Chiang Mai, entre fogones y elefantes

En las últimas dos semanas he estado en Tailandia con David, mi compañero de vida, así que me he tomado unas vacaciones de la escritura. Pero ya estoy de regreso y les voy a contar nuestras aventuras por Chiang Mai, en el norte de Tailandia.

David y Rominita en Chiang Mai, Tailandia, 2015
David y Rominita en Chiang Mai, Tailandia, 2015

Tailandia es uno de esos países que asocias con vacaciones y en tu cabeza resuena la playa y las aguas cristalinas, pero es más que eso. Es tierra de elefantes y de grandes recetas de cocina. Y qué mejor que conocer ambas cosas en el norte, en Chiang Mai.

Elefante de piedra en un templo de Chiang Mai, Tailandia, 2015
Elefante de piedra en un templo de Chiang Mai, Tailandia, 2015

En Chiang Mai pasamos cuatro días aunque uno de ellos prácticamente en cama por mi intoxicación alimentaria. Son cosas que pasan cuando comemos o bebemos algo a lo que nuestro cuerpo no está acostumbrado pero te trastocan las vacaciones bastante. Agradezco que David estuviera a mi lado esos días. A pesar de todo, el tiempo en Chiang Mai fue maravilloso.

Templo, Chiang Mai, Tailandia, 2015
Templo, Chiang Mai, Tailandia, 2015

Chiang Mai está llena de templos budistas y aunque había visto muchos, siempre encuentro alguno que me vuelve a sorprender. Con David nos dedicamos una tarde entera a recorrer la ciudad y entrar y salir de templos, buscando las siete diferencias. Aproveché uno en especial para mostrarle a David las formas en que los monjes budistas meditan tal como me habían enseñado en Luang Prabang. También le expliqué la importancia de los dragones a la entrada de los templos y en la decoración de sus techos para protegerlos. Y disfrutamos juntos de esta cultura asiática que ya se me hacía familiar.

Altar de buda en un templo de Chiang Mai, Tailandia, 2015
Altar de buda en un templo de Chiang Mai, Tailandia, 2015

Cuando me recuperé, fuimos a una “cooking class” en el campo. La comida tailandesa nos gusta mucho y queríamos aprender sus secretos así que reservamos una excursión que incluía visita al mercado local para comprar los ingredientes y unas clases de cocina en una granja ecológica a las afueras de Chiang Mai.

Curry en el mercado de Chiang Mai, Tailandia, 2015
Curry en el mercado de Chiang Mai, Tailandia, 2015

En el mercado local los olores se mezclan. Los distintos tipos de “curries” colorean las mesas (verde, rojo, amarillo) y juegan con otras especias a ver quién se mete primero en nuestras narices y en nuestros ojos junto con las verduras de todas formas y tamaños.

Entorno de la granja ecológica, Chiang Mai, Tailandia, 2015
Entorno de la granja ecológica, Chiang Mai, Tailandia, 2015

El entorno de la granja ecológica resultó fascinante: lleno de palmeras junto a un lago. El sol empezaba a caer cuando nos colocamos para la clase de cocina tailandesa que nuestro “master chef” personalizado nos estaba a punto de dar. Libro de recetas en mano, empezamos con el postre: mango con arroz glutinoso.

Rominita cocinando comida tailandesa, Chiang Mai, Tailandia, 2015
Rominita cocinando comida tailandesa, Chiang Mai, Tailandia, 2015

Sopa, Pad Thai, pollo en salsa de albahaca, y pollo con “currie”. Cada plato tiene su secreto de preparación y el cocinero estaba dispuesto a revelarlo. Nosotros, los aprendices occidentales, disfrutamos como niños jugando a ser “Master chef” por un día. “Vamos, vamos, a la sartén”, “Vamos, vamos, más fuego”, “listo, apaguen el fuego”. A las órdenes del Chef fuimos aprendiendo. Y por último, a degustar todos nuestros platos satisfechos del trabajo realizado. Qué gusto da prepararse uno mismo la comida!

Un día con los elefantes

Chiang Mai nos guardaba una experiencia más: pasar el día con elefantes en un refugio. Lo decidimos así nosotros. No queríamos montar elefantes que sufren dolor por tener que llevarnos en sus espaldas a dar un paseo con los metales que le colocan para hacernos sentir cómodos. Queríamos conocer los elefantes pero de una forma diferente. Y lo conseguimos.

Rominita con los elefantes en el refugio, Chiang Mai, Tailandia, 2015
Rominita con los elefantes en el refugio, Chiang Mai, Tailandia, 2015

Estar cerca de un elefante es fascinante. Uno puede imaginarlo pero nada es comparable con la realidad. Son grandes. Y hermosos. Son desconfiados pero si se les da la confianza necesaria pueden ser muy cariñosos. Me encantó darles de comer los plátanos y acariciarlos en los mofletes. Y para terminar la velada, bañarlos en el río para sacarles las costras. Nos lo pasamos genial con ellos y con nuestra visita contribuimos a que el centro pueda seguir cuidando de ellos para que no vuelvan a ser maltratados ni sufran de sus enfermedades.

Después de cuidar a los elefantes, comimos y nos fuimos de trecking a ver unas cataratas. Estaban llenas de gente así que no nos bañamos. Lo que sí hicimos fue rufting por el río que resultó complicado porque éramos un equipo pesado pero nos divertimos mucho y al final una balsa de bambú nos esperaba para terminar el viaje por el río.

Trecking por la selva hacia las cataratas, Chiang Mai, Tailandia, 2015
Trecking por la selva hacia las cataratas, Chiang Mai, Tailandia, 2015

Y esas fueron nuestras aventuras en Chiang Mai. Ambos días terminamos paseando por el mercado nocturno, el del sábado y el del domingo, parecidos entre sí pero a la vez diferentes. Como gustan decir por estos pagos, “Same, same, but different”.
Próximo destino: Ao Nang, Ko Phi Phi y Ko Lanta

Vientiane, entre templos y budas

Una tarde, un día entero y medio día más en Vientiane, la capital de Laos, me parecieron un siglo. Se me hizo eterno el calor, la humedad, la falta de paisaje para recorrer y la espera de mi partida a Bangkok al encuentro con David.

Monumento en Vientián, Laos, 2015
Estatua de Quai Fa Ngum  frente al río, Vientian, Laos, 2015

La capital de Laos, Vientián, es un lugar tranquilo, con no tantos coches y motos como podría verse en la capital de Vietnam o Camboya, pero lo que mata es el calor húmedo que te aplasta. Me era imposible encontrar una esquina o una sombra de corriera un poco el aire.

Wat Maxai, Vientiane, Laos, 2015
Wat Maxai, Vientiane, Laos, 2015

En Vientián visité algunos templos que imaginarán que después de un mes y una semana recorriendo el Sudeste Asiático ya me parecen todos iguales pero me gusta ponerme a jugar a sacar las 7 diferencias y siempre les hago unas fotos y de vez en cuando entro y trato de meditar.

Wat Si Saket, Vientiane, Laos, 2015
Wat Si Saket, Vientiane, Laos, 2015

A diferencia de otros templos, el Sisaket, que está al lado del Palacio de gobierno de Laos, tiene una colección de budas que rodean el patio del templo que me pareció muy curiosa de ver. Además había algunos tramos a la sombra que me permitieron refugiarme del sol.

Colección de Budas, Templo Sisaket, Vientiane, Laos, 2015
Colección de Budas, Templo Sisaket, Vientiane, Laos, 2015

Aunque el calor no invitaba a pasear también me fui caminando hasta la Puerta de la Victoria o Patuxai, que es un como el arco del triunfo francés y no pega mucho con la arquitectura del lugar pero es bonito y está en un parque que da un poco de aire a la ciudad.

Patuxai o Puerta de la Victoria, Vientiane, Laos, 2015
Patuxai o Puerta de la Victoria, Vientiane, Laos, 2015

De Patuxai decidí que ya que estaba en el baile iba a bailar así que seguí caminando hasta el Pha That Luang, donde está la stupa dorada gigante, un monumento del cual están orgullosos los laosianos. Cuando llegué ya estaba cerrado pero pude darle una vuelta por fuera y sí que es llamativo.

Pha That Luang o Gran Stupa, Vientiane, Laos, 2015
Pha That Luang o Gran Stupa, Vientiane, Laos, 2015

Como para pasar el tiempo y conocer algo más de la ciudad, el día que tenía entero me fui al Parque Buda que data del año 1958 y que tiene un montón de esculturas de hormigón no solo de Buda sino de otras figuras y dioses. La más llamativa es la de la entrada con forma de calabaza con un árbol sobre ella. A esta se puede acceder por una boca gigante.

Boca de entrada a la calabaza gigante, Parque Buda, Vientiane, Laos, 2015
Boca de entrada a la calabaza gigante, Parque Buda, Vientiane, Laos, 2015

Del Parque Buda otra estatua que me gustó mucho fue la del Buda gigante en posición de meditación acostado. Pero había otras muchas más con formas raras y curiosas que hacen interesante la excursión a este parque, que dicho sea de paso es una de las pocas cosas que encontré para hacer en Vientián.

Estatua Buda acostado, Parque Buda, Vientiane, Laos, 2015
Estatua Buda acostado, Parque Buda, Vientiane, Laos, 2015

Mi visita a la ciudad terminó prácticamente esa noche con un paseo por el mercado nocturno, por la feria donde los locales tiran dardos a los globos y por el río donde me encontré con mujeres haciendo tai chi con música colombiana. Un momento muy surrealista.

Mujeres practicando ejercicios frente al río, Vientiane, Laos, 2015
Mujeres practicando ejercicios frente al río, Vientiane, Laos, 2015

El último día, entre la ansiedad de la espera del bus que me llevaría a Bangkog y el calor que hacía poco hice más que pasearme por el mercado de día, que está repartido entre tres o cuatro edificios que por momentos huelen a té, y que es como un laberinto del que casi no salgo. Y esa fue mi despedida de Vientián y de Laos.

Próximoi destino: Chiang Mai, en Tailandia, con David 🙂

Vang Vieng sin tubing ni alcohol

Mis expectativas sobre Vang Vieng eran bajas. Había leído sobre el “tubing” y cómo habían muerto una veintena de personas en 2011 debido a practicarla borrachos. Y también tenía entendido que era el típico pueblo fiestero donde costaba encontrar paz. Sin embargo, Vang Vieng me gustó mucho y la disfruté sin beber ni hacer tubing, que consiste en lanzarse con una especie de neumático por el río.

Cruzando el río por el puente de madera, Vang Vieng, Laos, 2015
Cruzando el río por el puente de madera, Vang Vieng, Laos, 2015

¿Qué hacer en Vang Vieng que no sea tubing o beber? De todo un poco. En mi caso, decidí darme una vuelta por el pueblo temprano por la mañana, cruzar el río por el puente de madera y admirar las montañas.

Paseando junto al río, Vang Vieng, Laos, 2015
Paseando junto al río, Vang Vieng, Laos, 2015

Tuve que volver de mi paseo porque el calor era asfixiante. Por suerte, la noche anterior había conocido una chica holandesa que me ofreció ir con ella y otros viajeros a la laguna azul y a ver unas cuevas. Así que a la hora acordada, nos subimos a las motos y allá fuimos.

Blue Lagoon, Vang Vieng, Laos, 2015
Blue Lagoon, Vang Vieng, Laos, 2015

La zona de la laguna azul es más fresca seguramente debido a los árboles que dan sombra. Además un chapuzón en el agua al tirarme con la tirolesa, me refrescó totalmente. Hay bastante gente pero pudimos apreciar el entorno y disfrutar del baño antes de seguir rumbo a las cuevas.

Camino a la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015
Camino a la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015

El camino a la cueva entre las montañas resultó ser de lo más exótico. Caminamos por la jungla, donde por momentos aparecía el camino, y por momentos se perdía, hasta que encontramos la entrada a la cueva indicada con una flecha roja en la piedra.

Entrada a la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015
Entrada a la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015

Dentro de la cueva, trepamos por unas rocas y nos adentramos con linternas más allá de lo que alcanzaba nuestra vista. Y de repente nos topamos con una estatua de buda con sus típicos adornos. Si no la hubiéramos iluminado con las linternas no la veíamos.

Estatua de Buda dentro de la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015
Estatua de Buda dentro de la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015

Seguimos hacia dentro de la cueva y nos encontramos con algo menos agradable: arañas. Al principio eran pequeñas y podíamos continuar. Después vimos un murciélago pero seguimos adentrándonos hasta que de repente el camino estaba bloqueado por piedras y junto a ellas una araña enorme.

Araña en la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015
Araña en la cueva, Vang Vieng, Laos, 2015

Al salir de la cueva, volvimos a la ciudad. Los chicos querían ir a ver una catarata pero yo prefería caminar por la ciudad ahora que había bajado un poco el sol. Me fui a recorrerla.

Paseando por el río, Vang Vieng, Laos, 2015
Paseando por el río, Vang Vieng, Laos, 2015

Crucé por otro puente, caminé junto al río, volví, me tomé un zumo de frutas y me perdí un poco por la ciudad. En el camino me encontré un templo con un buda muy bonito dentro de un templo cuyo nombre no conseguí averiguar pero el entorno lo hacía más bello y de repente me pareció que me sonreía.

Buda dorado en un templo, Vang Vieng, Laos, 2015
Buda dorado en un templo, Vang Vieng, Laos, 2015

Seguí caminando y terminé volviendo al hotel por la carretera principal donde ya se empezaban a verse puestos de comida ambulante que suelen poner cuando está por caer la noche para que cenen tanto turistas como locales. No salí de fiesta ni hice tubing pero me lo pasé muy bien el día entero en Vang Vieng. Al día siguiente mi bus salía temprano.

Carretera principal de la ciudad, Vang Vieng, Laos, 2015
Carretera principal de la ciudad, Vang Vieng, Laos, 2015

Siguiente destino, último de Laos y último en solitario: Vientián.

Luang Prabang, la ciudad de los monjes

Era mi segundo día en Luang Prabang, ciudad del norte de este país llamado Laos. Tenía muchos planes para ese día. Quería sacarle el máximo rendimiento a esta ciudad que tanto me estaba gustando. Así que mi día empezó a las 6 am. Y esto es una crónica de ese día.

Me desperté a las 6 am y me vestí. Medio sonámbula empecé a caminar por la calle principal de Luang Prabang hasta llegar al centro para ver la procesión de los monjes en su ritual mañanero de la limosna. ¿En qué consiste? los monjes salen de sus templos y caminan en silencio por la calle recolenctando las ofrendas que la gente les da, especialmente alimentos. No es algo turístico sino una tradición ancestral. De hecho se repite esta escena en zonas de la ciudad adonde los turistas no acceden.

Monjes budistas en su ritual mañanero de la limosna, Luang Prabang, Laos, 2015
Monjes budistas en su ritual mañanero de la limosna, Luang Prabang, Laos, 2015

Después de ser testigo de ese ritual de los monjes budistas partí para mi siguiente parada: el bar Utopía. Bajé hacia el río, entré por una calle siguiendo el cartel “Utopía” y empecé a perderme. Era temprano y no había nadie para preguntar así que intenté seguir mi instinto: hacia delante. No doblé en ningún momento por si acaso. Y volví a encontrarme con otro cartel de Utopía. Ya me estaba pareciendo una utopía en sí misma la existencia del bar cuando por fin di con él pero las puertas del Bar Utopía a las 7 am estaban cerradas.

Siguiendo el rastro del Bar Utopía, Luang Prabang, Laos, 2015
Siguiendo el rastro del Bar Utopía, Luang Prabang, Laos, 2015

¿Por qué iba buscando este bar tan temprano? porque a las 7.30 se suponía que había clases de yoga y yo quería volver a experimentar el yoga después de tres años sin practicarlo (pilates no cuenta). Al cabo de unos minutos de esperar, un chico salió y me dijo que sí que había clases en el jardín frente al río y que podía esperar dentro. Eso hice y al rato llegó mas gente y nos reunimos todos mirando hacia el río, respitando el aire fresco de la mañana, listos para nuestra clase de yoga que resultó más difícil de lo que recordaba.

A las 8.30 terminó la clase y me fui a mi siguiente parada: la lavandería. Tenía cita a las 9 am para recuperar mi ropa que la chica que no hablaba una papa de inglés había tenido a buen recaudo y limpita durante la noche. Pagarle no fue fácil porque no tenía cambio y se fue a recorrer media ciudad para conseguirlo y al final tuve que ir yo a comprar agua para conseguirle cambio. Pero bueno, entre medias desayune en mi hostel de backpackers como tenía previsto y conversé con gente simpática con la que seguiría compartiendo lindos momentos de ese día y del día siguiente.

No todo el que deambula está perdido, frase en una pared del hostel, Luang Prabang, Laos, 2015
No todo el que deambula está perdido, frase en una pared del hostel, Luang Prabang, Laos, 2015

A las 11.30 vino a buscarnos la mini van que nos llevaría a mi y a otro chico del hostel con más gente a las Cataratas Kouangxi de Luang Prabang. El chico era de Manchester y resultó una grata compañía en la aventura de ese día en la que me había embarcado por no soportar el calor de la ciudad en las horas pico. Cuando me metí al agua fresquita de las cataratas, se me olvidó todo el calor que pasé el día anterior y esa mañana. Y la belleza del entorno lo hacía aún mas especial.

Cataratas Kouangxi, Luang Prabang, Laos, 2015
Cataratas Kouangxi, Luang Prabang, Laos, 2015

Si en Luang Prabang hay muchos templos, normal que haya monjes budistas por todas partes, pero no pensaba encontrármelos en las cataratas y mucho menos tomándose una selfi. Pero así fue y me reí sola un rato de solo imaginarme al monje comprando el palo selfi. ¿O se lo habrán regalado? En fin, que no estaba yo preparada para ver tanta modernidad en los monjes y como yo otros tampoco. Así que les hicimos fotos para registrar ese momento tan curioso.

Monje budista haciéndose una foto selfie, Luang Prabang, Laos, 2015
Monje budista haciéndose una foto selfie, Luang Prabang, Laos, 2015

Al llegar a la ciudad, quería descansar e irme al teatro local a escuchar a unos cuentistas que iban a relatar la historia de la ciudad en inglés. Invité a alguna gente del hostel y allá fuimos: un canadiense, una francesa y yo. Llegamos y estaba cerrado ese día así que nos fuimos al mercado nocturno a cenar. ¡Y cómo cenamos! y lo barato que es (1,5€ por plato). Y el ambiente de bullicio entre locales y turistas es genial.

Comida del mercado nocturno, Luang Prabang, Laos, 2015
Comida del mercado nocturno, Luang Prabang, Laos, 2015

Al día siguiente, me di un paseo por el río, tranquilo, intentando no perderme los detalles de mi alrededor, de cómo vive la gente local, de los que limpian la ciudad, de los que salen a hacer las compras, de los que preparan la comida, de todos y del paisaje natural que se me antojaba tan lindo esa mañana.

Paseando por el río, Luang Prabang, Laos, 2015
Paseando por el río, Luang Prabang, Laos, 2015

Y volví a hablar con un monje. Esta vez tenía solo 17 años y era muy dulce. Me enseñó a meditar, me enseñó las distintas formas de meditación, y me explicó cómo tengo que hacer para que la meditación salga de verdad. Lo más importante es centrarse en la respiración y así evitar pensar en cualquier cosa que no sea la respiración. Estuve intentándolo varias veces en este viaje pero parece es complicado. De todas formas vale la pena intentarlo así que sigo en ello…

Monjes budistas del Templo Vat Son Sickharam, Luang Prabang, Laos, 2015
Monjes budistas del Templo Vat Son Sickharam, Luang Prabang, Laos, 2015

Paseando por Luang Prabang

Hoy tuve un día único. De esos que jamás olvidaré. Y lo curioso es que pasé casi todo el día sola y sin hablar. Lo crean o no, así fue. Y aunque mi cabeza no para de pensar ni aunque esté haciendo meditación la experiencia del silencio es muy gratificante. Pero antes de hablar de eso, me gustaría contar el día maravilloso que pasé en Luang Prabang.

Calle tranquila, Luang Prabang, Laos, 2015
Calle tranquila, Luang Prabang, Laos, 2015

Estoy en Luang Prabang, en un país llamado Laos del que muchos de mis amigos como yo hasta hace un tiempo no han oído hablar jamás. Es un país que ocupa la mitad del territorio de España pero con una enorme diversidad cultural y natural. Luang Prabang está en el norte y es muy verde.

Al despertarme solo tenía clara una cosa, en esta ciudad hay miles de templos así que me quiero hartar de ellos. Y eso hice. Pero antes me pasó una cosa curiosa. Sentada a la mesa para desayunar dos chicas me contaron que iban a ir a visitar el centro Big Brother Mouse donde colaboran con los niños menos favorecidos y si podían darían una clase de inglés. Fue un poco decepcionante llegar y encontrarse que había más profesores que alumnos. Pero bueno, ya tendremos oportunidad de enseñar inglés en otro lado.

Big Brother, Luang Prabang, Laos, 2015
Big Brother Mouse, Luang Prabang, Laos, 2015

Como tenía planeado, me fui a dar una vuelta por la calle principal donde se encuentran no solo los restaurantes, cafés y locales de agencias de viaje sino también los templos. Unos una calle más abajo o mas arriba pero mas o menos todos en hilera. Me dirigía hacia el más grande y famoso que está al final de la calle, justo antes de que el río haga una curva, pero antes me topé con unos monjes budistas trabajando. Curioso para mi ya que pensé que no realizaban trabajos de construcción.

Monjes budistas trabajando, Luang Prabang, Laos, 2015
Monjes budistas trabajando, Luang Prabang, Laos, 2015

Contra más caminaba por Luang Prabang más me gustaba la ciudad. Puedo caminar por las aceras, cosa que en Vietnam no. Puedo cruzar la calle sin problemas porque el tráfico de motos y coches no es caótico. Puedo seguir mi camino sin ser perseguida por miles de vendedores ya que en Laos te ofrecen pero no insisten. Me cruzo con decoraciones hermosas según voy avanzando. No hay edificios deplorables sino casitas bajas muy cuidadas. Y sobre todo, escucho el silencio la mayor parte del tiempo. Y eso me encanta.

Serpientes plateadas, Luang Prabang, Laos, 2015
Serpientes plateadas, Luang Prabang, Laos, 2015

El primer templo en el que entré fue el de Souvannakhiri donde había una exposición sobre la importancia de la meditación en la cultura religiosa de Luang Prabang. Lo que más me llamó la atención son las lámparas de papel de colores fuera del templo bordeando el techo. Dentro, como siempre, un Buda dorado en el centro del “altar” con sus correspondientes ofrendas y la almohada para apoyarse al rezar.

Templo de Souvannakhiri, Luang Prabang, Laos, 2015
Templo de Souvannakhiri, Luang Prabang, Laos, 2015

El segundo templo que visité fue el más grande, famoso y antiguo de Luang Prabang: Wat Xieng Thong. La entrada al recinto se paga 20.000 kips que son unos 2€ aproximadamente. No hay solo un Templo sino también las habitaciones de los monjes que viven allí, una sim o capilla cuyos tejados llegan al suelo, varias “stupas” y tres capillas. La que más me llamó la atención fue la Hohng Kep Mien que casi como si fuera un galpón guarda la carroza ceremonial que transportaba las urnas funerarias de oro de la realeza de Laos. Las “nagas” o serpientes de lenguas rojas le dan el acabo. Al fondo, budas de todos los tamaños me observaban y yo a ellos.

Budas en Wat Xieng Thong, Luang Prabang, Laos, 2015
Budas en Wat Xieng Thong, Luang Prabang, Laos, 2015

Seguí caminando y entré al Templo  Pak Kanun Khammgkhun, tan blanco como el primer templo al que entré. Y también tenía al lado el establecimiento donde duermen y una especie de living donde comen los monjes.

La calle llegó a su fin y la que curzaba estaba totalmente vacía. El silencio era absoluto. Solo se escuchaba el barrer del señor de la limpieza. Y agudizando el oído la corriente del río. Me acerqué al mirador y me quedé un rato mirando el río, viendo cómo los obreros estaban construyendo un puente de bambú hacia el otro lado del río. Lo construyen cuando termina la estación de lluvias.

Ladera del río donde construyen el puente de bambú, Luang Prabang, Laos, 2015
Ladera del río donde construyen el puente de bambú, Luang Prabang, Laos, 2015

El río invitaba a bordearlo así que me lancé a la caminata por su ladera. De cuando en cuando me encontraba un barcito chill out improvisado casi sobre el río. Al otro lado de la calle, hostales, guesthouse y casitas coloniales francesas. Las calles estaban vacías. Se respiraba una tranquilidad absoluta.

Calle vacía junto al río, Luang Prabang, Laos, 2015
Calle vacía junto al río, Luang Prabang, Laos, 2015

Me metí en el templo Sensoukharam que encontré callejeando porque las indicaciones de los locales no eran muy acertadas. El templo era bonito pero mas o menos igual a todos. Pero en este se encontraba la clave de lo que me pasaría después por la tarde-noche.

Templo Sensoukharam, Luang Prabang, Laos, 2015
Templo Sensoukharam, Luang Prabang, Laos, 2015

Me asomé a lo que enseguida noté que eran habitaciones. Fuera, un monje con su traje naranja cerraba con hilo lo que parecían unas escrituras sagradas. Me acerqué sin invadirlo demasiado y le pregunté qué eran. Efectivamente, eran sus lecturas del rezo. Me contó que rezan dos veces al día, a las 4.30 am y a las 5.30 pm. Aprovechando la cercanía le pregunté sobre la meditación y si sabía donde podía practicarla. Me dijo, en el templo Pha Phai a las 6 después de la oración los monjes meditan y puedes unirte. Tomé nota y le comenté “usted se ve feliz, cómo lo hace?” y me dijo “tu también te ves feliz, lo veo en tu cara, tienes una sonrisa hermosa”. Al oírlo me emocioné. De verdad, creo que entendí la felicidad.

Monje budista posando serio para la foto, Luang Prabang, Laos, 2015
Monje budista posando serio para la foto, Luang Prabang, Laos, 2015

Después de hablar con el monje seguí caminando y visité más templos, el SikhounMuan, el Ban Xieng Muan y otro donde había varias mujeres fuera armando paquetes de comida y enseres para la casa. No sé bien de qué se trataba pero parecía beneficiencia.

Templo Xieng Muan, Luang Prabang, Laos, 2015
Templo Ban Xieng Muan, Luang Prabang, Laos, 2015

Por la tarde, me fui a visitar el Palacio Real y su museo que tal como me habían advertido no tiene mucho que ver mas que las habitaciones de los reyes y sus hijos y regalos de China, Vietnam Tailandia, Camboya, Estados Unidos, Rusia, etc. como jarrones y vajilla. Nada se puede fotografiar. De hecho hay que dejar cámaras y bolsos en el guardarropa. Y como siempre, hay que entrar descalzo.

Museo y Palacio Real de Luang Prabang, Luang Prabang, Laos, 2015
Museo y Palacio Real de Luang Prabang, Luang Prabang, Laos, 2015

Al salir del Museo, me compré un jugo de frutas natural en un puesto de la calle y me fui a recorrer un poco más el centro de Luang Prabang antes de dirigirme a la colina de Phu Si para apreciar la ciudad desde arriba.

Vasos preparados para hacer jugo de frutas, Luang Prabang, Laos, 2015
Vasos preparados para hacer jugo de frutas, Luang Prabang, Laos, 2015

La colina Phu Si está en el medio de Luang Prabang y tiene más de 300 escalones. Al llegar, descansé en unos bancos de cerámica mientras admiraba las impresionantes vistas de la ciudad. Luang Prabang me pareció más hermosa aún si cabe.

Vistas desde el monte Phu Si, Luang Prabang, Laos, 2015
Vistas desde el monte Phu Si, Luang Prabang, Laos, 2015

La idea era ver el atardecer en Phu Si pero estaba lleno de gente así que recorrí un poco la zona, me lo pensé dos o tres veces y contra más se acercaba la hora más llegaba la gente y yo más me agobiaba. Así que decidí irme, vi el atardecer de camino hacia abajo pero preferí eso antes que estar en medio del gentío desesperado por una foto.

Descendiendo las escaleras del monte Phu Si, Luang Prabang, Laos, 2015
Descendiendo las escaleras del monte Phu Si, Luang Prabang, Laos, 2015

Cuando llegué abajo, ya estaba la calle ocupada por las tiendas del mercado nocturno así que aproveché para hacer algunas compritas. Regateé sonriendo y al final todos me hicieron descuentos. Más tarde volvería al mercado y me lo recorrería entero.

Mercado nocturno, Luang Prabang, Laos, 2015
Mercado nocturno, Luang Prabang, Laos, 2015

Eran casi las seis de la tarde cuando entré en el templo de Pha Phai tal como me había recomendado el monje. Delante estaban los monjes rezando mientras uno recitaba con micrófono la oración. Detrás, una mujer laosiana intentaba seguir las oraciones y un hombre occidental parecía en la misma situación que yo. A las seis se quedaron en silencio y comenzó la meditación. Y no es que yo no pensara en nada pero lo intenté y al menos por algún que otro minuto lo logré. La luz de la vela me ayudaba a abstraerme de todo, a aprovechar de ese momento mágico junto a los monjes budistas. Y el silencio se apoderó de mí llenándome de paz aunque sea por un momento. Me sentí bendecida.

Templo Pha Phai donde medité con los monjes, Luang Prabang, Laos, 2015
Templo Pha Phai donde medité con los monjes, Luang Prabang, Laos, 2015

Mi experiencia en Sapa y los pueblos de montaña de Vietnam

Muchos viajeros me recomendaron ir a Sapa, un pueblo en la montaña al norte de Vietnam donde las mujeres de diferentes etnias se unen al viajero en una excursión hacia sus pueblos rodeados de campos de arroz. Viví esta experiencia en Sapa, pasé la noche en la casa de una familia en Lao Chai y viví uno de los mejores momentos de mi viaje ahí.

Tren en Lao Cai, cerca de Sapa, Vietnam, 2015
Tren en Lao Cai, cerca de Sapa, Vietnam, 2015

El trecking comenzó a las 9 am. Desde Sapa iríamos hasta Lao Chai, un pueblo precioso en la montaña, acompañados por las mujeres de la etnia hamong con sus atuendos negros con detalles en colores y sus bebés a las espaldas.

Mujer de etnia hamong con su bebé, Sapa Town, Vietnam, 2015
Mujer de etnia hamong con su bebé, Sapa Town, Vietnam, 2015

El paisaje del camino a penas se veía entre la espesa niebla pero podía apreciarse su belleza. Por momentos la ruta se volvía difícil, resbaladiza, compleja. Y pensé en el paralelismo con la vida: a veces el camino es complicado y hay que tener mucho cuidado donde se pisa porque puede ser resbaladizo y llevarnos al precipicio. Pero no siempre se puede ir con cuidado, a veces hay que tomar riesgos confiando en quien conoce el terreno y aferrarse a la mano que te tienden. También es importante rodearse de buena gente, el camino será más agradable con ellos a tu lado.

Camino a Lao Chai desde Sapa, Vietnam, 2015
Camino a Lao Chai desde Sapa, Vietnam, 2015

Después de ocho horas caminando, con una parada para comer, llegamos a Lao Chai, agradecidos de la ayuda que recibimos por parte de las mujeres de las etnias minoritarias del norte en cada paso que dimos por sus tierras. Una ducha caliente fue reconfortante. Las papas fritas con las que nos agasajaron antes de comer también. La noche terminó con una cena vietnamita, con la familia entera brindando con vino de arroz por el encuentro entre viajeros y locales, por la comida y por el buen rato que pasamos juntos.

Brindando con vino de arroz en la casa de la familia, Lao Chai, Vietnam, 2015
Brindando con vino de arroz en la casa de la familia, Lao Chai, Vietnam, 2015

Al día siguiente, después de desayunar, vimos cómo un grupo de voluntarios de una escuela internacional de Singapur araba la tierra del vecino. Mientras tanto, yo jugaba con el niño de la familia que era muy simpático.

El peque de la familia, Lao Chai, Vietnam, 2015
El peque de la familia, Lao Chai, Vietnam, 2015

El sol salía con pereza por el horizonte y anunciaba un día espectacular de trecking de regreso a Sapa. Y el anuncio se hizo realidad. Hacía calor y estábamos agotados pero el paisaje precioso nos hacía avanzar con ganas.

Campos de arroz, Lao Chai, Vietnam, 2015
Campos de arroz, Lao Chai, Vietnam, 2015

El camino de regreso fue un poco más fácil que el del día anterior pero también caminamos por estrechos pasajes junto a las terrazas de arroz inundadas, esquivando la caída en ellas. Caminamos por en medio de la jungla de bambús y por rocas resbaladizas que terminaban en una cascada muy bonita.

Cascada en la montaña, Lao Chai, Vietnam, 2015
Cascada en la montaña, Lao Chai, Vietnam, 2015

Pasamos por pueblos donde las mujeres estaban tiñendo la ropa de color azul oscuro casi negro. Los niños nos saludaban, las mujeres nos sonreían, los perros nos observaban. Nuestro adorable guía nos contó que tiñen su ropa después de elaborarlas ellas mismas. Hacerse esa ropa les lleva meses y solo lo hacen las mujeres.

Fuente donde tiñen su ropa las hamong, alrededores de Sapa, Vietnam, 2015
Fuente donde tiñen su ropa las hamong, alrededores de Sapa, Vietnam, 2015

Bajamos por tierras coloradas hasta llegar a un puente que cruza el río en una imagen idílica que se quedará grabada en mi memoria. El viaje a las montañas del norte de Vietnam llegaba a su fin y aunque estaba agotada me sentía muy feliz.

Puente que cruza el río en los alrededores de Sapa, Vietnam, 2015
Puente que cruza el río en los alrededores de Sapa, Vietnam, 2015

Después del puente, quedaba una subida más donde creí que ya no podría avanzar, me sentía tan cansada y sin aire que necesité varias pausas para terminarla. Llegué exausta y mareada. Era difícil explicar en inglés mi sensación pero el grupo lo entendió y me acompañó dándome ánimos. Llegamos al refugio en unos minutos y una buena comida fue mi medicina.

El resto del camino hacia Sapa lo hicimos en una mini Van así que en vez de ocho horas fueron cinco. Cuando mis amigos chilenos llegaron al hotel nos abrazamos como si no nos hubiéramos visto en días. Lo que habíamos vivido en la montaña nos había marcado. Las mujeres hamong pequeñitas, con a penas unas sandalias de plástico en sus pies, cargando con sus canastas o bebés, atravesando caminos complicados y resbaladizos, tendiéndonos la mano a cada paso, ayudándonos a llegar al destino. Fue muy emocionante. También lo fue charlar con ellas y saber cómo viven y cómo se sienten. Fue una experiencia tan linda que volvería a repetir.

Panorámica de los campos de arroz, alrededores de Sapa, Vietnam, 2015
Panorámica de los campos de arroz, alrededores de Sapa, Vietnam, 2015

Un crucero por la Bahía de Halong

Había visto fotos de la Bahía de Halong. Había oído hablar de su creación legendaria. Había leído anécdotas sobre los cruceros que la visitan. Pero nada se parece a la propia experiencia así que allá fui.

Fue mi primer día sin la compañía de mi amiga Lavinia, así que volvía a viajar sola, aunque la realidad es que la pareja de chilenos que conocimos en Hoian venía conmigo en el barco así que fueron mis grandes compañeros de viaje los dos días de crucero.

Mis amigos chilenos, Puerto de la Bahía de Halong, Vietnam, 2015
Mis amigos chilenos, Puerto de la Bahía de Halong, Vietnam, 2015

Había leído anécdotas bastantes negativas sobre la excursión a la Bahía de Halong como gente que encuentra cucarachas o garrapatas en su cama o que es mordida por los monos de una isla. A mi por suerte no me pasó nada de esto pero el barco era el más viejo y feo de la Bahía aquel primer día.

Lemon Cruise, barco donde pasamos la noche, Bahía de Halong, Vietnam, 2015
Lemon Cruise, barco donde pasamos la noche, Bahía de Halong, Vietnam, 2015

Al entrar al barco por la cocina no pude ver que existía una entrada principal lo cual me preocupó que estuviéramos entrando de contrabando en un barco donde no debíamos estar o algo así. Imaginación mía aparte, el hecho de ser solo siete personas en el barco y el aspecto tétrico del mismo, asustaba un poco a todos. Más tarde nos daríamos cuenta que no estábamos solos: un grupo de jóvenes neozolandeses habitaban el barco desde el día anterior.

Interior del Crucero, Bahía de Halong, Vietnam, 2015
Interior del Crucero, Bahía de Halong, Vietnam, 2015

Las vistas desde mi cuarto eran preciosas: la ventana daba a un lado del barco y la puerta al otro. Tenía dos vistas. La experiencia de dormir sola en un crucero en el mar iba a ser fascinante pero antes avanzamos un poco más con el barco hasta llegar a una zona donde paran casi todos los cruceros. El nuestro, por cierto, era el Lemon Cruise.

Aunque el día estaba nublado y fresco, pudimos hacer kayak en los alrededores de la playa a la que el barco nos llevó. No estaba tan linda el agua para nadar pero mereció la pena hacer el esfuerzo de remar para admirar el paisaje desde el kayak.

Al volver a la playa, aproveché a dar un paseo por la orilla y descansar antes de volver a la barca que nos llevaría de regreso al Crucero para prepararnos para la cena. Por suerte, en la cena nos encontramos con más gente, que llevada un día en el barco ya. Esa noche, todos cantamos y aplaudimos con el Karaoke.

Noche de Karaoke en el Crucero, Bahía de Halong, Vietnam 2015
Noche de Karaoke en el Crucero, Bahía de Halong, Vietnam 2015

Al día siguiente, el sol había querido salir así que pudimos ver las piedras o islotes de la Bahía de Halong con más precisión. El paisaje es hermosísimo y merece la pena la visita. Es cierto que por una noche de crucero puede ser caro pagar 120 USD pero no hay demasiadas opciones si uno quiere conocer esta maravilla de Vietnam.

Navegando en la Bahía de Halong, Vietnam, 2015
Navegando en la Bahía de Halong, Vietnam, 2015

Más tarde fuimos a una cueva donde no entendí nada de lo que explicaron. A veces pasa que el inglés de los vietnamitas no se entiende bien. Nuestro guía se esforzó muchísimo pero no se le entendía bien.

Cueva en la Bahía de Halong, Vietnam, 2015
Cueva en la Bahía de Halong, Vietnam, 2015

La excursión de dos días a la Bahía de Halong terminó con una rápida clase de cocina en el pequeño salón del barco. Preparamos rollitos de primavera que luego comeríamos como parte del almuerzo.

La experiencia de pasar una noche en el medio del mar sola en una habitación que se mece entre grandes rocas que puedo ver desde mi ventana, fue increíble. También los paseos durante ambos días. Y fuimos afortunados de ver el paisaje en día nublado y en día soleado. Ambos preciosos. Eso sí, el día soleado me permitió descansar un rato en la terraza del barco mientras dejaba que mi cuerpo se bronceara un poco más.

@rominitaviajera tomando el sol en Bahía de Halong, Vietnam 2015
@rominitaviajera tomando el sol en Bahía de Halong, Vietnam 2015
Vista de la Bahía de Halong, Vietnam, 2015
Vista de la Bahía de Halong, Vietnam, 2015

Excursión a Tam Coc y Hoa Lu

Desde Hanoi, la capital de Vietnam, hacia el sur nos dirigimos hacia la provincia de Ninh Binh para visitar la antigua ciudad imperial de Hoa Lu y los paisajes de Tam Coc. Como es una excursión que no tenía en mente me sorprendió y me gustó muchísimo.

La parada en Hoa Lu también fue inesperada para mí. Y aunque los templos que se encuentran en pie son pequeños y nada extravagantes a mi parecer, merece la pena la visita a las ruinas de esta ciudad solo por el paraje que las rodean. Eso sí, hacía tanto calor que la visita se volvió insoportable.

Puerta de entrada a Hoa Lu, Ninh binh, Vietnam, 2015
Puerta de entrada a Hoa Lu, Ninh binh, Vietnam, 2015

En Tam Coc la situación es distinta porque las aguas del río Ngo Dong dan sensación de frescor cuando se las navega. Además se nubló y eso evitó que el calor fuera sofocante.

Embarcadero de Tam Coc, Ninh Binh, Vietnam, 2015
Embarcadero de Tam Coc, Ninh Binh, Vietnam, 2015

Navegamos por el río en una barca conducida por un vietnamita que manejaba los remos con los pies. Y no era el único. También varias mujeres manejaban los remos con los pies con una fuerza que no imagino como tendrán las piernas al final del día. Admirable.

Mujer vietnamita manejando la barca con los pies, Tam Coc, Vietnam, 2015
Mujer vietnamita manejando la barca con los pies, Tam Coc, Vietnam, 2015

El paisaje no tiene desperdicio. Son pequeñas colinas verdes que se elevan sobre las aguas del río, entre arrozales y hojas de la flor de loto flotando. Se respira una paz absoluta.

Paisaje de Tam Coc, Ninh Binh, Vietnam, 2015
Paisaje de Tam Coc, Ninh Binh, Vietnam, 2015

Atravesamos cuevas donde casi tenemos que agachar la cabeza y terminamos el recorrido donde hay varias barcas estacionadas que ofrecen al turista refrescos y comida. De regreso, el sol se asomó y pudimos ver el paisaje con otros ojos.

Atravesando una cueva, Tam Coc, Ninh vinh, Vietnam, 2015

Cuando volvimos a la zona donde habíamos embarcado, nuestra guía nos llevó a elegir una bicicleta para dar la vuelta a Tam Coc, lo cual resultó otra experiencia genial.

@rominitaviajera montando en bicicleta, Tam Coc, Vietnam, 2015
@rominitaviajera montando en bicicleta, Tam Coc, Vietnam, 2015

Atravesamos caminos estrechos, barrosos, en medio de arrozales y paisajes bellísimos. También vimos a un hombre pescando en el río que nos saludó amablemente. Y por último hicimos una parada donde la guía nos dio una semilla para que chuparamos y al ponerla en nuestra boca, explotó. ¡Qué susto me pegué! Pero cómo nos reímos!

Vietnamita pescando en el río, Tam Coc, Vietnam, 2015
Vietnamita pescando en el río, Tam Coc, Vietnam, 2015

El camino siguió por paisajes hermosos hasta que alcanzamos la ruta principal y volvimos al centro donde habíamos subido a las barcas. El día de excursión se había terminado. Volvíamos a Hanoi. Fabuloso.

Hanoi, una ciudad en movimiento

Hanoi es mucho más que la capital de Vietnam, es mucho más que la base para tomar el tren a Sapa o visitar la Bahía de Halong. Hanoi es una ciudad para vivirla, para recorrerla y reírse con ella. Es una ciudad llena de vida. Una ciudad en movimiento.

Una esquina cualquiera, Hanoi, Vietnam, 2015
Una esquina cualquiera, Hanoi, Vietnam, 2015

Cuando mi amiga Lavinia me dijo que yo eligiera qué quería hacer o ver en Hanoi no lo dudé, le dije “demos una vuelta”. Me encanta conocer las ciudades de esa forma y luego mirar en el mapa por donde anduve o buscar aquel el lago que quizás no encontré.

Sin pausa pero sin prisa, caminamos por la ciudad. Lo primero que pensé esa mañana fue ¡está lleno de ferreterías! y lo segundo ¡¿Cómo puede haber tanta gente desplazándose de un lado al otro tan temprano?! Como respuesta, obtuve el constante movimiento de la ciudad que me ignoró por completo. Si quería entenderla, tenía que seguir caminando.

Ferretería, Hanoi, Vietnam, 2015
Ferretería, Hanoi, Vietnam, 2015

Había visto en fotos una pagoda en el medio de un lago más grande así que quise ir a conocerlo. Ubicamos en el mapa el lago y estaba muy cerca. Allá fuimos. Es linda la imagen de la pagoda en el medio del lago y seguramente sea interesante acceder al puente que está antes y conocer su historia pero yo quería conocer la ciudad a través de su gente así que seguimos nuestro camino.

Pagoda en medio del lago Hoan Kiem, Hanoi, Vietnam, 2015
Pagoda en medio del lago Hoan Kiem, Hanoi, Vietnam, 2015

El lago me encantó. Al ser sábado hay muchísimos jóvenes divirtiéndose en grupo o besándose en pareja. Los grupos de amigos van todos juntos y a los gritos y se ríen cuando nos cruzan. Unos, incluso se quisieron tomar fotos con nosotros y darnos la mano como si fuéramos famosas. Querían practicar su inglés así que nos hicieron preguntas de rutina y siguieron su camino riendo.

Grupo de adolescentes, Lago Hoan Kiem, Hanoi, Vietnam, 2015Grupo de adolescentes, Lago Hoan Kiem, Hanoi, Vietnam, 2015
Grupo de adolescentes, Lago Hoan Kiem, Hanoi, Vietnam, 2015

De repente, una mujer me agarró de la mano sin soltar con su otra mano el teléfono móvil desde donde salía la música que ella estaba bailando. “1, 2, cha, cha, chá!” gritaba y me indicaba que le siguiera el paso. “1, 2, cha cha chá” bailaba otra vez y me sonreía. Me dejé llevar y me reí tanto. ¡Cuánta energía mañanera! Creo que tengo que apodar a esta ciudad la ciudad enérgica y en movimiento. Al rato, nos despedimos de ella y seguimos nuestro camino.

Mujer bailando el Chá chá chá, Hanoi, Vietnam, 2015
Mujer bailando el Chá chá chá, Hanoi, Vietnam, 2015

Entre vendedores de tarjetas de papel hechas a mano con dibujos exquisitos, adolescentes riendo, niños dando sus primeros pasos, abuelas haciendo yoga, conocimos a la gente de la ciudad.

Mujeres vietnamitas bailando en el Lago Hoan Kiem, Hanoi, Vietnam, 2015
Mujeres vietnamitas bailando en el Lago Hoan Kiem, Hanoi, Vietnam, 2015

Aprovechamos también el lago para sentarnos en un improvisado bar en un costado y reflexionar el tiempo viajado juntas. Era el último día de Lavinia conmigo así que hicimos un poco de catarsis. Fueron veinte días juntas y daba para mucho. Cuando estás de viaje todos los sentimientos se intensifican y valoras mucho más todo. En mi caso creo que aprendí a valorar lo que soy, lo que tengo y a los que me rodean. Al final, como predico en mi otro blog, se trata de disfrutar la vida hoy, no?

Márgenes del lago Hoan Kiem, Hanoi, Vietnam, 2015
Márgenes del lago Hoan Kiem, Hanoi, Vietnam, 2015

Más tarde le tocó el turno al centro, a las callecitas angostas, a la zona donde nos hospedamos. Dimos vueltas y nos sentamos a comer. A los cinco minutos, empezó a llover. La suerte estaba de nuestro lado. Quizás, pararía para cuando termináramos de comer. Pero cada vez llovía más y nos tuvieron que trasladar dentro. Compartimos mesa con una pareja mayor de italianos que hacían el viaje por Vietnam al revés, hacia abajo. Conversamos hasta que nuestro “ginger tea” se acabó y la lluvia paró. De camino al hotel, visitamos una pagoda con influencias chinas.

Interior de una Pagoda, Hanoi, Vietnam, 2015
Interior de una Pagoda, Hanoi, Vietnam, 2015

Hacía unos días que no nos dabamos masajes así que una duchita, una siesta y un masaje parecían la despedida perfecta para la viajera que se vuelve a Europa. Los masajes resultaron más caros que en el resto de Vietnam pero más baratos que en España, claro está. Yo me hice algo de reflexología para mimar a mis pobres órganos. Y así relajaditas nos fuimos en busca de un licuado de frutas a pie de calle para seguir observando la vida de la ciudad. Ahora nocturna y con más turistas. Un vendedor de globos, una señora que vende pastelitos dulces. Todo fluye. Hanoi en movimiento.

Vietnamitas comiendo a pie de calle, Hanoi, Vietnam, 2015
Vietnamitas comiendo a pie de calle, Hanoi, Vietnam, 2015

Quedamos con nuestros recientes amigos chilenos y nos fuimos a cenar, a las mini sillitas y mesitas de las calles, a la calle más caótica, al bullicio, adonde la gente local invade las esquinas y el centro de la calle también, para comer y beber. Todo es un caos, se escuchan risas, gritos, comandas, saludos, y más risas. La vida social en Hanoi es aún más intensa si cabe que en Ho Chi Minh. Y el movimiento continúa mientras nosotros disfrutamos de unas sabrosas tapas vietnamitas antes de irnos a recorrer el mercado nocturno, tomar un helado y a dormir. Y todo fluye…

Con nuestros amigos chilenos cenando, Hanoi, Vietnam, 2015
Con nuestros amigos chilenos cenando, Hanoi, Vietnam, 2015

Próximo destino: Bahía de Halong.

Anécdotas de un día en Hué

Hue es una ciudad que está entre Hoian y Hanoi. Nuestra última parada antes de llegar al destino de nuestro ticket abierto que es Hanoi, la capital de Vietnam. Y básicamente fuimos por esta razón pero si me preguntaran si Hue es un punto imprescindible en un viaje a Vietnam diría que no, a menos que les gusten muchos los edificios imperiales.

Advertencia: posiblemente después de un mes viendo templos me cueste maravillarme con ellos.

Acceso a la ciudadela, Hué, Vietnam, 2015
Acceso a la ciudadela, Hué, Vietnam, 2015

Llegamos a Hue por la tarde, justo antes que oscureciera y como siempre al llegar a una estación de buses, los conductores de moto-taxi nos rodearon con sus preguntas: “Where are you from? Hotel? You already booked? moto?”. Lavinia cerró un acuerdo con uno de ellos y nos fuimos para el hotel. Al llegar, el hombre nos pedía el doble. Al parecer hubo un malentendido y quería 50.000 dongs por cada una, que son 4 euros en total. Para la distancia corta que habíamos hecho era un montón pero por no seguir discutiendo le dimos el dinero.

Cuando una piensa que se acabaron los inconvenientes y malos entendidos, ahí aparece otro. Este no es nuestro día. Entramos al hotel y nos dicen que nuestro hotel se llama igual pero es el 2. Sí, en Vietnam a veces copian los nombres de hoteles que tienen buena clientela y le ponen 2 para llevarse algo de reputación del original. El nuestro era la copia y estaba supuestamente a 300 metros pero en Hue hay muchas diagonales y calles pequeñas que de repente terminan en otra o giran totalmente. Tardamos un buen rato en volver a encontrar nuestro hotel.

El hotel era de calidad muy baja pero la joven familia se esforzó en atendernos y se reían cuando jugábamos con su niña que resultó ser pura simpatía.

Jugando en el hotel, Hué, Vietnam, 2015
Jugando en el hotel, Hué, Vietnam, 2015

Buscando el hotel nos habíamos encontrado a un colega vasco que habíamos conocido días atrás en otra ciudad subiendo por la costa de Vietnam. Así que nos esperó y nos fuimos a cenar. El restaurante estaba en Tripadvisor donde leí que alguien había pedido recomendación al camarero y había sido una exelente comida. Así que lo intenté. La camarera no hablaba inglés pero entre varios se fueron a buscar al camarero que hablaba inglés y le asignaron nuestra mesa. Le pedí recomendación y me sugirió tres platos de los cuales elegí el tofu con champiñones caramelizados que resultó una exquisitez. Al final de la cena terminaría regalándonos un mousse de chocolate y nos tomamos un té en unas tazas de porcelana que me recordaron a la bisabuela Isabel.

Porcelana tradicional, Hué, Vietnam, 2015
Porcelana tradicional, Hué, Vietnam, 2015

Al día siguiente, teníamos solo la mañana y el comienzo de la tarde para ver Hue porque a las 4 de la tarde teníamos que estar listas en la oficina de la compañía que nos llevaría a Hanoi, nuestro destino final en Vietnam con el “open bus ticket”. ¿Qué ver en Hué? Básicamente, la ciudadela, la ciudad antigua amurallada que tiene partes en ruinas y partes reconstruidas y que a diferencia de otras ciudades amuralladas que he visto en Europa, en esta no vive gente sino que es solo para visitar. Allá fuimos.

De camino a la ciudadela, cruzamos el río por un puente enorme. Atravesamos calles repletas de gente desayunando en sus mesas y sillas bajitas que recuerdan a las de pre-escolar. Caminamos por la ciudad y por los márgenes de la muralla descubriendo que la vida de Hué está fuera de ella: mujeres cocinando, tomando el desayuno, preparando a los chicos para ir al colegio, hombres conversando sentados en sus motos. Todo un paisaje. Incluso adolescentes haciendo encuestas sobre Halloween. Sí, tal cual, al parecer en el colegio les habían pedido que entrevisten a turistas sobre cómo se festeja Halloween en sus países y nos tocó a nosotras. Dos veces. Fue divertido. Nos grabaron con el móvil y todo.

Cruzando el río, Hué, Vietnam, 2015
Cruzando el río, Hué, Vietnam, 2015
Caminando por los alrededores de la ciudadela, Hué, Vietnam, 2015
Caminando por los alrededores de la ciudadela, Hué, Vietnam, 2015

La ciudadela tiene edificios curiosos, algunos bonitos, otros no tanto. Merece la pena visitarla. Se paga una entrada de más de 100.000 dongs pero si estás en Hué hay que verla para conocer un poco el pasado de esta ciudad cuyo recinto imperial que data de 1805 es Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Puerta de la Ciudadela, Hué, Vietnam, 2015
Puerta lateral de la Ciudadela, Hué, Vietnam, 2015

Primero se atraviesa la muralla tras cruzar la fosa a través de alguno de los puentes de acceso. Una vez dentro de la muralla, si se quieren visitar los templos y demás edificios imperiales, hay que pagar la entrada. Justo después de la entrada de pago, está la Puerta a la Ciudad Púrpura Prohibida, donde antes el único hombre que podía entrar era el Emperador. También su madre, las concubinas y el servicio podían permanecer dentro. Cualquier hombre que no fuera eunuco y cruzara la puerta era asesinado.

Puerta de acceso a la Ciudad Púrpura Prohibida, Hué, Vietnam, 2015
Puerta de acceso a la Ciudad Púrpura Prohibida, Hué, Vietnam, 2015

En la ciudadela se pueden apreciar el Templo de Hung Mieu de tejas rojas y dragones de piedra en el techo y puertas rojas y doradas; el Palacio de Dien Tho también en rojo pero sin los adornos del templo; la Puerta Chuong Duc que es muy bonita y colorida; el Pabellón Hiem Lam que tiene forma piramidal en el centro y es el edificio más grande del recinto; el Teatro Real donde hacen obras aún hoy en día; los jardines y algún otro edificio convertido hoy en café.

Puerta Chuong Duc, Ciudadela, Hué, Vietnam, 2015
Puerta Chuong Duc, Ciudadela, Hué, Vietnam, 2015
Detalles en dorado de edificio imperial, Hué, Vietnam, 2015
Detalles en dorado de edificio imperial, Hué, Vietnam, 2015
Jardines de la ciudadela, Hué, Vietnam, 2015
Jardines de la ciudadela, Hué, Vietnam, 2015

Después de visitar la Ciudad Púrpura Prohibida de Hué y los templos, palacios y jardines de la ciudadela, nos quedaba mucho tiempo de sobra hasta la hora de subirnos al bus así que nos fuimos a ver una pagoda a 3 km de la ciudad. Decidimos ir caminando pero el sol y el calor nos hicieron cambiar de idea a mitad de camino y tomamos un taxi.

Pagoda Thien Mu, Hué, Vietnam, 2015
Pagoda Thien Mu, Hué, Vietnam, 2015

La pagoda de Thien Mu está en una pequeña colina con vistas al río así que el entorno es muy bonito. Y si se tiene tiempo de sobra en Hué (un día es suficiente) es bonita de ver. Pegué la oreja a un grupo de turistas con guía y estaban contando la historia de cómo eligieron ese emplazamiento para construir la Pagoda y cómo les ayudó posteriormente en una batalla. La parte principal de la historia es la de siempre: construyen estos lugares sagrados en los lugares más bellos.

Vistas desde la Pagoda de Thien Mu, Hue, Vietnam, 2015
Vistas desde la Pagoda de Thien Mu, Hue, Vietnam, 2015

Al final nuestra visita a Hué mereció la pena ¿No? Próximo destino: Hanoi.