Las montañas de mármol, Danang y Lady Buda

Después de pasear por Hoi An durante horas, hicimos una parada en el Café 43 para tomar algo. Un grupo de lituanos que conocimos en la excursión al Mekong nos había recomendado este restaurante así que no fue una sorpresa encontrarnos con las fotos de sus caras debajo del cristal de la mesa junto a mensajes sobre el Café 43 y su comida. Lo que quizás fue una coincidencia curiosa fue que nos sentaramos justo en la mesa donde estaban sus fotos.

Fotos de los lituanos en la mesa del Café 43, Hoi An, Vietnam, 2015
Fotos de los lituanos en la mesa del Café 43, Hoi An, Vietnam, 2015

No fue la única coincidencia ese día. Los lituanos nos habían hablado de un español llamado Francisco al que debíamos buscar para que nos aconsejara sobre qué ver en Hoi An y los mejores rincones. Tiene una agencia llamada Vietviajes pero los lituanos no recordaban su nombre así que fuimos preguntando por él por la calle del Café sin éxito hasta que preguntamos por él en el Café 43 y en ese instante Francisco que estaba sentado detrás nuestro, al oír su nombre se giró y se presentó. Encontrarlo fue más fácil de lo que pensábamos.  resultó ser una persona encantadora que se ofreció a llevarnos gratis de excursión al día siguiente.

Francisco, Lavinia y yo nos fuimos junto a una pareja de chilenos de excursión a la montaña. Cada uno con su moto excepto yo que como no tengo experiencia en conducir moto, fui de copiloto detrás de Francisco, que se conoce los puntos secretos del corazón de Vietnam. Fue un día de esos que te recuerdan que vale la pena estar vivo, para sentir cómo el sol calienta mi piel mientras el viento roza mi cara y me arranca una sonrisa. ¿Necesitaba venir tan lejos para darme cuenta qué bello es este Planeta? A lo mejor sí.

Montaña de mármol, Danang, Vietnam, 2015
Montaña de mármol, Danang, Vietnam, 2015

Las montañas de mármol de Danang son preciosas y esconden misterios que no todos son capaces de descubrir. Nuestro colega madrileño nos guió hasta el centro de la montaña para encontrarnos de frente con el mismísimo buda, elegante e imponente, de pie frente a nosotros. Maravilloso. Tanto como las pagodas que descubrimos en esta montaña de mármol con sus decoraciones de colores. ¿Sabían que en las culturas asiáticas el dragón es símbolo de fuerza? Los dragones son buenos y protegen los lugares sagrados y las casas.

Pagoda en el interior de la montaña, Danang, Vietnam, 2015
Pagoda en el interior de la montaña, Danang, Vietnam, 2015
Dragones a la entrada de un edificio religioso, Danang, Vietnam, 2015
Dragones a la entrada de un edificio religioso, Danang, Vietnam, 2015

De la mano de nuestro guía, nos metimos en una cueva de la montaña y al girar a la izquierda tras un pequeño edificio de oración, nos encontramos con un precioso Buda de piedra a penas iluminado por un rayo de sol que entra por una abertura alta de la cueva. ¿Por qué hay Budas gordos y Budas delgados? pregunté yo. Al parecer, el Buda gordo que siempre está sonriendo, representa la felicidad y es al que le tocamos la barriga para que nos traiga buena suerte y alegrías.

Buda en el interior de la montaña, Danang, Vietnam, 2015
Buda en el interior de la montaña, Danang, Vietnam, 2015
Buda de la felicidad en las montañas de mármol, Danang, Vietnam, 2015
Buda de la felicidad en las montañas de mármol, Danang, Vietnam, 2015

¿Y cuál es la diferencia entre un templo y una pagoda? seguimos preguntando. Una pagoda es un lugar de oración a Buda. Un Templo puede servir de lugar de oración pero también de recuerdo a los muertos o de celebración de enseñanzas. A veces una pagoda puede estar junto a un templo o dentro de sus instalaciones. En Vietnam vemos todas estas variedades.

Vistas de Danang desde la montaña, Vietnam, 2015
Vistas de Danang desde la montaña, Vietnam, 2015

El viaje en moto por los arededores de Danang continuó hacia arriba en la montaña. Hicimos una parada para nuestro mini picnic en una caseta con unas vistas preciosas del mar de Danang. Parada necesaria para seguir subiendo la montaña hasta alcanzar la cima donde las vistas eran aún mejores. Desde lo alto de la montaña pudimos contemplar el mar de la China y las costas de Danang que se unen a las de Hoi An. La belleza del paisaje nos retuvo un buen rato maravillados. Mientras tanto, el pensador dudaba sobre cuál sería su próximo movimiento en la jugada. ¿Acaso nosotros no dudamos también sobre cuál será nuestro próximo paso?

Estatua del pensador frente a juego tradicional vietnamita, Danang, Vietnam, 2015
Estatua pensante frente a juego tradicional vietnamita, Danang, Vietnam, 2015

Volvimos a las motos y emprendimos camino hacia la pagoda más grande y bonita que he visto en este viaje, embellecida aún más por su entorno. Nos sacamos el calzado y la recorrimos. Dentro, dos monjas rezando a Buda.

Pagoda en la montaña, Danang, Vietnam, 2015
Pagoda en la montaña, Danang, Vietnam, 2015
Monjas rezando a Buda, Pagoda en la montaña, Danang, Vietnam, 2015
Monjas rezando a Buda, Pagoda en la montaña, Danang, Vietnam, 2015

Antes de emprender el regreso, después de visitar la Pagoda, a un costado de la misma, nos encontramos con Lady Buda, una estatua de un Buda con rasgos de mujer, una estatua blanquísima, imponente y enorme que protege la montaña. Buda solo tiene representación de mujer en Vietnam así que es probable que no volvamos a ver a Lady Buda. Por si acaso, nos quedamos contemplándola largo rato hasta que el sol empieza a caer y debemos regresar a Hoian, después de un día fascinante de montaña, sol, viaje en moto, pagodas, dragones, budas, y paisajes bellísimos.

Lady Buda de espaldas, montaña de Danang, Vietnam, 2015
Lady Buda de espaldas, montaña de Danang, Vietnam, 2015

Hoi An, la joya de Vietnam

Vietnam es un país que no deja de sorprenderme. Esta vez, Hoi An, es la culpable. Con sus hermosas playas, el río, los mercados, el puente japonés, sus sitios de comida a la luz de las velas, Hoi An es la joya de Vietnam.

Antes de llegar a Hoi An sabía poco de ella, no sabía si era grande o pequeña, si era caótica o tranquila, no sabía cómo sería su gente ni cómo recorreríamos la ciudad. Mi referencia sobre la ciudad era: hacen ropa a medida y hay cinco edificios chinos que visitar.

La playa fue la primera sorpresa. Llegamos a las playas de Hoi An en una bici que te dan gratis en el hotel. Pedaleamos por más de 2 km atravesando prados verdes y el río bañado de barcas por un lado y de redes de pesca por el otro. La playa estaba desolada y el mar tranquilo. Perfecta combinación para un buen baño de relax.

Vistas al río desde la ruta en bicicleta, Hoi An, Vietnam, 2015
Vistas al río desde la ruta en bicicleta, Hoi An, Vietnam, 2015
Playa tranquila, Hoi An, Vietnam, 2015
Playa tranquila, Hoi An, Vietnam, 2015

Después de un rato, volvimos a las bicis y avanzamos por la calle de la playa para ir más allá. En el camino, nos encontramos con vietnamitas que nos ofrecen parking gratis en la playa. Puede parecer pura amabilidad pero la idea es que estaciones gratis la bicicleta, te acuestes gratis bajo una sombrilla, y consumas algo de su restaurante.

Playa de Hoi An, Vietnam, 2015
Playa de Hoi An, Vietnam, 2015

Estar quieta en la playa no es de los grandes placeres de mi vida, me inquieto y quiero ver cosas así que después de un buen baño me fui a caminar. Me encontré con esos botecitos que los locales usan para salir a pescar y me parecieron caracoles o caparazones de tortuga dados vuelta. Son muy graciosos. También me encontré una pareja de australianos mayores con los que estuve un rato compartiendo experiencias.

Barquitas caracol en la playa, Hoi An, Vietnam, 2015
Barquitas caracol en la playa, Hoi An, Vietnam, 2015

A mi vuelta, descansamos un ratito y nos fuimos a recorrer la ciudad con la bicicleta. Si hay algo que me encanta es callejar, dar vueltas a la ciudad y sentir como vibra, cómo vive su gente. Vimos gente pescando, paseando en bote por el río, trabajando la piel, la tela de las lámparas, vendiendo trajes a medida, rezando en pagodas, circulando en moto, bicicleta o caminando. Vimos una ciudad en movimiento y que derrocha belleza. Esa es para mi Hoi An.

Ladera del río, Hoi An, Vietnam, 2015
Ladera del río, Hoi An, Vietnam, 2015

Mujer cociendo la tela de las lámparas, Hoi An, VietnamMujer cociendo la tela de las lámparas, Hoi An, Vietnam, 2015

El casco histórico de Hoi An es Patrimonio cultural de la Humanidad y está muy bien conservado. Pagando una entrada de 120.000 dongs (unos 5 dólares americanos aprox.) se puede acceder a cinco edificios históricos a elección. Nosotras entramos en una casa vietnamita antigua que no es gran cosa pero es curiosa; en el puente japonés que merece más la pena por fuera y dos templos que me gustaron mucho pero son más de lo que venimos viendo en otros templos y pagodas de Vietnam. De todas formas, vale le pena verlos. Nos sobró un ticket para mañana. Decidimos seguir paseando por la ciudad y perdernos entre el bullicio del mercado.

Puente japonés, Hoi An, Vietnam, 2015
Puente japonés, Hoi An, Vietnam, 2015
Templo Quan Kong, Hoi An, Vietnam, 2015
Templo Quan Kong, Hoi An, Vietnam, 2015

En el mercado encontré una señora que me ofreció hacerme zapatos a medida. En Hoi An hacen mil cosas a medida. Como yo tengo algunos problemas para conseguir zapatos de mi gusto y talla, me encargué dos. Bueno, bonito y barato. Y hoy yendo al mercado sola caminando por las callecitas buscando el local de la señora para probarme los zapatos y hacerle los retoques que hicieran falta, me daba la risa. Pero no soy la única que se encarga ropa a medida en esta ciudad.

Locales del mercado, Hoi An, Vietnam, 2015
Locales del mercado, Hoi An, Vietnam, 2015

La noche de Hoi An

Otra sorpresa enorme fue la noche de Hoi An. La ciudad se apaga y se encienden las velas y lámparas de tela. El río queda completamente iluminado por las velas de locales y turistas. Desde algunas tiendas, las lámparas también aportan algo de luz. El puente japonés iluminado le da el retoque final a semejante belleza nocturna. La gente camina de un lado al otro, tranquila, disfrutando de la ciudad, del buen ambiente y de sus terrazas al aire libre. Se siente tan pero tan bien en esta ciudad.

Noche en el río, Hoi An, Vietnam
Noche en el río, Hoi An, Vietnam, 2015
Velas de papel, Hoi An, Vietnam, 2015
Velas de papel, Hoi An, Vietnam, 2015

Un alto en el camino

A veces uno hace un alto en el camino para pensar y descansar. Ese descanso lo tuve entre Dalat y Nha Trang. En Dalat porque llovió toda una tarde y la noche. En Nha Trang porque no encontré mucho más que hacer que estar en la playa y darme unos masajes.

Llevo 20 días viajando y mi cuerpo y mi mente empiezan a sentir el cansancio. Me sorprendo de ver gente que viaja hace meses y les pregunto sobre el cansancio. No es que solo yo sienta cansancio sino que cada uno lo va gestionando de forma diferente y la mayoría hace ese parón en el camino que yo necesitaba.

Desde hace años sueño con dedicarme al periodismo de viajes, sueño con vivir para viajar o viajar para vivir y contarlo. Escribí algunos artículos de viaje para revistas online independientes, escribo relatos sobre viajes en mis blogs desde hace tres años, pero no había tenido la oportunidad de viajar por un lugar tan distinto al habitual como es el Sudeste Asiático durante más de dos semanas salvo cuando estuve en Malta tres pero como estudiaba tenía una rutina y no me movía de casa ni ciudad.

El día a día del viaje es lo contrario a la rutina. Salvo el hecho de que me estoy despertando sobre las 5.30 o 6 am cada día, lo demás es siempre nuevo. A veces desayuno en el hotel, otras veces en la calle. Casi todos los días desayuno omelette pero algún día como fruta o pan con mermelada. Siempre tomo té. Por lo demás, ningún día se parece al día anterior. Decidimos sobre la marcha donde vamos a comer o cenar, adonde vamos a ir de excursión o qué pagoda vamos a visitar. A veces simplemente, callejeamos.

En un viaje largo, hay que hacer un alto en el camino y obligarse a descansar, a tener una tarde de no hacer nada o de mirar una película de domingo, porque es necesario. Al menos, esa es mi sensación. Y muchos viajerons coincidieron conmigo en esta sensación o necesidad de descansar para recuperar energías y continuar. También, es una forma de reflexionar sobre el viaje antes de seguir.

Mujeres viajeras

Pensando sobre los viajes y mi vida viajera a la que no me he dedicado 100% y ahora tengo claro que tampoco quiero hacerlo, me vino a la cabeza la idea que yo tenía de los viajes largos y quiénes lo hacían. Creí que habría muchas parejas o chicos solos dando la vuelta al mundo, visitando unos cuantos países del Sudeste asiático después de un trabajo en Australia o Nueva Zelanda, y algunas pocas chicas viajando con amigas. Pero la realidad es distinta.

Cuando me subí al bus de Nha Trang a Hoi An (desde donde escribo esto) me di cuenta que solo había un chico. El resto eramos todas mujeres. ¿Cómo podía ser? ¡Tantas mujeres viajando! ¿Solas? No todas. Había dos amigas por allá, tres amigas por acá, una chica sola, otras que se habían conocido viajando y la que estaba con el chico, su novio. ¿Chicos solos? Ninguno. No pude evitar sonreír al recordar los miles de foros que me tuve que leer para animarme a viajar sola como mujer, aunque luego tuve la suerte de estar acompañada por mi amiga Lavinia y en breve por David.

Las mujeres se han animado a viajar solas, a salir de su zona de confort y conocer el mundo. Nos hemos animado. Ya no tenemos miedos o si los tenemos, los sabemos afrontar. Y vamos demostrando al mundo y a la gente de estos países que visitamos, que las mujeres podemos viajar solas por nuestra cuenta sin ser consideradas locas o raras, porque muchas mujeres viajan solas, incluso aún teniendo novios o maridos que las esperan en sus países a la vuelta. Me encanta ver tantas mujeres que se atreven a viajes como éste solas o con amigas. Y también mujeres de Vietnam, de otras ciudades, viajan solas.

Extrañar casa

A veces uno tiene que hacer determinados sacrificios para cumplir sus sueños. Dejar la comodidad de mi casa, a al amor de mi vida en ella, y a mi vida tranquila en Madrid para venir a viajar por el Sudeste asiático con el fin de comprenderme a mi misma y comprender estas culturas, también es duro. Y acá no quiero hacerme la víctima, sé que hay miles de cosas peores y que muchos estarán pensando “ojalá todos tuvieran la suerte de hacer un viaje así”. Solo digo que dejar tu comodidad no es fácil y se extraña.

Se extraña el beso de buenas noches de la persona amada, se extrañan las charlas de la tarde, se extraña esa peli el domingo por la tarde o ese paseo del sábado por la mañana por el parque. Se extrañan esas rutinas que uno va armando con el compañero de su vida. Y se extrañan detalles como tener la ropa colgada en el armario, poder poner la lavadora cuando la cantidad de ropa sucia llega a su límite, comer algo hecho en casa, dormir cada día en la misma cama, no tener que reservar un hotel, ducharse en una buena ducha todos los días, etc.

Cada viajero o viajera lo vive diferente pero lo cierto es que muchos extrañan su casa aunque les fascine viajar. Algunos pueden viajar por meses y recién al año empezar a extrañar, otros más débiles como yo al cabo de una semana ya están extrañando a su amor, y a otros les da por extrañar a ratos. El asunto es saber reconocer cómo es uno y saber hasta donde está dispuesto a llegar para seguir viajando y conociendo culturas y paisajes nuevos, para seguir viviendo experiencias increíbles que sigan haciendo su vida más interesante aún. ¿Hasta donde? Conocer el límite personal es importante.

Y hasta acá llegaron mis reflexiones viajeras de hoy. En los próximos días, espero poder escribir sobre Hoi An, ciudad maravillosa donde ahora mismo me encuentro después de haber pasado un día y medio en Nha Trang.

Un alto en el camino de Dalat a Nha Trang, Vietnam, 2015
Un alto en el camino de Dalat a Nha Trang, Vietnam, 2015

Cu Lan y el viaje en moto desde Dalat

Cerca de Dalat hay paisajes preciosos que merece la pena ver. Uno de ellos es la zona de Lang Cu Lan, al norte de la ciudad. Preguntamos cómo llegar a Cu Lang village y nos recomendaron alquilar una motito. Habíamos querido hacerlo antes pero no habíamos encontrado un lugar tranquilo. Ahora era nuestra oportunidad.

Lavinia en la moto alquilada, Dalat, Vietnam, 2015
Lavinia en la moto alquilada, Dalat, Vietnam, 2015

Como yo no tengo experiencia en conducir una moto y mi amiga conduce moto desde pequeña, ella fue la conductora y yo la copiloto. Salir de Dalat costó un poco porque es la ciudad es un laberinto y las rotondas a veces tienen cinco o seis salidas. La ruta estaba casi vacía así que fuimos tranquilas, disfrutando del aire en la cara y de los paisajes que nos encontramos de camino.

Paisaje camino a Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015
Paisaje camino a Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015

La verdad es que no teníamos idea qué nos íbamos a encontrar cuando llegasemos a Cu Lan Village porque en realidad nosotros habíamos preguntado por “Chicken village”. Según nuestra recepcionista hay más de un pueblo al que llaman así. Ella nos recomendó visitar Cu Lan. Y bien acertada estaba.

Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015
Cu Lan, 25 km de Dalat, Vietnam, 2015

Cu Lan es un poblado precioso.Durante siglos han vivido aquí generaciones de la etnia K’ho. Y el nombre “cu lan” se debe a un animal que habitaba la zona. Los aldeanos se dedican a la caza y la granja y desde 2011 también realizan diversas actividades relacionadas con el turismo como artesanías, paseos en caballo y en jeep. Además, desde que el poblado se abrió como una atracción turística debido a la inversión de una empresa, se cobra entrada.

Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015
Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015

Nos quedamos enamoradas de este lugar por sus hermosos prados verdes, sus cabras, sus cabañas, los puentes colgantes y la paz que se respira en el ambiente.

Puente colgante, Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015
Puente colgante, Poblado Cu Lan, Dalat, Vietnam, 2015

Cuando nos dimos cuenta que el cielo empezaba a ponerse gris, decidimos emprender el regreso. Según la gente local, es muy raro que llueva por la mañana pero no queríamos arriesgarnos a que nos de la lluvia en la ruta con la moto así que levantamos campamento.

Faltaban unos diez minutos para llegar a Dalat, cuando empezaron a caer las primeras gotas. La única condición que habíamos puesto para lanzarnos a esta aventura era: si empieza a llover, paramos, con lluvia no conducimos. Así que hicimos una parada en un café de carretera donde no había absolutamente nadie. De repente la señora que parecía atender el lugar, nos invita a entrar y a tomar algo. No tenía nada de comer. Solo te. Cada vez llovía más. ¿Nos tendríamos que quedar ahí todo el día? La lluvia cesó al cabo de media hora así que retomamos la marcha.

Conducíamos muy despacio porque la ruta estaba mojada. Mi amiga quería ir al lago pero yo veía que la lluvia iba a volver así que cuando entramos en Dalat y noté las primeras gotas, le dije “yo me quedo en la ciudad”. Volvimos a parar por precaución sin saber que iba a caer una lluvia torrencial tras dejar nuestra moto a buen recaudo.

Comiendo en un local vietnamita, Dalat, Vietnam, 2015
Comiendo en un local vietnamita, Dalat, Vietnam, 2015

Lo bueno de esta parada inesperada es que no elegimos el sitio donde comeríamos sino que él nos eligió a nosotras. Era un lugar de esos montados en el garage de la casa, con una olla sobre el fuego para el arroz y unos cuantas verduras y carnes para mezclar con él. No había menú ni mucho menos. El carrito donde exponen la carne y las verduras estaba casi vacío así que nos puso lo que quedaba. Nos sirvieron té. Y listo. A comer. Más auténtico imposible. Y todo por menos de 1 euro.

Pagoda, Dalat, Vietnam, 2015
Pagoda, Dalat, Vietnam, 2015

Cuando por fin paró la lluvia, fuimos al hotel, a devolver la moto, pero primero había que atravesar la ciudad, bajar de la zona alta a la zona baja y atravesar callecitas que parecen de cuento. ¿De verdad vamos abajar por ahí? Yo me bajo. Y me bajé de la moto. Mientras mi amiga maniobraba me encontré una pagoda. Y contemplé la ciudad. ¡Qué bonita es Dalat!

Centro de la ciudad, Dalat, Vietnam 2015
Centro de la ciudad, Dalat, Vietnam 2015

Al final, al cabo de otra media hora por fin devolvimos la moto en el hotel, riendo de la aventura que habíamos vivido por las rutas vietnamitas y maravilladas de la belleza de Cu Lan. Merece la pena el viaje para visitar esa preciosa aldea.

Dalat, el lago, la casa loca, el mercado y la vida diaria

Llegamos a Dalat escapando del calor, buscando un refugio de montaña y noches frescas y lo conseguimos. Dalat nos sorprendió por su belleza, sus barrios altos y bajos, su mercado, sus villas francesas con casas hermosas y la amabilidad infinita de sus habitantes.

Camino a Dalat, ruta desde Mui Ne, Vietnam, 2015
Camino a Dalat, ruta desde Mui Ne, Vietnam, 2015

Siempre me gustó la montaña y los paisajes verdes pero Dalat es más que eso. Cuando llegamos a la agencia de buses que nos trajo, nos ofrecieron té y un mapa y nos guiaron cómo llegar al hotel que teníamos reservado. En el hotel Ken’s house backpackers, la chica de recepción, Lin, me llamó por mi nombre desde el primer momento y nos ofreció rollitos de primavera.

Centro de la ciudad, Dalat, Vietnam, 2015
Centro de la ciudad, Dalat, Vietnam, 2015

Después de ponernos cómodas, fuimos a practicar mi pasatiempo favorito: caminar por la ciudad. Visitamos el mercado local y compramos frutas disecadas para ir comiendo en el paseo. De camino al lago, nos encontramos con dos viajeros que ya conocíamos de anteriores destinos y de los que nos había hablado un chico argentino en Ko Rong: dos brasileros hippies que deben rondar los 60 años y que en un mes vuelven a casa. También estaban haciendo sus compras en puestos de venta cerca del mercado.

Frutos secos del mercado local, Dalat, Vietnam, 2015
Frutos secos del mercado local, Dalat, Vietnam, 2015

El paseo por el lago fue mágico. Ver los cisnes a pedales en el lago me hizo acordar a Camet, en Mar del Plata, y me entró nostalgia otra vez como con el mar de Mui Ne. Más allá del lago, una especie de mini torre Eiffel asomaba entre las casitas de un barrio pintoresco. Queríamos verla y también la iglesia, pero de repente empezó a llover. Nos refugiamos en una caseta del lago y cuando paró de llover continuamos nuestro camino. Queríamos bordear el lago.

Cisnes a pedales en el lago, Dalat, Vietnam, 2015
Cisnes a pedales en el lago, Dalat, Vietnam, 2015
Caseta del lago, Dalat, Vietnam 2015
Caseta del lago, Dalat, Vietnam 2015

La lluvía volvió y con más intensidad. Corrimos hasta alcanzar una estación de servicio donde nos refugiamos por más de media hora hasta que creímos había parado de llover. Pero cuando a penas nos habíamos alejado unos 100 metros, volvió la lluvia a cargar con fuerza y en la desesperación, Lavinia paró un camión o quizás solo quería hacer señas a las motos que sirven de taxi pero lo cierto es que el camionero se paró y nos hizo señas de que subamos.

Muy amable el señor, como parecen ser todos en esta ciudad llamada Dalat, nos preguntó con señas adonde nos llevaba y le indicamos en el mapa la iglesia. Allí esperaríamos a que pare de llover mientras la veíamos. Nos condujo hasta la iglesia que estaba más lejos de lo que pensábamos. En el camino nos había dado su tarjeta, totalmente en vietnamita pero la guardaré de recuerdo del señor que nos salvo de la lluvia. Al querer dejarle propina por tanta amabilidad nos la rechazó rotundamente. Casi quise abrazarlo.

Entrada a la Crazy House, Dalat, Vietnam, 2015
Entrada a la Crazy House, Dalat, Vietnam, 2015

Cuando paró de llover, nos fuimos caminando hasta la Casa loca, la “crazy house” diseñada por el arquitecto vietnamita Đặng Việt Nga inspirada en los edificios de Gaudí. La casa al principio era un proyecto personal pero luego fue ampliándose y hoy en día es un “guesthouse”, un hotel diferente que además pertenece a los 10 edificios más locos del mundo. Perderse dentro de ella es una maravilla y todavía siguen construyendo más edificios así que en el futuro a saber qué formas nos esperan en esta casa loca.

Edificio loco, Crazy House, Dalat, Vietnam, 2015
Edificio loco, Crazy House, Dalat, Vietnam, 2015

Al ver desde arriba la ciudad de Dalat daban muchas ganas de ir a recorrerla. Callejeando, descubrimos la vida social vietnamita de esta ciudad de montaña y tratando de imitarlos nos fuimos a sentar a un café frente al lago.

Ciudad de Dalat, Vietnam, 2015
Ciudad de Dalat, Vietnam, 2015
Vietnamitas jugando al billar, Dalat, Vietnam, 2015
Vietnamitas jugando al billar, Dalat, Vietnam, 2015
Te en una Cafetería del centro, Dalat, Vietnam, 2015
Te en una Cafetería del centro, Dalat, Vietnam, 2015

Esa noche, después de cenar regresamos al hotel supuestamente a dormir pero en recepción me detuvo Lin para invitarme a probar trozos de gambas fritas y un poco de “te” vietnamita que en realidad era vino blanco de arroz. Muy fuerte para mi paladar pero por no hacer desprecio, brindé y bebí con ella y su familia entre los que se encontraba el dueño del hotel que resultó ser un artista y después de tocar canciones vietnamitas con su guitarra, me pidió si podía hacerme un retrato. Los que me conocen saben que estar quieta más de diez minutos es una tarea casi imposible para mi. Como no logré, el pobre Hang tuvo que empezar el dibujo otra vez.

Con la familia de Lin en el hotel, Dalat, Vietnam, 2015
Con la familia de Lin en el hotel, Dalat, Vietnam, 2015

¡Y lo que nos reímos! No tiene precio. ¡Esta gente me encanta!

Posando con mi retrato y el artista, Dalat, Vietnam, 2015
Posando con mi retrato y el artista, Dalat, Vietnam, 2015

Mui Ne, Fairy Stream y las dunas

Después de nuestros días en Ho Chi Minh necesitábamos algo de playa y relax así que nos fuimos a Mui Ne, la siguiente parada del Open Bus que recorre toda la costa vietnamita hasta la capital. En Mui Ne pasamos dos días tranquilos, de paseo por la playa, de baños en el mar, de batidos de frutas en El Latino y de visita a las dunas y a paisajes mágicos. Lo peor: el calor húmedo.

Nos hospedamos en el Hotel Backpacker Resort que como su nombre indica es una especie de resort para mochileros, lo cual significa que seguimos pagando 5 dolares la noche cada una por una habitación doble pero que disfrutamos de las tumbonas de madera frente al mar. Al tener cocina nos permitió prepararnos nuestra propia comida para mediodía así ahorramos algo para después gastárnoslo en la cena.

Vistas desde el Hotel Mui Ne Backpacker Resort, Mui Ne, Vietnam, 2015
Vistas desde el Hotel Mui Ne Backpacker Resort, Mui Ne, Vietnam, 2015

La playa de Mui Ne es extensa así que un paseo por la arena es la mejor opción para conocerla. Nos pudimos bañar en el mar un par de veces aunque con cuidado porque es de oleaje bravo y tiene muchos pozos. De todas formas, mucha gente en esta zona practica surf, kitesurf y otros deportes de viento y olas. Nosotras no nos atrevimos en esta temporada de lluvia con el monzón de Filipinas que nos trae sus vientos y aguaceros.

Playa de Mui Ne, Vietnam, 2015
Playa de Mui Ne, Vietnam, 2015

La visita a las dunas es otra de esas cosas que se puede hacer por cuenta propia o con un jeep turístico. Nosotras elegimos el jeep porque al parecer es lo más cómodo y barato. Son cuatro horas y se visita el Fairy Stream, un pueblo pesquero, las dunas blancas y las dunas rojas. En cada sitio te aguarda alguna actividad turística de las que yo decidí pasar olímpicamente y me dediqué a caminar como siempre.

La primera parada es el Fairy Stream, un lugar mágico que no te esperas encontrar en Mui Ne, una formación arenosa que transcurre a lo largo de un riachuelo de aguas coloradas y que termina en una pequeña cascada. Caminamos durante media hora por el río admirando la belleza del entorno, los colores de las formaciones, las palmeras y los árboles que bordean el camino, y regresamos a la entrada para la siguiente parada con la imagen de un paisaje increíble.

Fairy Stream, Mui Ne, Vietnam 2015
Fairy Stream, Mui Ne, Vietnam 2015
Formaciones de arena en Fairy Stream, Mui Ne, Vietnam, 2015
Formaciones de arena en Fairy Stream, Mui Ne, Vietnam, 2015

La siguiente parada fue corta, simplemente cinco minutos para ver los barcos en el mar del pueblo pesquero próximo a Mui Ne y las langostas y peces en cuencos de plástico con un poco de agua en el suelo de la calle frente al mar.

Barcos en pueblo pesquero, Mui Ne, Vietnam, 2015
Barcos en pueblo pesquero, Mui Ne, Vietnam, 2015

fueron las dunas blancas, donde se puede alquilar un cuatriciclo. Yo prefería caminar por las dunas como si estuviera en el desierto del Sáhara y evitar así arruinar más el entorno. De todas formas, es difícil alejarse del ruido que hacen los cuad cuando aceleran sus motores. Y el olor que desprenden es horrible. Por suerte, durante un rato pudimos disfrutar de unas dunas alejadas sin huellas de cuads y admirar la Naturaleza en silencio.

Dunas blancas, Mui Ne, Vietnam, 2015
Dunas blancas, Mui Ne, Vietnam, 2015

La última parada fueron las dunas rojas, menos espectaculares que las blancas por su tamaño pero más llamativas por su color. Aquí cientos de niños y mujeres intentan alquilarte un trozo de plástico con una soga para que te deslices por los médanos de arena. Muchos turistas se atreven a lanzarse y disfrutar de la velocidad de la caída. Yo con mi dolor de espalda, preferí evitar lesiones y seguir disfrutando del paseo por la arena.

Dunas rojas, Mui Ne, Vietnam, 2015
Dunas rojas, Mui Ne, Vietnam, 2015

Por la noche, para cerrar nuestro viaje de dos días a Mui Ne, cenamos en un restaurante de pescados y mariscos donde van los locales, bajo los árboles y frente al mar y nos despedimos de la ciudad. Para escapar del calor, nuestro siguiente destino sería Dalat.

Visita a los túneles de Cu Chi

Los Túneles de Cu Chi son un sistema de túneles bajos conectados entre sí, en la zona de Cu Chi, a 40 km de Ciudad Ho Chi Minh. Si se dispone de tiempo en Ho Chi Minh, merece la pena hacerles una visita y conocer un poco más sobre la guerra de Vietnam y la resistencia de la población de esta zona contra los soldados norteamericanos.

Cráter hecho por una bomba, túneles de Cu Chi, Vietnam
Cráter hecho por una bomba, túneles de Cu Chi, Vietnam

Aunque son los más turísticos, forman parte de una red enorme de túneles que cubre gran parte del país y que fue construida durante la guerra de Vietnam por los comunistas.

Las guerrillas del Viet Cong utilizaron estos túneles como refugio, rutas de comunicación y suministros, hospitales, viviendas y almacenamiento de alimentos y armas. Como no tenían armas con anterioridad, fabricaron sus armas a partir del árbol de bambú con el que también elaboraron trampas mortales.

Trampa mortal en túnes de Cu Chi, Vietnam
Trampa mortal en túnes de Cu Chi, Vietnam

A día de hoy, los túneles están acomodados a los turistas: los escondites pequeños utilizados durante el combate están ampliados ya que los vietnamitas son muy pequeños comparados con los turistas como yo por ejemplo; los túneles de conexión están algo iluminados y tienen salida cada pocos metros; las zonas de vivienda ya no están totalmente bajo tierra porque se les ha puesto un techo en altura para que entre luz y se las pueda ver desde arriba; y hay esculturas que recrean el día a día de la resistencia de la población en Cu Chi.

Accesos a túneles de Cu Chi, Vietnam
Accesos a túneles de Cu Chi, Vietnam
Soldado escondiéndose en los túneles de Cu Chi, Vietnam, 2015
Soldado escondiéndose en los túneles de Cu Chi, Vietnam, 2015
Soldados del Viet Cong en Cu Chi, Vietnam
Soldados del Viet Cong en Cu Chi, Vietnam

Si se desea, a la vuelta de la excursión a los túneles de Cu Chi, las agencias pueden dejar a los turistas en el Museo de la Guerra. Nosotros ya lo habíamos visto así que no volvimos a bajar. Es interesante hacerle una visita al Museo de la guerra para conocer más sobre la guerra de Vietnam que se libró entre 1955 y 1975 y que dejó no solo millones de muertos de uno y otro bando sino secuelas en la población y en los campos vietnamitas que fueron rociados con químicos como el agente naranja, por el ejército estadounidense. Muchos inocentes, que no entendían nada de comunismo ni capitalismo, que no entendían de fronteras más que las del campo que cultivaban, fueron atrapados por el ejército estadounidense acusados de estar involucrados en las guerrillas del Viet Cong, y fueron torturados y asesinados.

Fue el primer conflicto televisado de la historia y también fue muy bien documentado por periódicos y revistas como Life a partir de los cuales el mundo entero podía enterarse de lo que allí ocurría. Más de 60 periodistas murieron en Vietnam mientras contaban al mundo las atrocidades de esta guerra. Y la población de Vietnam entera aún sigue curando sus heridas.

Portada de la revista Life sobre la guerra de Vietnam, Museo de la guerra, Ho Chi Minh, VietnamPortada de la revista Life sobre la guerra de Vietnam, Museo de la guerra, Ho Chi Minh, Vietnam
Portada de la revista Life sobre la guerra de Vietnam, Museo de la guerra, Ho Chi Minh, Vietnam

Visita al mercado flotante de Cai Rang

Sería injusta si dijera que no me gustó la experiencia de visitar el mercado flotante pero tengo que reconocer que me esperaba algo más auténtico, menos turístico. Los mercados flotantes existen y es importante para los vietnamitas comercializar en esta zona del río, obtener sus productos, intercambiar, comprar, vender. Sin embargo, a la hora que uno llega con el resto de barcos turísticos, la realidad es distinta. Se amontonan para intentar vender algo al turista. Conmigo lo consiguieron.

Rominitaviajera en el Mercado flotante de Cai Rang en el Delta del Mekong, Vietnam
Rominitaviajera en el Mercado flotante de Cai Rang en el Delta del Mekong, Vietnam 2015

Pudimos ver barcos medianos que están preparados para que viva una familia entera. Me lo contó una vietnamita que se sentaba junto a mi en el barco turístico. La pena es que esas familias no envían a sus hijos al colegio así que los niños están condenados a vivir siempre de esa manera y posiblemente se conviertan en comerciantes del mercado flotante en el futuro.

Barco mediano donde puede vivir una familia, Mercado de Cai Rang, Mekong River, Vietnam, 2015
Barco mediano donde puede vivir una familia, Mercado de Cai Rang, Mekong River, Vietnam, 2015

También hay barcas más pequeñas, botes que son utilizados por una o dos personas para acercarse a los turistas a venderles coco, té, pinchos de ternera, pollo o cerdo con salsas, y otros alimentos. Yo me compré un pinchito porque el desayuno de la familia me había dejado un hueco en el estómago donde el pinchito entró perfectamente. Delicioso. Las ofertas y las transacciones continuaron por más de media hora y terminé aburriéndome. La verdad es que nunca me gustó demasiado ir de compras o al mercado.

Barco pequeño en el mercado de Cai Rong, Mekong River, Vietnam, 2015
Barco pequeño en el mercado de Cai Rong, Mekong River, Vietnam, 2015

Después de la visita turística al mercado flotante, nos fuimos a una nueva isla cuyo nombre no recuerdo ni localizo, pero es donde hay un pequeño taller de noodles donde nos mostraron cómo se consigue la pasta para realizar esta especie de fideos tan famosa en Europa desde hace unos años.

Masa para noodles secándose al sol, Mekong River, Vietnam 2015
Masa para noodles secándose al sol, Mekong River, Vietnam 2015

Y seguimos nuestro camino en barco hacia otra isla de la que tampoco recuerdo el nombre pero sí sé que es famosa por los pinchos de serpiente, rana o rata. Podíamos elegir entre sentarnos a comer esas “delicias” o irnos a recorrer la isla en bicicleta. Y yo por supuesto elegí perderme por la isla con la bici pero antes eché un vistazo a la parirlla. No tenía buena pinta, no.

Ranas, víboras, ratas y pescados a la parilla, Mekong River, Vietnam 2015
Ranas, víboras, ratas y pescados a la parilla, Mekong River, Vietnam 2015

Me encanta pasear en bicicleta así que me lo pasé muy bien. Saludaba a quien me cruzaba por el camino con un amable “Hello” y moviendo la mano que era respondido por el mismo gesto. La gente local resultó simpática y todos sonreían al sonreírles y continuaban su vida, arreglando la casa, cocinando, jugando, etc. Cada camino que elegíamos se terminaba al margen del río o en árboles de la selva. Siempre teníamos que volver. Cruzamos puentes, nos embarramos, caímos, reímos. Y volvimos.

Al final, sin proponérmelo terminé probando un trocito de víbora porque una chica me ofreció la que no se había podido terminar. El sabor es parecido al de los chinchulines de la vaca pero no me gustó mucho. Además, la forma de cocinarla es horrosa: la echan viva a las brasas y la pobre víbora muere achicharrada. Lo peor es que lo hacen más por agradar al turista que porque sea su costumbre. En fin, me quedo con el paseo en bicicleta por la isla y las sonrisas de la gente aunque de esto no tengo foto porque estaba sin batería y disfrutando del paseo en bicicleta sin más.

Dormir en el Delta del Mekong

En la guía del Sudeste Asiático para mochileros de Lonely Planet recomendaban al viajero quedarse en un homestay en vez de en un hotel para visitar los mercados flotantes del Delta del Mekong. Así se puede apreciar mejor la forma en que viven los vietnamitas del sur, la gente del Delta. Era una de las cosas que me apetecía hacer de este viaje así que lo hablé con mi amiga Lavinia y optamos por quedarnos en la casa de una familia.

Después de la travesía por las distintas islas que menciono en el post anterior (Phoenix, Unicorn, etc.) nos trasladamos a Can Tho con el grupo de dos días en el Mekong. La mayoría se quedaba en hotel pero no eramos las únicas que habíamos elegido homestay: dos parejas de Malasia serían parte de nuestra aventura esa noche.

Cuando llegamos con la mini van a Can Tho, llovía a cántaros. El chófer estaba perdido y daba vueltas de un lado al otro, haciendo giros en medio de la autopista. El grupo empezó a preocuparse y a preguntar. Efectivamente estábamos perdidos. El chófer era nuevo y no sabía cómo llegar a la casa de familia. Después de un rato, el guía decidió que iríamos todos al hotel y que desde allí nos pediría un taxi para los que íbamos a la casa.

El taxista no hablaba inglés así que si no encontraba la dirección que se le había dado, estábamos perdidos. Ninguno de nosotros tenía la dirección. Seguía lloviendo cuando el taxista de repente se para a un costado de la ruta, frente a lo que parece ser un bar de carretera. Un hombre abre la puerta de mi lado del taxi y empieza a hablar en vietnamita con el chófer del taxi, haciendo gestos de negación. Me tocó el hombro para que me apartara para mirar atrás y me asusté. ¿Qué quería? ¿Quién era ese hombre?

Después de hacernos bajar a todos del taxi sin saber muy bien porqué y para qué, se subió él en un lado y dijo “homestay”. El hombre parecía osco y daba un poco de miedo en las circunstancias que nos encontrábamos pero “homestay” era la palabra clave. Supusimos que sería el dueño de la casa de familia y que nos venía a buscar. Debíamos confiar. No nos quedaban muchas opciones.

Al cabo de unos minutos que parecieron eternos, entramos en un barrio humilde junto al río. El taxi se frenó en lo que parecía el final de la calle y nos indicó que bajaramos. No había mucha luz y el suelo era barroso y no parecía haber más que un grupo de hombres cenando bajo unos toldos. ¿Dónde estaba nuestra casa de familia? ¿Acaso nos estaban secuestrando? Los malasios también tenían miedo y eso me puso más nerviosa. Pero “confianza” era la palabra clave de esa noche.

Foto borrosa del puente y el río por la noche, Mekong River, Vietnam 2015
Foto borrosa del puente y el río por la noche, la única foto que pude tomar, Mekong River, Vietnam 2015

El señor que había subido oscamente en nuestro taxi, se fue por un puente que cruzaba el río y empezó a descender ante nuestras miradas atónitas. ¿Qué debíamos hacer? ¿Adonde iba el hombre? ¿Se escapa bajo el puente mientras otros vienen a por nosotros para matarnos? Sé que suena fatalista pero la falta de luz y de comunicación aumentaba nuestra preocupación a límites insospechados. En ese momento, el señor saltó a una barca en el río y la acercó al barro que llegaba hasta la calle. Nos indicó que subiéramos. “Confianza, confianza”. La palabra resonaba en mi cabeza. ¿Acaso tenía otra opción?

Subimos al bote donde los asientos estaban empapados y los espacios eran tan estrechos que mis rodillas casi tocaban mi cabeza. Se me rajó en pantalón y me golpée los dedos de los pies contra unos fierros. Los locales son tan pequeños que caben donde sea, pero yo tengo constantemente estos problemas en este viaje.

La barca empezó a avanzar por el río, casi a oscuras, con una única luz que estaba en manos del señor que la manejaba para esquivar plantas flotantes y troncos. A nuestro alrededor: casas humildes, gente cenando o bebiendo, palmeras, árboles, vacío, oscuridad. “Miedo, miedo”. No, la palabra clave de esa noche debía ser “confianza“. El resto es inútil. Si fuera a pasar algo malo no lo podríamos evitar. “Ya estamos en el baile así que bailemos”, pensé. En esos momentos, una iguana que estaba mirando fijamente a mi compañera del asiento de delante, una malasia tan asustada como yo, saltó a su cuello y la utilizó de puente para proseguir su camino hacia el agua.

Tras más de veinte minutos navegando en una barca minúscula donde se me acalambraban los pies y se me enfriaba la espalda por el asiento mojado, y habiendo sobrevivido al miedo de atravesar las marrones aguas del río Mekong en una noche cerrada con a penas un farol, llegamos a la casa de la familia, donde una mano amiga, o mejor dicho, la mano de “mi mama del Mekong” nos tendió la mano para saltar al barro y acceder a su casa. Su hijo estaba ahí y hablaba inglés, nos explicó que el señor que pensábamos que nos mataría era su padre y que la señora que preparó la cena y nos esperaba ansiosa, era su madre, que no hablaban inglés pero que harían lo que sea para que nos sintiéramos cómodos. Y a la mañana siguiente su padre nos llevaría hasta el barco turístico para ver el mercado flotante.

Cena en la casa de familia, Delta Mekong, Vietnam 2015
Cena en la casa de familia, Delta Mekong, Vietnam 2015

Después de ver la cena, nuestras habitaciones dobles al estilo cabañas, el baño limpio, la cocina enorme que me recordó a la de las casas grandes de pueblo en Argentina, y de ver que solo era una humilde familia que nos hospedaba por 4 dolares la noche, solté la risa, y casi el llanto, porque me sentía feliz de poder estar ahí, de compartir tan grato momento con lindos compañeros de viaje con los que volvería a reír varias veces más recordando lo vivido en el río de noche. Y es que de noche las cosas son muy distintas…

Como no tengo ninguna foto de esa noche, les comparto las que hice durante el día pero no vale reírse de mi porque de día todo cambia…

En Barca por el Delta del Mekong, Vietnam, 2015
En Barca por el Delta del Mekong, Vietnam, 2015
Desayunando en el Homestay con los malasios, Delta del Mekong, Vietnam 2015
Desayunando en el Homestay con los malasios, Delta del Mekong, Vietnam 2015
Si miran bien al fondo está el padre de la familia vietnamita, el señor de la barca, Delta del Mekong, Vietnam, 2015
Si miran bien al fondo está el padre de la familia vietnamita, el señor de la barca, Delta del Mekong, Vietnam, 2015

Navegando por el Delta del Mekong

Quedarme en una casa de familia a dormir y ver un mercado flotante estaba en mis planes. En el Hotel de Ho Chi Minh ofrecían una excursión que incluía ambas cosas así que la contratamos. La excursión es muy turística pero vale la pena navegar por el río Mekong, montar en bicicleta en una isla, dormir en un “homestay” y conocer un poco más a la gente de Vietnam.

Nos dirigimos temprano por la mañana hacia la provincia de Ben Tre en bus. Ben Tre está en el Delta del río Mekong. De camino, en la ruta Chúa – Vinh Tráng, paramos en una pagoda donde había un Buda blanco y gordo gigante. Dentro, unos monjes comiendo y conversando entre decoraciones bellísimas.

Chua Vinh Trang Pagoda, Sur Vietnam, viaje 2015
Chua Vinh Trang Pagoda, Sur Vietnam, viaje 2015
Buda gordo blanco de la pagoda Chua Vinh Trang, Sur, Vietnam, viaje 2015
Buda gordo blanco de la pagoda Chua Vinh Trang, Sur, Vietnam, viaje 2015
Monjes conversando en la Pagoda Chua Ving Trang, Vietnam, 2015
Monjes conversando en la Pagoda Chua Ving Trang, Vietnam, 2015

El tour en barca por el Delta del Mekong sale de My Tho y se dirige a la llamada isla del coco por dedicarse a la producción de todo tipo de alimentos con coco. Vimos cómo convertían el coco en líquido y luego lo hervían durante horas para hacer la pasta que se pone a secar otra hora antes de amasarla para hacer caramelos.

Coconut Island, Mekong Delta, Vietnam, viaje 2015
Coconut Island, Mekong Delta, Vietnam, viaje 2015
Producción de caramelos de coco, Coconut Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Producción de caramelos de coco, Coconut Island, Mekong River, Vietnam, 2015

Luego fuimos a la isla Phoenix a comer donde nos explicaron que ya no hay cocodrilos en el río porque los sacaron por seguridad para los habitantes de las islas. Lo que sí hay es una granja en esta isla donde alimentan a los cocodrilos entre turistas y locales. En la isla de Phoenix también pudimos apreciar cómo vive la gente dando un paseo en bicicleta por la misma.

Comiendo en Phoenix Island, Mekong Delta, Vietnam, 2015
Comiendo en Phoenix Island, Mekong Delta, Vietnam, 2015
Cocodrilos en la granja, Phoenix Island, Vietnam, 2015
Cocodrilos en la granja, Phoenix Island, Vietnam, 2015
Montando en bicicleta, Phoenix Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Montando en bicicleta, Phoenix Island, Mekong River, Vietnam, 2015

La siguiente isla fue la del Unicornio donde nos deleitaron con un té de miel con jalea real, ambos productos hechos por la comunidad local. Nos mostraron un panel de abejas y nos explicaron las cualidades de la miel. Al finalizar la visita, vino lo mejor: nos subimos en barquitas de madera dirigidas por locales con sus gorros típicos vietnamitas que nos llevaron por un canal hasta otra isla.

Té con miel y jalea real, Unicorn Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Té con miel y jalea real, Unicorn Island, Mekong River, Vietnam, 2015
Barcas en el Delta del Mekong, Vietnam 2015
Barcas en el Delta del Mekong, Vietnam 2015

La visita a esta segunda isla fue más rápida pero pudimos disfrutar de otro té con frutas y de música tradicional vietnamita en vivo. Todo tan armado para el turismo que por momentos no me sentí cómoda pero bueno, fue la forma que encontramos para conocer un poco más a la gente del Delta del Mekong. Y lo mejor estaba por venir: la noche en una casa de familia en Can Tho.

Música tradicional vietnamita, Isla del Mekong River, Vietnam, 2015
Música tradicional vietnamita, Isla del Mekong River, Vietnam, 2015