléfono móvil. Al otro lado, la voz de su jefe en Sihanoukville nos decía que su personal nos atendería pero que esperáramos un ratito a que limpiaran. Confirmamos precio y esperamos sentadas en lo que parecía haber sido un restaurante en otra época y ahora era algo así como el living room de una familia, lleno de ropa por todas partes. ¿Qué mas da mientras tengamos semejante playa como vistas?

Ko Rong, isla del sur, Camboya, Octubre 2015
Sok San, Long Beach, Ko Rong, isla del sur, Camboya, Octubre 2015

Cuando nos entregaron la pequeña habitación de madera, nuestro bungalow en Ko Rong por dos noches, quisimos volver a negociar el precio pero no fue posible. A cambio, conseguí una comida gratis en la casa de la familia que atiende los bungalows. Fue genial comer con ellos pero antes tuvimos otra experiencia con los locales que me despertó emociones encontradas.

Ofrendas del Pchum Ben's Day en la casa de la familia con la que comimos, Sok San Long Beach Bungalows, Ko Rong, Camboya
Ofrendas del Pchum Ben’s Day en la casa de la familia con la que comimos, Sok San Long Beach Bungalows, Ko Rong, Camboya

Estabamos asomándonos al camino detrás de nuestra cabañita, observando la selva, cuando desde una casa-kiosko nos llamaron. Estaban bailando y querían que bailemos con ellos. Y así lo hicimos. Bailamos al ritmo de la música camboyana que salía de un musical de TV. La familia entera bailaba con nosotros felices. Y yo me sentía feliz de poder compartir ese momento de fiesta con ellos.

Vista desde nuestro Bungalow en Sok San, Long Beach, Ko Rong, Camboya, Octubre 2015
Vista desde nuestro Bungalow en Sok San, Long Beach, Ko Rong, Camboya, Octubre 2015

Después de rechazar amablemente la cerveza que los camboyanos nos ofrecían para seguir festejando Pchum Ben’s day (como el año nuevo en Camboya) seguimos nuestro camino. Al instante nos encontramos con el hombrecito que nos había atendido al llegar a los bungalows que nos estaba avisando que la comida estaba lista. Nos llevó a su casa (el living room abierto que parecía haber sido restaurante en otra época) y comimos con la familia entera: mamá, papá, hija e hijo. Y perros incluidos. Lavi se reía de mí cuando empecé a comer la carne con la mano como ellos y me hizo una foto. Yo me lo estaba pasando genial. Más tarde, el hombre se pasó por nuestras cabañas, con dos cocos recién bajados del árbol y nos los regaló.

Hombre camboyano cortando coco para nosotras como regalo, Sok San, Ko Rong, Octubre 2015
Hombre camboyano cortando coco para nosotras como regalo, Sok San, Ko Rong, Octubre 2015

Terminé de comer y agradecí a la familia por la hospitalidad. Lavi y yo seguimos nuestro camino por la orilla del mar hasta encontrar unas reposeras con sombrilla frente al restaurante de un resort. Dejamos las cosas ahí y disfrutamos de uno de los mejores baños de nuestra vida. La arena blanca, las aguas cristalinas y tranquilas. Al fondo, las montañas con palmeras a un lado y el horizonte al otro.

Hamacas del Resort de Long Beach, Ko Rong, Camboya, Octubre 2015
Hamacas del Resort donde nos conectamos a wifi, Long Beach, Ko Rong, Camboya, Octubre 2015

Más tarde, caminando por Long Beach me encontré un niño que jugaba solo a la pelota. Su padre cubano, su madre japonesa. Hablamos en inglés y luego en español. Jugamos con la pelota un rato hasta que vino otro niño y se unió a mi. La suerte estaba a mi favor: el niño pequeño resultó ser un tremendo goleador. Ganamos el partido después de tres goles suyos y dos míos. Me despedí de ellos y volví al agua y a nadar.

No sabíamos donde cenar porque todo parecía cerrado menos el Resort, pero casualmente me crucé con un inglés y me indicó donde estaban los dos sitios de comida de este lado de la isla. Por 5 o 6 dolares podríamos comer muy bien. Y así fue. Esa noche, dos españoles que encontramos en el mar, una pareja alemana y Lavinia y yo, cenamos junto al hijo de los dueños del bar y otro familiar que vino a visitarlos y está ayudándoles con los quehaceres. El más joven, de 21 años, me cuenta que aprendió inglés con los clientes. Estaban encantados de estar con nosotros y nosotros con ellos. Nos acostamos después de las diez de la noche, cuando la electricidad en la isla se corta porque apagan los generadores. Nos fuimos a nuestros bungalows con la promesa de que al día siguiente Oha y Racha, los dos camboyanos nos llevarían a ver las Cataratas de la isla.

Termino de escribir este artículo desde el sofá de mimbre del restaurante de mis nuevos amigos camboyanos, después de haber visto uno de los mejores amaneceres que he visto en mi vida, después de haber visitado las Cataratas prometidas y de haberme reído hasta el infinito mientras el agua caía sobre mí formando un arcoiris. Creo que me he enamorado de este trozo de la isla de Ko Rong. Gracias isleños camboyanos por compartirlo conmigo.

Sok San Beach Restaurant, Ko Rong island, Cambodia, Octubre 2015
Sok San Beach Restaurant, Ko Rong island, Cambodia, Octubre 2015

Comer, jugar, caminar: un día en Sihanoukville

Dejamos Phnom Penh, la capital de Camboya, hace tres días. Viajamos en bus a Sihanoukville. Y dos días después, viajamos en ferry a Ko Rong, una isla a una hora de distancia. Ahora mismo estoy escribiendo estas notas desde mi cama en un bungalow a orillas del mar mientras escucho el sonido de los animalitos nocturnos de la selva que se confunde con el rugir de las olas y de los truenos de la tormenta que comenzó hace unas horas.

Atardecer tormentoso en Ko Rong, isla del sur de Camboya, Octubre 2015
Atardecer tormentoso en Ko Rong, isla del sur de Camboya, Octubre 2015

Este momento es fascinante. Tanto como mis charlas con camboyanos, los partidos de fútbol improvisados en la arena o el baile con camboyanos de esta mañana. A veces siento que estoy en una película o en un documental sobre la vida de los lugareños en Camboya y esa sensación me encanta.

Niñas camboyanas, camino Odres Beach, Camboya, Octubre 2015
Niñas camboyanas, camino Odres Beach, Camboya, Octubre 2015

Al llegar a Sihanoukville nos dimos cuenta que los traslados aquí serían caros, más que en Phnom Penh y mucho más que en Siem Reap. Tratamos de negociar con los conductores de tuk-tuk pero estaban empeñados en cobrarnos 5 dolares a cada una por llevarnos hasta nuestro hotel en Playa Odres. Al final uno se ofreció a llevarnos por 6 dolares las dos en moto y allá fuimos. En el camino, pudimos conversar un poco con el conductor y cuando mencionamos la pizza nos recomendó un restaurante de la ciudad donde aseguró nunca iba porque era demasiado caro para él. Estos detalles que nos van contando nos hacen recordar lo afortunadas que somos y agradecer a la vida las posibilidades que tuvimos y tenemos y que muchas veces olvidamos.

Playa Odres, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015
Playa Odres, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015

Cuando por fin nos instalamos en nuestro hotel, ya era de noche. Así que fuimos a cenar a un sitio que habíamos encontrado en tripadvisor, un bar de playa de lujo pero económico que se convertiría en nuestro lugar favorito de Playa Odres. Elegimos esta zona de la costa porque supimos que Serendipity se llena de mochileros con ganas de fiesta y nosotros queríamos calma. Y la encontramos. El entorno es idílico, el mar cristalino y la arena clara lo hacen aún más especial. Y poder tener wifi en la playa nos aseguró compartir con nuestros seres queridos aquel momento mágico de la noche.

Odres Beach por la noche
Odres Beach por la noche, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015

Al día siguiente, vimos amanecer sobre el río. Y nos fuimos a desayunar al mismo bar de la playa bajo las sombrillas de paja. Caminamos por la playa y disfrutamos del paraíso en la tierra. En esta caminata, empecé a conocer más gente local, como la empleada de unos bungalows que quiso hacerme unas fotos conmigo y luego mirar qué tal habían salido (por estos pagos les encanta esto, sobre todo a los jóvenes).

Joven camboyana y yo, Odres Beach, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015
Joven camboyana y yo, Odres Beach, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015

Más tarde, conoceríamos a un niño super inteligente y simpático llamado Hank que nos robó los corazones a todos los que lo conocimos aquel día. La verdad es que da pena que el niño esté obligado a vender brazaletes aunque el pobre se lo toma con gracia y se hace amigo de los clientes con los que se queda a tomar unos batidos o a comer algo si lo invitan. Más tarde jugaríamos al fútbol juntos en la arena y conocería a su madre, quien me aseguró que fuera de estos días de vacaciones, el niño siempre va a la escuela y que solo la ayuda estos días. Me alegré tanto por eso. El niño estaba aprendiendo inglés rapidísimo en la escuela.

Hank vendiendo brazaletes, Odres Beach, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015
Hank vendiendo brazaletes, Odres Beach, Sihanoukville, Camboya, Octubre 2015

Más tarde conocí a otra camboyana, una mujer llamada Winy, que se ofreció a depilarme con hilo, con una técnica local que me daba reparo probar porque sabía que me dolería pero que tras insistir la pobre mujer durante un buen rato, acabó por convencerme. Fue una experiencia curiosa, estar sentada en un sofá sobre la arena, rodeada de los bungalows en donde se hospedaban nuestros amigos suizos, y con la pierna extendida llena de talco para que Winy me depilase mientras me contaba historias de su familia y sus tres hijos. Más tarde me la encontraría y me contaría que gracias a que yo le deseé buena suerte al marcharse, había conseguido muchas clientas aquel día. Happy for you, Winy!

Mujeres camboyanas depilando con hilo, Odres Beach, Camboya
Mujeres camboyanas depilando con hilo, Odres Beach, Camboya, Octubre 2015

Desde los bungalows de nuestros amigos en Odres 2 teníamos que volver a Odres 1 caminando, durante media hora. En el camino, descubrimos que las playas entre medias no tienen resorts ni restaurantes, y al parecer son las preferidas por la gente local que seguramente disfruta más de la tranquilidad que nosotros. Todos fueron muy amables a nuestro paso. Algunos, incluso, se quisieron tomar fotos con nosotros, que por supuesto, aceptamos. Debe haber varias fotos nuestras en cámaras ajenas. La que sí figura en mi cámara es la foto que me tomé con la mamá de Hank después de charlar un rato entre camboenglish y señas.

Foto con mujer camboyana, mamá de Hank, Odres Beach, Camboya, Octubre 2015
Foto con mujer camboyana, mamá de Hank, Odres Beach, Camboya, Octubre 2015

Había sido un largo día pero aún me quedaban fuerzas para jugar al fútbol con Hank en la playa antes de ver uno de los mejores atardeceres que vi en mi vida. Después de eso, cenamos en el mismo bar y nos fuimos a dormir temprano.

 

Jugando al fútbol con camboyanos y viajeros, Odres Beach, Camboya, Octubre 2015
Jugando al fútbol con camboyanos y viajeros, Odres Beach, Camboya, Octubre 2015

Al día siguiente, sobre las 9 am teníamos que estar en el muelle de Sihanoukville para tomar el ferry a la isla Ko Rong. Y eso hicimos. Pero mejor lo cuento mañana…

Atardecer en Odres Beach, Suhanoukville, Camboya, Octubre 2015
Atardecer en Odres Beach, Suhanoukville, Camboya, Octubre 2015

Visita a The Killing Fields o un golpe de realidad

Visitar Phnom Penh, la capital de Camboya, fue un golpe de realidad a la vez que una experiencia nueva en este viaje por el Sudeste asiático. Por un lado, la ciudad me pareció hostil e insegura; pero por otro lado, volví a estar acompañada después de casi cuatro días sola y volví a hablar en español. Sin embargo, el verdadero golpe de realidad me vino de camino a Choeung Ek y al llegar allí cuando escuché la historia de los campos de exterminio y el genocidio camboyano de 1975 a 1978.

The Killing Fields o Cambos de exterminio en Phnom Penh, Camboya
The Killing Fields o Cambos de exterminio en Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

Phnom Penh es una ciudad donde no tenía casi planes más que encontrarme con Lavinia, una de mis mejores amigas en esta vida; encontrarme con Borey, un camboyano que conocí en India hace cinco años con el que hablo a veces por Facebook; hacer el trámite de visado a Vietnam; ver el Palacio Real, alguna pagoda o algún templo; callejear por la ciudad y tomar algo en un sitio que colabore con proyectos de inclusión social para niños o mujeres en riesgo. Y básicamente, hice todo y algo más.

Monumento a la Independencia de Camboya, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Monumento a la Independencia de Camboya, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

La llegada de Lavinia me alegró muchísimo porque podríamos compartir nuestras impresiones sobre el viaje por Asia y otros sentimientos que tenemos desde hace unos meses. Ver una cara amiga y hablar con la confianza que tengo con ella es un placer que pocas veces tenemos. Es algo que ella también sintió y lo cuenta en su blog La almendra viajera. Además, hablar en español con algunas mezclas de inglés me hizo sentir en casa y comprenderme a mí misma a través de sus ojos.

Ayer despertamos pronto y desayunamos en el hotel, cuyo personal nos tramitó el visado a Vietnam en el mismo día como “urgente” por ser vísperas de festivo (en Camboya estos días se celebra el Pchum Ben’s Day, día de ofrecer respeto a los seres queridos muertos y ofrecer comida a los espíritus). Después del desayuno, vino Borey, el chico camboyano, a saludarnos al hotel. Me contó más sobre este festival camboyano y me contó sobre su trabajo en una organización que lucha por los derechos humanos. Después de una larga charla sobre temas super interesantes, se ofreció en llevarme en la moto hasta el otro hostel al que nos trasladamos para pagar algo menos aquella noche. Fueron solo tres minutos en moto porque el hostel estaba al lado, pero fue super divertido montarme en una moto después de tantos años. Y yo que siempre voy caminando a todas partes, sentí una especial adrenalina.

Arroz sobre alfombras como ofrenda a los antepasados, Pchum Ben's day, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Arroz sobre alfombras como ofrenda a los antepasados, Pchum Ben’s day, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

Por la tarde, Lavinia y yo fuimos a ver el Monumento a la Independencia, el Palacio Real, el monumento a la amistad con Vietnam, la pagoda Botum Vattey, y el Wat Phnom. Hacía tanto calor que me sentía en una nube; estaba poniendo a prueba mis propias fuerzas y no estaba resultando bien. En el interior de la Pagoda, la gente celebraba; a los costados había una mujer y un hombre mendigando, otras personas colgando la ropa y otros solo yaciendo sobre el suelo sin más. De todas formas, se respiraba un ambiente místico que parecía incapaz de lograrse en esta ciudad tan caótica en las calles al atardecer.

Celebración de Pchum Ben's day en Botumvatey Pagoda, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Celebración de Pchum Ben’s day en Botumvatey Pagoda, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Celebrando con ofrendas el Pchum Ben's day en Pagoda Botumvatey, Phnom Penh, Camboya
Celebrando con ofrendas el Pchum Ben’s day en Pagoda Botumvatey, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

El recorrido por la ciudad resultó extenuante por el calor y la humedad insoportable, pero los smoothies que nos tomamos en Conecnting Hands, nos recuperaron por completo. Este café es un proyecto que destina sus ingresos a luchar contra la trata de mujeres y para evitar la exclusión social de antiguos niños de la calle. Así que los smoothies que nos tomamos fueron doblemente reconfortantes.

Fue ahí cuando decidimos ir a ver el campo de exterminio Choeung Ek, aunque en principio yo pensara que no íbamos a ver nada digno de visita. La verdad es que ver los campos de concentración fue algo impactante, como si retrocediera treinta años y me encontrara siendo testigo de aquellos horrores. Y también  fue el camino hacia allí lo que cambió mi perspectiva, un recorrido que debía durar 10 minutos y demoró 30 minutos.

Choeung Ek es uno de los “Killing fields” o campos de exterminio, que como en la Alemania nazi, servían de campo de concentración y trabajos forzados previos a la muerte. Fuimos hasta allí en tuk-tuk, atravesando la ciudad entera, observando la realidad de la capital camboyana desde nuestro cómodo asiento en el tuk-tuk. Motos que van y vienen, hombres y mujeres dirigiéndose hacia alguna parte esquivando al resto de la gente de la manera posible, kioskos ambulantes con olor a comida, basura al costado del camino, tuk-tuk que cruzan por el sentido contrario, algunas vacas que ralentizan nuestro camino compitiendo con los pozos de las calles sin asfaltar. ¿Es esta tu realidad, Camboya? ¿Es así como te gusta vivir o no te quedó opción porque el progreso te aplastó? ¿qué piensas? Cuéntamelo.

Vista desde el Tuk-tuk, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Vista desde el Tuk-tuk, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

Al llegar a los campos de concentración y exterminio humano de Choeung Ek nos dieron audioguías. Escuchar en español con voz queda y pausada los horrores que se vivieron allí me tocó la fibra sensible y las lágrimas no hicieron más que aflorar incontroladamente. ¿Por qué? ¿Por qué Pol Pot querría hacer tanto daño a su propio pueblo, a sus hermanos y vecinos? ¿Por pensar diferente o por puro placer asesino? ¿Qué es lo que mueve a un genocida a exterminar a otros seres humanos? ¿Qué es lo que hace que un soldado no se revele y mate a un bebé golpeándolo contra un árbol o aplastandole la cabeza? ¿Por qué? ¿Por qué tanta crueldad y tanto horror?

Fosa común en los campos de concentración de Choeung Ek, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Fosa común en los campos de concentración de Choeung Ek, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

Los pozos donde fueron cavadas las tumbas, los huesos que afloran a día de hoy a la superficie tras las lluvias, los cráneos que se enseñan como muestra de aquel horror, las ropas hechas jirones de niños asesinados, de hombres y mujeres inocentes que perdieron la vida sin saber porqué, fueron mi golpe de realidad.

Cráneos adultos en The Killing Fields, Choeung Ek, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
Cráneos adultos en The Killing Fields, Choeung Ek, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

De regreso, volviendo al bullicio de la ruta, a las bocinas, los motores de motos, camiones, tuk-tuk y coches, la gente hablando, riendo, viviendo, me quedo pensando en los gritos de los prisioneros que los jemeres rojos ahogaban con música de la revolución. ¿Acaso el ruido de la ruta no estará ahogando ahora mismo el grito desesperado de esa abuela camboyana que va pidiendo limosna o algo para comer  por las calles? ¿Acaso los gritos de los vendedores no acalla las voces de los que intentan gritarle al mundo su dolor? ¿Seremos tan sordos para no escuchar el grito ahogado del ser humano que sufre?

La casa de los espíritus, The Killing Fields, Choeung Ek, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
La casa de los espíritus, The Killing Fields, Choeung Ek, Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

Viajando por Camboya como local

Cuando salí de Siem Reap en mini van ayer por la mañana camino a Phnom Pehn sabía que tenía seis horas de viaje en un transporte estrecho y rodeada de camboyanos pero no fui consciente hasta qué punto esto me iba a marcar mi día y parte de la experiencia de mi viaje por Asia.

De Siem Reap a Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015
De Siem Reap a Phnom Penh, Camboya, Octubre 2015

Me tocó sentarme junto a dos camboyanas, una mujer mayor y otra joven. Al principio pensé que sería un viaje super interesante porque podría ir comentando con ellas sobre los paisajes y preguntando cosas ya que la gente acá es muy amable, pero al poco de salir de la ciudad, noté que pasaban de mi. Intenté preguntar alguna tontería a la mujer mayor y me sonrió sin responder. Bien, no habla inglés, lo capto. ¿Y ahora? ¿Cómo me comunico? La mujer más joven se durmió. Y al rato yo también me dormí.

Al cabo de dos horas y media, paramos a comer pero yo no tenía idea qué hacer así que seguí a la mujer mayor. Entramos en un restaurante de estos de ruta. Y cuando se dio cuenta que la seguía me indicó una mesa y se fue al baño. Me senté a la mesa y pedí mi desayuno/almuerzo. A los cinco minutos, la mujer mayor estaba sentándose a la mesa conmigo y sonriendo. Perfecto, quería compartir la comida conmigo. Yo feliz de poder entablar relación con ella aunque fuera a través de sonidos y gestos pero la cosa no pintaba fácil. Le pregunté qué era eso que tomaba (un líquido rosa en un vaso con hielo al que luego agregó leche de una lata) y me respondió con un nombre impronunciable. Bien, avanzabamos. Teníamos una conversación. Me ofreció su leche con cirope o algo así y la rechacé agradecida. Le ofrecí de mi comida y me dijo “ñam” y algo más que entendí como “no, come tú”. Ya sabía que “ñam” era comer porque me lo había enseñado mi amigo del tuk-tuk en Siem Reap así que fue fácil.

Salimos del restaurante gracias a que ella me avisó que estaban llamándonos. No sé que me dijo pero lo entendí con gestos. Salimos juntas. Y una vez en la mini van otra vez volví a intentar hablarle en inglés lentamente. Nada. No había caso, no entendía ni pronunciaba ni una palabra en inglés. Pero la sonrisa me reconfortó. Así que saqué mi guía de viaje y busqué en el apartado de idiomas el jemer, el idioma de Camboya. Busqué una frase fácil: “chhmoh robsa anak chea avei?” (¿Cómo te llamas?) pero creo que no debí haberla pronunciado bien porque me miró extrañada y tomó el libro en sus manos y leyó mi frase en jemer porque se ve que no entendía las letras de nuestro idioma. Y me dijo “Oh, Mom”. No podía llamarse de otra manera! Era genial: mom, como mamá en inglés. Era mi mamá camboyana.

Las horas pasaron y la mujer siempre estaba pendiente de mi, me ofreció sentarme con ella en un banco cuando bajamos en una estación de servicio y también me ofreció bebida y comida. Los demás me miraban y sonreían. Supongo que pensarían qué hace esta loca occidental tan lejos de su tierra acá viajando en una mini van por Camboya con nosotros. O quizás les hacía gracia mi forma de vestir. A saber! El asunto es que después de unas horas, la mujer joven me ofreció fruta en inglés. Sí! por fin! podría comunicarme. Empezamos a hablar de mil cosas. La fruta estaba buenísima, por cierto. Era algo parecido al lichi pero mas dulce y por fuera tiene una cáscara más dura.

Fruta: Rambutan o mamón chino, Camboya, 2015
Fruta: Rambutan o mamón chino, Camboya, 2015

La mujer joven y yo hablamos de nuestras vidas, de nuestras familias, de nuestros intereses, de la corrupción en Camboya, en España, en el mundo en general; hablamos de los salarios, de la situación económica del país, y de otras tantas cosas que nos venían a la cabeza. ¿Sabían que el salario mínimo en Camboya es de 150 dólares? Sin embargo, el costo de vida es mucho más alto. Y si un camboyano se quiere ir a vivir a otro país lo tiene muy difícil ya que el pasaporte cuesta 600 dólares y una visa de trabajo en un país vecino es muy difícil de conseguir. También me enteré que van a las fiestas de boda con vestidos super elegantes y que las bodas duran dos días y se come y baila mucho. Pero solo los ricos se van de viaje de luna de miel.

Comida y bebida en una Boda Camboyana
Comida y bebida en una Boda Camboyana – fuente: Google

Al cabo de un rato, la mujer mayor sacó un álbum de fotos y me mostró a su familia y empezó a explicarme quiénes eran. Obviamente no entendía nada así que necesité de la traducción de mi nueva amiga camboyana. Fue muy entretenido, la verdad. Terminamos las tres mostrándonos fotos de nuestras familias y riendo por las traducciones simultáneas. Aprendí a decir hermosa (“saat”) y recibí los mejores deseos de ambas de que mi viaje fuera bien y que pronto fuera bendecida con hijos. Nos despedimos con un “hasta pronto, espero volver a verte” y me sentí muy feliz por haber viajado con gente local y poder entenderlos un poco más.

Más tarde, paseando por Phnom Pehn, bajo un calor y una humedad insoportable, visitando el monumento a la Independencia camboyana de Francia, viendo pasar miles y miles de motos y tuk-tuk tocando bocina y cruzándose de un lado al otro, me acordé de ellas. De esas dos mujeres tan tranquilas que me transmitieron paz en mi viaje. Me quedé pensando en ellas, la mayor que me cuidó como si fuera mi madre aunque no entendiera una papa de lo que yo decía; y la joven que compartió conmigo su historia de vida, sus costumbres y sus preocupaciones. Pensaba en el amor que sienten por sus hijas, por su gente, en lo importante que es para ellas compartir un día con sus familias en el campo o viajar a otra ciudad para verlas. Me quedé pensando en ellas y en que al fin y al cabo no somos tan distintas. ¿No creen?

Qué hacer en Siem Reap (Camboya)

La mayoría de los viajeros va a Siem Reap para visitar el impresionante parque arqueológico de Angkor donde están los templos de Angkor Wat, la ciudad antigua de Angkor Thom, el Bayon y todos los templos que mencioné en el artículo Primeros días en Asia: los templos de Angkor. Sin embargo, Siem Reap también tiene algo que ofrecer al viajero y ayer lo descubrí paseando por la ciudad. Te lo cuento para que camines conmigo por estos pagos.

Después de un buen baño en la piscina del hostel y de una siesta divina, me calcé las zapatillas y me aventuré por la ciudad. Faltaba una hora para que oscureciera así que tenía que el paseo por el río y la visita a los templos en ese tiempo porque una vez que cayera el sol solo me animaría a estar en el centro de la ciudad, toda iluminada por carteles llamativos.

Paseo por el río Siem Reap, Camboya, octubre 2015
Paseo por el río Siem Reap, Camboya, octubre 2015

Al salir del hostel, los chóferes de tuk-tuk que me vieron empezaron a ofrecerme un viaje “tuk-tuk, lady, tuk-tuk”. “No, gracias” repetía yo una y otra vez. Caminé un poco más por calles de tierra hasta llegar a la asfaltada donde había negocios de ropa, electrodomésticos, talleres mecánicos, obras en construcción y miles de motos y tuk-tuk. Me seguían ofreciendo viaje pero estaba a cinco minutos de mi primer punto de visita y quería ir caminando. Viajar caminando, ese es mi lema. Así conozco más el lugar.

Calle asfaltada, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Calle asfaltada, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015

Primera parada: Wat Bo

Llegué al Wat Bo con un poco de miedo porque me crucé con muchos perros y a pesar de todo aún tengo un poco de miedo a los perros sueltos, pero los callejeros no fallan, suelen ser los más buenos. También tenía un poco de miedo porque todo el mundo me miraba pero es normal cuando atraviesas un barrio de camboyanos trabajando con tus pintas de extranjera total. Así que me relajé y me dejé llevar.

El Wat Bo es la Pagoda (un lugar de rezo y congregaciones religiosas, como una Iglesia) más antigua de Siem Reap. Cerca de allí, en otro edificio religioso, un monje estaba explicando algo que fui incapaz de averiguar. Afuera, los zapatos y zapatillas de los asistentes esperaban ansiosos. A un costado, un monje con su túnica naranja conversaba amablemente con un viandante. Mientras tanto, tres niños jugaban en el patio y me decían “Hello, hello”. Los saludé y me adentré hacia lo que supuse era la parte de atrás del Wat Bo. ahí me encontré con algo que no conocía: las estupas. Al parecer son construcciones budistas en forma de cono muy comunes en Asia (luego las veía a cada rato).

Wat Bo, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Wat Bo, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Estupas budistas del Wat Bo Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Estupas budistas del Wat Bo Siem Reap, Camboya, Octubre 2015

De ahí me fui caminando hasta el  y Wat Damnak y Centro de estudios Khmer que además de un templo, tiene estupas, pagoda, parque y aulas de estudio. Todo el rato que paseé por allí me acompañó una voz jemer, un rezo, que salía de unos altavoces en altura escondidos detrás de las estupas. Me sentí trasladada en el tiempo entre los sonidos de oración y los monjes de túnica naranja que me crucé (no hice fotos porque no quería molestarlos).

Wat Damnak y Khemer studies Siemp Reap, Camboya, Octubre 2015
Wat Damnak y Khemer studies Siemp Reap, Camboya, Octubre 2015

Cruzando el río, hice una parada para volver a comprar un pantalón de tela finita, que me encantan. La razón es que el pantalón que compré ayer no me entra. Esto fue en lo que llaman el viejo mercado de Siem Reap. Hice alguna comprita más, desatendiendo a los que me recomendaron de que no compre hasta el final de mi viaje. Eso sí, compré con regateo.

De ahí me paseé por el Wat Preah Promrath donde la gente estaba terminando de comer al fresco o mejor dicho, al aire libre, calentitos por los últimos rayos de sol de esta ciudad donde nunca parece hacer frío.

Wat Preah Promrath, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Wat Preah Promrath, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015

Cayó la noche cuando ya había llegado a la famosa calle Pub’ street. Tal como su nombre indica, es la calle donde se encuentran la mayor parte de los pubs, llenos de locales y turistas, disfrutando de la “Happy hour”, de la compañía de otros turistas y de comidas de todo el mundo.

Pub Street Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Pub Street Siem Reap, Camboya, Octubre 2015

En La Pub street me puse ayer a escribir el primer artículo de este viaje mientras me tomaba una cerveza bien fresquita por medio dolar. Me tomé otra en compañía de una viajera que conocí en los templos el día anterior y después cené en un mexicano con una pareja de españoles que conocí temprano. Con ellos cerraría la noche haciéndome masajes en un local cutre del centro por solo 5 dolares, pero de eso no tengo fotos.

 

 

Primeros días en Asia: Los templos de Angkor

 

Cuando inicié este viaje al Sudeste Asiático no me imaginaba escribiendo este relato desde un bar moderno de la calle Pub de Siem Reap en Camboya pero aquí estoy y aquí va mi primer artículo desde este increíble viaje que no ha hecho más que empezar.

Calle de los Pubs o Pub Street, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015
Calle de los Pubs o Pub Street, Siem Reap, Camboya, Octubre 2015

Llegué a Camboya, a Siem Reap, a mediodía. Sobre la visa y el pasaporte no comentaré nada en este artículo pero fue bastante pesado comparado con Bangkok en Tailandia. El asunto es que Mr Tok, el conductor de un tuk tuk, me esperaba a la salida del aeropuerto para llevarme al hostel. Hice rápido así que a las 13.30 Mr Tok y yo estábamos llegando a las puertas de Angkor Wat. Y a las 18 hs estábamos regresando al hostel después de haber apreciado los mejores templos que vi en mi vida.

Las ruinas siempre me han gustado (mi sueño de conocer Machupichu lo confirma) pero hasta hace poco no tenía idea de la existencia de Angkor Wat ni de ningún otro templo de Camboya. Pero ahora sé porqué algunos viajeros lo comparan con Machupichu o Petra: arquitectura milenaria magnífica e impresionante.

Angkor Wat, Camboya, Octubre 2015
Angkor Wat, el templo más grande del mundo, Camboya, Octubre 2015

¿Por dónde empiezo?

No sé si es fácil decidir por donde empezar a recorrer Angkor Wat y los demás templos cercanos a Siem Reap así que yo me dejé llevar por el chófer del Tuk tuk del hostel, Mr Tok, mi amigo camboyano. Como ayer era mi primer visita, hicimos el circuito chico y hoy, con más tiempo, el circuito grande.

Primer día: circuito chico de Angkor

Ayer, en el primer día lo primero que visitamos es Angkor Wat, el edificio religioso más grande del mundo. Luego, fuimos al Bayon, en Angkor Thom donde las 54 torres con caras desprenden un misterio inexplicable; y finalmente el Ta Prhom, donde la jungla se come literalmente los templos, conocido por algunos por haber sido escenario de la película Tom Raider (y el preferido de mi mamá).

Dicen que El Angkor Wat es el cielo en la tierra y símbolo nacional de los jemeres. Fue obra de Suryavarman II (1113-1152), el monarca que unificó Camboya. A mí me pareció impresionante pero es el más turístico y lo aprecié menos que los demás. Sin embargo tuve una curiosa experiencia: me acerqué a un Buda de piedra al que la gente estaba rezando, me ofrecieron tres inciensos, los encendí en la vela y se los di de ofrenda al Buda. Después de eso un monje me ofreció una pulsera tejida que iba anudando en mi muñeca según oraba por mi. Aquí además conocí a una chica estadounidense, descendiente de sudamericanos con la que hice buenas migas enseguida.

Buda en Angkor Wat, Camboya, Octubre 2015
Buda en Angkor Wat, Camboya, Octubre 2015

En el corazón del Angkor Thom, al que volví hoy, está el Bayon, templo budista de Javayarman VII. Tiene 54 torres decoradas con los 216 rostros de Avalokiteshvara, de fría sonrisa (y parecido con el Rey según la guía Lonley Planet). Me encantó cómo se reflejaba el sol en esas curiosas caras mientras yo me perdía en su mirada. ¿Adónde miran los rostros de Bayon?

Torres y rostros de Bayon en Angkor, Camboya, Octubre 2015
Torres y rostros de Bayon en Angkor, Camboya, Octubre 2015

Por último, y no menos importante, visité el Ta Prhom. Este lo recorrí en una hora y algo pero fue una visita magnífica porque uno de los guardias del templo se ofreció a indicarme donde podía tomar las mejores fotos de los árboles invadiendo la piedra. Cierto es que al final de la visita me pidió limosna pero fue grato contribuir a su poder adquisitivo después de haber sido un excelente guía dentro de Ta Phrom. El único inconveniente que tuve es que salí por el lado opuesto al que entré y no pude regresar porque cerraron tras de mi, a las 17.30 hs. Así que tuve que ir caminando por la ruta dándole la vuelta a la enorme muralla dentro de la cual se encuentra el templo y la selva que lo cubre. Por suerte el chofer de mi tuk-tuk me vio y vino a buscarme antes de que terminara de dar la vuelta.

Arbol invadiendo Templo Ta Prhom Camboya, Octubre 2015
Arbol invadiendo Templo Ta Prhom Camboya, Octubre 2015

Segundo día: circutio grande

Quería ver el amanecer en Angkor Wat pero Mr Tok me dijo que había muchos turistas y que me llevaría cerca pero a un lugar mejor. Vi el amanecer sobre el río, cerca de Angkor Wat y terminé de ver salir el sol desde el templo Pre Rup antes de continuar hacia Banteay Kdei y Srah Srang, donde pude apreciar el sonido del entorno a la vez que sus hermosos colores matutinos. Los templos estaban desolados al ser entre las 5 y las 6 am. Sobre todo Pre Rup donde a pesar de subir escaleras altísimas, y quedar agotada, las vistas me dejaron impresionada.

Fue un momento íntimo increíble. El paisaje, el entorno aún no tan caluroso y el silencio me invitaban a reflexionar.

Templo Pre Rup, Camboya, Octubre 2015
Templo Pre Rup, Camboya, Octubre 2015

El viaje estaba resultando como lo había soñado. Sentía la paz que venía buscando.

Mujeres pescando en Sranh Srang, Camboya, 2015
Mujeres pescando en el río Siem Reap, junto a las ruinas de Sranh Srang, Camboya, 2015

En Banteay Kdei iba caminando por un costado del templo cuando vi una mujer camboyana preparando el desayuno. Me quedé contemplándola en silencio con sus ollas sobre el fuego, tan tranquila. Pero al cabo de un rato fui descubierta por uno de los hombres de la casa que estaba con sus amigos y se acercó en una moto a hablar conmigo y enseñarme un instrumento musical hecho de caña por él mismo. Me gustó tanto que se lo compré. Y anduve un buen rato haciendo música por el camino. Me despedí de ambos con una sonrisa y un “Or-kuh” improvisado (gracias, en camboyano).

Elefante en templo Banteay Kdei, Camboya, 2015
Elefante en templo Banteay Kdei, Camboya, 2015

No fue mi única compra. En Sranh Srang un ratito antes varias niñas me habían acosado al sonido de “un dólar, un dólar” que no me abandonó hasta el final del recorrido. No les compré a esas niñas sino a la madre de un niño que previamente se interesó por mí (de dónde venía, adonde iba, cómo me llamaba, etc.) y me regaló una pulsera invitándome a visitar la tienda de su madre. La verdad es que comprar cosas a niños me da reparo y nunca lo hago porque me gustaría verlos en el cole y no vendiendo, pero bueno, en muchos países está bien visto ayudar a los padres trabajando aunque seas pequeño y aunque me gustaría, en realidad, no siempre podemos cambiar las cosas.

Mi paseo en Tuk tuk y caminata de hoy continuó por el Eastern Mebon, Ta Som y Neak Pean, donde el edificio no es gran cosa pero merece la pena caminar sobre el camino de madera que atraviesa el río. Es un paisaje maravilloso. Y si de ayudar hablamos, se puede hacer una donación a un grupo de músicos con ciertas incapacidades físicas, que tocan música camboyana de maravilla.

Camino de madera sobre el río hacia el Templo Neak Pen
Camino de madera sobre el río hacia el Templo Neak Pean, Camboya, Octubre 2015

Mi paseo de hoy llegaba al final en el templo Prah Khan, donde disfrute como loca de hacer fotos ya que conocí a una pareja de españoles que les gustaba mucho ser fotografiados. Encantadores ellos me hicieron sentir como en casa. Prah Khan es el templo que más me gustó. No sé si porque parecía estar menos conservado, más invadido por la jungla o porque encontré también cierta soledad al final del pasillo central que parecía nunca acabar. O quizás porque jugué un rato a ser Indiana Jones. Ahí me quedé un buen rato, alejada de los turistas, pensando en las maravillas que puede ser capaz de construir el ser humano.

Templo Prah Khan, Camboya, Octubre 2015
Templo Prah Khan, Camboya, Octubre 2015
Jugando a ser Indiana Jones en Templo Prah Khan, Camboya, Octubre 2015
Jugando a ser Indiana Jones en Templo Prah Khan, Camboya, Octubre 2015

Antes de volver al hostel, después de casi cinco horas de paseo, entre caminata, desayuno y traslados en tuk-tuk, pedí a Mr Tok si podía llevarme de nuevo a Angkor Thom. Esta vez quería ver la terraza de Elefantes y el Baphuon, un antiguo templo de montaña de 25 metros de alto. Las vistas son muy bonitas desde lo más alto pero desearía que los escalones para bajar no hubieran sido tan estrechos. De todas formas, disfruté la visita y conocí dos israelíes que me preguntaron por el Buda grande y los acompañé a verlo, justo entre el Baphuon y Bayon, donde repetí una vez más el ritual de la ofrenda.

Baphuon en Angkor Thom, Camboya, Octubre 2015
Baphuon en Angkor Thom, Camboya, Octubre 2015

Y así doy por terminado mi primer artículo sobre este viaje al Sudeste Asiático, esta experiencia única, que agradezco a la vida el lujo de poder vivirla. Or-Kuhn (Gracias)